El Risco de la Nava - Nº 159
Fecha Viernes, 28 marzo a las 19:47:45
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 159 – 25 de marzo de 2003

SUMARIO

  1. La alocada deslealtad nacional del PSOE, por Matías Cordón
  2. En la hora veinticinco, por Juan Luis Calleja
  3. Una vida ligada al Alcázar, por Ángel Palomino
  4. El Tejo: Sobre la Nación. Guerra, no. Zapatero, tampoco. Felipe, nunca mais. Aznar al pajar, por Antonio Castro Villacañas
  5. ¿Se va a repetir la Historia?


LA ALOCADA DESLEALTAD NACIONAL DEL PSOE
Por Matías Cordón

El Partido Socialista Español está significándose claramente contra la intervención americana en Iraq y la participación española en ella, aunque ésta sea en un plano secundario y sin intervención en combate. Su Secretario General, Zapatero, ha considerado conveniente manifestar en todos los foros (incluidas las pancartas en las manifestaciones callejeras) su oposición a esa colaboración. Hasta el extremo de proponer la denegación de empleo de las bases conjuntas existentes en España dentro de los convenios con los EE.UU. Se trata de una situación anómala en un partido político que pretende ser respetado como serio. No por la postura adoptada, sino por el talante utilizado para sostenerla, utilizando alegatos simplistas, más que razones, y negando evidencias. Incluso cayendo en la incongruencia de reclamar la legalidad de la ONU para cualquier actuación, pero rechazando cualquier intervención, incluso con el respaldo de esa organización. El resultado ha sido un descrédito acerca de esa pretendida seriedad y de sus posibilidades de convertirse en un gobierno responsable de una Nación que está entre las diez primeras potencias mundiales.

Eso debiera ser motivo de preocupación para sus seguidores, como lo es para el resto de los españoles que podemos volver a ser gobernados por este partido. Pero no es un tema sustancialmente grave, pues antes de llegar a esa situación, el partido puede ser renovado con nueva clase dirigente más sensata. Lo que sí es grave es el rescoldo de enfrentamiento callejero que dejan. Una tensión política en la sociedad es algo que los políticos deben cuidar con celo extremado y permanente. Imbuir en la mentalidad popular la idea de que la calle es la representación popular atenta contra el sistema democrático y los procedimientos instituidos. Alegar que los contrarios a tu idea son la personificación del mal, y considerarse autorizado para emplear insultos más o menos soeces contra ellos, es encender una hoguera de injurias y resentimientos cuyos rescoldos pueden durar más de lo previsto. Las agresiones de todo tipo a políticos y sedes del PP, no repudiadas por el PSOE, son mucho más graves de lo que pudieran indicar los daños. La gravedad consiste en la inexistencia de ese repudio, no en la cuantía de los daños producidos. Se provoca y cristaliza una separación de la sociedad española en dos bandos, con resentimiento entre ellos. Lo contrario de lo que deben procurar los políticos de una nación.

Esa separación y enfrentamiento, ese resentimiento, son potencialmente graves. Si los dirigentes no sosiegan los enfrentamientos, sino que los azuzan, estos se enconan hasta niveles de gravedad. Es posible que la sociedad española los enquiste, haciéndolos inocuos, con la sensatez de que ha hecho gala durante décadas, pero esa sensatez puede ser arrollada por unos políticos alucinados y los medios de comunicación a su servicio. Y el PSOE tiene un amplio historial en el siglo pasado de cómo esa alucinación puede conducirle a una posición alocada de enfrentamiento nacional. Desde las diatribas de Pablo Iglesias reclamando el atentado personal contra Maura, hasta los ¡fascistas, burgueses, os quedan tres meses! de la transición política, su historia es la historia del desasosiego nacional.

Pío Moa ha puesto en evidencia que la guerra civil de los treinta fue gestada en la campaña urdida respecto a la represión de Asturias. Todo lo alegado en aquella campaña de desinformación se olvidó en cuanto el Frente Popular llegó al poder, pues no hubo procedimientos contra los pretendidos crímenes. Pero el daño ya estaba hecho: La sociedad española estaba ya escindida en dos partes irreconciliables. Lo que siguió después, lo que aún continúa en una feroz campaña de desinformación, fue consecuencia de esa escisión irreconciliable gestada irracionalmente por unos políticos alocados. La entrega socialista a Rusia, las impúdicas oferta de Prieto a Inglaterra y Francia a cambio de ayuda a su bando, el expolio oficializado de bienes privados, la irresponsable manipulación de las obras de El Prado, la barbarie de los primeros meses de la guerra son manifestación de una actitud alocada de empleo de instrumentos nacionales bajo su dominio, con irresponsable dejación de intereses nacionales. El contraste del comportamiento del bando nacional en aquella circunstancia es revelador del patriotismo de unos y otros.

