Altar Mayor - Nº 85 (18)
Fecha Lunes, 31 marzo a las 19:08:53
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 85 – febrero-abril de 2003

LA SECULARIZACIÓN DISMINUYE LA SEGURIDAD Y EL PROGRESO
Por José M. González Páramo

I. El laicismo merma posibilidades, mutila la felicidad, oculta la buena estrella, la excelencia y el brío que la crea

En España «Las relaciones entre la Iglesia y el Poder derivan del riguroso mandato constitucional: Ninguna confesión tendrá carácter estatal, pero el estado establecerá relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones. La sociedad postmoderna hace gala de la secularización de ideas y creencias. A pesar de todo, la opinión de la jerarquía eclesiástica conserva un valor significativo para el equilibrio social de la sociedad española» (B. Pendás).

El Concordato de Francia (1801-1905) con el catolicismo duró 104 años y reconoce a la religión católica como la de la mayoría de los franceses (aunque subordina al Estado a seglares y sacerdotes y la elección de los obispos), declara laico el Estado al que subordina la actividad eclesiástica; antes y después, el terror, el hambre, la angustia, los vaivenes, el sectarismo mantuvieron la descristianización (Kinder y Hillgemann, Atlas histórico mundial, tomo II, ed. 18ª, Editorial Istmo, 1996).

El laicismo se basa en dos dogmas con fisuras: 1. Dios no existe, 2. La Historia no tiene sentido: el círculo argumental no se cierra ni en la existencia ni en la inexistencia de Dios. Con la sola razón no puede afirmarse o negarse si existe o no existe. Ni el ateo ni el creyente pueden probarlo. El sinsentido de la historia tampoco puede probarse racionalmente (la explicación teológica en Schmaus, tomo VII de su Teología Dogmática (ed. Rialp, 1961, págs. 40-55), la carencia de significación deriva de percepciones y sensibilidad de lo que es verdad o apariencia, según exista o no Dios.

Afirmar la laicidad de Europa es una falsedad o una exageración que es otra guisa de engañar: Europa-sociedad es mayoritariamente cristiana, el irrelevante o importante número de mahometanos no cambia la historia milenaria. Exista o no exista Dios, la religiosidad (debe ser o no) es una realidad «de hecho» con la dignidad de lo existente: grosso modo, de 60 habitantes de la tierra, 20 son cristianos, 12 musulmanes y 28 pertenecen a las 14 grandes religiones, los ateos son el 0,4% (164 millones).

La Francia revolucionaria se inspiró en Filadelfia al confeccionar sus «Derechos del Hombre y del Ciudadano», y «gracias» a la Ilustración libre-pensadora y atea lo hizo peor que EE.UU. en los cuales Jefferson sentó: 1º. La soberanía del Pueblo; 2º. La separación de poderes y la elección de cargos públicos; 3º. La separación Iglesia-Estado (1777) y en 1785, la libertad religiosa.

El laicismo acepta la inexistencia del Ser sin pruebas ni razón suficiente e igual el sinsentido de la historia sin hechos y argumentos concluyentes. Los resentimientos de los inducidos por los ilustrados, el odio a una iglesia emulsionada inmoralmente como el aceite y el agua, el odio siempre está «en somo», han creado una hostilidad revolucionaria y sangrienta que ha costado mártires y apóstatas e ignora las zonas de separación y de secancia, contacto y superposición positiva o negativa de las Confesiones religiosas con el Estado (y eventualmente, las oligarquías más o menos efímeras de ambas partes). El Estado como conjunto de ciudadanos, para decidir sobre las gentes que velan y eligen las formas, el poder, el derecho, la libertad,... La Sociedad es el colectivo de las mismas personas para defender sus intereses materiales y espirituales, privados o mixtos, de todo lo demás (Max Weber, Von Stein).
 

II. El laicismo se basa en juicios (y prejuicios) sin pruebas, olvida la clave de la conducta

La federación en USA se reservó los derechos a la vida (life), a la libertad (liberty) y a la felicidad (pursuit happiness). Los Estados en el mundo suelen reservarse poderes suficientes para mantener la unidad, la seguridad, la convivencia creativa y el monopolio de la regulación de la violencia (dos catedráticos en la Prensa nacional han omitido «la regulación». Otro ha regalado una frase de H. Bergson a Max Weber: «...¡bien andábamos con la legislación educativa que ahora se modifica!»). USA antes de 1789, se reservó como federales los siguientes temas: el culto, la justicia, interior, policía, comunicación, educación; antes de 1789 introdujo 22 artículos más (el principio de subsidiariedad actúa en la UE, la solidaridad y un poder global eficiente, separado, justo y equilibrador aún no aparece claro).

