El Risco de la Nava - Nº 164
Fecha Jueves, 01 mayo a las 12:18:59
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 164 – 29 de abril de 2003

SUMARIO

  1. Política soberana, por Antonio de Oarso
  2. El grado cero de la civilización, por Aquilino Duque
  3. La sinrazón nacional, por Matías Cordón
  4. ¡Ye un Monstruo, oh!, por Eulogio López
  5. Galería de pendejos: El profesor Dr. Tilbert D. Stegmann, por Alvarfrías


POLÍTICA SOBERANA
Por Antonio de Oarso

La falta de armonía entre los países de la Unión Europea en su disposición hacia la guerra de Irak, podrá ser considerada por algunos como un gran mal, pero no es más que la manifestación de que los intereses de los Estado-Nación que componen dicha unión no es homogénea y la pretensión de que lo sea, o de que algún día lo sea, puede pecar de poco realista.

Tomando como modelo a los Estados Unidos de América, hay entusiastas que anhelan que Europa realice una construcción política similar. En España, sobre todo, abundan quienes así piensan. Puede que esto se encuentre relacionado con el hecho de que, según las encuestas, España es la nación europea con menos conciencia nacional y menos patriotismo, lo cual puede llevar a muchos a tener como ideal el diluirse en una entidad más grande.

Pero el proyecto de que un continente con unas naciones de tan distintas y contrapuestas historias, con distintas lenguas, distintas razas, y hasta distintas religiones, llegue a constituirse en Estado federal pertenece más al mundo de las aspiraciones utópicas que al de las realidades políticas. Pensar siquiera que Gran Bretaña, por ejemplo, vaya a modificar su política exterior, sus relaciones trasatlánticas, por una presunta voluntad omnímoda europea radicada en Bruselas, resulta disparatado.

Más realista es pensar en una confederación de Estados soberanos con un mercado único, que es la realidad actual, y que irá estrechando su cohesión interna, aunque conservando siempre cada Estado su soberanía, y la posibilidad, por tanto, de separarse de la confederación en una hipotética situación excepcional.

En la Constitución que se está estudiando para Europa se preserva el derecho de veto de cada Estado miembro en las resoluciones que se planteen, siempre que se aporten motivos graves. Es lo que se está estudiando en estos momentos. La supresión del veto no se contempla.

Esta soberanía de los Estados-Nación es, pues, inevitable. Pero es que también resulta deseable. Por lo menos para los que, sin ser nacionalistas, sustentamos ideas nacionales. Esta consideración es la que nos mueve a aprobar la posición adoptada por el Gobierno español en la crisis de Irak. Se han tenido en cuenta más los intereses de España que los de una Europa condicionada por el eje franco-alemán.

España no tiene por qué ser un apéndice de dicho eje. Ya se ha comprobado el comportamiento de Francia en el problema del terrorismo durante veinticinco años, y si ahora han cambiado algo ha sido por interés propio. Se ha visto también su comportamiento en la crisis hispano-marroquí, la cual ha ido encauzándose por presión de Estados Unidos. Francia mira, ante todo, sus intereses nacionales. España debe hacer lo propio.

Una relación estrecha con Estados Unidos es muy conveniente para España. De por medio está el problema terrorista, que nos une, y en el que la ayuda americana está resultando fundamental, según dicen los expertos. Nuestros lazos con Hispanoamérica, que en estos momentos han dejado de ser mayormente retóricos para concretarse en algo más material (somos el segundo inversor en la zona), nos aconsejan coordinar con Estados Unidos nuestra gestión de ayuda al desarrollo de esta región. El antiyanquismo a flor de piel de estos países no debe ser un obstáculo.

España, lo mismo que Gran Bretaña, es un país netamente europeo, pero con proyección e intereses trasatlánticos que debe atender ineludiblemente. Y si es poco concebible la supeditación de los intereses británicos a la dirección política de un presunto ente superior llamado «Europa», también debiera aplicarse esto a España.