Esa deslealtad a los intereses nacionales, en aras de un partidismo desaforado, continúa hoy con su actitud insolidaria ante un compromiso nacional exterior decidido por los gobernantes legítimos españoles. Como en sus alegatos en Bruselas en contra de la financiación del Plan Hidrológico Nnacional. O en sus coqueteos de todo tipo con nacionalistas separatistas. Es la misma actitud irresponsable que les hizo entregar la educación en el País Vasco a los nacionalistas. La misma que motiva hoy a Maragall y a Odón Elorza. La misma que les hizo defenestrar a Redondo hace un año. La misma que ha impedido atacar seriamente al entorno terrorista hasta el pacto antiterrorista de hace dos años. Ese pacto es la excepción a toda la actitud que aquí se denuncia, la actuación más patriótica del PSOE en los últimos años, pero una clara y aislada excepción a su permanente actitud alocada. El PSOE no puede permitirse la pereza de caer en el pozo de IU. Pero España no puede permitirse otra vez unos políticos que fomenten el enfrentamiento popular, en vez del sosiego y la pugna ordenada de las ideas políticas.
 

EN LA HORA VEINTICINCO
Por Juan Luis Calleja

Tomado de La Razón, 25 febrero 2003

Si preguntamos a cualquiera quiénes fueron más libres, los súbditos de Carlos V o los europeos actuales, no hará falta decir cómo responderá. Imaginemos, sin embargo, que el emperador se hubiese atrevido a hablar a un alemán, a un italiano o a un español como, más o menos, les ha hablado el Estado moderno.

«En adelante, conoceré a vuesa merced por un número y lo llevará siempre en un papel con su retrato, teniéndolo siempre a disposición de cualquiera de mis agentes.

»Pedirá permiso para colgarse espada al cinto. Grabará otro número en el acero y lo presentará a mi Policía cada año.

»Matriculará la cabalgadura -asno, mula o corcel- pagando, por ello, a mi tesoro; y no podrá enajenarlo sin avisar a mis despachos, ni montarlo sin que haya probado bastante que es jinete. Llevará encima el permiso de montar y, si no lo llevara, se atendrá a mi castigo.

»Yo me reservo el monopolio de piensos y forrajes y los venderé en mis pajares por todos los caminos, con lo que las bestias tendrán fuerzas para circular, aunque no licencia.

»La licencia para el trote y la licencia para detener carruajes y caballerías las pagará aparte a mis agentes que vigilarán calles y plazas. Otrosí, mando a vuesa merced que se ponga una cuerda de seguridad para atarse al caballo, le guste o no.

»Vuesa merced confesará año tras año todo lo que gana sin ocultarme un ducado, para que yo descuente de ello lo que mis tesoreros determinen para los gastos de la Corona.

»¿Guay de vuesa merced si callase algo; y guay si se consintiese a sí mismo el traidor pensamiento de viajar con su caudal a otras naciones para gastar más de la cuenta sin mi permiso o, lo que sería crimen de leso tesoro, para ponerlo lejos de mi vista! ¡Vuesa merced sería registrado, tachado de ladrón, tratado como tal y puesto en la picota! Nada importa que su caudal lo haya juntado con su trabajo y a fuerza de mucho o de poco tiempo. Ese caudal sólo es suyo en la medida que yo fije y sólo podrá moverlo de sitio con las precauciones, informes y garantías que yo fije».

Antes de llegar aquí el estupefacto súbdito carolingio ya estaría pensando que soñaba, o tocaría el puño de su espada en rebelde gesto instintivo. Pero aún le quedaban noticias:

«Que vuesa merced tenga, o no, afición a las armas y que prefiera los versos a las batallas, me tiene sin cuidado.

»Servirá en mis tercios sin paga digna de mención; y, aunque después le licencie, le mantendré en reserva, por si acaso, hasta esa edad en que el cuerpo no sirve para guerras ni, casi, para nada.

»Cuando vuesa merced tome criados y operarios. Yo fijaré los estipendios y la fecha en que podrá despedirlos, si la fijase. En posadas, hostales y mesones dejará nota de su paso, para la inspección de mis agentes, presentando el papel que antes dije.

»De comprar algo -prendas de abrigo, afeites, vituallas o fuera lo que necesitare- sin pagarme tributos, de eso, olvidadlo. Más le valdrá ir a pie, hambriento, desnudo y sucio que seguido y olfateado por mis sabuesos.