Además de la falta de razones lógicas y válidas para el laicismo total, existen razones históricas contra el laicismo al 100%. Aceptamos que nobleza, terratenencia e Iglesia incumplieron, o descuidaron, la obligación que legitimaba sus privilegios e irritaron a los pueblos de su descuido a su cuidado sin protección suficiente en hambres, prepotencias, guerras largas (la de los 30 años) y las sangrientas «noches de San Bartolomé de los cristales rotos», del «hábeas» de sangre catalán... La reacción reductora del poder y de la influencia religiosa estaba justificada entonces o al menos explicada pero no la anulación que se pretende ahora y menos el invento de un clericalismo a la inversa (Ripert).

Nada de laicismo ni de clericalismo (parece una broma que en Uruguay se llame a la Semana Santa «día de la Playa»). En el laicismo concurren –como ya dije- dos sentencias: Dios no existe y la historia es absurda. Ambas dictadas sin prueba y después de la separación Iglesia-Estado y la libertad religiosa de creer o no creer, de dudar, casi todos aceptamos ambas decisiones. Con tales hechos, el laicismo expansivo es malvado y necio. Las zonas compartidas y/o cooperantes y/o críticas y/o morales se regirán por el «haga el hombre lo que pueda» y si no puede asóciese a todos los niveles necesarios, y no intervenga el Estado en todo lo que pueda hacer el hombre o la sociedad, pero intervenga –en cambio- donde la familia, los grupos intermedios, los portadores de derechos previos dimitan o sean ineficientes.

Georges Ripert, prestigioso ancíen doyen de la Sorbona, en Las fuerzas creadoras del derecho rechaza –como leímos- la expansión máxima del laicismo constructor del mentado clericalismo a la inversa e incurre en las falsas premisas y verdaderos precedentes del antiguo régimen. El control del poder y la acción parlamentaria legislativa exige presencia de todas las fuerzas sociales y políticas: Todos por igual como ciudadanos y como personas. Ni laicismo ni clericalismo al 100%. Equilibrio flexible, no exclusión de los creyentes. Hay franjas comunes, zonas autónomas, prioritarias o últimas entre el Estado y las Confesiones. El laicismo (y la religión) como ideal avasallador es inadmisible. Hay quien se autodesigna laicista o laico creyéndose de «izquierdas» o «progresista», «legitimado», «inteligente, guapo e intelectual», cuando sólo es inactualmente dogmático y carece de lo que presume. Ese intelectual Rolls sin ruido de motor, ese lujo reflexivo llamado Víctor Pérez-Díaz, llegó a ver lo positivo y negativo de las religiones y afirmó en un acto de la «Fundación Santillana» que los expertos especialistas y políticos que no tienen en cuenta la religiosidad, ignoran el 95% de la realidad... recuerda a Malinowski cuando asigna a la religión «el trasfondo clave y explicativo de la cultura y la conducta».

La acuidad, la finura de Alexis de Tocqueville, prevé al acabar «la democracia en América» una opresión sin precedentes en el mundo democrático. Innumerables gentes iguales se procuran placeres mínimos, vulgares... «cada uno es extraño en el destino de los demás». No los ve ni los siente. Les rodea una familia sin patria en la cual sólo cuentan hijos y amigos. El poder les asegura goces e intereses. Un poder «absoluto», «minucioso», «previsor», paternal, ni habla de su plenitud. Les fija en la infancia para que ya «mayores» se alegren y deleiten. Sólo el trabajo y el «bienestar» constituyen su «objeto» y su arbitrio. No les dan ocasión de pensar o molestarse. No emplea la libertad en su autorrealización, les hurta el juego de sus cualidades para su destino para realizar el diseño para el que fue creado cada uno por el hado o la Providencia. La igualdad predispone a esa alienación pergeñada en el punto anterior. Las redes de mínimas reglas, «detalladas», «uniformes», destruyen la excelencia sin sobrepasar la masa, sin fortalecer la voluntad, sin destruir, impide la madurez y sin tiranía, «enerva, apaga, atenta». Las naciones se convierten en rebaños de los cuales el poder es el pastor.

