El Risco de la Nava - Nº 155
Fecha Jueves, 27 febrero a las 23:23:17
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 155 – 25 de febrero de 2003

SUMARIO

  1. El Tejo: «Figuras menores», por Antonio Castro Villacañas
  2. Quiero mi fe, ella me basta, por Ángel Palomino
  3. El PP y el Papa, por Miguel Ángel Loma
  4. La nueva educación religiosa que nos anuncian, por Martín Quijano
  5. Gay-ardón, Tele-gay y el pato Lucas, por Eulogio López
  6. Comentarios, por Españoleto


EL TEJO
Por Antonio Castro Villacañas

«FIGURAS MENORES»

El pasado día 22 de noviembre, mi querido y admirado Rafael Borrás publicó en La Razón uno de sus habituales buenos artículos, esta vez dedicado a glosar la figura de José Antonio Primo de Rivera con motivo de estar ya cercano el centenario de su nacimiento. Como él acertadamente recuerda, José Antonio fue «una figura menor de la política española de los años treinta». No puede ni de lejos compararse con las grandes figuras de la República que él también cita: ni con Azaña, Largo Caballero, Prieto y Companys, por la izquierda, ni con Gil Robles, Lerroux, Calvo Sotelo, Víctor Pradera o Cambó, legítimos representantes de la derecha. Me permito añadir otros nombres a esta lista: los de La Pasionaria, Antonio Goicoechea o Melquiades Álvarez, por ejemplo. Es evidente que José Antonio no puede competir con tan grandes figuras republicanas en cuanto se refiere al nacimiento y desarrollo de nuestra II República. Nadie puede por tanto achacarle más que una mínima responsabilidad en el tremendo fracaso de ese celebrado ensayo político: los responsables máximos de que España tuviera que automedicarse con el amargo trago de una dolorosa guerra civil fueron, no cabe la menor duda, los monárquicos y los republicanos de ley, no ese pequeño y marginal advenedizo que tan solo obtuvo 45.000 votos -como muy bien recuerda Borrás- entre los españoles mayores de 23 años, pues según la legislación entonces vigente los más jóvenes no podían votar a nadie. Quizás esa sea la razón de que cada año, cuando se cumple el aniversario de sus respectivas muertes, casi nadie recuerde que existieron, pese a tener ahora en su favor la práctica totalidad de los vientos oficiales y mediáticos, cosa que no sucede respecto de la «figura menor» de José Antonio, como muy bien prueba el artículo que cito, al que por cierto no pude responder desde La Razón porque en servicio de la libertad de expresión sus rectores se negaron a publicar este comentario, que seguiré ampliando.
 

QUIERO MI FE, ELLA ME BASTA
Por Ángel Palomino

Acabo de leer un libro. Lo llaman «El libro de don Salvador. Sí, don Salvador; el cura de la tele». Sí, a sí lo llaman: así de largo. Y de claro.

Y recordamos la cara afable de su autor, don Salvador Muñoz Iglesias, que nos hablaba de religión en aquella tele fascinante de los años 60, tan pobre de medios; y tan bien hecha que quienes entonces eran niños, aún conservan en su memoria imágenes, nombres, programas que se realizaban en estudios poco más dotados que el de un fotógrafo.

El libro se titula Así lo vimos otros (Ed. Edicep. Valencia) y, según don Salvador, debería titularse «Así fue... Y así lo vi yo», aunque -por modestia- ha decidido no aparecer en el título como protagonista y centro del relato, crónica de la llamada Transición que «no logró la pacificación tan cacareada sino a base de concesiones que han dañado visiblemente a nuestro pueblo».

Y es verdad. Como es verdad que, sin tarancones ni dadaglios, los creyentes de otros pueblos, sus maneras y formas de ser católicos han resultado dañadas por influencias falsamente renovadoras, purificadoras, aggiornadas o sociales iniciadas antes de que el Papa Juan convocase el Concilio Vaticano II. Influencias que convirtieron las decisiones y orientaciones conciliares en río revuelto para dinamitar -intento vano- el sólido edificio de la fe católica, apostólica y romana.

Esta es la batalla en la que estamos aún (o están; yo rezo). En ella, la Iglesia se fortalece iluminada su andadura por el ejemplo de Su Santidad Juan Pablo II, ese hombre de Dios que se agota por la fe y por nosotros; de ese Papa que tanto irrita a los enemigos de la Iglesia porque no se muere y, sobre todo, porque les ha vencido en su intento de destruirla. Disimulan su ira con expresiones de compasión. Y por compasión fingida, piden que dimita, que lo jubilen, que lo quiten de ahí. Y él les puede.

