Altar Mayor - Nº 84 (62)
Fecha Jueves, 27 febrero a las 20:33:25
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

EUROPA, ¿QUÉ HACER?
Por Josep Piqué. Ministro de Ciencia y Tecnología

Pido perdón desde el principio por utilizar un título leninista, que es precisamente lo más opuesto a lo que, entre todos, estamos haciendo en el proceso actual de construcción de la Unión Europea.

Porque estamos construyendo Europa desde la libertad, desde el Estado de Derecho, desde el impulso a los valores democráticos y a los derechos humanos y, sobre todo, desde los anhelos y desde los intereses de los ciudadanos europeos. Por todo ello, estamos construyendo Europa desde las antípodas de los que siguen pensando que Europa es compatible con la presencia agobiante del Estado, con la intervención permanente de los poderes públicos en la vida cotidiana de las personas, con las rigideces de su sistema económico o con la apuesta por el inmovilismo y por el proteccionismo insolidarios.

Nosotros, en cambio, queremos mecanismos que mejoren nuestra capacidad de adaptación a los retos que plantea la globalización y queremos también que se aprovechen todas las oportunidades que se derivan de una Europa capaz de constituirse como una auténtica alternativa, como motor de un crecimiento económico a nivel mundial que sea compatible con la defensa de nuestro modelo social y de bienestar del que los europeos podemos sentirnos muy orgullosos.

Afortunadamente, la Unión Europea va por caminos bien distintos de aquéllos que creen que la defensa de nuestro modelo social pasa por no adaptarnos constantemente a las exigencias económicas que vienen dadas por nuestra inserción en un mundo global.

Quisiera ser muy claro: no hay antítesis entre la defensa de nuestra cohesión social y de nuestro modelo de bienestar y de convivencia y, por otra parte, la necesidad de ser rigurosos, serios y disciplinados a la hora de acometer las necesarias reformas y transformaciones en nuestro sistema productivo. Al contrario. Quienes defienden una Europa «más social» sin tener en cuenta que eso exige una Europa más competitiva y más dinámica y más capaz de generar empleo para todos engañan a los ciudadanos. ¿O es que alguien cree, honestamente, lo contrario?

Los ejemplos históricos son evidentes. Sólo la economía de mercado y la libertad política, conjuntamente, han demostrado, históricamente, su eficacia a la hora de propiciar crecimiento, bienestar, empleo y, al mismo tiempo, respeto al medio ambiente. Es decir, un modelo de desarrollo sostenible. Y todo lo demás son elucubraciones pretendidamente progresistas. Nada que ver, pues, con el progreso auténtico y real de los Estados y de los ciudadanos.

Y todo esto viene a cuenta de los resultados y del entorno del Consejo Europeo de Barcelona.

Se han hecho muchas cosas y se han tomado muchas decisiones. Y soy muy consciente de que estas decisiones han sido contestadas desde los muy heterogéneos manifestantes que ha habido estos días. Muy bien. En la medida en que lo han expresado pacífica y democráticamente, no hay nada que objetar en cuanto a sus métodos y a su libertad, garantizada democráticamente por todos. Pero quisiera hacer al respecto algunas reflexiones.

La primera es que la legitimidad democrática está donde está: es decir, en los gobiernos democrática y legítimamente elegidos.

Y, a veces, parece que se olvida. Y no debe olvidarse jamás: quien representa a los ciudadanos europeos son los parlamentos y los gobiernos legítimamente constituidos. Por supuesto, hay que escuchar a todo el mundo, pero la voz más autorizada, sin duda, es la que pertenece a los ciudadanos, que se expresan por medio del voto. Todo lo demás es adulterar las cosas y pretender violentar la auténtica expresión de la voluntad democrática de los europeos. Conviene estar, pues, muy alerta y no caer ni en ingenuidades ni en falsos complejos.

La segunda es que Europa se hace paso a paso, pero firmemente. Europa es un triunfo colectivo. Si no, no sucedería lo que sucede: que todos quieren formar parte de Europa y ningún país quiere quedar al margen. Y por algo será. Porque nadie se apunta a un fracaso y todos quieren sumarse a un éxito.

Por todo ello, el Congreso de Barcelona ha sido un éxito. Aunque a algunos les cueste reconocerlo. Porque hemos avanzado en la buena dirección, a través de muchas decisiones concretas. Sin grandes alardes conceptuales, pero seriamente. Y lo hemos hecho hacia dentro y hacia fuera. Hemos reformado Europa y hemos sido capaces de afrontar grandes retos de política exterior en los ámbitos de la paz y la cooperación internacional con voz única y decidida.

Así, a esa gran pregunta de qué hacer, la respuesta es muy clara. Si queremos que Europa avance, consejos como el de Barcelona son imprescindibles. Y todo lo demás es música celestial.

Europa necesita grandes discursos de vez en cuando. Pero sobre todo, necesita realidades. Y éste es el gran mensaje de Barcelona. No lo vamos a desperdiciar. Al contrario, vamos a ser consecuentes y vamos a hacer del espíritu de Barcelona nuestra guía de actuación.







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