Altar Mayor - Nº 84 (45)
Fecha Viernes, 28 febrero a las 12:24:24
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

ESPAÑA E HISPANOAMÉRICA: UN BINOMIO CON PROYECCIÓN UNIVERSAL
Por Jesús Casla

Por obra y gracia de la tan admirada como denostada globalización, eufemismo bajo el que se oculta este neoimperialismo que esconde sus miserias y exhibe orgulloso sus bondades, el mundo ha devenido una especie de aldea global donde las diferencias disminuyen, y la cultura se empobrece. Los intereses económicos y estratégicos que han inspirado la globalización han modelado, a fuerza de bombarderos mediáticos y de imposiciones políticas más o menos disimuladas, las relaciones de poder actuales. Hoy, el mundo gira alrededor de unos cuantos grandes bloques económico-políticos cuyos intereses y prioridades se sobreponen a los de ámbito doméstico.

Contar con una presencia natural y destacada supondrá una gran ventaja para los países que reúnan y sepan desarrollar una serie de requisitos. Este es el caso de España, pieza clave del pujante mundo hispano. El papel que debe jugar España por su ubicación geográfica privilegiada ha de ser fundamental como puerta de acceso a Europa, y por su propio devenir histórico, con varios siglos de compartir lengua, cultura e historia con el continente americano. Esta situación exige definir unas líneas de política social, cultural y comercial propias y de largo alcance alejadas de los actuales clientelismos de país subalterno supeditado a intereses externos.

Queramos o no, por historia y por cultura España es el puente natural entre Europa y América, es decir, la puerta de acceso de Hispanoamérica al Viejo Continente y viceversa. Pero si tenemos presentes las peculiaridades históricas y culturales de uno y otro bloque es preciso desglosar este particular status español no en dos sino en tres partes claramente diferenciadas. A saber, Europa, Norteamérica e Hispanoamérica, por cuanto de las peculiaridades referidas se infiere que la relación de España con cada uno de estos bloques atiende a razones distintas que determinan la naturaleza de las mismas y exigen la definición de un orden de prioridades.

En Europa, España debe asumir, aún más si cabe, esa función de plataforma natural de ida y vuelta entre la UE e Hispanoamérica, sin olvidar ni descuidar la realidad que nos une e integra con el resto del continente europeo. La pertenencia de nuestro país a la Europa de los Quince ha favorecido una mayor fluidez en las relaciones políticas y económicas entre Hispanoamérica y Europa. La realidad habla por sí misma: desde mediados de la década de los ochenta, coincidiendo con la entrada de España en la UE, las relaciones y la cooperación entre Hispanoamérica y Europa son significativamente más fluidas, cuando antes eran sólo marginales. Además, en su condición de socio comunitario, España ha apadrinado e impulsado iniciativas hispanoamericanas al interior de las instituciones de la UE y viceversa.

Sin necesidad de dar la espalda a la realidad europea de España, es preciso fortalecer el binomio España-Hispanoamérica, y consolidar la presencia española en aquellas tierras, que son nuestra proyección natural. El reto para España está en saber equilibrar sus vínculos y compromisos con Europa y con Hispanoamérica; saber desarrollar y compaginar esa doble pertenencia, simultánea y quizá celosa, pero no excluyente.

La relación de España con Hispanomérica no puede analizarse bajo un prisma estándar de relaciones bilaterales ya que aspectos de índole cultural e histórico hacen que ésta trascienda lo meramente político, económico o comercial. El binomio España-Hispanoamérica gira alrededor del factor cultural como elemento aglutinador que proporciona firmeza y coherencia a la misma. Es más, en la actual vorágine globalizadora que vive el planeta, la peculiar relación que identifica a España con Hispanoamérica y viceversa puede cobrar un importante sentido fortalecedor para ambas partes. España necesita a Hispanoamérica para preservar su identidad y que ésta no se diluya en el proceso integrador europeo; pero Hispanoamérica necesita también a España para que sus rasgos de identidad no desaparezcan ante el empuje expansionista del mundo anglosajón.

En este sentido, considero vital fomentar y consolidar las políticas de cooperación ya existentes a través de iniciativas que fortalezcan las relaciones y la integración; pero, naturalmente, esto debe plantearse y desarrollarse también desde ámbitos no políticos. Las instituciones multilaterales y las Organizaciones No Gubernamentales deben comprometerse en esta tarea, pues están destinadas a asumir una función de primera magnitud como complemento de las labores diplomáticas, a menudo encorsetadas y carentes de la osadía e imaginación necesarias. Las ONGs deben involucrarse más en los proyectos de cooperación y no limitarse a los aspectos que les afectan directamente. Han de tener una participación activa en la toma de decisiones para que éstas sean plurales y consecuentes, por cuanto el sentir de la ciudadanía se verá mejor reflejado.

Para lograr una integración creciente e incentivar el sentido de comunidad hispana universal, como entidad histórica plural, abierta y asimiladora, superadora de nacionalismos mezquinos y excluyentes, ha de acometerse desde el ámbito político una interpretación creativa que fomente el conocimiento y difusión de las raíces comunes para que las ciudadanías de los distintos países sean conscientes de que integran una sola comunidad cultural y lingüística que les trasciende.