Aunque sienten la necesidad contradictoria de ser conducidos y ser libres, la combinación del poder central y soberanía del pueblo, disminuye el mal de la centralización sin destruirla. La libertad en lo pequeño es menos necesaria que la tutela.
 

III. El peligro de Tocqueville y la mención de las raíces cristianas en la construcción de la UE

Los pueblos nunca son, aquí abajo, dueños de sí mismos –sigue Tocqueville- ...«obedecen» a una fuerza insuperable e «ininteligente» y democrática. La Providencia –añade- no ha creado el genero humano ni enteramente independiente ni completamente esclavo. Cada hombre está en un «círculo fatal» del cual no puede salir, pero en sus vastos límites se encuentra poderoso y libre. Como los pueblos. No se puede ir en contra de la igualdad... depende de las naciones que la igualdad conduzca a la servidumbre o a la libertad, a las luces o a la barbarie, a la prosperidad o a la miseria. La religión sigue siendo clave al trasfondo de la conducta y la cultura. Y es la única vía capaz de resolver positiva y funcionalmente los dilemas... y evitar el fantasma anunciado de una democracia disfuncional y opresora.

Voy a repetir ideas que pedagógicamente sostienen mejor los dos apartados anteriores. Parece ser que Francia, Chirac en concreto, se niega a una mención de las raíces cristianas en la constitución de la EU. La religiosidad con una mención –ni beata, ni laica, ni rancia- puede y debe ser una «ocasio» para España y la UE. En Francia, el cristianismo reinó e inspira a la mayoría de los ciudadanos de la República. Desde finales del XVIII (1793 y 1801), defender el «legado» histórico de la des-cristianización y la laicidad, como si no fuese lo cristiano legado más cualificado que lo profano y secular. El cristianismo, en dos milenios, taladra y esclarece el ascenso material y espiritual, y penetra en los mismos lemas de 1789. «La libertad, la fraternidad, la igualdad» son laicizaciones y hurtos a la religión cristiana mutilada de lo espiritual; sin ella no sería ni creativa ni es funcional. El laicismo –repito- sólo en dos siglos quiere traducir dos milenios con un legado excluyente y huérfano de numen, en las instituciones terrenas. Del Evangelio procede la fraternidad del generoso y «herético» de Samaría. La igualdad, la fraternidad, la libertad, liberadora de la esclavitud, de la culpa, se revelan en la Biblia y en San Pablo.

El ex-decano de la Sorbona, Georges Ripert en Las fuerzas creadoras del Derecho, articula el argumento mentado de otro modo: los estamentos representativos en «L’ancienne regime» no eran aceptables ni suficientes para sustituir o complementar los brazos estamentales, entonces. Hoy está superado. Frente al complejo Aristocracia-Terratenencia-Clero carecían de poder suficiente otros sectores. La des-cristianización anti-clerical de 1793, la dimensión laica de 1801, los abates asesinados, la cadena de revoluciones, el terror y el despotismo de Napoleón licencian y expulsan la religión con un clericalismo a la inversa por mucho que duela. Estudié a Saint-Simón y a Comte, y comprobé cómo inventaron dos religiones cristianas sin Cristo; incluso, uno la tituló «Nuevo Cristianismo» y ambos, se auto-proclaman «pontífices». La Ilustración fue adversaria enconada del Espíritu, lo secular fue resultado, en parte, de la razón y, de otra, por el rencor, siendo el odio causa de la profanidad intensa. Del predominio se pasó a la exclusión total (sólo así en Francia hasta hoy).

Los fieles primitivos, los apóstoles y sucesores expandieron el cristianismo en la Iglesia primitiva; muerto Jesús, los mártires, los apóstoles, los doctores, iluminaron a Europa, su Cristianismo, fue la primera mundialización.
 

