El Risco de la Nava - Nº 160
Fecha Jueves, 03 abril a las 23:12:16
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 160 – 1 de abril de 2003

SUMARIO

  1. Rojerío que no cesa, por Antonio de Oarso
  2. Tragedia criolla, por Francisco Gelonch
  3. Pío Moa contra la opinión reinante, por Mario Tecglen
  4. 2004, año del centenario de Isabel la Católica


ROJERÍO QUE NO CESA
Por Antonio de Oarso

No es posible tomar en serio a una izquierda que se refugia oportunistamente en la Moral, y, como siempre, no tiene en cuenta los intereses de España.

Hay sonrisas que resultan irreprimibles. A mí me ocurrió cuando vi a Ana Belén con expresión sombría y retadora, exhibiendo en el Congreso de los Diputados su camisetita de contraria a la guerra. O cuando vi a Juan Diego y otros actores proclamar sus conmovedores sentimientos al respecto en no se qué concentración. Y no es que ser contrario a la guerra sea cosa de risa. Por el contrario, y en principio, es cosa muy digna. Pero cuando los que así se muestran son de cierta especie… la cosa cambia.

No se trata sólo de su evidente filiación ideológica. Es que resultan falsos, poco creíbles, malos actores. Juan Diego, procurando modular su voz en acentos profundos de dolor y repulsa provocaba casi el rubor. Y los demás, poco más o menos. Ya he citado a Ana Belén. ¿Para qué nombrar a Almodóvar?

Se sabe que a esta gente el pueblo de Irak no les preocupa ni poco ni mucho. Si así no fuera, habrían protestado hace tiempo por los horribles y masivos crímenes de Saddam Hussein. Pero no lo hicieron, como tampoco lo han hecho ante los crímenes de Fidel Castro, o de Mao, o de Stalin. Franco sí les preocupa mucho. Ese, sí. Las fibras más íntimas de su sensibilidad humanitaria se estremecen ante este nombre. Y aunque la derecha actual está tan acomplejada que apenas se le puede llamar derecha en estricta justicia, arremeten contra ella porque representa, aunque mortecinamente, los valores que odian.

Es decir, son falsos. Su actitud es muy hipócrita y, naturalmente, resulta perceptible.

Si sólo se tratase de actores, no sería muy grave. Pero lo cierto es que la corriente mayoritaria de los medios de comunicación está en la misma línea. Algunos piensan que los intelectuales, por el hecho de serlo, no pueden ser calificados de adocenados. Esta expresión se suele a aplicar a la masa del pueblo. Pero es un error. Lo que caracteriza al intelectual es la habilidad para el manejo de ideas, pero tal cualidad no es una garantía de espíritu independiente y crítico. Cuando se observa que periodistas, cineastas, escritores, etcétera, marchan todos en una misma dirección, la impresión que causan es de borreguismo. Borreguismo por convicción en muchos casos, y, en otros, borreguismo obligado. ¿Es acaso concebible que pueda surgir un cineasta de ideas conservadoras? No es posible, porque en esos medios es obligado ser de izquierdas. Y ya se sabe que el vacío y el aislamiento no son condiciones que conduzcan al triunfo. Así que hay que seguir dentro de la manada.

Un ejemplo, cogido a voleo, de la falsía de este izquierdismo, puede ser el larguísimo artículo de Enric Sopena exponiendo la posición contraria a la guerra del Vaticano, y la necesidad, al parecer, de que un gobernante católico deba seguir ese criterio. Se le podría recordar a Sopena que las posiciones políticas del Papa no son de fe para ningún católico. También se le podría preguntar cuándo se interesó él por el Papa, como no fuese para reírse, entre otras cosas, de su doctrina moral sobre el sexo (y esta sí es de obligado cumplimiento para un católico).

La política exterior del Vaticano no resulta inmune a toda crítica. Los izquierdistas, los progres, el rojerío, la tramaron con Pío XII y su supuesta connivencia con el régimen de Hitler, con tan escasa base como resulta ser una obra teatral, «El vicario», de Rolf Hochhutz. Obra sensacionalista y destinada a conseguir lo que consiguió: fama. Sin embargo, no dicen absolutamente nada de la política de «apertura al Este» de Juan XXIII y Pablo VI, que se fundaba en que el régimen soviético era de carácter definitivo e imperecedero y que había que llevarse bien con él. Sin duda, estos progresistas de la decadencia no quieren reconocer que este régimen soviético era tan cruel, si no más, que el régimen nazi, y que causó muchos más muertos. Y que la «Ostpolitik» vaticana resulta más discutible que la política ejercida antes por el Pontífice denigrado, quien, por cierto, parece que llegó a salvar cerca de 900.000 judíos mediante la acción diplomática.