Un factor determinante, por su carácter aglutinador y ejemplar, será sin duda la comunidad hispana en Estados Unidos, tercer elemento aludido previamente del particular status de nuestro país como puente entre los dos continentes. Es precisamente desde la percepción del mundo hispano como comunidad universal y transfronteriza desde la que hay que analizar la cada vez más importante presencia y pujanza de la comunidad hispana en Estados Unidos demográfica, económica, social y políticamente, gracias a la riqueza cultural y, sobre todo, a la mentalidad abierta y aglutinadora que la está llevando a imponerse donde hasta hace poco tiempo era detestada, cuando no menospreciada. Por todo lo anterior, no se entiende cómo la cada vez más importante comunidad hispana residente en Estados Unidos ha sido excluida y marginada de todas las Cumbres Iberoamericanas que pomposamente han llevado a cabo las dirigencias políticas de los países hispanos hasta el presente. La clase política, acostumbrada a ir siempre en el pelotón de cola, frecuentemente deja sobradas evidencias de su sordera y ceguera características.

La vecindad y la relación comercial y política de España con el resto de países europeos es hoy una realidad que ni siquiera ingenuamente podemos negar. Pero es precisamente esa visión de largo alcance y la coherencia histórica, que raras veces anidan en el intelecto de políticos de bajos vuelos cuyo horizonte nunca va más allá de la próxima cita electoral, las que deben llevar a replantear el orden de prioridades necesario para reforzar los lazos históricos y culturales que se han convertido en el eje básico de una comunidad de naciones que se identifica con unos mismos valores.

En momentos puntuales, como la comprometida situación que atraviesan las empresas españolas que realizaron fuertes inversiones en mercados como el argentino aprovechando la oleada de privatizaciones de los años noventa, resulta difícil separar lo especulativo y comercial del sentimiento de pertenencia a una misma comunidad histórica y cultural, pero, a pesar de ello, es preciso no volver la espalda a nuestras raíces, a nuestra cultura, a nuestra historia. Como el profesor argentino Francisco Gelonch refiere en su artículo «Un desencuentro globalizado» la primacía de lo económico ha llevado a que parte de la opinión pública argentina –el caso argentino es válido para un análisis general de toda Hispanoamérica- culpe a España de traición y complicidad con los planes del FMI en la región. Lo comercial ha de ser sólo un componente más, si acaso secundario, porque la presencia española en Hispanoamérica es, de hecho, muy diferente de por ejemplo la norteamericana. A diferencia de EE.UU., España debe aspirar a la integración, no a la conquista o al mero balance comercial explotador. Esa es la gran diferencia cualitativa entre la presencia norteamericana y la española en Hispanoamérica. Mientras para unos se trata de su «patio trastero», para España es su hábitat natural. Aunque la presencia económica española en el «patio trastero» estadounidense pueda molestar, y mucho, a la Casa Blanca, ésta debe mantenerse a pesar de los peligros que pueda implicar. ¿Podemos creer que de haber estado la banca argentina en poder de los grandes grupos bancarios estadounidenses el Fondo Monetario Internacional –es decir, EE.UU.- habría permitido que se deteriorara tanto la situación económica y financiera del país austral?

Por dignidad, España debe abandonar posturas clientelistas en materia de política internacional y ser consciente del potencial presente y futuro de la comunidad hispana universal. Los logros ejemplares obtenidos por la comunidad hispana en EE.UU., alcanzados sin ningún respaldo, son el aval principal para que el mundo hispano tome conciencia de su fortaleza y países como España muten sus actuales posturas políticas subalternas por otras más dignas y autónomas.

Dos son los retos fundamentales que España debe afrontar en su relación con Hispanoamérica. Primero, propiciar que la relación traspase el ámbito político y se nutra y fortalezca con una dimensión auténticamente social y ciudadana. Es preciso, por tanto, fomentar aún más la relación entre organismos no gubernamentales. La tarea es enorme, pero poco o nada se avanzará si no se supera la pompa y el oficialismo de acontecimientos excesivamente rimbombantes como las Cumbres Iberoamericanas. El reto es arduo en buena medida por el avance implacable de la globalización, que impone valores y aniquila particularidades.

En segundo lugar, España debe definir con todas sus consecuencias una postura en la que de veras se conjuguen sus intereses con Hispanoamérica y con Europa. Para ello habrá que abandonar las poses y pasar a la acción; apostar por la realidad, no por la retórica. España debe aprovechar su privilegiada ubicación para convertirse en la avanzadilla de un bloque emergente cuyas señas de identidad son el idioma y la cultura. Al igual que los emigrantes hispanos han abierto brecha en EE.UU. para que lo hispano tenga cada día más peso en aquel país, España debe ser la vía por la que lo hispano permee igualmente en el seno de la UE y se convierta, del mismo modo, en una comunidad demográfica, cultural, lingüística y económica con peso propio.







Este artículo proviene de Hermandad del Valle de los Caidos
http://hermandaddelvalle.org

La dirección de esta publicación es:
http://hermandaddelvalle.org/article.php?sid=4295