El Risco de la Nava - Nº 162
Fecha Martes, 22 abril a las 00:25:21
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 162 – 15 de abril de 2003

SUMARIO

  1. Algunas enseñanzas de esta guerra, por Martín Quijano
  2. Crímenes sin protesta, por Antonio de Oarso
  3. La barbarie antisistema, por Matías Cordón
  4. La provocación y la impostura, por Pío Moa
  5. Comentarios, por Españoleto


ALGUNAS ENSEÑANZAS DE ESTA GUERRA
Por Martín Quijano*

La guerra de Iraq está a punto de finalizar. Los blindados americanos han entrado en Bagdad y los ingleses en Basora. El régimen no ha caído, cuando empiezo a escribir esto, pero nadie apuesta un céntimo por el futuro de Sadam, pese a que las manifestaciones en contra de la guerra no cesan en España. Es previsible su caída de un día a otro. No se sabe cómo va a evolucionar la posguerra. No se conoce bien los planes americanos, frente a la posible intervención de la ONU para administrar ese país hasta que consiga nueva estabilidad gubernamental, pero es obvio que el conflicto militar está desvaneciéndose. El bando iraquí se rendirá en cuanto se organiza una estructura jerárquica mínima para tomar esa decisión.

Se zanjará así un conflicto bélico de cuatro o cinco semanas. Porque, independientemente de los flecos que queden en todo el país, el conflicto bélico habrá terminado en cuando las armas pesadas dejen de sonar y la tarea residual sea una acción de policía. Y con ello será momento de recapacitar acerca de cuanto se ha dicho y previsto sobre cómo iba a transcurrir. Y sobre cómo ha transcurrido en realidad. Y habrá llegado el momento de deducir enseñanzas de la realidad, para intentar reforzar nuestras posibilidades de entender qué ha pasado.

Es conocido el dicho de que las Academias militares enseñan a los cadetes a ganar la guerra… que ya ha terminado. Es una broma aplicable a cualquier enseñanza de una profesión, pero particularmente apta para la apreciación que tenemos de la guerra los profanos en temas militares. Nuestros magros conocimientos nos inducen a penar que la guerra próxima se parecerá a la de la película que vimos ayer. En este caso, los encargados de transmitirnos información han estado advirtiéndonos de los bombardeos masivos que se preparaba. A ello se unían los «encargados» de formar nuestra opinión, que anticipaban la ingente cantidad de víctimas civiles que se derivaría de tales bombardeos. Estos últimos no son particularmente reprochables de ignorancia, pues su intención era oponerse al ataque aliado, con razón o sin ella. Pero los primeros estaban obligados a procurar disponer de información suficiente para cumplir su deber principal: Informarnos adecuadamente. Pese a la multitud de periodistas españoles sobre el terreno, el resultado ha sido decepcionante. La información que nos han proporcionado ha sido mala, porque:

    a) No se han informado de las nuevas tecnologías militares disponibles, ni han sabido discriminar sus efectos de los de las armas convencionales.

    b) No han atendido, calificándolas de propaganda, a las previsiones del mando aliado.

    c) Han magnificado la capacidad de resistencia de los militares iraquíes.

    d) Han atendido en demasía a los cacareos iraquíes referente a la voluntad de resistencia del pueblo, milicias, suicidas y demás grupos paramilitares.

    e) Han destacado con profusión las imágenes de víctimas civiles proporcionadas por los iraquíes. Las que los servicios de información iraquíes se preocupaban de difundir.

    f) Han ignorado los datos concretos de los combates que se han producido, limitándose a calificarlos genéricamente como encarnizados, sangrientos, etc.

    g) Se han permitido especular continuamente acerca de los acontecimientos por venir, vaticinando con frecuencia dureza progresiva y alargamiento del conflicto.

    h) Han mostrado continuamente escepticismo respecto a progresos aliados, contraponiendo los informes en ese sentido con la información iraquí que los negaba.

