Altar Mayor - Nº 81 (1)
Fecha Jueves, 25 julio a las 19:37:34
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 81 – julio-agosto de 2002

AHORA SE ENTERAN
Por Emilio Álvarez Frías

Hace años, hace al menos veinte años (por no decir treinta, por no decir desde los años treinta, por no remontarnos más tiempo), se conocen las inclinaciones al independentismo que profesa una parte de los vasco. Sólo una parte. Los devaneos del infausto Sabino Arana, con sus sueños oníricos de la raza vasca, incitaron a otros trastornados naturales de aquellas tierras a alucinaciones respecto a la suposición de ser una raza especial venida directamente de los orígenes del homus erectus, sin contaminación alguna con otras ramas, derivadas igualmente del mismo tronco primitivo, que se fueron contagiando, a lo largo del paso de los siglos, con el mestizaje de gentes inferiores.

Hace años que muchos españoles, la mayoría de los españoles, están convencidos de que los alucinados que surgían por las provincias vascas con esa mentalidad iban en pos del independentismo, casi hombro con hombro con los «luchadores» terroristas, con la idea de no parar hasta conseguir la separación del tronco común de España; independencia a la que pretenden arrastrar a Navarra y a las provincias del País Vascofrancés, sometiéndolas a la tiranía despótica de una derecha arriscada y un marxismo criminal, conjunción difícil de armonizar pero que hoy por hoy se da.

Hace años venimos anunciando y denunciando que los actores y autores de esta querencia no pararán, si no se les impide, hasta romper amarras con España, no con el Estado central, sino con España; clamor que es desoído y criticado con las adjetivaciones al uso en cada momento, todas en la misma línea intencional, sin ser escuchado por los gestores de la Nación que, temerosos de tomar determinaciones firmes, han venido tapando con zurcidos las grietas que cada vez iban siendo más holgadas.

Concesiones, mirar para otro lado, disculpas, justificaciones… fueron el pan de cada día para no querer ver el proyecto que se iba poniendo en marcha, primero con cierta moderación, luego con algún desparpajo, más tarde con decisión repartiéndose los papeles, después con agresiones hasta llegar al descaro, la chulería y el asalto a las leyes y a las instituciones.

A estas alturas no merece la pena hacer un listado de responsables, que sería extenso y enjundioso. ¿Para qué? Lo que es necesario es adoptar las medidas adecuadas que se debieron tomar antes.

Si el clamor era minoritario antes, ahora se escucha en mayores espacios y en muy distintos escenarios. Uno de los ambientes de este despertar es la prensa (y las tertulias radiofónicas), tan callada antes cuando no cómplices, y que ahora, con amplitud, aprecian que ya no se puede continuar con cataplasmas, que es preciso actuar. Sin que falten los que, por aquello de la defensa de la libertad y la democracia, no aclaran sus más íntimas intenciones.

Parece, pues, que ya se han enterado nuestras instituciones; no así todos los partidos políticos, fundamentalmente los de la izquierda más pedestre y montaraz, que siguen anclados en actitudes y planteamientos arcaicos y obsoletos.

Por lo tanto, si ya nos hemos enterado todos o casi todos, si estamos convencidos de que el ser y la unidad de España son irrenunciables, hágase lo necesario, de acuerdo con las leyes, y terminemos de una vez con el problema.

¿Acaso la remodelación del Gobierno puede propiciar este deseo de los españoles?







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