La perdurabilidad de los Estados-Nación parece estar asegurada. Y su conveniencia es valorable, en términos generales, por otros motivos. Porque existen procesos globalizadores a nivel económico dirigidos por entes cuyo poder supraestatal acaba resultando una amenaza para muchos países. Los analistas políticos y económicos de Iberoamérica acaban siempre coincidiendo en achacar al liberalismo extremo y a la globalización económica gran parte de los males que les aquejan. Es necesario que para paliar estos efectos indeseables los Estados mantengan un poder suficiente en el área económica. Es decir, lo contrario de lo que se preconiza en esos encuentros de la Trilateral, del Grupo Bilderberg, etc., donde se aconsejan políticas desnacionalizadoras para que el gran capital carezca de toda traba en su expansión.

La decisión de Aznar de alinearse con Estados Unidos en la crisis de Irak ha sido, pues, acertada, ya que ha sido una muestra de independencia política, de correcta política nacional, aunque la oposición se exprese en diferentes términos, naturalmente. Unas estrechas relaciones con Estados Unidos ha de dar, está dando ya, a España más peso ante sus socios europeos. Y, paralelamente, Estados Unidos ha de valorar mucho el establecer unas relaciones especiales con otro Estado europeo, además de Gran Bretaña, con vistas a neutralizar la posibilidad de una Unión Europea dominada por el eje franco-alemán y rival y quizás hostil en el futuro.

Esta situación singular de España debiera ser apreciada y cultivada por políticos de temple, tanto en el partido gobernante como en el de la oposición.

Pero es precisamente la actitud de esta oposición lo que constituye un factor preocupante para los tiempos venideros. No se trata sólo de la agitación antigubernamental promovida, de la violencia suscitada, del extremismo de las posiciones pacifistas, actitudes recientes que denotan irresponsabilidad. Se trata de la vacuidad e incompetencia que muestran tanto el líder de la oposición como sus adláteres. Rodríguez Zapatero se halla instalado en el reino de las generalidades y de los eslóganes. Y, además, demuestra escasez de carácter y carencia de ideas. Aunque más exacto sería decir que se apropia de cualquier idea que considere que es conveniente en un momento dado. En Cataluña estará plenamente conforme con el federalismo asimétrico y con la reforma del Estatuto. En Madrid, con la unidad de España. En Andalucía, con otra cosa. De una rueda de Prensa que sostuvo recientemente, una periodista manifestó que «salí con los pelos de punta». Naturalmente, se mostró totalmente contrario a la postura de Aznar en la crisis de Irak, y declaró que «tenemos que estar al lado de los países que nos han enseñado a ser europeos». Una frase de lo más humillante y despreciable para un español normal. Y preguntado sobre el problema vasco, manifestó que la solución la tenía clara. ¿Y cuál era esta? Pues bien, «pacto con la Corona e integración total en la Unión Europea». Es decir, la ilusión permanente de Arzallus. Parecía deducirse, aunque lo no explicitó, que su ideal era una Unión Federal Europea, en la que, plenamente integrados todos, el País Vasco pudiese mantener algún vínculo, siquiera nominal, con la Corona española. Es una suposición, porque no se sabe exactamente lo que quiso decir, y hasta es posible que él mismo no lo supiera. No es extraño que la periodista saliese de allí «con los pelos de punta».

La posibilidad de que un hombre tal llegue a gobernar España constituye un peligro considerable. Supondría un retroceso en el progreso realizado en los últimos años, incluida la lucha antiterrorista. Por lo menos, es lo que inducen a pensar sus palabras y actitudes.
 

EL GRADO CERO DE LA CIVILIZACIÓN
Por Aquilino Duque

El saqueo y la destrucción del Museo Arqueológico y la Biblioteca Nacional de Bagdad ante la mirada tolerante de las fuerzas armadas invasoras o liberadoras, según se mire, dice mucho del grado de civilización a que hemos llegado en Occidente. Ese grado cero de la civilización se cifra en una palabra: tolerancia, y su fundamento está en la neutralidad ética del llamado «Estado de derecho», en virtud de la cual nadie está autorizado a distinguir el mal del bien.