Todo ello ha sido realizado desde hoteles no bombardeados, o desde cuarteles generales de la retaguardia, sin implicarse en detectar personalmente la realidad de la que pretendían informar. Esa posición es legítima. No lo es la pretenciosidad de su información. Se salvan escasas excepciones, que han originado dos muertos, como es lógico. Pero lo anterior califica el conjunto. Más que información, los periodistas españoles han procurado transmitir opinión. Incluso se mostraban irritados y se consideraban engañados porque el mando aliado tomase decisiones que no se ajustaban a sus previsiones.

La campaña ha sido planeada con criterios nuevos, posibilitados por las nuevas tecnologías y por el dominio absoluto del espacio aéreo. El porcentaje empleado de «bombas inteligentes» ha sido altísimo. El grado de tino con que han alcanzado sus objetivos será secreto militar durante un tiempo, pero parece que ha sido alto. El número de daños indeseados parece mínimo. El Mando aliado decidió, incluso, suprimir una fase de bombardeos masivos, porque detectó que la capacidad de resistencia era menor de la que había esperado inicialmente. Y es evidente que acertaron , pues la rapidez de la penetración en territorio iraquí parece haber estado limitada sólo por las de las columnas de aprovisionamiento. Adicionalmente, la decisión de dejar para segundo lugar el dominio de las ciudades ha demostrado ser acertado. Las necesidades vitales de una ciudad moderna permiten asegurar que la voluntad de resistencia se pudre en poco tiempo, tras el comienzo de las privaciones, haciendo más fácil su entrega.

La táctica de ahorro de bajas propias, mediante el empleo generalizado de chalecos, no sólo antibalas, sino antifragmentos, se ha revelado eficaz. El número de soldados aliados muertos en operaciones de guerra no llega a 4 por 10.000, respecto al total de las fuerzas desplegadas. La economía de bajas, criterio prioritario de todo militar, sólo segundo a la eficacia, ha sido notoria.

Se desconoce el número de bajas iraquíes, cuidadosamente veladas por sus servicios de información, pero ha debido ser alto, dadas las precarias condiciones en que se han encontrado en los enfrentamientos. Pero mucho menores en todo caso que en la guerra anterior, cuando el bando aliado recurrió al bombardeo «de alfombra» para debilitar las defensas. Los ataques selectivos actuales ha debido reducir las bajas iraquíes a las de los que han decidido enfrentarse con fuerzas muy superiores. Y es de temer que eso no haya sido frecuente en las tropas experimentadas, sino con las milicias apresuradamente convocadas, ignorantes de lo que es el balance de fuerzas en las nuevas situaciones con las que se enfrentan.

El número de muertos civiles se conoce mejor, por el especial interés de los iraquíes en airearlos, dado que su mejor baza es la opinión pública occidental. Parece ser del orden del millar. Y ello resulta asombrosamente bajo, habida cuenta de la decisión de los suyos de refugiar y enmascarar sus fuerzas entre los civiles. ¿Qué habrá sido de los «escudos humanos» españoles, de los que no se ha vuelto a hablar?

Los cacareados suicidas han sido ineficaces. Sus únicos éxitos han derivado de la compasión suscitada cuando, con apariencia desvalida (una de ellas una embarazada) pedían ayuda a soldados aliados. Poco cabe decir para calificar tal actitud. Quizá ello abra los ojos a quienes confían en tan monstruosos métodos de combate.

Aparte de los aspecto bélicos, resulta patente que todo el mundo ha suspendido opiniones respecto al conflicto, hasta ver el desenlace del mismo. Hay que exceptuar a las continuas y menguantes manifestaciones contra ello. Pero todos los gobiernos se mantienen en relativo silencio. Incluso Francia y Alemania han considerado oportuno alinearse ya con el ganador. Los países musulmanes no se han pronunciado en contra. E incluso están preparando su papel en la reconstrucción de Iraq. Todos reconocen implícitamente que quienes se han mojado tiene derecho prioritario a decidir el reparto de los peces.

