Altar Mayor - Nº 86 (17)
Fecha Viernes, 30 mayo a las 20:24:24
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 86 – mayo-junio de 2003

Rincón poético
REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA
Por Francisco Gelonch

CONCIENCIA
Pegado al vidrio policromo que te mancha
Verás llover
Una lluvia de racimos de vid negra.
Negro será el paisaje que entreteje
El desierto de mortajas desoladas.
Allí una madre que agoniza y que regala
De su seno devastado, sangre y leche
Y amamanta con su amor y con su odio,
Su nutriente vital y rencorosa,
Al vástago viril, hijo de Marte,
Que ve a Dios teñido en rojo, incomprendiendo
La injusticia, la violencia, la barbarie.
«Dies irae, dies irae» grita el profeta,
«Quo usque tandem» le responde el oprimido.
Tiembla el suelo, tiembla el sol, tiembla el planeta
Y vos.
¿Puede el espasmo de mil muertes sacudirte
Si la música es acorde?
Más allá de lo morboso, aún eres hombre.
Te percibo sollozante, conmovido.
Nada peor que el alarido de tu esencia
Y el saber cada momento del calvario
Que cerraste los ojos tantas veces,
Que negaste tu latido a tus hermanos,
Que tu vida se va a ir, como cualquiera,
Y que el día que repases cada paso
Sólo habrá un par de testigos desalmados
Bien dispuestos
A probar que fuiste un tibio, un oportuno,
Que quisiste brillar en las vidrieras
Del hoy.
Y ya ves lo inútil de tu tiempo,
de ese tiempo derrochado sin tapujos.
¿Qué hizo tu cuerpo, tu gracia, por el mundo?
Nada.
Y ahora yaces, pusilánime, acabado,
Vas muriendo aunque sigas respirando
Porque mata el dolor de ser humano
Y saber que el asesino tan odiado
Es tu conciencia.

EXAMEN
No hace falta ser muy sabio, ni analista
Para entender cómo el suicida va cavando,
Postmoderno, el sepulcro de su espíritu,
Tu tumba.
¿Fuiste Dios? Al menos lo creíste;
Desafiaste al Creador, vil criatura,
No aceptaste ni consejos ni ataduras
Porque tu ética perversa te ubicaba
Más allá.
Te burlaste de los pobres, de los ricos.
Tu precoz inteligencia subsanaba
Tristemente
Tu rencor, puesto que, al fin y al cabo,
Tu maldita erudición y tus encantos
Eran máscaras de barro bien pintadas
Que ocultaban la desdicha de sentirte
Inferior.
Porque es cierto que cuan hijos del pecado
Todos tendemos
Al barro del grosero,
A la miel de la lujuria,
Al olvido en el alcohol.
¿Cómo podríamos ser libres y ser santos
Sin tener que soportar las tentaciones?
Pero, no por ser de carne, es permitido
Solazarse en el error pecaminoso
Que disculpa al ignorante, mas no al tonto
Que se carga de cadenas, de pasiones
A sabiendas de que su acto está pagando
El Calvario de la Cruz, con su desprecio.

CONTRICIÓN
Imprime mi alma el fuego de la letra
Porque del Verbo viene y a Él se dirige
Y no hay mares que aplaquen esa llama,
Mi conciencia,
De saber que la suma de los males
Que ha sufrido en la Historia el mundo entero
Es la ausencia del Bien que no hemos hecho
Por pereza,
Por soberbios.
«Miserere» clama mi alma al firmamento,
«Y, por Dios, se vuelva llaga mi amargura
Para nunca olvidar cada momento
Que algún prójimo sufrió por mi locura».
Fiera herida es la Verdad cuando te marca
Con la Luz que te permite ir descubriendo
Que no hay que ir a buscar allá tan lejos
Las razones de tanto sufrimiento.
Fue quizás mi desparpajo, mi ironía,
Quien mordió algún cadáver del desierto
Y ningún chivo expiatorio serviría
Para borrar de un rostro bien despierto
El saber que es responsable, día a día,
De las almas de los vivos y los muertos.
Y no alcanza con pedir perdón a algunos,
Sólo cabe arrodillarse y en silencio,
Implorar misericordia repitiendo:
«Mea culpa»
Por la guerra,
Por el hambre,
Por la injusticia,
Por el dolor
Y rogar que la Piedad de los guerreros
Que libraron con tesón el Buen Combate,
Las ánimas sobrevivientes a nuestro daño,
Acerquen al Supremo nuestras voces
Que suplican entre bombas y delirios
«Ora pro nobis».

Córdoba, Angentina, 19 de Marzo de 2003









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