Con el lema equívoco de «Democracia o barbarie» se convoca un ciclo de conferencias por parte de unos ciudadanos/as preocupados/as por el «retorno de las religiones de salvación, y con ellas al auge de fundamentalismos e irracionalismos». Digo que el lema es equívoco, pues la conjunción «o» para ser adversativa, tendría que repetirse. Sola como está, no establece antinomia, sino equiparación, cosa nada descabellada si se tiene en cuenta lo ocurrido en Bagdad al llegar la democracia.

Las «religiones de salvación» –y el Islam es una de ellas– distinguen el mal del bien y, por consiguiente, la barbarie de la democracia. Nosotros en cambio somos tan tolerantes que no entramos en esos distingos y hacemos como aquel demócrata que preguntó qué temperatura hacía en el exterior y, al decirle que 0 grados, exclamó: «¡Qué bien, ni frío ni calor!».
 

LA SINRAZÓN NACIONAL
Por Matías Cordón

La historia española de los últimos dos siglos está plagada de enfrentamientos internos nacionales. En claro contraste con la relativa placidez de convivencia nacional durante los tres siglos anteriores, en estos dos últimos la excepción han sido los períodos de actividad tranquila, sin enfrentamientos. Diversas guerras civiles han quemado la fogosidad social, que sólo una breve y desastrosa guerra exterior, aparte de la francesada y los frecuentes conflictos con Marruecos, ocupaban. Las guerras civiles son estallidos de conflictos larvados durante un tiempo, como consecuencia de algo irresponsablemente acumulado por pugnas políticas desmesuradas. Una de esas desmesuras es el agrio enfrentamiento actual (ciertamente, unilateral) por algo tan nimio como nuestra ligera implicación en la guerra de EE.UU. contra Irak. Con motivo tan ajeno a nuestros interese inmediatos se ha disparado una feroz campaña de descalificaciones, vandalismo, agresiones personales y encono interior que, según algunos comentaristas, puede llegar a condicionar preferentemente nuestras próximas elecciones locales. Se produce, una vez más, el triste fenómeno del cainismo ibérico, capaz de la destrucción del hermano por motivos realmente nimios. Es decir, con simplicidad del análisis aplicado a los planteamientos políticos que se alega como motivo de la trifulca.

Esta actitud ha conducido a lo que se autocalifica como izquierda, y a una buena parte de la derecha, a una abominación de la historia propia, y a la denigración generalizada de nuestra realidad. Nuestros servicios, nuestros sistemas de comunicaciones, nuestra producción, son denigrados, con ocasión o sin ella, en cualquier conversación. El verso de Quevedo, que identificaba nacionales, «Si habla mal de España, es español», tiene múltiples variantes de aplicación actual en nuestra sociedad. La más generalizada es la tendencia anarquizante, de reconstruir constantemente el Estado sin tener en cuenta consideraciones externas o anteriores a nosotros. Y consentir que otros denigren nuestro entorno. Recientemente ha aparecido por nuestra actualidad la actriz francesa Catherine Deneuve, que se ha permitido opinar en público (con motivo de la postura oficial española sobre el conflicto con Irak) que «hoy no se sentiría orgullosa de ser española», frase que ha sido aireada por nuestros medios de comunicación, sin comentarios contrarios. Admitimos que vengan a despreciarnos a nuestra propia casa, sin echarles con cajas destempladas.

El resultado es un debilitamiento exterior de nuestra postura nacional, pues cualquier adversario de una postura española sabe que puede darla vuelta al oponente y encontrar algún conacional de éste dispuesto a aliarse con el extranjero y argumentar a favor de sus razones, contra las propias. Las voces más opositoras al proceso de beatificación de Isabel la Católica se alzan en España. Las descalificaciones acerca de la acción exterior de España pueden surgir en cualquier sitio, pero son aplaudidas por un sector de la opinión española. Las previsiones más pesimistas, o las opiniones más negativas referentes a nuestro futuro, encuentran eco abonado en parte del pueblo español. Nuestra sociedad gana penosamente confianza en sí misma. Y la pierde bruscamente ante cualquier embate contrario que recuerde la Inquisición o cualquier otra pretendida negrura mental española. El orgullo nacional está proscrito entre nosotros por la mentalidad dominante.