España ha quedado claramente alineada con los ganadores, pero sin aportación de fuerzas de combate. Conseguirá agradecimiento de EE.UU., subcontratos de obras, atención superior a la anterior, apoyo antiterrorista, crédito político del gobierno como capaz de mantener una postura realista contra el alocamiento de la oposición, apoyo futuro en conflictos con Marruecos, etc. Cabe pensar en cómo hubiera cambiado esa perspectiva si un Tercio de la Legión hubiera entrado en combate.

Una enseñanza final es que Europa no puede aspirar a ningún papel rector en el mundo si no aborda seriamente la faceta militar de la realidad. El futuro comercial de los Leopard alemanes ha quedado tocado de ala por la experiencia probada de los Abrams americanos. La «ultima ratio regis» sigue vigente, pese a la verborrea pacifista, que no pacífica.

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(*) Los acontecimientos de «esta guerra» han convertido en «viejo» el comentario escrito «ayer». Por eso no hemos dudado en publicar el artículo de nuestro colaborador redactado apenas unas horas antes de su publicación, pues lo que intenta transmitir no tiene caducidad... por el momento.
 

CRÍMENES SIN PROTESTA
Por Antonio de Oarso

Fidel Castro ha vuelto a actuar como lo que es: un tirano. Ha encarcela a casi ochenta opositores por el único motivo de serlo, y ha fusilado a tres compatriotas que únicamente querían salir de la isla. Habían secuestrado una barcaza para dirigirla a Estados Unidos, y este ha sido suficiente motivo para ejecutarlos.

En Madrid ha habido un centenar de personas protestanto ante la Embajada de Cuba. Al parecer, eran todos, o casi todos, cubanos exiliados. Desde luego, no estaba allí ningún dirigente político de la izquierda española. ¡Cómo iban a estar si Castro es uno de sus héroes! A ellos los crímenes marxistas les resbalan, y si es cierto que se han movilizado contra ETA es porque los etarras asesinan socialistas igual que a «populares». Porque si no fuese así, habría que ver si se indignaban tanto con los crímenes terroristas. Al fin y al cabo, los etarras son marxistas y esto se tendría en cuenta, por supuesto que sí. Pero como se encuentran también en el punto de mira de los terroristas, entonces se indignan y les llaman «fascistas». De ninguna manera reconocerán la verdad: que se trata de marxistas. Que son marxistas igual que ellos. Les resulta insoportable esta verdad. Y optan por atribuirles ideología fascista, ligada al oscurantismo clerical, con resabios carlistas, etc. Pura cortina de humo. Pura filfa.

La prueba de lo que acabo de decir está en su actitud con Castro. Los crímenes de éste no les afectan. ¿Por qué? Porque se cometen contra disidentes de un régimen marxista. Y este régimen es, a fin de cuentas, el ideal oculto bajo sus soflamas democráticas. Por tanto, la consigna es: «Centrémonos en lo que nos importa: la guerra de Irak, Aznar y Bush. Dejemos a Castro en paz».

La Prensa ayuda en esa dirección, pues, como bien dice Edurne Uriarte, está copada por la izquierda. Y a más de la Prensa, la televisión y el cine. Lo hemos comprobado estos días con la descomunal expresión de protestas de todo tipo, la exhibición impúdica de los más exquisitos sentimientos ante el sufrimiento de los iraquíes, sobre todo de los niños, y el rechazo más absoluto de Bush, Aznar y, en mucha menor medida, del socialdemócrata Blair. Y, naturalmente, numerosísimas agresiones se han derivado necesariamente de esta desaforada propaganda.

