Altar Mayor - Nº 82 (01)
Fecha Viernes, 25 octubre a las 19:46:23
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 82 – septiembre-octubre de 2002

POR FIN
Por Emilio Álvarez Frías

Sí, por fin se han dado cuenta los españoles de que el «entorno etarra» debía recibir el trato adecuado por parte de las instituciones del Estado.

En realidad, los españoles, la mayoría de los españoles, ya estaban en el convencimiento de que el Estado tenía que tomar decisiones importantes al respecto; al menos desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, pues la reacción del pueblo español en ese momento fue contundente, actuando al margen de los políticos que no supieron reaccionar a tiempo y tuvieron que tomar el tren en marcha para no quedar apeados de la corriente popular si bien, y aunque se ha reproducido en cada nuevo asesinato (ya con las «autoridades» al frente de las manifestaciones y sosteniendo las pancartas), ha ido menguando el calado e importancia de ese levantamiento pacífico del español cansado de la inoperancia del Gobierno, de la «oposición» y de los políticos en general.

Muchos españoles estaban convencidos desde hacía tiempo, desde que la banda asesina irrumpió en el panorama español, desde que los que anhelaban la desmembración del tronco común de España habían recibido el espaldarazo constitucional para moverse con más libertad y hasta con la complacencia de algunos sectores.

Era la irresponsabilidad de políticos que, persiguiendo justificar su propio comportamiento, se desentendían en parte de las actuaciones de los nacionalistas montaraces, de las acciones de los jóvenes de «la gasolina», o de los comportamientos de quienes chuleaban las Instituciones con sus provocaciones, amedrentando a la sociedad; sin olvidar a los políticos cobardes que temían tomar decisiones que pudieran incomodar a determinados estamentos o atraer sobre ellos recuerdos del pasado que pudieran quebrar su «carrera política».

Eran también inconsciente vesania de periodistas indocumentados que en la exaltación y glorificación de la democracia encontraban justificación para todo lo que supusiera no mermar las libertades del individuo, del «ciudadano», esas libertades que nos habíamos dado a-nosotros-mismos, sin contrapesarlas con la responsabilidad y los deberes frente a nuestros semejantes, sin que hagamos una llamada a la moral y al derecho natural del hombre.

Era la sombra de la mentira que unos y otros aleteaban sobre los españoles desatando en torno a ellos el temor al regreso a un tiempo pasado de «oscurantismo», «persecuciones», «falta de libertad»…, según les decían, oscurantismo, persecuciones, falta de libertad que ellos jamás habían advertido, sino que en ese tiempo habían vivido en paz y calma, haciendo lo que les venía en gana y prosperando vertiginosamente con el esfuerzo de todos; lo que constituía, además, un pecado de mayor calado en relación con las nuevas generaciones, que han recibido una información manipulada y falsificada, por lo que tienen un panorama totalmente erróneo de la historia precedente.

Lo cierto es que, al parecer, unos y otros han comprendido que es preciso extirpar ese «entorno etarra». Algunos políticos al fin se han dado cuenta del problema y han cerrado filas para una acción en común; otros han sacado a relucir su más arcaica demagogia y sus más viejas soflamas para criticar y aun oponerse a las medidas adoptadas; sin que falten ladinos que navegan a dos aguas para beneficiarse de ambas corrientes; ni los que, descaradamente, se apuntan a las artimañas arteras de los asilvestrados del nacionalismo en busca de la rentabilidad que les puede proporcionar tan miserable actitud.

Y los periodistas, ahora, también han recibido la iluminación en su propio camino de Damasco siendo capaces de objetivar lo que es bueno y lo que es malo, lo que es libertad y democracia y lo que es terrorismo y tiranía. Todo ello con la lógica de sus mentes torturadas: antes estaba justificado por la «opresión» y «falta de libertades» de la dictadura, o sus «secuelas», ahora hay que tomar medidas para defender las libertades de la democracia, esa diosa intocable, intangible, incorpórea, misteriosa y a la vez cortesana, ramera, mundana, mesalina, hipócrita, artificiosa, de mil caras, de mil lenguas, de mil brazos como Siva.

Mas, a estas alturas, con las disposiciones tomadas ya a destiempo, aunque todavía no tarde, hay que preguntarse: ¿se acabará todo el problema de las provincias vascas con la ilegalización de Batasuna y con la erradicación de ETA? No, seguramente no. No porque los Arzallus, los Ibarreche, los Azkárraga, los Balsa, los Eguibar, los zafios de EA, seguirán con sus pretensiones, con sus exigencias, con sus bravatas, con sus amenazas, aduciendo que son una nación distinta, que no son España, y reclamando por ello la independencia.

Quizá sea preciso llegar, haciendo caso al propio señor Arzallus que lo ha denunciado aplicando la intención a otros, a ilegalizar al PNV y a algún otro.









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