La contrapartida, que podría ser lo que en su día se denominó «Formación del Espíritu Nacional», es denigrada sistemáticamente por esa mentalidad dominante. No se nos permite procurar la autosatisfacción, que el resto de los europeos y los norteamericanos procura continua y sistemáticamente, no sólo en escuelas, sino en películas, novelas y cualquier medio de comunicación, con ocasión y sin ella. En nuestro caso, a la oposición y desprestigio de tal posibilidad de potenciar la autosatisfacción nacional por parte de nuestros «opinantes» nacionales, se une la actividad exclusivista de nuestros alocados nacionalistas. Estos se dedican intensamente a enriquecer su pasado particular y a enconar diferencias con el resto de los españoles, cuyo derecho a tener orgullo nacional niegan.

Pero ese orgullo nacional español existe realmente en la mayor parte de nuestra sociedad, que lo mantiene soterrado, y bajo una cierta capa de cinismo, por miedo a la presión contraria. Y la necesidad de apoyarlo es perentoria. Utilizando para ello todos los recursos de producción españoles. Se trata de la tarea pendiente de cualquier partido político español con pretensiones hegemónicas. No pueden presentarse ante los electores españoles alegando exclusivamente propósitos de eficacia, igualdad, o lo que sea. Tienen que tener en cuenta que se dirigen a españoles, con su problemática diferenciada respecto a los de otras naciones. No es ese el caso actual, en el que tanto el PP como el PSOE, se ocultan tímidamente tras alegatos identificados como «constitucionalistas» en todas sus controversias con regionalistas. Es muy difícil oír la palabra España en un político español actual, si está hablando dentro de nuestras fronteras.

La polémica actual acerca del aislamiento internacional de nuestra Nación es paradigmática de este problema. Tras la pretendida repulsa de la colaboración en la guerra de Irak se esconde un sentimiento de retraimiento por considerar que no somos capaces de actuar dignamente. Los análisis que lo disfrazan, acerca de sufrimientos de civiles o legalidad internacional, suelen tener muy escasa consistencia. Se acaba con lo que se considera un argumento supremo: que una muerte es ya demasiado. Pero la realidad es que, con nuestras fuerzas armadas recibiendo crédito político sólo por sus tareas humanitarias, o por lo eficazmente que recogen chapopote, nadie cree que estemos en condiciones de jugar un papel digno internacional, en caso de conflicto. Pese a la aparente incongruencia, ello nos reafirma socialmente en disminuir aún más nuestros gastos en Defensa, para no malgastarlo en una tarea sin remedio.

Mientras el objetivo político de un bando político sea la desarticulación de la Nación o la desacreditación de nuestra historia, o mientras ese bando considere que el peligro de tal desarticulación o desacreditación por parte de otros no es importante, tendremos escasa posibilidad de actuación exterior. Sólo disponiendo de una base sólida interior se puede establecer una pugna política fructífera. Y pese a quienes se felicitan por los logros políticos conseguidos en los últimos veinticinco años (Aznar, por ejemplo, en su última entrevista), la solidez nacional no ha mejorado, sino empeorado. Hay excesiva irracionalidad en nuestros enfrentamientos internos. Algo que la sociedad detecta, confiando en que se produzca un pacto nacional básico entre los dos grandes partidos nacionales, que lo remedie. Algo en lo que, con la satisfactoria excepción del pacto antiterrorista y su consecuente ley de partidos políticos, los dos partidos continúan fallándonos.
 

¡YE UN MONSTRUO, OH!
Por Eulogio López

Tomado De Hispanidad, 25.04.03

Según el diario El Mundo, el científico James Watson es «un portento de la naturaleza». Es decir, que no sólo es un PC (Prestigioso Científico), sino un PN (Portento de la Naturaleza, como creo haber dicho antes). Tan PC y tan PN resulta el chavalote, que la entrevistadora de este diario reseña que hace gala de una «vitalidad prodigiosa». O sea, como diríamos en mi Asturias natal, «¡Ye un monstruo, oh!».