Y me refiero a la exhibición impúdica de sentimientos, porque lo que más he oído y visto han sido las declaraciones en que se expresaba horror ante la muerte de los niños, y todas las personas que se han expresado así eran partidarias del aborto. ¡Es irónico, pensé, que personas tan defensoras del aborto, sientan, al mismo tiempo, tanta ternura por los niños! Misterios de la psicología humana. O bien… de la hipocresía humana.

Así que dejemos en paz a Castro. No hablemos de él, ni de sus crímenes, como tampoco hablamos de los crímenes de Stalin, de Lenin, de Mao, de Ho Chi Minh, de Pol Pot, etc. Son temas desagradables, son temas molestos. Son muchos millones de muertos, son cien millones de muertos, son demasiados muertos. Stalin decía que cuando los muertos ascienden a millones se convierten en estadística. Pues dejémoslos en estadística y centrémonos en lo que nos importa. Hablemos de Bush y Aznar.

Al fin y al cabo, Castro es anticapitalista y antinorteamericano, como su amigo del alma, Guevara, aquel héroe romántico. Ambos lucharon contra un dictador corrompido, Batista, que había convertido a Cuba en un burdel para norteamericanos.

Si bien se mira, son divertidos estos razonamientos. En la actualidad, Cuba es un burdel para el turismo sexual, en el que se incluye a menores. Es un negocio muy rentable. Y en cuanto al anticapitalismo de Castro, habría que decir que está incluído entre los treinta hombres más ricos del mundo con un patrimonio de 120 millones de dólares. ¿De dónde ha salido este dinero?

Hay que rendirse a la evidencia. Vivimos en mundo donde está entronizada la mentira, merced a que los embaucadores de izquierda dominan los media.

El embaucamiento más sangrante, monstruoso y despreciable, fue el de la revolución marxista. El movimiento que más denunció los abusos, que más hablo de igualdad, de justicia, de redención de los trabajadores explotados, ha sido el movimiento que más ha abusado, robado y asesinado, más injusticias ha cometido y más ha explotado a los trabajadores. La constatación de que tras setenta años de comunismo, la antigua Unión Soviética es lo que todos sabemos: mafia pura, incluidos los gobiernos, avala por sí misma tal afirmación. Un simple dato a reseñar: Viktor Chernomirdin, ex-presidente de gobierno, ex-comunista destacado, poseía hace unos años, y seguramente sigue poseyendo, la empresa Gazprom, la antigua empresa estatal comunista que monopolizaba toda la producción de gas en la URSS. La fortuna de este buen comunista asciende a cinco mil millones de dólares aproximadamente. Seguro que Castro dirá: «Pues mi amigo Víctor tiene mucho más dinero que yo», si alguien tiene el atrevimiento de referirse a su fortuna.

Los socialistas españoles renunciaron al marxismo para llegar al poder. Sin embargo, su origen se impuso en su gestión. Dejaron un rastro sucio de chanchullos, robos y terrorismo. Ahora amenazan con volver. Ha llegado, piensan, su hora y se lanzan como fieras contra Aznar y Bush con motivo de la guerra de Irak.

Su amigo Fidel les importuna con sus acciones drásticas que pueden desviar algún tanto la atención pública. Pero debieran comprender, y sin duda comprenden, que él también tiene derecho a aprovecharse de la guerra de Irak para cometer sus crímenes.

No van a reñir por estas trivialidades. No van a protestar. Y si acaban llegando al poder, se estrecharán sus afectuosos lazos de amistad. Pues hay algo que les une: su preocupación por el bienestar de los trabajadores.
 

LA BARBARIE ANTISISTEMA
Por Matías Cordón

Las manifestaciones callejeras sobre el tema de la guerra, derivadas en acciones tipo «kale borroka», demuestran la insensatez de los políticos que las han promovido y alentado. Pero también ponen en evidencia una característica preocupante de nuestra sociedad española actual, que sólo en parte puede ser atribuida a la incitación de los partidos políticos: La disposición, por no decir la propensión, de una parte de la sociedad a embarcarse en acciones irracionales que envenenen la convivencia social, sin parar mientes en límites de sus acciones y sin preocuparse por las consecuencias de éstas. Se trata de un problema generalizado, como sabe cualquiera que se moleste en estar informado, pero que en España adquiere particular virulencia por nuestro problema, endémico durante décadas, del terrorismo vasco.

