Altar Mayor - Nº 82 (19)
Fecha Viernes, 25 octubre a las 17:31:05
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

LIBROS Y REVISTAS

DE UN TIEMPO Y UN PAÍS. LA IZQUIERDA VIOLENTA (1968-1978)
Ediciones Encuentro. Donato Barba

Ediciones Encuentro inició su interesante colección La oposición durante el franquismo, con el libro de Donato Barba sobre la Democracia Cristiana. El segundo, que publica ahora, es de Pío Moa, y se titula De un tiempo y de un país. La izquierda violenta (19681978). Es la historia del GRAPO, que, como dice en el prólogo José Andrés Gallego, fue «la de una violencia inútil para sus fines, además de dañina»; y es también la de uno de sus protagonistas, el autor, que lo escribió entre 1979 y 1981, y que ahora, pasados los años y arrepentido de sus errores -la vida da muchas vueltas-, lo glosa y complementa con un epílogo titulado Veinte años después, al que pertenece este elocuente párrafo: «La historiografía deberá reconocer que aquel régimen (el de Franco), con todas sus faltas e incluso crímenes, salvó ciertamente a España de la revolución, y luego de la guerra mundial, y desarrolló el país y la sociedad desde casi todos los puntos de vista. Es más, me atrevo a decir que lo que tiene de estable la democracia actual se lo debe a la herencia franquista, y lo que tiene de inestable (terrorismo, chantaje separatista, oleada de corrupción, mejor o peor superada, degradación del poder judicial, formación de verdaderos cacicatos en distintas comunidades, semidestrucción de la democracia en el País Vasco... etc.), mantiene claramente el sello del antifranquismo, el cual ha evolucionado harto menos de lo deseable».

M.A.V
Alfa y Omega
 

LAS MEMORIAS DE UN SERVIDOR DEL ESTADO
José Antonio Giménez Arnau

La Feria del libro de ocasión me permite encontrar un libro editado en 1978 y caído en el olvido desde entonces. Se trata de las memorias personales de José Antonio Giménez Arnau, tituladas Memorias de Memoria. Es ésta una reseña, por tanto, de un libro difícil de encontrar hoy en día, pues la mayor parte de los interesados en él lo leyeron hace décadas. Lo que sigue, por ello, no es un comentario de utilidad actual, sino unas consideraciones acerca de una persona que puede simbolizar una generación asombrosa de españoles que se volcaron al servicio, penoso pero extraordinariamente fructífero, de su Patria durante unos años muy difíciles

El título sugiere, y el autor lo advierte en diversas partes del texto, que se trata de escritos redactados sin más ayuda que la memoria, dando cuenta de la vida del autor hasta los sesenta años. El volumen de información contenido en las 400 densas páginas asombra, tanto por la cuantía misma de la información producida como por las vicisitudes y logros del autor al servicio del Estado y la memoria de la que hace gala (900 nombres citados en el índice final). Se trata de algo escrito por el autor discontinuamente, a lo largo de su ajetreada peripecia domiciliar, que apareció en parte como serie en el desaparecido y añorado Informaciones y que, completado con nueva producción, fue recopilado en este libro.

Montañés de nacimiento (Laredo, 1912) Giménez Arnau se considera aragonés, pues en Zaragoza transcurrió su infancia, adolescencia y primera juventud. Hijo de un Notario de la ciudad, y con varios hermanos, su vida de clase media alta transcurría normal hasta que se tropezó con la tensión de la República cuando él cumplía diecinueve años. Oye el Discurso de la Comedia por la Radio y queda captado. Conoce y trata personalmente a José Antonio, del que narra diversas anécdotas personales. Afiliado a Falange y acreditado con valor en la trifulca armada, casi sin darse él cuenta, encontró tiempo para acabar brillantemente Derecho, ser un Bolonio, ganar el puesto de Técnico Comercial del Estado y hacerse diplomático antes de empezar la Guerra. El Alzamiento le sorprende en San Sebastián, donde sobrevive ocultándose los dos mese que tarda en ser liberada la ciudad. Funda el periódico Unidad y se encuentra nombrado Consejero Nacional y Director General de Prensa con 25 años. Pierde un hermano, asesinado estúpidamente en Colindres unos días antes de la Liberación. Arrastra la vergüenza de que no le dejen servir en el frente, alegando su valía en retaguardia, y decide servir a su patria en el servicio Diplomático, renunciando a carrera política en el interior.