Don Salvador relata sucesos y anécdotas de unos comportamientos laicos, políticos, muy relacionados con la Iglesia funcionarial y administrativa y de sus relaciones poco espirituales con los poderes, y las intrigas de los gobernantes, los aspirantes a serlo, las jerarquías implicadas en la lucha política por el dominio de la Iglesia, no por la salvación de las almas. Cuenta, también, sucesos y fenómenos aterradores. Y su drama personal. Yo me consuelo con el grito, estimulante del Papa: «No tengáis miedo».

Es un relato tras el que corro a buscar mi memoria de niño, de creyente, mi fe de carbonero. Y rezo pidiendo espíritu, para todos, al Espíritu Santo. Ahora, como siempre, necesitamos que venga Él a renovar la faz de la tierra.
 

EL PP Y EL PAPA
Por Miguel Ángel Loma

Primero fue el ministro de Defensa, don Federico Trillo, conocido cariñosamente como , quien sentó cátedra cuasipapal declarando que como católico no tenía ningún problema de conciencia para no seguir las indicaciones del Papa contra la guerra, porque «las materias sociales no son de fe» y por tanto «no hay obligación» de seguir al Papa en esta minucia moral. Posteriormente ha sido su jefe, don José María Aznar, declarando en ABC que «La paz, como ha recordado el Papa, debe basarse en el respeto a las resoluciones de la ONU», palabras que así enunciadas, y salvo que se las haya dicho el propio Papa en una audiencia privada, no he visto recogidas en ningún lugar. Como existe un creciente distanciamiento entre el PP y el electorado católico más comprometido con su fe, los populares se ven llamados a convertirse en exégetas papales para tranquilizar las conciencias de aquellos que aún son capaces de generar escrúpulos frente a la política del señor Aznar. Si hay que interpretar al Papa, se le interpreta, faltaría más, ¿quién dijo miedo? En cualquier caso, lo que sí ha dicho el Papa públicamente es que «La paz se basa en la justicia, el amor, la libertad y la verdad» (26-12-2002), y que la llamada «guerra preventiva» no tiene justificación alguna.

Muy mal deben de irle las cosas a los chicos del PP para intentar confundirnos con sus particulares interpretaciones de las claras palabras del Papa, palabras que no dudan en ignorar cuando se trata de otro tipo de asuntos, como es el mantenimiento del genocidio de 70.000 seres humanos a los que anualmente en España se les impide nacer de forma «preventiva» por una ley fraudulentamente aplicada, con la absoluta aquiescencia de todos los diputados , ya que ninguno de ellos, aunque fuera en un puro gesto testimonial, ha osado rebelarse y contestar a tan canalla legislación. Cuando duelen las orejas de oírles justificar el mantenimiento de esta sangría alegando, casi entre lamentaciones, que no podían hacer nada porque significaba enfrentarse a la opinión pública, sorprende que en el tema de la guerra no les haya importado mucho tener a una opinión pública mucho más numerosa en su contra, para alinearse junto al viejo «amigo» yanqui. Como no hay que ser exégeta ni profeta para adivinar que tal como van sucediendo las cosas, y con la eficaz manipulación demagógica de sus adversarios, el PP no volverá a obtener mayoría absoluta en las próximas elecciones, cargarán para siempre con la grave responsabilidad de no haber utilizado la excelente oportunidad de su situación actual en el Congreso de Diputados, para salvar la vida de millares de seres humanos que no gozarán de esta llamada sociedad del bienestar. Esperemos que no haya que imputarles también la responsabilidad de meternos en una guerra de imprevisibles consecuencias, donde ni se nos ha perdido nada ni nada le debemos a nadie; y si debemos algo, que nos lo digan. Pero quede claro que curiosamente, tanto en el tema del aborto como en el de la guerra, el PP ignora la voz del Papa, aunque eso sí, todos ellos y ellas estarán junto a él, con sus mejores galas, velos y sonrisas, cuando Juan Pablo II venga próximamente a España. Quien no les conozca, que les vote.
 