Esa disposición alocada de una parte pone en evidencia diversos defectos del conjunto de la sociedad española: El primero es la pobre cultura educativa, que produce mentes incapacitadas para analizar serenamente situaciones, y energúmenos dispuestos a no refrenarse a la hora de manifestar su indignación. El segundo es la ineficacia de las instituciones públicas en la tarea de transmitir a quienes así actúan las consecuencias de sus actos, haciendo que se refrenen algo más, pensando que tendrán que pagar los destrozos que ocasionen. El tercer defecto destacable es la incapacidad de la parte más sensata de la sociedad en cumplir con su deber de imponerse dialécticamente sobre esos alocados, poniendo en evidencia su insensatez y desprestigiándolos.

Los tres defectos tienen un denominador común en el aspecto contracultural que ha impuesto nuestra clase política desde hace décadas. En cierta sintonía con todo el mundo occidental, desde luego, donde seguimos padeciendo las consecuencias nefastas del 68, pero con especiales circunstancias agravadoras en España. Nuestro problema particular español es que la recuperación de esa contracultura establecida es más difícil. Inglaterra, Francia, Norteamérica, y otros países, han llevado ya al poder partidos políticos que han impuesto la sensatez de la cultura tradicional en educación y economía. Pero nosotros estamos tarados por el complejo antifranquista de nuestros políticos e informadores, que no les permite propugnar nada que pudiera ser tachado, y consecuentemente descalificado, como franquista. Para ello, la clase en el poder de la información aplica reiteradamente reproches de autoritarismo, intolerancia, elitismo, reaccionarismo, etc. a quien quiera establecer una exigencia mayor de calidad en cualquier aspecto social. A título de ejemplo, se ha glorificado durante demasiado tiempo en los círculos creadores de opinión la pugna de los manifestantes contra la policía. Eso deja poso en la mentalidad social.

Dejando aparte esa faceta particularmente desgraciada de nuestra sociedad española, cabe preguntarse qué mueve a esas masas que en todo el mundo protestan airadamente contra la guerra (sólo contra ésta, en particular, por supuesto) y la globalización. Se trata de una protesta contra tendencias que parece irrefrenables, y que deberían desalentar, por tanto a quienes se oponen. El actual poderío militar americano es consecuencia de décadas de esfuerzo de esa nación en potenciarlo, frente a la dejadez en este sentido de los opositores. Parece absurdo pensar que ese poderío vaya a desaparecer, o a restringirse, atemorizado por las manifestaciones en su contra. De igual modo, es impensable que el proceso de globalización, propulsado por el admirable abaratamiento de las comunicaciones, se refrene como consecuencia de las manifestaciones y algaradas periódicas del Foro Social Internacional. Sin embargo, las manifestaciones se mantienen. Como si los manifestantes acariciasen la idea de imponerse por cansancio o desaliento de sus adversarios.

Esa imposible imposición sería, además, una incógnita, porque no se sabría qué vence. La carencia de propuestas positivas por parte de esa revuelta es manifiesta. Se destaca la pobreza o carencias de una parte del mundo, pero se prescinde de cómo paliarlas, o erradicarlas, porque la producción es coartada sistemáticamente como atentatoria al Medio Ambiente. Se protesta contra la manipulación genética de alimentos como medio de expandir la producción útil de éstos, pero no se propugna otra forma de aumentar la producción. Se critica las guerras protagonizadas por EE.UU., pero se silencia toda opinión a las múltiples salvajadas y genocidios en todo el mundo, si en ellos no participan los americanos. Se critica la moral de la Iglesia Católica, pero se omite toda crítica al comportamiento musulmán. Todo el movimiento parece dominado por una mentalidad adolescente, implicada profundamente en la protesta contra lo que le disgusta, pero confiando en que, cuando vuelva a casa, sus padres le tendrán preparada la casa caliente y sin goteras y la cena en la mesa.