»Al morir, repartirá su hacienda como Yo le diga y no como le diga su gusto. Dejará un poquito a quien vuesa merced quiera; otros poquitos a los herederos que Yo le ordene, y la parte restante a mi real tesoro.

»Mientras vuesa merced viva y trabaje, mantendré un tiempo su derecho a la libertad y al trabajo. Mas suspenderé tal derecho cuando lo juzgue conveniente decretando su jubilación, aunque los toros de las dehesas den menos señas de salud y fortaleza que vuesa merced; y diciéndole cuánto percibirá en adelante...».

Su Majestad Imperial podría alargar este discurso, tal vez leve comparado con las entrometidas administraciones modernas. El pobre español, alemán o italiano del XVI se preguntaría qué maligno espíritu hizo un cleptómano tiránico y caprichoso de Carlos V.

Fue el Estado moderno. Los europeos de hoy vivimos en libertad vigilada en una hora de indefensión ante Moloch y sus ordenadores omniscientes que Gheorghiu presintió en su Hora veinticinco y que, antes, predijo Donoso Cortés anunciando el crecimiento monstruoso del Estado y sus controles externos, en sustitución del control interno de las conciencias.

En nuestro tiempo, la libertad chapotea entre avisos, colas y ventanillas, aporreada de citas, oficios, impresos, declaraciones hacia la máquina administrativa que necesita dinero y no nos pierde de vista hasta la tumba. Allí, por fin, nos despedirá con sus modales eléctricos:

-Pase. Permiso de defunción, tanto. Nicho, tanto. Arbitrios, cuánto. –Sellado- Número, tal. Fecha del día. Son cuatro mil euros más IVA –Sellado- El siguiente.
 

UNA VIDA LIGADA AL ALCÁZAR
Por Ángel Palomino

Se anunciaba ya la llegada de este año 2003 cuando Lorenzo Morata publicó su segundo libro sobre el asedio del Alcázar y primero de una trilogía titulada La leyenda negra del Alcázar de Toledo, (FN Editorial. Madrid, 2002. 646 páginas).

El doctor Lorenzo Morata, se vio comprometido en aquella durísima batalla cuando –niño de once años- llegó al Alcázar el día 21 de julio de 1936. Iba a reunirse con su padre, el guardia civil José Morata Morata de la 4ª compañía, de plantilla en Toledo. Durísima batalla, sí; causó admiración en el mundo y mereció el respeto de amigos y adversarios.

Lorenzo Morata defiende la verdad de unos hechos de los que fue testigo. Esta es su guerra: la inició con el libro En el asedio del Alcázar ¿fui yo un rehén?, escrito en respuesta a otro titulado Los rehenes del Alcázar de Toledo, de Luis Quintanilla. Es el diario, yacente en la memoria, de aquél a quien Quintanilla califica de rehén, como a los quinientos no combatientes civiles más los cincuenta niños refugiados en el Alcázar. Según él eran «familiares de políticos de izquierdas apresados por los rebeldes».

La leyenda negra del Alcázar de Toledo lleva un subtítulo: «Las mil y una mentiras del miliciano Quintanilla». Es resultado de varios años de trabajo honesto en busca de la verdad. Los pseudohistoriadores citan con frecuencia como fuente histórica fiable Los rehenes del Alcázar de Toledo. Así, Herbert Southworth, que escribió (París, 1963) El mito de la Cruzada de Franco; los que les siguieron en la tarea, citan como fuentes históricas a estos dos viejos falsificadores. De esta manera, Morata, con su gigantesco esfuerzo, desautoriza a todos los «historiadores» que utilizan tales panfletos como documentos.

En su primer libro, Lorenzo Morata demuestra que Quintanilla miente al hablar de rehenes. En este que es un estudio minucioso, línea por línea, del texto, demuestra que miente en eso y en todo lo demás. Evidencia la mitomanía de un mediocre pintor, quien veinte años después de los sucesos hace de sí mismo un héroe, toma el Cuartel de la Montaña, organiza batallones de milicianos, colabora en la dirección del asedio del Alcázar, realiza hazañas fabulosas en la sierra de Madrid y se codea con los más importantes personajes del gobierno y el ejército. Tarea ingente la de desmentir, uno a uno, todos los embustes de un embustero compulsivo que publica un libro en el que todo es mentira: todo, sin preocuparse de contradicciones, imposibilidades físicas (estaba en todas partes) o responsabilidades de las que no ha quedado ni mención en documento alguno. En uno de sus sueños, las turbas parecían dispuestas a asaltar el Palacio Real. Alfonso XIII había huido. Llega Quintanilla, arrebata, enérgico, una bandera tricolor a uno de los revolucionarios más exaltados y ordena a un chico de las Juventudes Socialistas que trepe por la fachada y la coloque en un balcón. Salva el palacio, inaugura la República y hace de sí mismo un personaje histórico.