¿Por qué es un monstruo nuestro «Prestigioso Portento»? Pues, porque avala, con todo su acumulado prestigio investigador, la manipulación genética (o sea, el troceamiento de seres humanos en formación), naturalmente para «mejorar la vida humana». Y, porque de paso, el monstruo PC y PN recuerda que «lo terrible de la Iglesia Católica (ya salió aquello) es que su actitud está frenando la investigación».

Y claro es que Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, tiene un corazón sensible, y estas cosas le emocionan mucho. Por eso, ha llevado al bueno de James («¡Ye un monstruo, oh!») a portada, justo en vísperas de que el Gobierno Aznar decida qué hacer con los cerca de 40.000 embriones sobrantes almacenados en la clínicas de fecundación «in vitro». Es pura casualidad, naturalmente.

Ya puestos, nuestro PC, PN y YUMO (acróstico de «¡Ye Un Monstruo, Oh!») introduce su vitalidad en otros campos: «Hay casos en los que la clonación humana estaría justificada». Y no les quepa duda, un portento de la naturaleza sería el encargado de decidir cuáles son esos casos. Sin ir más lejos: James Watson.

Naturalmente, nuestro YUMO, al igual que su entrevistadora, se cuidan mucho de ocultar la gran mentira: afirman que el troceo de embriones se hace «para mejorar la vida humana». Uno se pregunta cuál es la vida humana que se mejora. Desde luego, no la del embrión, ni tampoco se sabe de ninguna persona ya nacida cuya vida haya mejorado a raíz de la utilización de células madre embrionarias. Sí se sabe de muchos enfermos de corazón, por ejemplo, que han mejorado gracias a la manipulación de células madre adultas, pero, no lo duden, el éxito de las embrionarias se espera a cada instante.

Lo que sí es cierto es que con la pretensión de trocear embriones ya hay una vida que ha mejorado: la de los científicos que lo postulan. Sólo en gloria, reconocimiento y subvenciones, especialmente subvenciones, un mundo se abre ante ellos.

Pues no. Nuestros PC, PN y YUMO, al menos los que fotografían en El Mundo, están empeñados en que las célula madre no les bastan y, pretenden, obsesivamente, meterle mano a los embriones. ¿A qué se debe esa obsesión, además de la gloria científica de ser el primero, aunque sea pionero en algo aberrante? Pues, al gusto por la muerte. Sí, la guerra, la denostada guerra, acaba por gustar, y la muerte... aún más. Cuando se habla de la cultura de la muerte nos referimos al embrujo y la atracción que ésta ejerce sobre todo desesperado. El que ya está engolfado en esta forma de pensar y de sentir, no es que permita la muerte del ser humano inocente, es que disfruta con el espectáculo, con ese vértigo que proporciona la desesperanza. Y no están faltos de razón: si el hombre es una pasión inútil, lo mejor es eliminarlo, contemplar, como un estoico de los viejos tiempos, cómo la Humanidad se precipita hacia el abismo, cómo arde Roma mientras Nerón toca la lira. El mundo se va a freír espárragos, mientras yo contemplo tan artístico espectáculo. La muerte siempre ha servido para inspirar a los tristes.

Es más, esta macedonia de ciencia, arte y muerte también está relacionado con nuestro YUMO, el doctor Watson. Cuando, junto a Francis Crick, desveló la estructura de la molécula de ADN, el divino Salvador Dalí, quien se llamaba a sí mismo «Hijo del inmortal creador Figueras», lo dejó patente en su obra: «El gran masturbador en paisaje surrealista con ADN». Y es que la ciencia, el arte y Pedro J. viven hermanados.

Porque eso era Dalí, otro YUMO. Como James y como Pedro J.
 

GALERÍA DE PENDEJOS
Por Alvarfrías

EL PROFESOR DR. TILBERT D. STEGMANN

Un amigo mallorquín nos ha enviado una hoja que dice:

    DECÁLOGO DEL CASTELLANOPARLANTE QUE VIVE EN BALEARES

    Por el profesor Dr. Tilbert D. Stegmann del Institut fur Romanische Sprachen und Literaturen der J. W. Goethe-Universitat. Frankfurt am Main. Alemania Federal.