La sociedad occidental actual tiene a gala no creer en nada permanente. Pero se estructura sobre la vigencia de criterios y valores elaborados por el cristianismo a lo largo de su existencia. Con su superestructura frívola combate esos criterios y valores, que acata, mantiene, propugna y defiende en privado. Se trata de un problema esencial, en cierto modo religioso. Es difícil predecir cómo va a evolucionar esa incoherencia y la sociedad que la mantiene. Pero parece claro que ese conflicto permanente va a ser origen de perjuicios.

En el caso concreto español, la pugna se define ahora, en su faceta más estentórea, entre lo que sus propugnadores enfatizan como «la inmensa mayoría del pueblo español que se opone a la guerra» y la gente que no se manifiesta. Se produce la paradoja de que las próximas elecciones municipales van a estar condicionadas por la guerra hecha por otros en un país lejano, Iraq. Unas elecciones en las que la sociedad elige en función de sus intereses más próximos, condicionadas por un hecho ajeno. Van a ser una buena piedra de toque para medir el grado de sensatez de nuestra sociedad. Donde, si esa sensatez se impone, los partidos izquierdistas pueden quedar dramáticamente revolcados como consecuencia de su postura alocada actual.
 

LA PROVOCACIÓN Y LA IMPOSTURA
Por Pío Moa

Tomado de «La Razón», 13 abril de 2003

Un grupo autodenominado «Recuperación de la Memoria Histórica», muy jaleado en los medios políticos y de comunicación, lleva años desenterrando restos de fusilados durante la guerra civil. En principio está bien, en cuanto ayude a los deudos de dichas personas que quieran recobrar los restos. Pero en realidad se trata de un simple pretexto. Ya el pomposo título que se arrogan, «recuperar la memoria histórica», nada menos, pregona el fraude. Sólo una parte mínima de la memoria histórica puede encerrarse en esos huesos. Y aun esa mínima parte es falseada por ese grupo, pues intenta transmitir una imagen de «buenos y honrados republicanos asesinados por los malvados franquistas o fascistas», olvidando por completo a los derechistas asesinados por los supuestos republicanos (en la guerra hubo poquísimos republicanos. La mayoría eran anarquistas, socialistas y comunistas, que precisamente habían llevado a la república a la ruina). Olvidando también a los izquierdistas asesinados por las propias izquierdas, en las reyertas producidas entre ellas. Hay un cinismo increíble en la pretensión de que con ello aspiran a la reconciliación. ¿Cómo podría reconciliar una visión tan parcial y fraudulenta como la que difunden? Pretensión, por otra parte, oficiosa e innecesaria, pues salvo algunos fanáticos irreductibles, hoy día todo el mundo está reconciliado en España, y la inmensa mayoría aspira a conocer la historia como pasado, sin la emocionalidad turbia que le infunden esos «recuperadores». Si realmente quisieran la reconciliación, tendrían que decir: «Desenterramos los huesos de personas asesinadas en una contienda fratricida, en la que ambos bandos cometieron atrocidades a causa de un clima de odios que no debemos permitir que se repita». Pero es justamente lo contrario. Se dedican a un macabro juego político, utilizando los cadáveres para recuperar las emociones malsanas que llevaron a aquellos sucesos. Además, para servir realmente a la historia, el grupo de marras tendría que añadir: «Aquel clima de odios fue impulsado deliberadamente por políticos y partidos que se rebelaron, en octubre de 1934, contra un gobierno democráticamente elegido, y en 1936 intentaron, desde el poder y desde fuera de él, aplastar a la derecha, motivando la sublevación derechista de julio del 36. Esos partidos se odiaban tanto entre sí que, a su vez, se persiguieron ensañadamente unos a otros, hasta el extremo de provocar dos guerras civiles entre ellas, dentro de la guerra general». Estas cosas, nunca señaladas por los recuperadores, son la pura verdad, y es bueno que los jóvenes la vayan conociendo. Como para llevar adelante su lamentable falseamiento de la historia se han amparado en la labor aparentemente humanitaria de desenterrar los cadáveres, casi nadie les ha replicado aún como es debido, y el resultado es que van cada vez más lejos en sus ejercicios de la hipocresía y el cinismo.

