Altar Mayor - Nº 82 (12)
Fecha Viernes, 25 octubre a las 18:01:43
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

TAN SOLO UN AÑO DESPUÉS
Por
Alberto M. Arruti

Podemos afirmar, sin ninguna duda, que los atentados contra el World Trade Center y el Pentágono han cambiado el mundo, un mundo que ya se encontraba sometido a un intenso cambio. La tercera revolución industrial, la caída del muro de Berlín con el consiguiente desplome del bloque comunista, las economías emergentes de Asia, las corrientes migratorias, constituyen una serie de hechos, que dan la razón a un mundo en cambio, en un cambio profundo, como, tal vez, pocas veces en la Historia. Aquellos atentados han creado en Estados Unidos una actitud maniquea: sólo hay buenos y malos. El presidente Bush lo dijo así en Atlanta: «Si ustedes no aman desde lo más profundo del corazón nuestros valores más queridos, entonces ustedes también están en nuestra lista». Y el 20 de septiembre, a poco más de una semana de los atentados, el mismo Bush afirmaba que «cada país, de cada región del mundo, debe ahora tomar una decisión. O está con nosotros o está con los terroristas».

Y, ¿cómo ha sido este año? Una guerra en Afganistán y una situación económica que, con optimismo, puede ser calificada de preocupante. Como es sabido, lo económico y lo político van estrechamente relacionados. Si el panorama económico de Estados Unidos es difícil, el de la Unión Europea tampoco parece excesivamente claro y el de Iberoamérica es francamente malo, no se puede hablar más que de una situación llena de interrogantes. ¿Quién iba a decir, hace tan sólo unos meses, que una serie de empresarios de primer nivel iban a tener que salir de sus compañías por la puerta falsa, incapaces de hacer frente a los nuevos esquemas planteados? Por ejemplo, Ron Sommer, primer ejecutivo de Deutsche Telekom, que dimitía ente la falta de apoyo de su consejo de administración. Y Robert Pittman, director de AOL Time Warner, obligado a salir de la empresa, después de unos meses auténticamente caóticos. Y Ken Lay, máximo ejecutivo de la mayor eléctrica de Estados Unidos, que ha estado a un paso de ir a la cárcel por sus implicaciones en el escándalo de Enron. Y Jacques Nasser, consejero delegado de Ford, arrastrado por la crisis de la importante empresa autovomilística y Bernard Ebbers, fundador de la World Com, acusado de maquillar las cuentas. Y tantos otros más.

En definitiva, el derrumbe del sector tecnológico se apunta como uno de los factores importantes de la crisis. Las telecomunicaciones, que habían sido el motor económico en los últimos años, se encuentran ahora sumergidas en una situación caótica, debida a su enorme endeudamiento.

El 11 de septiembre supuso un impacto brutal en el consumo y en la inversión. Si bien en el consumo parece irse atenuando, no sucede así en la inversión. El sector aéreo en Estados Unidos se enfrenta también con una grave crisis, de la que son ejemplos la suspensión de pagos de US Airways, las dificultades por las que atraviesa United Airlines y el duro momento de American Airlines, que no son nada más que ejemplos de una situación cuyo fin no se acaba de ver.

Todo ello nos recuerda, aunque el mundo ha cambiado mucho y en líneas generales para mejorar, el «crac» norteamericano de 1929. Hasta entonces, la marcha expansiva de la producción y la capacidad compradora del mercado se habían, más o menos mantenido. Pero en 1929, este difícil equilibrio se rompió lo que dio lugar a una caída de los precios, sobre todo de los productos agrícolas. El paro obrero aumentó desde dos millones en 1929 hasta cerca de 15 millones en 1032. Y esa crisis repercutió en el mundo entero y para más de un historiador fue una de las causas de la Segunda Guerra Mundial.

El panorama actual es todavía más sombrío si ponemos la mirada en Iberoamérica. La situación en Argentina es sencillamente caótica. Sólo en este año se han producido en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires 1.467 asesinatos para robar. Matar por unas monedas, más bien escasas, se ha convertido en una costumbre.

Venezuela se encuentra frente a una recesión económica, que ha motivado que el bolívar se devalúe un 70 por ciento en lo que va de año y la tasa de desempleo se sitúe entre un 15 y un 20 por ciento. Colombia se encuentra en plena guerra civil, hasta el extremo de que ha aceptado la mediación de la ONU con la guerrilla. Brasil, gracias a la concesión de créditos por parte del Fondo Monetario Internacional y a los préstamos concedidos por el Banco Mundial y el BID, parece haber entrado en una ligera mejoría. Se pretende así evitar el contagio del caso argentino al resto de las economías hispanoamericanas, pero hay que tener en cuenta que la desaparición de las clases medias en el Cono Sur, la desconfianza creciente sobre las reglas de juego, la generalización de la pobreza, además de perjudicar a seres humanos, son factores que motivan la pérdida de base de los mercados y de todo el proceso económico.

En la Unión Europea, el PIB tiene su máximo en el 2 por ciento de España, seguido del Reino Unido con un 1,5 por ciento. La situación peor la expresa la caída del 1,2 por ciento en Alemania y el descenso del 0,6 en Austria. De España se ha dicho que «cuatro ámbitos el europeo, el financiero mundial, el turístico y el iberoamericano arrojan chorros helados» sobre nuestro país.

No es sólo la política y la economía. Hasta la ciencia se encuentra comprometida. Hace unos meses, la Administración Bush anunció un proyecto que restringe la divulgación de datos e informaciones científicas, con el fin de evitar poner en peligro la seguridad de Estados Unidos. Se pretende evitar que grupos terroristas puedan aprender a fabricar armas, de tamaño pequeño, pero con un gran poder destructivo. En primer lugar, nos imaginamos armas nucleares y, en segundo lugar, armas biológicas. Siempre la investigación sobre nuevas armas ha estado rodeada del máximo secreto. Pero lo original de este proyecto es que la censura se extiende a campos enteros de la investigación científica. Son varios los intelectuales americanos, entre los que se encuentran Susan Sontag y Noam Chomsky que se han hecho oir. Es evidente que, si hay algo en este mundo que necesita libertad, es la investigación científica. Y, especialmente, la libertad de expresión pues, de lo contrario, las publicaciones científicas al limitarse su difusión, pueden dar lugar a un círculo cerrado, que ahoga la propia investigación.

El mundo se encuentra hoy ante un dilema: libertad o seguridad. Y, como es lógico, escoge la seguridad. Por eso, cuando nos encontramos a un año de aquel trágico 11 de septiembre, todo ha cambiado. Y cambiará, probablemente más. Pero no parece que haya otra solución. Y el cambio será a peor.









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