IV. UE. El más bello patrimonio material y espiritual surgido de su religión clave

San Luis, rey de Francia, monarcas y santos en todos los reinos europeos... y todavía a pesar de la secularización, la profanidad y el laicismo, los cristianos, son mayoría en casi todos los países del continente. Persecuciones: crucificados Jesús, Pedro, Santiago y Pablo. Los mártires –incluso hoy-, los predicadores, los doctores y doctoras europeos de las confesiones cristianas más los santos y/o cristianos como Adenauer, de Gasperi, Schuman, De Gaulle pusieron en marcha la UE y consiguieron la admisión, su realidad. Las Naciones Europeas con su identidad, cultura, ortodoxia y heterodoxia, los Reyes Católicos cristianización en América (Portugal puso sus actitudes en Asia y África; Francia y Europa siguen engendrando misioneros), Oriente, África y Oceanía; el Renacimiento, la Reforma y la Contrarreforma, luteranos, hugonotes, calvinistas, anglicanos, evangélicos, episcopalianos, todos los separados, los «heresiarcas». Conviene («oportet») que haya herejes; se encaminaron a versiones varias del cristianismo esencial. Es preciso recordar que de cada 60 habitantes del planeta, 20 son cristianos, 12 musulmanes y 28 son fieles a las 14 religiones más extensas y antiguas. Los increyentes son 164 millones (décimas 0,4 de los 6 mil millones). ¿Cómo se puede ir contra la opción mayor del planeta y la mayoritaria de Europa?

El «habeas hábeas», la revolución inglesa de Cromwell, Filadelfia y Washington inspiraron a Francia (excepto en lo religioso), e incluyeron en la Ilustración lo laico como si fuera un tesoro, la irreligiosidad como test de inteligencia y progreso. Lo profano, lo evangélico y las confesiones eran «regresivas», «ininteligentes», sin «probidad política y humana». Los revolucionarios, al comprobar el abandono del rol protector y feudal de la aristocracia y su entorno que seguía disfrutando los privilegios sólo legitimables por el correcto ejercicio de un rol no ejercido, suscitaron la vehemencia para suprimirlos asesinando «un poco». La Revolución asumida por Napoleón para implantar los «principios genuinos»; Europa, dividida por el Renacimiento, las Reformas y Contrarreformas (Trento), en el Románico, el Gótico, el Barroco, todas las comunidades, las artes y las ciencias permanecieron esencialmente inspirados por la cultura cristiana, a pesar de 1789. Los revolucionarios galos fueron más profanos y libre-pensadores que laicos. Y más sectarios, por supuesto, que los anglo-sajones.

La guerras religiosas, político-religiosas de los 30 años (las noches de San Bartolomé... el «Corpus de Sangre» catalán, las contiendas civiles requieren –como ya indiqué antes- perdón y olvido); Richelieu y Mazarino, prelados sinuosos, geniales, chauvinistas, «curas nacionalistas» profanos (¿creyentes activos?).

Científicos y pensadores, artistas, la arquitectura, urbanizaciones, iglesias y catedrales desde el románico hasta las herrerianas y las actuales, desde el maestro del «Pórtico de la Gloria» a Gaudí o Moneo. Los frescos y lienzos perfectos, la escultura desde Miguel Ángel y «La Pietá» a «La Sirenita» de Copenhague, los Cristos de Hernández hasta las esculturas de Ávalos, Rodín; los más bellos y grandiosos edificios del mundo (San Pietro, Compostela, Notre-Damme en París), ciudades como Praga, Ámsterdam, Estocolmo, Colonia, Burgos, Roma; «las Fontanas», Heildelberg, Barcelona, la base de la «Cruz del Valle de los Caídos» de Ávalos; la pintura de Velázquez, Goya, Breugel, Van Gogh; la poesía de Quevedo, Juan de la Cruz, Valente, Worswort, Blake; literatura: Cervantes, Shakespeare, Göethe, Hugo; el teatro de Calderón, Lope de Vega, Molière; las danzas, los derechos, deberes y libertades responsables; el folklore, la música perfecta de Bach, Mozart, Gluk, Beethoven, Falla, Vitoria y los festivales del presente cristiano). Por excelencia, argumento, perfección, Europa es ciencia y arte cristiano...
 

V. Europa sólo cabe en sí y en su edad: sus revoluciones, ese robo y apoteosis de dolor. ¿Ese mal del cual procede el bien?

Ni la ciencia ni el arte europeo caben en un artículo, un libro o una biblioteca. Europa, ciencia, arte y trabajo en millones de seres en más de dos mil años; labor de buenos, tibios y malos, sólo cabe en sí misma y sus habitantes. Nadie puede saborear y entender Europa al completo. No es un artículo, un libro o una biblioteca, sólo cabe en ella misma: es la creación y el trabajo de los buenos o los malos en más de 2.000 años. El más exquisito patrimonio de la humanidad desde el Partenón a los canales unidores de océanos, a Venecia, a lo esencial de Puchini o la voz grabada de Caruso o de Maria Callas.