Ahora acaban de mandar a los obispos una nota de desvergüenza asombrosa, con la que hacen la máxima publicidad en los medios. Los que intentan imponer una versión histórica incompatible con los datos y los documentos, pretenden exaltar a las víctimas de un lado y vejar y dejar en el olvido a las del contrario, exigiendo que el recuerdo de ellas, mantenido en algunas iglesias, desaparezca. Pretenden que la Iglesia, que sufrió la mayor y más sangrienta persecución religiosa de la Historia, pida perdón a sus martirizadores, cuyos herederos ideológicos, casualmente, ¡no se arrepienten de nada! Quienes se identifican con los que colaboraron con Stalin, a quien entregaron de lleno el destino de su régimen, que habría sido el destino de España si hubieran llegado a triunfar, exigen que la Iglesia pida perdón por haber colaborado con quienes la salvaron del exterminio. La reacción de los obispos a estos recuperadores del odio y falseadores de la Historia está siendo ciertamente inadecuada. La verdad debe ser defendida con claridad y firmeza, porque es la única base posible de la reconciliación. No lo es, en cambio, permitir ambigüedades y hacer concesiones a la falsificación sistemática de nuestro pasado, que tanto ha envenenado, por ejemplo, a muchas personas de mi generación.
 

COMENTARIOS
Por Españoleto

LA SITUACIÓN DE ESPAÑA, TRAS LA GUERRA

España sale de la guerra prestigiada por haber apoyado a los ganadores. Y desprestigiada ante estos por no haber sido capaz de apoyar con tropas lo que sostenía con fuerza. Con su gobernante prestigiado por haber sido capaz de mantener su postura frente a oposición interior y exterior. Y beneficiada en potencia como suministradora de subcontratos con compañías americanas encargadas de poner a Iraq de pié, tras veinticinco años de desbarajuste. Y con tiempo de serenar los ánimos de modo que las elecciones municipales sirvan para dirimir temas municipales, no histeria emotiva.
 

LA PEREGRINA SUGERENCIA DE UN SINDICATO DESNORTADO

La UGT ha pedido a los empresarios que destinen a un Fondo pro Víctimas de Iraq el dinero que no paguen a los trabajadores en huelga por la guerra. No solamente enloquecen distorsionando a su sociedad con una huelga por un motivo absurdo, sino que se comportan como niños exigiendo que otros coticen a quienes ellos quieren e ignoran el daño que realmente hacen. Independientemente del éxito que llegue a tener la huelga, ese sindicato ha demostrado una vez más que no sabe qué son los intereses de los trabajadores.
 

LA CONFUSIÓN HOMICIDIO/ASESINATO

La beatería lingüística consiste en el empleo de términos de forma insistente, sin parar mientes en su auténtico significado, que pierde importancia respecto a su aceptación común. En España estamos abusando tanto del calificativo de asesinato que hemos perdido el uso y el significado de lo que es un homicidio, confundiendo ambos. Así los dos periodistas españoles muertos en Iraq han sido «asesinados», según decía un comentarista. Sólo falta decir que por Sadam y Bush, al alimón. Todos los manifestantes que califican de asesinos a los cargos electos del PP agreden innoblemente y a sabiendas. Pero quien habla de los tres o cuatro «asesinatos» de la médico loca de la Clínica de la Concepción no sabe de qué está hablando.







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