LA NUEVA EDUCACIÓN RELIGIOSA QUE NOS ANUNCIAN
Por Martín Quijano

Se anuncia una reconversión de los estudios religiosos en la enseñanza obligatoria que pretende conseguir que los alumnos se gradúen mejor informados en este tema. Como líneas directrices del nuevo programa educativo se menciona tres: Una exposición del «hecho religioso» como una constante humana, una información acerca del significado de las principales fiestas religiosas y una propensión hacia la convivencia de las tres principales religiones en la escuela, entre los condiscípulos. Las tres consideradas son el cristianismo, el islamismo y el judaísmo. Parece un programa educativo inspirado en las más amables líneas masónicas, conforme a las normas de corrección política vigentes hoy en todo Occidente. Por cierto, ¿cómo consigue el judaísmo, religión de cinco millones de judíos, ser equiparada en interés educativo con el cristianismo o el islamismo, cuyos fieles superan los mil millones?

El intento es presentado por los políticos como un propósito meritorio de nuestro gobierno para sacar la enseñanza religiosa de su actual estado de postración dentro de nuestro programa educativo. Una situación despreciable, como asignatura optativa, en la que se invita a los alumnos que no quieran participar en ella a ocupaciones sustitutivas tales como juegos de mesa. A primera vista, parece una reforma loable de una situación reiteradamente criticada, tanto por los padres que solicitan la educación religiosa para sus hijos como por los que la rechazan. Una consideración seria del caso, teniendo en cuenta sólo esas líneas directrices principales, no hace aconsejable esa loa.

En primer lugar, parece que el «hecho religioso» sea la consecuencia práctica de alguna necesidad de misterio por parte de los humanos, tanto mayor cuanto menor sea la cultura del creyente correspondiente. Es decir, una creencia inventada como consecuencia de la consciencia de poquedad o desvalimiento ante lo desconocido. Con ello parece transmitirse un desprecio básico del objeto del tema: el sincretismo de pensar que todo el hecho religioso es reducible a una aspiración humana de transcendencia a lo desconocido, sea cual sea la forma o concreción que tome, es denigratorio. Particularmente en una Nación como la nuestra, con tantos siglos de historia ligados al cristianismo, y de oposición concreta a otras manifestaciones religiosas. Pero además resulta absurdo en una sociedad cristiana, que mantiene, y lo ha hecho durante incontables generaciones, no sólo que nuestra religión es consecuencia de una Revelación Divina, sino que Dios se hizo hombre en un momento y lugar concreto, viviendo y sufriendo durante un período de treinta años de forma historiada con abundancia. ¿Cómo comparar esos hechos reales, históricos, arqueológicamente tangibles, con cualquier elaboración especulativa del pensamiento humano, por muy alta calidad intelectual que tenga? ¿Con qué criterio se los puede enseñar de forma homogénea con las otras religiones, si no es aguando esa realidad?

La segunda línea parece ser informativa de las fiestas religiosas más importantes. Y es de suponer que se reduzca a las fiestas cristianas o, más específicamente, católicas, que dominan nuestro calendario. Porque no parece lógico entrar en la información de fiestas musulmanas o judías sin repercusión en nuestra vida diaria. Parece planteado en clave folclórica, como una información indispensable para poder formar parte de nuestra sociedad. Pero es de suponer que sin vivencia de las mismas. ¿Incluirán una parte de la asignatura en equiparar el significado de Papá Noel en el día de Navidad? Como mínimo, habría que denunciar eso como un delito de intrusismo. Pero está claro que esa denuncia no podría detenerse en ello, sino que tendría que extenderse a los carnavales, el matrimonio de blanco, las fiestas patronales, los bautizos y primeras comuniones falsas, etc.

La tercera línea, fomentadora de la convivencia en las escuelas, conecta con las anteriores en el planteamiento absurdo. Es evidente que nuestras escuelas tienen alumnos inmigrantes de otras religiones, pero también es evidente que nadie fuerza una objeción de conciencia contra la enseñanza cristiana y también lo es que no existe tensión religiosa que atente contra esa convivencia. Esa línea prioritaria pone la venda sin que haya herida. Quizás con ello fomente que se produzca la herida. Porque una educación religiosa cristiana exige respeto a la persona. Y una faceta fundamental de ese respeto es evitar forzar cualquier convicción religiosa. No hace falta programar expresamente una línea educativa que debe estar incluida en todas las otras.

El conjunto parece un proyecto característico de la clase política que nos gobierna, timorata a la hora de expresar sus convicciones (¿será que no tienen tales convicciones?) y preocupados por la opinión ajena, más que de la propia. Procurando aparentar, y hacerse perdonar delitos previos, imprecisos pero asumidos, más que lograr un reforzamiento de la cultura a la que dicen consagrarse.
 