¿No fue precipitado el reconocimiento de Croacia como nación independiente por parte de Alemania y el Vaticano? Recordemos sus consecuencias.

En cuanto a la política actual de apaciguamiento con los musulmanes, sin duda tendrá como objetivo el bienestar de las comunidades cristianas en los países islámicos, que se encuentran en condiciones infinitamente peores que los musulmanes en los países occidentales. ¿Es práctica esa política de amistoso apaciguamiento? Es dudoso. Lo cierto es que los genocidios de cristianos en Nigeria y Sudán han pasado casi desapercibidos. En el último país se barajan cuatro millones de cristianos eliminados por los musulmanes en los últimos diez años. ¿Se conocen vigorosos estallidos de indignación por estas masacres, semejantes a los que estamos presenciando por el conflicto con el déspota, también genocida, de Irak? ¿No se ha debido este silencio en parte a la política de apaciguamiento?

La política exterior del Vaticano no se desarrolla en el ámbito de la infalibilidad moral y teológica.

¿Quién está a favor de la guerra? En los tiempos actuales, sólo beocios o sádicos podrían estarlo. La cuestión no es ésta, y el rojerío lo sabe. La cuestión estriba en si, dadas determinadas circunstancias, es posible evitar la guerra. En si los países occidentales deben rendirse sin presentar batalla, deben ceder al chantaje enemigo por causa del deseo de paz de sus pueblos. Los protestones ya lo han decidido y su respuesta es que sí. Porque profesan un odio, yo diría que de carácter patológico, a «Occidente», «Estados Unidos», «España» y cualquier político de la «Derecha» por muy vergonzante que sea ésta.

Hay personas de la derecha conservadora que coinciden con la izquierda en su odio a Estados Unidos. Pero son personas que tienen parado el reloj en la guerra de Cuba. Y no quieren recordar que la amistad y la alianza política de España con Estados Unidos la forja el pasado régimen. Un régimen que no se dedicaba obsesivamente a cometer errores, como la izquierda desea creer. Y uno de sus aciertos fue esta alianza bilateral.

Ser antiamericano o proamericano son dos formas igualmente válidas de ser frívolo o ciego. Resulta mucho más realista y justificado ser «pro intereses españoles».

Siguiendo esta última y correcta dirección, Aznar ha acertado jugando la carta americana. ¿Por qué hablar de seguidismo? ¿Acaso no podría haberse utilizado esta misma calificación en el supuesto de haber concordado con Francia? Cuando una nación de tipo medio converge en sus intereses con una gran potencia, cualquiera puede hablar de seguidismo, lo cual no dejará de ser una ligereza. España, Francia, Alemania, Estados Unidos, tienen la dimensión que tienen, y en función de esa realidad deben actuar. Subordinación y seguidismo son conceptos que indefectiblemente son utilizados por los enemigos de tales o cuales alianzas.

España no tiene por qué concordar con el eje franco-alemán. España se debe tanto a América como a Europa. No se trata de separarse de Europa, porque España es Europa. Pero es una parte de Europa que tiene una proyección inmensa en América. España (segundo inversor en Hispanoamérica) y Estados Unidos pueden colaborar en la ayuda al desarrollo de esa región enorme del Globo. España no tiene por qué dejarse desplazar en esa misión por Francia, la cual exitosamente ha alcanzado el logro político y cultural de que el nombre de Latinoamérica se haya impuesto sobre el de Hispanoamérica y aún el de Iberoamérica.