Las raíces cristianas han regado la savia de Europa y logrado que fundamentalmente sea lo que es. Desde los griegos, los romanos, los judíos hemos progresado. La Ciencia y Arte griego, con el numen cristiano, el derecho romano somos protagonistas científicos, espirituales, civilizadores. En las sombras amagantes y caliginosas del mundo presente, Europa ha sido la energía modernizadora y felicitaria del mundo entero. ¿Por qué no admitirlo, President Giscard? ¿Vamos a respetar la modernización de legados efímeros? Ese episodio efímero y discutible es la plenitud anhelada por mujeres y hombres... Bonheur o vertu, dicha y/o virtud.

La UE, fundada –como dijimos- por cristianos como Adenauer, de Gasperi, Schuman et aliis, mejor o peor sostenida por de Gaulle, Monnet, G. D`Estaign, Fanfani; otros líderes convergían en la letra y/o el Espíritu-Palabra. ¿Por qué se preconizan sólo las ventajas de lo laico separadas la Iglesia y el Estado, unidos en la libertad religiosa y no se enuncia la bondad, la verdad, la belleza, el equilibrio, la virtud, el orden, la solidaridad... y todos los dones y frutos del Espíritu? La libertad religiosa, de creer, no creer, dudar como arraigo real en las Patrias de la UE -es norma respetada por los creyente- (no sólo los casi 2.000 millones –ya dichos- de cristianos en el mundo, más 1.200 millones de musulmanes que con las 14 religiones serias, suman los 5.886 millones entre 6.000 millones de habitantes). Los islámicos necesitan y deben suscitar su modernización ayudada. Esa cantidad debe arrojar el lastre de su atraso inhumano con las mujeres.

Las Naciones-Estado de la UE –como suelo repetir- son Patrias = Territorio + Estado + Sociedad + Gentes + Grupos + Razas + Mestizajes + Deberes + Derechos y Libertades + Constitución + organización + valores (la religión cristiana) + cultura + historia. Los sectores de la sociedad, las confesiones religiosas entre ellos, están separadas de los Estados. Ambos como el poder, o influencia, Estado y confesiones son autónomos pero cooperan y son subsidiarios, se complementan en el interés general. El discutible laicismo como legado histórico carece, por ello, de fronteras claras e inflexibles. La decisión política produce efectos morales y el juicio moral produce efectos políticos. Lo moral y el poder se cruzan y versan, desde distintos y autónomos puntos de vista sobre la vida real. La sociedad y la confesión mayoritaria tiene el juicio ético y la subsidiariedad a favor. La política, si es benéfica e inteligente, es la ortopedia y la prótesis del orden y la convivencia en interés general.

Los derechos, deberes y libertades como «verdades intersubjetivas», civilizadas y civilizadoras, no dimanan ni encuentran su alfaguara, el surtidor fuerte en «Los derechos del hombre y el ciudadano» de 1789. Al revés –insistimos-, desde el «habeas hábeas» inglés, desde Cromwell y Filadelfia (hasta «la libertad, igualdad, fraternidad» son arreglos profanos del Evangelio), repetimos. Fraternidad, versión laica del buen Samaritano; la igualdad, doctrina de Cristo a los que buscan el mejor sitio en los banquetes o en el más allá; la condenación bimilenaria al «horror general de la esclavitud», la libertad, liberación del trato inhumano y de las culpas graves y oprimentes, las tres voces figuran en Pablo de Tarso. Los derechos humanos, los deberes, las libertades y la responsabilidad personal encuentran su fundamento en lo religioso. Si esto se desvirtúa, el edificio pasa a estar edificado sobre arena y no resistirá un temblor de tierra.
 

VI. Europa, tus raíces, tu destino, tu nobleza obligan a evitar la orgía

Los deberes y «derechos» son «convenciones» de la ONU y preconizaciones, proclamadas y decisivas de la Santa Sede. Ambas –se quiera o no- de inspiración religiosa. Los derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 «inventan» la autodefinición ilustrada del cristianismo. No hay en su entraña «legado histórico» y útil de la revolución. Hay ídolos, «diosa razón» en Notre-Dame, los mitos desmontable como latrías chauvinistas. Si «dádivas quiebran rocas», el poder e insolidaridad, deseosos de la propia excelencia, los deleites y los rechazos del dolor, epicúreos, nihilistas, postmodernos buscan la legitimación escamondando el legado de su Espíritu. La sabiduría no es gracia, es deuda (Romanos 4,4). La libertad (Gálatas 4, 5) es liberación radical y paterna: «ya no eres esclavo, sino hijo»; y en 5, 1: «Cristo nos libertó para gozar de libertad» (Romanos 8, 1). «La ley del espíritu libró del pecado y la muerte».