GAY-ARDÓN, TELE-GAY Y EL PATO LUCAS
Por Eulogio López

Tomado de «Hispanidad», 25 febrero 2003

No es un insulto. A Alberto Ruiz-Gallardón, presidente de la Comunidad de Madrid, aspirante a la Presidencia del Gobierno y presunto jefe de Ana Botella, le conocen como Gay-ardón por su proclividad hacia los sagrados derechos de los homosexuales.

El prócer madrileño rige Telemadrid, que ya desde ahora, y tras el programa de ayer, puede ser calificada como Tele-gay.

Dirigía el espacio Juan Ramón Lucas. Un buen periodista, que comenzó como responsable de Economía en la Cadena SER, grupo Polanco, y que luego dirigió el telediario de máxima audiencia de Tele 5. El mismo que creó un estilo nuevo, de periodismo explicativo y con un lenguaje de la calle que le hizo bastante popular.

Pero le entraron las prisas por ser famoso, por convertirse en una estrella del espectáculo, y se pasó a los magazines. Reconozco que el día en que alguien logre des-frivolizar los programas típicos de la televisión muchos tendremos que reconocer que estábamos equivocados: la TV y la razón habrán dejado de ser fenómenos incompatibles. Lo mismo ocurre con homosexualidad y rectitud de intención, orgullo gay y sentido común, o bondad y Pedro Almodóvar.

El espacio estaba destinado a responder a la pregunta: ¿Deben los homosexuales adoptar niños?

Para ello, y en nombre de la equidad, Juan Ramón planteó un exquisito equilibrio: dos miembros del Partido Familia y Vida, frente a dos homosexuales.

Planteado ese equilibrio básico, el señor Lucas aportó los siguientes pesos, siempre en el mismo plato de la balanza: un público formado por medio barrio de Chueca (para nuestros amigos hispanos, zona gay de Madrid), dos parejas, una de sarasas y otra de lesbianas, reportajes pregrabados donde lesbianas y monfloritas contaban lo mucho que sufren ante la marginación reinante, continuos cortes al presidente de Familia y Vida, José Alberto Fernández, al que no se le permitió terminar una frase en una hora de insultos (se le llegó a calificar de genocida), e intervenciones de los oyentes a través de un 902. Claro que las llamaditas tenían su aquel. Por ejemplo, si usted llamaba al teléfono sobre-impresionado lo primero que se le preguntaba es qué iba a decir, reclamación ya ligeramente sospechosa. Casualmente, sólo una de las intervenciones telefónicas foráneas apoyaba a los vituperados representantes de Familia y Vida, pero, afortunadamente, fue cortada por la tortillera interviniente afirmando que «ese no era el debate». Y es muy cierto: ni ella había ido allí para debatir sino para gritar, ni le interesaba lo más mínimo el diálogo. Lo que les interesaba era aplastar al contrario... con ayuda del árbitro.

La verdad es que resulta muy lógico que los cachorros eludan incluir en el debate sobre la adopción el elemento «naturaleza», un factor empeñado, desde hace unos cuantos miles de años, en imponer, de forma muy poco tolerante, la heterosexualidad en el ser humano, que no renuncia, por ejemplo, a aspectos tan reaccionarios y troglodíticos como el de que el ano no sirve para meter nada sino para expulsar residuos. Pero, al parecer, este lenguaje no debe ser empleado por quien ha sido educado en colegio de pago. Sólo es la descripción de la realidad, algo impropio del debate televisivo.

Total: una encerrona, una celada, una emboscada. Lucas había invitado a la orgía a otras posibles víctimas, algunas de instituciones católicas y del Partido Popular, pero, naturalmente, una cosa es legislar sobre adopción de homosexuales y otra mancharse las manos y la imagen compartiendo debate con cierto personal histérico.

Pues bien, hay que mancharse. La prepotencia, la pesadez, la necedad de todo el universo gay y de los Gay-ardones del Partido Popular exigen pelear con una mano atada a la espalda y una venda en los ojos, que es como acuden a ciertos medios los partidarios del sentido común.

Lo de Lucas es otra cosa: es la información convertida en espectáculo. Pero, Juan Ramón, muchacho, si lo tuyo es la información y no el espectáculo.

Y lo de Telemadrid también es otra cosa: Francisco Jiménez Alemán, ese chico que expulsó a Tómbola, el programa de cotilleos, de la parrilla por frívolo, nos ha metido al Pato Lucas. Yo, la verdad, me quedo con Tómbola.
 