Hay otra circunstancia por la que la Norteamérica de George Bush resulta interesante. Y digo la Norteamérica de Bush porque si el actual presidente fuese Al Gore las cosas serían muy distintas, o, peor, contrarias. Se trata del factor religioso. Las civilizaciones han muerto cuando sus religiones se han disuelto. El paradigma lo encontramos en el Imperio Romano. Es comúnmente admitido que su decadencia se fue acelerando a medida que su religión se disolvía con la mezcla de otras creencias y supersticiones, y el consiguiente escepticismo se extendía matando el estímulo espiritual que proporciona la fe. En el Occidente actual esa situación de decadencia disolutoria se va plasmando paulatinamente desde hace dos siglos con el resultado de que Europa ha quedado descristianizada. América, por el contrario, conserva todavía pujanza religiosa y lucha denodadamente por no verse anegada por la marea de escepticismo decadente importado de Europa. Esta pugna alcanza su mayor virulencia en Estados Unidos. Cuestiones morales ligadas a la religión como el aborto, la homosexualidad, la pornografía, la clonación, etcétera, están a la orden del día y se han convertido en temas políticos de primer orden. Bush representa al sector tradicionalista de la nación que, en realidad, es mayoritario, pero que ha sido acallado por las elites culturales de tendencia progresista decadente que dominan casi en su totalidad los medios de comunicación. Bush es hombre religioso que comienza con una oración los consejos de ministros que preside. Conoce el valor dinamizador de la religión como elemento de hegemonía política.

Esta situación interesa poco aquí, en Europa, donde estamos de vuelta de todo y somos mucho más sabios que los yanquis, según pensamos. Nos reímos de esas cosas. Sin embargo, bien pronto nos acordamos del Papa cuando nos conviene. Pregúntenselo a Sopena y a otros. Pues bien, a estos habría que recordar otra vez que el católico sí tiene obligación moral de seguir al Papa en su doctrina ética sobre los temas arriba señalados, y que el único gobernante occidental que coincide públicamente con el Papa en estas cuestiones y obra en consecuencia, es el metodista George Bush.
 

TRAGEDIA CRIOLLA
Por Francisco Gelonch - Córdoba, Argentina

Desnuda, hambrienta, la mujer yace junto al eterno
camino. Sus espaldas están labradas a latigazos y la mofa
descarnada de sus vecinas carcome sus oídos. No
recuerda nada ni sabe a quien espera. Una sombra de
neón le impide reconocer la voz que la llama, la voz que no
quiere escuchar.

Dicen que un día la mujer había creído despertar por un
alarido que surgía de sus entrañas, a las que algunos
llamaron pueblo, otros legión: «De tenebris, domina, ad te
clamo». Y la arpía que nunca duerme respondió a los
infaustos ruegos. Y los dioses despreciados quizás se
dieron vuelta, incrédulos ante el «kairós» que se esfumaba.

Como a Cenicienta, la vistió de seda y la sentó a la mesa
de los que gobiernan. Tal vez borracha, tal vez prostituída,
la mujer tuvo relaciones carnales con el que estaba vestido
de rey. Después se entregó a otros.

Pero la «hybris» siempre se paga, como lo supieron Edipo,
Electra y tantos más. En el reloj de la historia dieron las
doce y ya nada fue igual. Pudo haber habido una súplica, a
lo mejor un ruego. Pero fue el rencor quien siguió
desvistiendo a la perdida.

Y así está, harapienta, sin honor, sin rumbo y hambrienta.

Y ciega por propia voluntad, por desperdiciar su libertad.

En las tragedias clásicas los héroes caídos se redimían
mediante el sufrimiento. Pero la que no se arrepiente
volverá a elegir la vergüenza de su capricho antes que
pedir perdón. La soberbia de la pecadora no admite
renegar de los becerros de oro.

¡Malditas sean las entrañas que oscurecieron el alma y
maldita el arma que asesinó sus sueños! ¡Maldita la
golondrina que sembró ese cruel invierno! ¡Maldita sea la
mujer pero bendita su esencia!

Dios mío, yo te pido que tu Gracia le dé la Fe de Bartimeo
para que aún postrada y humillada como la Magdalena
quiera buscar la voz del Buen Samaritano que ofreciéndole
otra mejilla le dirá: «Argentina, ¡levántate y anda!»
 

PÍO MOA CONTRA LA OPINIÓN REINANTE
Por Mario Tecglen

Este insólito personaje, con antecedentes de comunista activo y miembro del GRAPO, se ha dedicado a desentrañar en profundidad mitos y tópicos relativos a nuestra historia reciente. Sus tres libros publicados sobre la II República y la Guerra Civil abrieron brecha; y el recientemente publicado: Los Mitos de la Guerra Civil, está teniendo una muy favorable acogida. Lo que viene a demostrar que los tenaces cantores del pensamiento único se están pasando; y los jóvenes, y menos jóvenes, obnubilados con las afirmaciones del libro, empiezan a sentir el natural deseo de saber la verdad de las cosas.