Libertad de la esclavitud, la servidumbre, la culpa, las pasiones, el Espíritu y sus dones y frutos no se afincan en la ley estatal, incapaz en sí de moderar las pasiones. La cosecha del Espíritu es la alegría, ánimo duradero, mansedumbre, sosiego, autodominio, bien, virtud, lo bello... La Igualdad (Efesios 2, 11-22; 3-1,13); la fraternidad, la ley, los profetas y la Biblia conteniendo la autorrealizadora energía de las tablas del Sinaí. La revolución como historia, lega la secularización profana de lo felicitario, no da lo necesario para la dicha integral del ser humano.

Robo es apropiación violenta; hurto es apropiación sin tal compañía cruel. Las guerras civiles españolas (la carlista, la victoria sobre Napoleón y la del 36-39) sumaron 1 millón de muertos; pero eso son tortas y pan pintando ante la revolución francesa y sus corolarios; costaron millones. La revolución y post de 1917, millones de hombres y koulats, la 2ª guerra mundial, 50 millones de muertos y 100 millones de lisiados.

Los otros problemas ignorados logran forzar el repliegue de la pobreza material, cultural y espiritual del mundo; la miseria engendra desgana, violencia, desesperación, odio, rebeldía. Los países opulentos en las espantosas guerras a las cuales tienta la des-regulación. Las experiencias recientes y actuales de Corea, Vietnam, Camboya, Somalia, Argelia, Argentina, Colombia, Venezuela, Brasil y toda Iberoamérica, los balcanes... ¿No parece viable una paz sin justicia? ¿Críticos, ONG´s, rebeldes en paro...? Hay personal con Beruf, vocado y/o mercenario.

Las múltiples y abtrusas incógnitas del inexistente control mundial de los desafueros idolátricos contra las adoraciones de la ganancia rápida, el éxito fulgurante, del poder sin servicio al hombre. ¿Usar políticamente el ecumenismo, ecumenizar la política, si vamos a la mundialización? La creación de controles idóneos para destruir la ingente incursión posible de nuevos «varones asaltantes» con el ingenio del inventor, la codicia del comerciante y la crueldad del guerrero descrito en La teoría económica (Heilbroner); sin controles múltiples sin regulación eficaz, los varones piensan que han recibido la invitación a una orgía.

Asumir el generalato ético, lo mejor de la moral y la ideología europea es de trascendencia salvífica, no mera inmanencia vital. Creyentes e increyentes, jóvenes y adultos, anhelan la mención constitucional de las «raíces cristianas». Con discreción obvia. La política deseable debería forzar controles y regulaciones, códigos éticos, normas planetarias e identidades, lejos del pensamiento único y del pluralismo caótico, ese perverso «babel» de caleidoscópico. Penalmente, las Bolsas, los fraudes a los ahorradores normales, deben tipificarse duramente. La limitación universal de la ausencia de voluntad política -en siglos conseguible- para energizar las Pymes creativas exportadoras e importadoras, con formación directiva, avales, zonas y organizaciones comunes de información de mercado, créditos, derechos, pactos e intermediarios. Perseguir analíticamente la acción y la mentalidad, de las prolijas estructuras del mal. Sin olvidar la ayuda internacional a los países pobres.
 

VII . Los asuntos de fondo para personas adultas y la labor de las confesiones –el mero laicismo- en busca del bien

Nadie parece percibir amagos del sistema económico global, ni solicita, entre otras normas, instituciones como la Corte Penal Internacional. El nacionalismo (en cuanto amor desordenado a la patria chica o grande) tiene que desembocar en la virtud del patriotismo, pulsión de la que mana la vida, el estremecimiento creador, la virtud y servicio leal en el bien a los colectivos intermedios, nacionales, continentales, previos al poder mundial y la solidaridad subsidiaria como necesidad de esta tierra.

