Altar Mayor - Nº 84 (35)
Fecha Sábado, 01 marzo a las 16:36:49
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 84 – enero-febrero de 2003

LA UNIÓN EUROPEA
Por José María García de Tuñón - Historiador

La consecución de la Unión Europea no es sino el resultado de un amplio proceso histórico cuyo final está siendo la unión política y económica de Europa. Desde el Imperio Romano a la cultura cristiana en la que se basa la Europa de Carlomagno y Carlos V se fueron sentando las bases de este continente, con sus amagos de política integradora. De los pueblos a los reinos y finalmente las naciones, se han ido dando pasos en pro de una unidad que haga mejorar el nivel de vida de todos los habitantes que la integran. Tras la última guerra mundial, superadas las guerra fraticidas, el viejo continente ha sentido nuevamente la necesidad de unirse para poder alcanzar la estabilidad política y prepararse para sobrevivir en un mundo de enorme competencia ante las nuevas y pujantes economías de países como EE.UU. y Japón.

Para realizar el objetivo propuesto se crearon varias organizaciones diferentes y con prioridades distintas: la Organización del Tratado de Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Europea Occidental (UEO) se centraron en las cuestiones militares y de seguridad, mientras que el propósito del Consejo Europeo, fundado en 1949, era fomentar la cooperación política entre los países europeos.

La precursora de la Unión Europea actual fue la comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), que entró en vigor en 1952. A diferencia de las otras organizaciones, sus seis miembros fundadores –Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y República Federal de Alemania– se propusieron explícitamente sentar las bases de una mayor integración europea y de una paz duradera poniendo en común toda su producción de carbón y acero bajo una organización única.

Esta idea de avanzar hacia la unidad europea a través de la integración económica, impulsó también a los seis Estados miembros fundadores a suscribir los tratados por los que se crearon, en 1957, la Comunidad Europea de la Energía Atómica y la Comunidad Económica Europea.

Si bien el objetivo fundamental de la Comunidad ha sido siempre el de propiciar la paz y la prosperidad para sus ciudadanos en el contexto de una unión cada vez más estrecha, este objetivo ha resultado más difícil de realizar en la práctica de lo que en un principio se había imaginado.

Así, por ejemplo, mientras se iniciaba la integración económica en los años cincuenta, se hicieron también intentos de introducir elementos de mayor calado político. Uno de los ejemplos más claros de estos intentos fue la propuesta que hizo el gobierno francés en 1950 de un plan para crear una Comunidad Europea de Defensa. Sin embargo, este plan hubo de abandonarse en 1954 porque la Asamblea Francesa no lo refrendó.

El siguiente intento importante se hizo a comienzos de los años sesenta, cuando los seis países fundadores encomendaron a una comisión que formulara propuestas, conocidas como Plan Fouchet, para la creación de una carta política con vistas a la unión de los pueblos. Esa iniciativa no tardó en encallar en medio de irreconciliables diferencias de opinión.

Hasta comienzos de los años sesenta los dirigentes europeos no volvieron a debatir en serio el objetivo de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa. No obstante, la orientación prevista, es decir, el establecimiento de la Unión Económica y Monetaria al final de esa década y la aplicación de una política exterior y políticas regionales y sociales comunes, resultó demasiado polémico. La unión política siempre ha sido un elemento esencial del proceso de integración europea. Sin embargo, los países de Europa se han ido fijando prioridades diferentes a lo largo de los siglos y ello se refleja en la porción de soberanía que cada uno de ellos está dispuesto a compartir. Así se explica que el proceso de integración haya avanzado siempre de forma tan irregular, aunque constante.

El Acta Única Europea, vigente desde julio de 1987, fue la culminación de varios años de intenso debate sobre las posibilidades de reactivar y perfeccionar el proceso de integración europea y más interesante para los ciudadanos. El resultado fue un marco jurídico detallado para el establecimiento del Mercado Único de bienes, capitales y servicios y la garantía de la libre circulación de las personas.

España, que forma parte de toda esa cultura y de la geografía y que a través de la historia ha sido gran baluarte de la Europa de Occidente, se encuentra ahora al fin en ese conjunto de países que forman la Unión Europea. Esta comunidad o mercado único, desde el punto de vista del trabajo, estaría vacío sin los trabajadores que integran la base de esa Europa sin fronteras y que quieren alcanzar un bienestar arañando al capitalismo todo lo que tiene de explotador, obligando a las empresas a un gran esfuerzo de inversión para mejorar las tecnologías que vaya en beneficio del mundo del trabajo.









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