Se trata de un enjundioso libro de 605 páginas, lujosamente encuadernado, con citas, fotografías, índices onomásticos y mapas del mayor interés.

Pero la auténtica campanada no la ha dado el libro de Moa, sino su entrevista con Carlos Dávila el pasado 19 de febrero ante las cámaras de TVE. Fue una bomba. Y las reacciones de los cantores oficiales, poniéndolo a caldo, no se hicieron esperar. Había dicho cosas que les escocían; y éstas sólo pudieron salir a las ondas porque Pío Moa es comunista o, al menos, así se le considera.

Pero al que suscribe, que no está habituado a escuchar nada que se aparte de la opinión reinante, y sí a soportar la machacona costumbre de omitir, o falsear, o inventar, o tergiversar cualquier tema que entrañe algo relativo a nuestra historia, le sorprendió, sí, pero muy gratamente.

Fue tranquilizador escuchar que murieron sólo 120 personas en el bombardeo de Guernica -el que se empeñan en decir que inspiró el inquietante cuadro de Picasso- en vez de las 1.654 que se dieron como cifra oficial; ni de las 3.000, como llegaron a asegurar los más extremistas.

Pero los restantes mitos y tópicos sobre Guernica, los destruye Moa, uno por uno, en el capítulo 23 del libro citado:

1. Se bombardeó una población abierta.

    Moa demuestra que Guernica, muy próxima al frente de batalla, contaba con cuarteles y fábricas de armas; y, además, estaban acantonados tres batallones con unos dos mil soldados.

    Constituía, por tanto, un claro objetivo militar.

2. Era un día de mercado.

    Incierto, porque la feria de aquel lunes había sido suspendida por el delegado del gobierno.

3. La destrucción de la villa fue deliberada; con un bombardeo continuo de más de tres horas, empleando bombas explosivas cuidadosamente seleccionadas para provocar el desastre.

    Fue muy distinto. Se emplearon en el ataque aéreo bombas incendiarias y una vez concluido, se encontraban derruidos o ardiendo el 18% de los edificios. Los bomberos, llegados desde Bilbao, se encontraron con un incendio intensificado, consecuencia de las calles estrechas y las casas de madera; y a las tres de la mañana, no se sabe si después de haber hecho todo lo posible, se decidieron a abandonarlo.

    Al final, la villa de Guernica había quedado reducida, efectivamente, a una nube de pavesas; pero la destruyó un incendio. No un bombardeo.

    No dejó, aún así, de ser un acto salvaje que enturbió, en gran parte por las calumnias ahora aclaradas, la brillante ejecutoria de las tropas nacionales; aunque parece ser cierto que la iniciativa del bombardeo la tomó Richthofen, jefe de estado mayor de la aviación alemana, a espaldas de Mola, de quien dependía, y sin que Franco interviniera para nada.

Y volviendo a la entrevista televisada, fue para mí una diana cuando Moa establecía, con frases rotundas, que la República se acabó realmente el 16 de febrero de 1936, cuando el Frente Popular ganó las elecciones generales.

Uno, que vivió aquel Madrid entre hermanos mayores, ya lo tenía así asumido. Flotaba en aquel ambiente. Con la victoria electoral, el Frente Popular comenzó de hecho su revolución pendiente. Y los republicanos liberales, ya fueran jacobinos como Azaña, o botarates de corte católico, como Alcalá Zamora -así los llamaban- quedaron en un clarísimo «fuera de juego». Aunque, eso sí, mantuvieron sus poltronas.

Y a ello cumple añadir que también consideraron a muchísimos botarates «Enemigos de la Revolución» y se los quitaron de en medio. Ahí está el ejemplo de Manuel Rico Avello y Melquiades Álvarez, ambos conspicuos líderes republicanos, que cayeron en la Cárcel Modelo de Madrid, junto a Julio Ruiz de Alda y Fernando Primo de Rivera, en agosto de 1936, mientras Manuel Azaña presidía la República.

No estoy, en cambio, en absoluto de acuerdo con Moa cuando afirma que el número de fusilados en ambas retaguardias fue muy similar.

