Altar Mayor - Nº 84 (61)
Fecha Jueves, 27 febrero a las 20:35:44
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

LA EDUCACIÓN EN LA EUROPA DEL CONOCIMIENTO
Por Pilar del Castillo - Ministra de Educación, Cultura y Deporte

La Presidencia española de la Unión Europea coincide con un momento crucial para nuestra educación y nuestra formación. Hoy, el rápido avance de los conocimientos científicos y tecnológicos está transformando todas las esferas de nuestras vidas. La poderosa fuerza de cambio del conocimiento, cada vez más extendido y accesible, se advierte en la vida cotidiana, en las relaciones sociales, en la economía y en la cultura. Y, por supuesto, en la educación, porque los nuevos retos que plantea el conocimiento a nuestras sociedades sólo podrán abordarse, a su vez, desde sociedades basadas en el conocimiento.

En consonancia con esa realidad y con el reto de futuro que plantea, la Presidencia española de la Unión Europea se ha impuesto una meta muy clara en materia de educación: consolidar la educación y la formación como claves del proceso de construcción europea. Y está desarrollando una estrategia tan ambiciosa como realista para conseguir los objetivos de la próxima década, complementándolos con actuaciones sobre las prioridades comunes de los Estados miembros. Ése no sólo ha sido el enfoque presentado por nuestra Presidencia; ha sido también el que el último Consejo Europeo ha refrendado ampliamente, al concluir que la educación y la formación son condiciones fundamentales para conseguir que, en el año 2010, la economía europea sea la más competitiva del mundo.

Para llevar adelante ese plan, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha diseñado un programa bien definido, desarrollado a través de contactos bilaterales con los máximos responsables de la política educativa de los Estados miembros y de la Comisión. En las más diversas reuniones de trabajo he podido comprobar con satisfacción la coincidencia de proyectos y de objetivos. Así se constató, una vez más, en Granada, durante el reciente encuentro con mis colegas europeos.

En los trabajos realizados hasta ahora durante la Presidencia se han tenido en cuenta las dos grandes iniciativas del Consejo de Ministros de Educación de la Unión Europea: fijar en un Programa de Trabajo común los objetivos de cada uno de los Estados miembros en materia de educación y de formación para el año 2010, e incorporar la cultura del «aprendizaje permanente» como principio orientador. Los acuerdos adoptados por el Consejo Europeo de Barcelona se han basado en esas iniciativas.

Por ello hoy somos aún más conscientes de que la aprobación en su día del Programa de Trabajo -en el Consejo de Educación del pasado 14 de febrero- ha supuesto un avance de primerísima magnitud: por primera vez, los ministros de Educación han acordado armonizar prioridades, lo que hace del Programa de Trabajo adoptado una verdadera «agenda de la educación y la formación» para esta década.

Creo que no puede haber dudas sobre la importancia histórica de lo logrado: hemos pasado de la mera contraposición de ideas al diseño de actuaciones concretas, con plazos determinados y programación definida. El programa permitirá que la educación sea, realmente, el eje que vertebre el futuro espacio europeo del conocimiento. Los ministros de Educación europeos esperamos, con un optimismo fundado en el trabajo, que este Programa marque un antes y un después de la educación en Europa. Lo hará si conseguimos que sus tres grandes objetivos -la mejora de la calidad de nuestros sistemas de educación y de formación, el acceso a ellos de todos los ciudadanos y la apertura de nuestros sistemas al resto del globo- obtenga una respuesta a la altura del reto histórico al que nos enfrentamos.

En cuanto al primer objetivo -la mejora de la calidad- hemos acordado, entre otras cuestiones, dar prioridad a la formación de los educadores, a la incorporación de las tecnologías a la educación y al incremento del número de licenciados en las disciplinas científicas. Por su parte, el acceso a la educación de todos los ciudadanos a los sistemas educativos está inspirado en el principio del «aprendizaje permanente», básico para configurar un sistema eficaz que ofrezca oportunidades de calidad para todos, e impulse así la cohesión social. Y, en tercer lugar, queremos tomarnos muy en serio la mejora de la cooperación europea con otras regiones del globo, especialmente del ámbito mediterráneo y de Iberoamérica.

Esos objetivos permitirán avanzar significativamente en la construcción de la Europa de los ciudadanos. Así lo ha refrendado el Consejo Europeo de Barcelona, al solicitar el cumplimiento de distintas acciones -todas ellas con un evidente y profundo contenido social- en el ámbito de la educación. A modo de ejemplo, los jefes de Estado y de Gobierno han considerado necesario garantizar la transparencia de los diplomas y cualificaciones, tanto en el ámbito universitario como en el de la formación profesional. En suma: la adopción del Programa de Trabajo europeo en Educación en el Consejo de Barcelona demuestra que Europa se está tomando muy en serio la importancia esencial de la educación y la formación para el desarrollo de los individuos, la cohesión de nuestras sociedades y el pleno empleo.

El segundo de los grandes procesos en curso en el ámbito educativo se refiere a esa realidad que tan felizmente se ha dado en llamar «aprendizaje permanente». Debemos facilitar y hacer asequible a todos los ciudadanos la competencia que necesitan para adaptarse a las cambiantes necesidades del mercado de trabajo: tan importante es la cualificación para iniciarse en la vida profesional como la continua puesta al día de esa preparación. El aprendizaje permanente no es un lujo: es, sin duda, el principio que orientará las futuras reformas de la educación y la formación. De ahí que, a propuesta de la Presidencia española, el Consejo Europeo haya solicitado a los ministros de Educación que adopten, antes del próximo Consejo Europeo de Sevilla, una resolución para hacer realidad el llamado «Espacio Europeo del Aprendizaje Permanente», teniendo en cuenta la estrategia europea de empleo.

Impulsar la cooperación con terceros países ha sido otra iniciativa de la Comisión Europea que la Presidencia española apoya con especial interés, al vincularla directamente con la cooperación en el ámbito de la Enseñanza Superior recogida en la Declaración de París sobre el Espacio Común Unión Europea, América Latina y el Caribe, de noviembre de 2000. España, como miembro del comité de seguimiento creado tras esa Declaración, participa activamente en la redacción de su Plan de Acción.

Para nuestro país, las conclusiones del reciente Consejo de Barcelona han supuesto el respaldo, al más alto nivel, de las tesis planteadas por la Presidencia en materia de Educación. Como ha afirmado la Comisaria Europea de Educación y Cultura, ese respaldo supone un salto de calidad para el Programa de acción de la próxima década y confirma la sintonía de las reformas emprendidas en España con las prioridades de los demás países. Estamos convencidos, y ahora aún más seguros, de que el trabajo de la Presidencia española de la Unión Europea en el ámbito de la educación y la formación está contribuyendo a forjar el futuro social de Europa: un futuro que protagonizarán, también, los ciudadanos españoles de la Europa del conocimiento.







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