    1. Interésate por la lengua del país que te ha acogido: sólo el conocimiento de la lengua catalana te permitirá sentirte plenamente «en tu casa», en Baleares.

    2. Lucha contra la inbjusticia fomentada durante la dictadura. Toda represión de una lengua o cultura es un acto de barbarie.

    3. Haz respetar tanto la lengua catalana como la castellana y respétalas tú mismo. Las dos lenguas son igualmente dignas. Ambas evolucionaron cada una de por sí de la lengua latina (como también el italiano y el francés, por ejemplo).

    4. No tengas miedo de comprender y aprender el catalán; es mucho más fácil de lo que piensas. Basta que al principio pidas a todos los que lo saben que te hablen lentamente en catalán y que te expliquen de cuando en cuando una palabra que no entiendes. Bastan unas horas de conversación atenta para que te acostumbres a comprender el catalán.

    5. Cómprate diarios y revistas en catalán. Verás que es muy fácil leerlo. Si algo no lo comprendes bien, dile a un mallorquín que te lo explique. Verás como se alegra de hacerlo. Te alabará tu interés. Ponte a oír los programas de radio en catalán y las emisiones catalanas de televisión.

    6. Comienza lo más pronto posible a pronunciar los saludos y las frases de cada día en catalán. Si tienes miedo de que te corrijan, adelántate preguntándoles la pronunciación correcta. Ya los habrás ganado a todos. Cuando se haga más difícil la conversación, salta tranquilamente al castellano. Cuando te hayan vuelto los ánimos, haz otro esfuerzo en catalán, sin miedo. Ahí están los castellanoparlantes para ayudarte.

    7. Aprovecha la oportunidad que te brinda el vivir en Baleares para aprender tusegunda lengua. El catalán será tu llave para aprender con mucha más facilidad y con mucho más éxito una lengua extranjera que si lo hicieras directamente y sin pasar por el catalán. Si alguna vez has empezado con otra lengua y no te ha salido bien, el aprendizaje del catalán te abrirá un nuevo camino.

    8. Vigila que tus hijos aprendan catalán –tanto en la calle y con amigos como en las escuelas-. Te maravillarás como hablarán pronto un catalán perfecto. Muchos pueblos en el mundo saben hablar con facilidad dos, tres o cuatro lenguas. Todos tenemos la inteligencia para hacerlo. Lo que importa es la voluntad.

    9. Matricúlate en un curso de catalán –para que vayas mejorando y corrigiendo lo que ya has aprendido-. Si no hay curso de catalán, exige a tu ayuntamiento que lo ponga en marcha.

    10. Ten en cuenta siempre: el dominio del catalán te hará verdadero ciudadano de las Baleares. Además te habrá llevado a comprender cómo entrar en contacto con otras lenguas europeas y a sentirte más ciudadano de Europa.

Terminando el panfleto con la siguiente proclama:

    Es un texto divulgado por la «Comissió Territorial de les Illes Balears del II Congrés Internacional de la Llengua Catalana» y «Obra Cultural Balear». Apartado 619. Palma

Declaramos, para que nadie nos interprete mal, que la lengua catalana nos merece el mayor de los respetos, y que es la que tradicionalmente se habla en las provincias catalanas.

Pero eso no quiere decir que los «invasores lingüísticos» tengan patente de corso para invadir otras regiones españolas que, a su vez, tienen lengua propia.

Y al traer a nuestra Galería a las entidades que divulgan el panfleto, incorporamos al Dr. Tilbert etcétera con todos los honores. No sabemos si existirá, ni si habrá redactado la hoja; pero no cabe duda que quien sea el autor es un buen manipulador. Se nos ocurren más impresiones al respecto, pero nos remitimos sólo a los epítetos que valencianos y baleares emiten sobre el deseo de «inmersión» del catalán en sus respectivas provincias.







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