Sin conocer las cifras, porque, que yo sepa, no se han publicado, pero usando simplemente el sentido común, se puede razonar que los caídos en Madrid, sólo entre Paracuellos, las tapias del Cementerio del Este, La Cuesta de la Vega, La Pradera de San Isidro, más los miles de fusilados en la Playa del Saler de Valencia, más los cientos de monárquicos y terratenientes que mataron en cientos de pueblos andaluces, más los que mataron en Barcelona, en Gerona, en Murcia, en Santander, en Toledo... Simplemente el hecho de que se tratara de capitales muy superiores en población a las de la Zona Nacional, sin contemplar otros enormes motivos, induce a rechazar de plano semejante afirmación.

Es doloroso e injusto que, una y otra vez, se escuche esto mismo, creando confusión en toda la gente joven. Y sería muy deseable que los buenos investigadores de la Historia Española cuantificaran y publicaran las muertes reales demostradas que hubo que lamentar en ambas retaguardias.

En otro momento de la entrevista, Moa declara que Largo Caballero y Alcalá Zamora fueron los responsables directos de la Guerra Civil Española.

Mi opinión al respecto es más prudente. Pienso, igual que muchos otros españoles, que con el 14 de abril y la República se perdió una magnífica oportunidad de evitar el enfrentamiento. Pero responsabilizar, específicamente a esos dos personajes me parece, cuando menos, excesivamente simple.

Sin embargo, el asunto me ha inquietado, y voy a dedicar unas cuantas horas a consultar en profundidad historiadores y testimonios de ambas tendencias.

2004, AÑO DEL CENTENARIO DE ISABEL LA CATÓLICA

Sabemos, por experiencia, que los centenarios son conmemorados solamente si convienen.

El presente año 2003 es el centenario de José Antonio Primo de Rivera, lo que han omitido las autoridades del país. Posiblemente no sea aconsejable. Incluso la petición de emisión de un sello de correos conmemorativo fue resuelta de la siguiente forma: «dicha petición fue estudiada en la última reunión de la Comisión de Programación de Emisiones de Sellos y demás Signos de Franqueo, celebrada el pasado día 19 [de junio de 2002], y a pesar del interés del tema propuesto, no ha sido posible incluirlo en el programa de emisiones de sellos debido a lo sobrecargado que se encuentra el mismo».

Posiblemente el centenario de la Reina Católica correrá parejo destino.

Oigamos lo que dice el alcalde de la ciudad donde nació, según texto que nos ha llegado por internet:

El alcalde de Madrigal de las Altas Torres (Ávila), localidad natal de la reina Isabel I de Castilla (1451-1504), denunció ayer el «abandono, desinterés y apatía» del Gobierno para conmemorar en 2004 el quinto centenario de la muerte de la soberana. Emilio del Bosque (alcalde del PSOE) lamentó en una conferencia de prensa en Medina del Campo (Valladolid), la falta de sensibilidad tanto del Gobierno español como del de Castilla y León para evocar la efeméride de quien fue «una figura clave» en la historia de España y promotora del descubrimiento de América.

El alcalde recordó que desde la creación en febrero de 2000 de una comisión nacional encargada de organizar un programa de actos conmemorativo, de la que él forma parte, «nos hemos reunido dos veces en tres años, la última hace menos de un mes», sin más resultados que «una declaración de intenciones y un proyecto sin fechas para exposiciones y restauraciones de edificios isabelinos».

Dejadez y abandono

A falta de nueve meses para entrar en 2004, «lo cierto es que no hay nada concreto, temíamos dejadez y abandono, pero no hasta este punto en que ya va a resultar difícil conmemorar esta efeméride con la dignidad que merece», agregó Del Bosque, quien acusó al consejero de Educación, Tomás Villanueva, de haber hecho «lo que le ha apetecido».

El alcalde de Madrigal exigió una explicación al Gobierno de Castilla y León sobre estos hechos, una nueva reunión de la comisión nacional para informar de «medidas concretas», y la puesta en marcha de infraestructuras para la celebración de actividades culturales. En la misma línea se manifestó el secretario regional del PSOE, Ángel Villalba, para quien este «desinterés y dejadez» constituye «una muestra clara de la desatención permanente del PP hacia Castilla y León».







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