Su relato de la toma del Cuartel de la Montaña es minucioso. Él, que allí no era nadie, sueña que está en todas partes, no se sabe para qué. Lorenzo Morata investiga uno por uno sus testimonios y demuestra que todos son producto de su imaginación. Lo mismo sucede con sus funciones y responsabilidades en el asedio del Alcázar, en las descripciones que hace de Toledo, de lo que aconteció en la lucha y de la vida en la ciudad donde, al parecer, la principal preocupación de los toledanos era la falta de turistas. En su delirante relato, Quintanilla toma el Alcázar, pasea por el patio, y cuando iba a dar la novedad al comandante Barceló, llegan varios oficiales y le dicen que el comandante está herido, se va… «y la fuerza me nombraba jefe a mí».

El libro de Lorenzo Morata tiene un doble interés: desmiente las invenciones de los falsos historiadores y hace un repaso fiel de la historia de aquellos años. Está lleno de Verdad y de noticias detalladas, anécdotas interesantes, momentos gloriosos -descritos con la modestia del héroe auténtico- y amor a España.

Ya tiene muy avanzado el Tomo II de La leyenda negra del Alcázar de Toledo. Es el despiece de la versión inventada por otro que también estuvo en todas partes; otro mitómano, Antonio Villanueva, que se organiza una leyenda personal de la que no quedan más documentos que sus ensoñaciones, sus delirios.

Desenmascararlo es para Lorenzo Morata, una misión. Un deber. Y a ello está entregado. Será su tercer libro sobre el asedio. Y el segundo, pero no el último de La leyenda negra del Alcázar de Toledo.
 

EL TEJO
Por Antonio Castro Villacañas

SOBRE LA NACIÓN

La Nación surge, en la historia de las ideas y las instituciones políticas, como consecuencia de la integración y superación de los reinos medievales y de la inicial y creciente participación del pueblo en las tareas colectivas. El nacionalismo, por el contrario, aparece tras las guerras napoleónicas como el afán de dividir los reinos supervivientes de ellas, mediante la distinción y potenciación de diversas identidades propias, de distintas realidades nacionales, voluntariamente diferenciadas dentro de un único Estado por los planteamientos, de ninguna manera intrascendentes, hechos en principio por un sólo ciudadano, después por un grupo de ellos, con el fin de aislar y realzar peculiaridades políticas, administrativas, económicas, asentadas sobre realidades lingüísticas o culturales. La diferencia es clara: el nacionalismo trata de empequeñecer, de reducir, mientras que todo lo contrario pretende y consigue el Nacionalismo.

El problema político que plantea el nacionalismo puede resumirse en dos o tres preguntas. La primera de ellas sería ésta: ¿es posible reconocer y asegurar una identidad nacional dentro de otra más amplia y envolvente? La segunda podríamos formularla de este modo: la realidad nacional, ¿ha de ser por fuerza coincidente con el espacio territorial de un Estado? Una tercera deriva de las anteriores: ¿cuáles son los fundamentos éticos legitimadores de uno u otro posicionamiento?

Este mismo problema se complica si consideramos que en nuestros días ha nacido y se está consolidando un hecho complejo y prometedor: la afirmación de que es compatible y válida la supervivencia de una identidad nacional, la de Nación-Estado, con la creación y el fortalecimiento de una nueva identidad, la realidad supraestatal y transnacional que llamamos Europa. Este mismo hecho, por su simple existencia, plantea a su vez la cuestión de si a su imagen y semejanza no puede afirmarse la compatibilidad y la validez de la supervivencia de nacionalidades dentro de un Estado, y cuál es el sitio y el papel que pueden y deben tener esas nacionalidades respecto de esa misma realidad transnacional que está creándose y se llama Europa.
 

GUERRA, NO. ZAPATERO, TAMPOCO. FELIPE, NUNCA MAIS. AZNAR, AL PAJAR

Hay que romper este juego, barajar de nuevo, repartir otra vez las cartas, o tirar la baraja y elegir el ajedrez, el billar, las tabas...

Cualquier cosa menos este sucio pasatiempo usaco mediocristiano... Este no es el Orden Nuevo que necesita nuestro mundo de hoy, ni el Nuevo Orden del mundo que viene.

