Altar Mayor - Nº 82 (15)
Fecha Viernes, 25 octubre a las 17:54:24
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

ESPAÑOL; NO CASTELLANO
Por
Juan A. Mayor de la Torre

Aunque la Constitución española (que no castellana) lo niegue interesadamente, el idioma que se habla en España es el español. No es sino un detalle más aunque mínimo que justificaría su cambio aunque hay que admitir una atenuante a tal simpleza: dice en su artículo 3 que «el castellano es la lengua oficial del Estado». Si lo es del Estado, no de la nación ni del pueblo, uno descansa por dos razones: porque un Estado no habla y porque algunos componentes de ese Estado, «padres» del texto con notable oportunismo, apuntalaron sus sillones aportando oscuridad y confusión a todo lo verdaderamente nacional. De ahí su interés porque, cerrando los ojos a la historia de la cultura, se llamase castellano y no español al idioma de España.

La Constitución no es mía pero los amigos sí. Y muchos de ellos impensadamente -no por contagio de un texto que la mayoría ni ha leído-, simplemente por dejadez que no vileza como otros, llaman castellano al español, la lengua que se habla en España salvo pequeñas parcelas rústicas o políticas. Otros hay (grupúsculos catalanes y sus derivados, gallegos, vascos) que sí obran con vileza utilizando e infiltrando obstinadamente tan contagioso como necio error por el que ningún español de izquierdas, derechas ni centro debería pasar. Aceptarlo e incorporarlo dócilmente a su léxico es una tímida concesión a quienes minimizan a España, insolencia aldeana que no debemos secundar.

Mejicanos, colombianos o chilenos y como ellos casi cuatrocientos millones de americanos incluidos los de USA cuyo 70% de universitarios lo aprenden, o los brasileños para los que desde 2000 es segunda lengua de enseñanza obligatoria, afirman el español; la misma lengua que nosotros aunque a veces conservada celosamente. Ninguno dice hablar castellano. Y dicen verdad, entre otras cosas porque no lo saben. El español, sí.

Yo no sé castellano. Imagino que le ocurre lo mismo a gran número de lectores. Cuando algunos catalanes, vascos o gallegos afirman que los demás hablamos castellano demuestran su gran desconocimiento además de insidioso menosprecio por la Patria común. Argumentan que sus lenguas vernáculas también son español; y aciertan. El gallego, catalán o vascuence son unos idiomas españoles como son españoles el mallorquín, el valenciano y dialectos como el aranés, bable, panocho y hasta el castúo que casi inventara Chamizo. Pero no son «el español». Este, común y nacional, goza de una proyección cultural, comercial, científica, que no tienen sus bellas pero restringidas lenguas aunque también sean españolas. Sus criaturas, cuando terminen sus obsesivas inmersiones, habrán hecho la torta un pan. Tendrán que empezar por aprender español si quieren andar por el mundo porque sabrán idiomas españoles pero no el español universal.

Olvidar que el castellano aunque lo acunara no es el español es confusión perniciosa. Aquél evolucionó tanto que tan sólo lo conocen en profundidad un puñado de eruditos. Se ha tornado arcaico como el vascuence o, salvando las distancia, el latín. El español se formó a expensas de aquella lengua madre pero, por ejemplo, incorpora un porcentaje elevadísimo de raíces y aun palabras árabes a más de innumerables neologismos que ha reclamado la civilización y la técnica; anglicismos, galicismos, germanismos además, naturalmente, de vocablos procedentes del gallego, catalán o vascuence. El castellano ni soñaba todo esto.

¿Nos entenderíamos si escuchásemos o dijésemos «griesco» por disputa, «segundar» en vez de preferir, «sobracero» por excesivo, «barnax» por proeza o tuviéramos que adivinar que cuando nos hablan del «casar» se refieren a la barriada? En castellano la contribución es la «asadura» (y eso que aún no existía el IRTP). El enfermo en cama es el «alechigado», la picardía se llama «picaña» y al rostro le decían «bulto». ¿Nos entenderíamos si alguien llamase «oscuro» al preso y al Juez «alcalde»?

Pero, por lo que se ve el error, sobre todo si es intencionado, o la papanatez, tienen difícil enmienda. La Universidad Complutense a través del departamento de español de su Facultad de Letras convocó un premio o concurso, no recuerdo sobre qué tema, entre cuyas condiciones figuraba que los trabajos habían de presentarse... ¡en castellano! Dudo que tuviera muchos pretendientes. Lo denuncié ante un diario de circulación nacional pero su director, miembro por cierto de la Real Academia, lo silenció.

Voy a «atemer de debroxa». Quiero decir que voy a terminar de escribir. Cualquier día la Real Academia Española de la Lengua, «la Española», será empequeñecida con un nuevo apelativo: Academia Castellana de la Lengua.









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