Si la UE no produce conexión de las unidades nacionales y confunde la separación Iglesia-Estado con la enemistad de los laicos con razón o sin ella, ¿quién morirá por una Europa que no recoge los ideales, los orgullos, los valores y la historia cristiana todavía fértil en su suelo? Ser líderes en política, en cultura, en economía con o sin ética, profana, laica y sin referencia a la moral natural, sin participación en la Ley Natural de la criatura racional, sin creencias ni chortales que rieguen con aguas subterráneas humedecedoras el humus de los derechos, deberes y libertades equivale a destruir su fundamento y los factores clave de un futuro mejor. ¿Mencionar rasgos-clave identitarios, no excluyentes? ¿Perturbar las autonomías de los Estados-Nación y las de nuestras confesiones religiosas? La autonomía concilia los asuntos, instancias secantes, solapadas, comunes, cooperantes y sin dañar la tolerancia, ni represaliar la libertad, en las decisiones de conciencia de creyentes y políticos. ¿Formular una identidad creativa y tolerante? Él y/o sus Iglesias está en las democracias más duraderas y fuertes.

El multiculturalismo de las sociedades abiertas, la mundialización, las migraciones, la juventud nihilista, apática y desencantada, inmediato relevo cercano ya... son los asuntos más serios. Añadamos exigencia más cercanas y más exigentes de presión, tiempos y espacios con hondura. La refundación de las democracias, el debilitamiento y crisis del Estado-Nación, la desmitificación de la «filantropía» del Estado y el mercado autorregulador exclusivo, el mercado como «juez único» de los resultados, des-obstruir la solidaridad, la subsidiariedad y el poder mundial al que hay que ir -sin cansancio ni detención-, sin otra meta que el interés general. Las realidades no lucrativas y ONG necesitan sugerencias y refuerzos financieros. Las instituciones previas al Estado-familia-grupos intermedios, las estructuras nuevas de la división del trabajo, urbano y rural, la integración de emigrantes, el desempleo, la insolidaridad acristiana y potencialmente revolucionaria de los pobres, las desigualdades cuantitativas y cualitativas (a pesar de la mejora corta del número de beneficiarios de la prosperidad). Y la obscura lejanía, con nubes pre-tormentosas de crisis, guerras sin razón suficiente y/o manifestable... y sin control de las consecuencias. ¿Catástrofes o lo opuesto a ellas, las anásrofes rebosando lo mejor?

Mientras unos siguen viendo el fútbol, jugando al golf o distraídos en un mercado dudosamente eficiente. Los premios Nobel de Economía 2001-2002 tratan de acercarse metodológicamente a la Física y con pocos experimentos y mucha explicación ex-post articulan varias ideas: los enriquecidos por la Bolsa se apoyan en la información asimétrica. La mano invisible de Adam Smith en parte no existe. ¿Quiénes la entienden y con qué criterios la fiabilizan? Que los egoísmos, personas y gremios como el de la economía se benefician (¿espionajes, intuición, datos privilegiados, sobornos?). Los que pierden dinero es por su irracionalidad (la suya o la de los creadores de información desorientadora). Las cosas así dejan por su generalidad viva la cuestión. Eso en el supuesto menos perturbador, endilga las pérdidas o las ganancias bolsísticas a la asimetría informativa escasa o generosa, y eso sucede aunque se cambien las decisiones por alternativas ortodoxas (Kahnemann y Smith). Para Keynes, según J. Stiglitz –también Nobel-, la Bolsa es un «concurso de belleza», no una penetración racional. La información percibida es distinta y decide con o sin acierto. Hay un mercado e inercias. ¿El mercado es eficiente como definidor del valor de las acciones? El dogma que sostiene el mecanismo de oferta y demanda ve puesta en duda en parte su mítica capacidad. Este es otro de los enmadejados laberintos de la globalización sin controles que el laicismo permite pero la religión no. Se ha pensado en las confesiones para colaborar a favor de la convivencia y la limitación de un laicismo desentendido del Bien.
 

Se propone al Sr. G. D’Estaign

Que dada la significación histórica y presente, «la UE mantendrá relaciones de cooperación con las Confesiones cristianas y de otras para la armonía, el orden y el equilibrio comunitario». La misma Unión Europea es idea y labor de cristianos íntegros como Adenauer, Schumann, De Gasperi, Don Sturzo, Monnet, De Gaulle, la mejor gente de la II Guerra Mundial; una paz que depende de la justicia de los hombres y de los pueblos.









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