Introducido en la órbita de Serrano, declina la oferta de éste de acelerar su carrera diplomática con impulso político y comienza una lenta carrera desde los puestos humildes de agregado hasta llegar al cargo de embajador en los últimos cincuenta. A lo largo de su vida compagina los servicios al Estado con la producción novelística y de dramaturgo, logrando éxitos y premios en todas sus actividades. Sus correría políticas y diplomáticas abarcan desde conocer a los dirigentes de la Italia fascista y la Argentina peronista hasta pechar con la embajada en Roma en el segundo semestre del 75, cuando toda la bazofia mental azuzaba a turbas contra las sedes diplomáticas españolas. Entre las múltiples peripecias en las que se ve implicado está la representación en la OIT, en los años sesenta, y la entrega a Don Juan de la carta personal de Franco, en el 69, en la que éste le comunica que va a nombrar a su hijo heredero a título de Rey. Resulta interesante este episodio, desagradable para el autor, de sentimiento monárquico, por su testimonio de primera mano, pero también por los detalles con los que ilustra su narración. Siendo Embajador en Lisboa desde dos años antes, le llama Carrero ordenándole que viaje de incógnito e inmediatamente a Madrid. Lo hace, tras una leve y divertida protesta, y al llegar le dicen que le espera Franco. En la audiencia, éste le lee su carta a D. Juan, comunicándole la noticia, tan desagradable para el destinatario. Se trata de una prueba de confianza y respeto del dador al emisario, a la que Arnau comenta únicamente que el sobre debe ser lacrado. Cuando se la entrega, al día siguiente, a D. Juan, éste le pregunta si la ha leído, a lo que el Embajador puede contestar que no, pero sabe qué dice. Se trata de un mal momento para ambos, que cumplen con su deber. Semanas después, Castiella le dice que, cuando Franco seleccionó su nombre entre una terna propuesta para el cargo de Embajador en Lisboa, dos años antes, ya estaba pensando en esa misión y preparando una persona adecuada para cuando llegase el momento. También había sido seleccionado para realizar la primera entrevista oficial, quince años antes, al entonces joven estudiante de Bachillerato Juan Carlos de Borbón. Era un servidor del Estado, con plena confianza del Régimen en su capacidad intelectual y en su lealtad personal.

Las trifulcas mantenidas en la OIT con los enemigos del Régimen español le entrenaron para los malos tragos que tuvo que pasar en 1974 y 75 como Embajador en Italia, cuando recibía amenazas personales de grupos de energúmenos, e indiferencia ante ello por los gobiernos de Andreotti y Moro. Presume de no haber enviado ninguna nota de protesta a esos gobiernos porque «sólo merece escribirse aquello que va a ser leído y considerado». Lo que destaca la injusta soledad internacional del Régimen español en aquellos años penosos. Tanto más penosos por la incomprensión de quienes más estaban obligados a colaborar. Sin mencionar nombres, Arnau recuerda que el Funeral por Franco, organizado por la Embajada en Roma, hubo de ser oficiado por un cardenal irlandés porque algún arzobispo español se negó a hacerlo. Dos mese antes, «una masa de borrachos» había destrozado el Palacio de Palhava en Lisboa, sede de la Embajada española, que él y su esposa se habían encargado de restaurar cuidadosa y trabajosamente en los años anteriores. Asalto que hubiera debido avergonzar al gobierno portugués, pero que no produjo la reacción adecuada. Con ello se incorporaba al envilecimiento general de Occidente en aquellos meses, o años, dentro de la oleada general de injusticia, por no decir odio, hacia lo que personificaba Franco.

Sus memorias terminan cuando es nombrado Director de la Escuela Diplomática por Areilza, al que ha acompañado en su viaje a Italia como flamante, aunque breve, Ministro de Asuntos Exteriores del primer Gobierno de la Monarquía, en 1976.

Se trata de la rendición de cuentas de un hombre brillante, catapultado por las circunstancias, siendo muy joven, a altas responsabilidades políticas, que toma la decisión de abandonar la política estando en el umbral de cualquier destino fulgurante, y de servir esforzadamente a su Patria como profesional de altura. Todos sus recuerdos están impregnados de nostalgia por las personas muertas en su entorno, sorprendente franqueza en sus recuerdos personales íntimos, y ningún asomo de lamento por decisiones tomadas equivocadamente. Muestra lealtad continua a sus orígenes y a quien ha servido. Constituye un ejemplo de esas generaciones, antes mencionadas, que se encontraron una Patria incómoda y hosca y se dedicaron a su servicio, con entrega generosa. Algo que los tiempos actuales no agradecen como ellos se han merecido, tanto por su esfuerzo como por sus logros.

E. Hermana
 

FALSEDADES DE LA «CARTA DE JESÚS AL PAPA» (Respuesta a Fernando Sánchez Dragó)
Ed. Edicep
José Antonio Galindo Rodrigo

El profesor de la Facultad de Teología de Valencia, José Antonio Galindo Rodrigo, se ha visto urgido a redactar la contestación a un reciente libro de éxito. Falsedades de la «Carta de Jesús al Papa» (Respuesta a Fernando Sánchez Dragó) contiene una argumentación filosófico-teológica sobre Cristo, la Iglesia y el Papado, que quizá no merecía la pena esgrimir ante un novelista, charlista, charlatán o lo que sea. Otra cosa es que no se quiera permanecer impasible ante las falacias e insultos vertidos en la Carta de Jesús al Papa. El libro del profesor J. A. Galindo Rodrigo no puede ser encuadrado en los territorios de otras polémicas literarias que hicieron historia (baste mencionar las de José Ortega y Gasset y Santiago Ramírez, las de Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz o las de Pedro Laín Entralgo y Rafael Calvo Serer), ya que, en el caso que ahora nos ocupa, la batalla no se libra con las mismas armas, debido a que Sánchez Dragó no es filósofo ni teólogo y se limita a lanzar un largo rosario de insultos a Juan Pablo II, precisamente la personalidad más prestigiosa y prestigiada del presente…

Ecclesia









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