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Por Españoleto

LA RUPTURA DE LA UNIDAD EUROPEA

Prodi reprocha a España, Reino Umido, Italia y Dinamarca la emisión de la carta de apoyo a la política americana, con apoyo de Polonia, Chequia, Hungria y… no recuerdo qué otro aspirante a la UE. El reproche dice que rompen la unidad europea y se salen de los cauces establecidos. Según parece Francia y Alemania no erraron de igual modo al declarar previamente su postura contraria. Son los misterios de la política. O de los funcionarios políticos. Y una demostración de que a la UE le falta bastante más de un hervor.
 

UNA ÉPOCA A IGNORAR

La muerte de Emilio Romero ha sido objeto de muy breves comentarios en periódicos y en radio. Salvo alguno aislado lamentable, la mayor parte de ellos han sido elogiosos, con reconocimiento de su maestría periodística, de la cual muchos se declaraban discípulos, y elogio de su generosidad con adversarios políticos.

Pero en todos ellos se procura omitir consideraciones acerca de una época de gran interés, político y periodístico. Y se omite el calificativo de falangista, con el que el difunto se identificaba, sustituyéndole por el de derechista. El propio Emilio Romero recordó en su última entrevista (programa «Epílogo» del pasado día14 de febrero) que fue Suárez quien le echó de la prensa del Estado, para evitar que condicionase sus planes. Nadie ha aludido a cómo se silenció la opinión de una parte de España para imponer algo diseñado apresuradamente. Hay que ignorar lo cuestionable.
 

LA SOLEDAD INTRÉPIDA DE ¡BASTA YA!

¡Basta ya! consigue reunir apenas a 2.000 manifestantes ante la sede del Gobierno Vasco, tras el último asesinato de la Eta, el de Pagazaurtundua. Se consuelan con la participación de algunos artistas de cine, que demuestran que leen los periódicos, pero se pone de manifiesto que la gran irritación, expresada por la hermana de la víctima y por la admirable Rosa Díez, no consigue romper el cómodo distanciamiento de la gran masa de la sociedad vasca. Lo grave de la situación es precisamente que uno se habitúe, sin rebelarse, a los asesinatos metódicos. Y eso es precisamente lo que ocurre allí. Recientemente, el párroco de Maruri decía en una entrevista televisiva que ningún sacerdote vizcaíno le había llamado para solidarizarse con su situación. La Iglesia vasca necesita una conversión dramática, lo mismo que los nacionalistas y todo el resto de la sociedad que deja en tal dramática soledad a esos héroes del ¡Basta ya!

UN LIBRO A SILENCIAR

El libro Los mitos de la Guerra Civil, de Pío Moa, ha sido objeto de algunas entrevistas en radio, y corteses reseñas en periódicos. Desconozco si ha aparecido en TV. Es decir, ha tenido una repercusión menor de la esperable, en principio. Porque cuando todas las películas españolas, durante décadas, muchos de los libros históricos en ese período de tiempo, y prácticamente todos los comentaristas hoy relevantes en la radio, tratan la guerra Civil con una visión polarizada, aparece este libro y dice que no fue así, sino al revés. Un libro escrito, además, por alguien que puede atribuirse una ejecutoria más «antifranquista» que todos a los que ahora contradice. Debería chocar, y provocar un revulsivo debate. Pero no, lo que provoca es el silencio. Lo que no se menciona, no existe para la actualidad informativa
 

¿QUIÉN COORDINA ESO?

Las manifestaciones contra la guerra han sido imponentes en toda Europa y Norteamérica.

Y han coincidido en el tiempo, con una sincronización sorprendente. No parece creíble que todo haya sido coordinado por el servicio de información de Sadam, por mucho que Internet permita éxitos de ese tipo hoy en día. Por lo que cabe preguntarse qué grupo u organización tiene capacidad para tal coordinación global. No es sólo la moda, ese sentimiento de concordancia que hace que no se pueda abrir un correo electrónico sin encontrarse con mensajes acerca de qué tonto es Bush, o qué dignos de conmiseración son los niños iraquíes a los que él quiere matar, para resarcir el fracaso de su padre. El resultado de creación de una opinión pública de esta envergadura debe ser atribuido a algo menos difuso que una moda. ¿Quién decide que el sábado, a las seis de la tarde, en el medio centenar de ciudades en que ha habido manifestaciones? Es un misterio semejante al de quién decide lo de Porto Alegre, las algaradas antiglobalización, y tantos otros acontecimientos reaccionarios.







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