Altar Mayor - Nº 82 (17)
Fecha Viernes, 25 octubre a las 17:37:55
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

«POR SUPUESTO, DIOS TAMBIÉN ESTÁ EN INTERNET»
(Entrevista a Clemente Serna, abad del monasterio de Silos)

Tomado de «El Mundo»

Silente y cordial a un tiempo, laureado de espiritualidad y cancerbero de una fina ironía, su conversación hace sospechar que este monje tiene un punto de heterodoxo, como un arañazo vital.

P. Tanta paz hace sentir al visitante algo extranjero, ¿cree que es normal?

R. No debería ser así. La paz es fundamental para la misma estabilidad de la persona. Vivimos muy agitados y llegamos a no ser nosotros mismos en muchas ocasiones. Estamos salidos de madre. La paz es esa estabilidad interior que te hace juzgar a las personas tal y como son, con una mirada objetiva.

P. ¿El hombre necesita la paz para vivir?

R. Sí, rotundamente.

P. Por dentro y por fuera, me refiero.

R. Necesita la paz personal porque las guerras brotan siempre de falta de paz interior.

P. ¿Qué diría que es el silencio?

R. En una definición negativa es ausencia de ruido. En una definición positiva diría que es la razón ideal para el diálogo.

P. ¿Y cómo explica que hayan decaído tanto las vocaciones?

R. Son muchos los motivos, pero fundamentalmente influye el desmoronamiento de las familias...

P. ¿...?

R. Sí, mire. Hay que tener en cuenta que la familia es el primer educador de cada persona. Lo que vemos en nuestros padres es lo que nos marca. Si los niños crecen en un ambiente idóneo, están preparados también para manifestarlo porque han crecido así.

P. Pero lo de las vocaciones...

R. Ya, ya. Es que todo está relacionado. Si desde pequeños tenemos dificultades para acoger mensajes como el cariño y el amor, tampoco sentiremos el de la llamada. No podemos oír el «ven y sígueme». Además, no debemos olvidar que vivimos en una sociedad laica por definición.

P. ¿Y eso le inquieta?

R. Para nada. Vivir en una sociedad laica, objetivamente, es bueno. De este modo, cada uno es libre de acoger la opción que crea conveniente para su vida. Pero nos falta la libertad de tener los medios apropiados para saber escoger la opción. Todo eso influye en la falta de vocaciones.

P. Acabáramos.

R. Es así. También es posible que nosotros, desde un punto de vista interno, no hayamos sabido dar el tono ni la nota oportuna. Nosotros mismos es posible que nos hayamos dejado llevar por la facilidad en la que vive la sociedad.

P. Sospecho que está haciendo autocrítica.

R. Siempre es sana. Lo dice el refrán, cuatro ojos ven mejor que dos. No digamos ya cientos de ojos. La autocrítica es sanísima. A ver qué empresa no la hace para poder salir hacia adelante. A niveles espirituales tenemos que hacer lo mismo. No tengo inconveniente en criticarme a mí mismo y hacerlo, incluso, con mi forma de vida monacal.

P. ¿Conoce ese verso de Jorge Guillén que afirma: «Sí, el mundo está bien hecho»?

R. Es que está bien hecho. Desde la fe no admitimos ninguna duda al respecto. Mire, si Dios es la perfección por definición, no puede hacer cosas a medias.

P. Contando con que Dios exista, ¿pensará lo mismo?

R. Supongo que sí. Entre otras cosas su propio hijo ha muerto por este mundo. Lo que pasa es que lo que el ser humano está llamado a hacer es colaborar para que el mundo llegue a su realización plena.

P. Pues quizá el problema estriba en que el trabajo del colaborador está mal pagado.

R. Mire, la grandeza de este mundo está en que el ser humano tiene la llave para que ese verso de Jorge Guillén sea una realidad.

P. ¿Por qué seduce tanto el canto gregoriano?

R. Nosotros nos planteamos seriamente si dejábamos el canto gregoriano para optar por el castellano y los cantos nuevos. Pero nos parecía que perdíamos un gran tesoro. El gregoriano está al servicio de la oración. Y está cargado de fe y de esperanza.

P. ¿No les han propuesto una Operación triunfo de gregoriano?

R. Le parecerá increíble, pero sí.

P. ¿Y?

R. Pues imagínese. Nada.

P. Un gesto de vanguardia de este monasterio ha sido incluir entre sus actividades el arte contemporáneo. ¿Por qué no el flamenco, como han hecho algunas universidades?

R. Porque no estamos en Andalucía, simplemente. Todas las expresiones humanas pueden llevar una gran carga de espiritualidad, siempre y cuando nosotros se la demos.

P. Cuando pasea por el claustro de Silos y ve esos capiteles de motivos paganos, ¿qué piensa?

R. Con ojos de fe no hay nada pagano.

P. Y el ciprés, ¿qué le dice?

R. Prácticamente es una nota más de las muchas que tiene esta abadía.

P. ¿Atiende las noticias de actualidad?

R. Relativamente. Aquí sólo se lee el periódico. Ni vemos la televisión ni oímos la radio. Cuando se entra en el corazón de Dios se conocen las grandes noticias del ser humano.

P. Su hospedería es sólo para hombres. ¿Cuándo las mujeres disfrutarán de esta paz monacal?

R. Es que nos falta infraestructura. Pero no por eso dejamos de ser sensibles hacia las mujeres. Además, está muy avanzado el proyecto de una hospedería mixta.

DUDAR

P. ¿Y usted duda mucho?

R. Diariamente.

P. ¿Y duda de los que dudan?

P. Me parece bien la duda, siempre y cuando vaya en busca de respuestas.

P. ¿Dios también está en Internet?

R. Por supuesto, como sobre todas las cosas. Creo que todo lo que sea progreso es positivo, sin duda. Y según me cuentan, Internet, como toda obra buena, tiene muchos aspectos positivos.

P. Juguemos al fútbol: ¿Raúl o Ronaldo?

R. Me pilla usted fuera de juego.

P. Pues a otro campo. ¿Por qué o por quién colgaría los hábitos?

R. No tengo intención de dejarlos. Sólo los dejaría si viera que es por la voluntad de Dios o el bien de la Iglesia.

P. ¿Qué está leyendo?

R. Varios libros que versan sobre monacato y sacerdocio. En los orígenes del monacato, un gran escritor, Juan Casiano, decía que si el monje quiere ser monje tiene que huir de dos peligros: los obispos y las mujeres.

P. ¿Los obispos?

R. Los primeros monjes huyeron al desierto, y eran laicos.

P. ¿Sabe usted nadar?

R. Sé mantenerme sobre el agua.

P. ¿Y guardar la ropa?

R. Eso, menos.

P. No sé si será una osadía, pero parece usted un abad moderno.

R. Contemporáneo, diría yo. Me gusta ser hombre de mi tiempo.

P. ¿Tuvo novia alguna vez?

R. No. Es que yo entré a los 13 años en el monasterio.









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