Cualquier cosa menos la parranda botellona, la compaña pancartista, el sucio cortejo de los voceadores que sólo saben berrear noes y mover banderas cubiertas de sangre...

No más entierros de la sardina (o la ballena) capitalista. No más tararas. Nunca mais bruxas o meigas vetero o neo marxistas.

La polar es lo que importa. Busquemos noche y día, hasta dar con ella, la Nueva República. Utopía, Icaria, la Ciudad del Sol... Lo que importa es mirar arriba, lejos, aventurarse a navegar por mares nunca explorados. Buscar el Reino de Dios, y todo se nos dará por añadidura.
 

¿SE VA A REPETIR LA HISTORIA?

LA CATEDRAL DE OVIEDO OCUPADA

MADRID, 21 marzo 2003.- El arzobispado de Oviedo ha emitido una nota de condena «sin paliativos» ante la ocupación de este jueves por parte de cientos de personas de la catedral durante la celebración de la Misa, así como los insultos que los ocupantes dedicaron «a miembros del Cabildo y a los legítimos representantes de la ciudad de Oviedo presentes en la eucaristía».

Los hechos sucedieron alrededor del mediodía, cuando unos trescientos miembros de Juventudes Comunistas y otros grupos entraron gritando en la catedral ovetense durante la misa conmemorativa de la muerte de Alfonso II el Casto, fundador de la ciudad, para exigir un repique de campanas por la paz.

Uno de los líderes del grupo exigió al cabildo «que toquen las campanas por la paz con la gente del Partido Popular (PP) dentro». La Misa tuvo que ser suspendida debido a los gritos y los insultos.

En su nota, el arzobispado «condena, sin paliativos, la profanación del primer templo de la Diócesis y la postura incivil de los ocupantes del mismo que, clamando por la paz, utilizaron la coacción y hasta la violencia verbal en una actitud absolutamente rechazable».

La Iglesia recuerda en la nota su posición «sin vacilaciones por la paz y el no recurso a las armas desde el primer momento», pero lamenta «que, de un tiempo a esta parte, se recurra al uso de espacios sagrados para la protesta, situando al Arzobispado en una posición de conflicto. La Iglesia, que es comprensiva y solidaria con las causas y problemas de las personas, no puede aceptar que se la instrumentalice en otras, que, pudiendo ser justas, pierden su naturaleza por los métodos empleados».

Del «Comunicado de la Comunión Tradicionalista de Asturias»

Hemos quedado sobrecogidos ante las imágenes de la irrupción en la Catedral de Oviedo el jueves 20 de marzo, durante la misa por el Rey Alfonso II el Casto. Banderas rojas, banderas tricolores, banderas asturianas manchadas por una estrella de cinco puntas; palabras malsonantes, cánticos obscenos, cigarrillos y porros fumados en el templo y apagados en las pilas de agua bendita, llenas también de escupitajos. Amenazas y coacciones al cabildo y a los fieles. Dicen que con el pretexto de protestar por la guerra contra Irak. Dicen que para hacer sonar las campanas del templo (los comecuras, metidos a campaneros).

Las tímidas protestas que han sonado no se han referido a la profanación, a la gravedad extraordinaria de interrumpir una misa. Gravedad que salpica, nos tememos, al cabildo y al celebrante, por haber cedido y no haber requerido de la fuerza pública la inmediata expulsión y la detención de los profanadores. Por haberles permitido permanecer durante horas. Y por no haber querido presentar denuncia después.

Llamamos la atención sobre las simpatías que Izquierda Unida, principal responsable de estos actos, todavía goza entre ciertos sectores eclesiales (en puridad extraeclesiales, puesto que su ideología los sitúa fuera de la Iglesia) de esta diócesis. Los dirigentes de esa coalición-correa de transmisión del Partido Comunista han justificado la profanación. Entre ellos su portavoz en el parlamento autónomo, Francisco García Valledor, profesor en excedencia del colegio de las Madres Ursulinas de Gijón, del cual no consta que haya sido despedido.

Llamamos la atención también sobre la táctica revolucionaria y frentepopulista a la que se han entregado el PSOE y la extrema izquierda, dispuestos a olvidar una vez más los cacareados principios democráticos y arrebatar, si pueden, el poder por la fuerza. Ya han empezado por donde solían: violencia y ataque a la Iglesia.

Y conviene mencionar la presencia de musulmanes entre los asaltantes de la Catedral, para orientación de los poseídos por delirios ecumenistas.







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