El Risco de la Nava - Nº 181
Fecha Miércoles, 27 agosto a las 19:10:27
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 181 – 26 de agosto de 2003

SUMARIO

  1. No los hubo, por Ángel Palomino
  2. La gran contradicción del pensamiento progresista, por Alberto Buela
  3. Ruleta rusa, por Aquilino Duque
  4. Vileza sectaria, por Antonio de Oarso
  5. España, por Antonio Castro Villacañas


NO LOS HUBO
Por Ángel Palomino

Al general Galindo lo trasladaron, cabe imaginar que en conducción ordinaria, esposado y vigilado por guardias civiles -lágrimas corrían por las mejillas del duque de Ahumada; lagrimas en los cuadros de las Salas de Banderas- a la prisión de Ocaña. ¡Al penal de Ocaña, Dios!, como delincuente común, paisano convicto

No hubo osadía ni descaro ni temple para indultarlo.

Nadie tuvo lo que hay que tener.

No los han tenido.

No los hay.

Las comparaciones son odiosas -dicen- y más en este caso que nos llevaría a la aberración de comparar a un servidor del orden, un jefe repetidamente condecorado por méritos extraordinarios en largos años de enfrentamiento con peligrosos forajidos como aquel a quien el levantisco político democristiano Atucha (de los Atucha sin tx de toda la vida) permitió presidir, en su antidemocrático y rebelde parlamento autonómico, la Comisión de Derechos Humanos como cargo adecuado al historial de un asesino de niños con sus madres y sus padres que cometían la intolerable ofensa urbana de habitar en una casa cuartel de la Guardia Civil.

El asesino se halla, transitoriamente, en paradero desconocido; tiene abandonado su escaño batasuno y su sillón presidencial de garante de los derechos humanos por propia voluntad, fugitivo de sí mismo y de la atuchacámara que encubre, paga y ampara a sus compañeros de banda.

No los hubo.

No los hay.

Cobardía sí, pese al gesto de Barrionuevo que es sólo un viva, un olé, un grito eficaz como cantazo en las quietas aguas del océano. Cobardía, sí. Cobardía en el Gobierno. Cobardía en la Oposición que agrupa, asienta y sostiene en el oficio de diputados a quienes gobernaban cuando se produjeron esos hechos que dieron lugar a la sentencia. Cobarde España que calla, que consiente sin gritar este atropello -ahí quiero yo ver a Zapatero y a su monaguillo colorao sosteniendo la pancarta- en momentos en que ETA, sus cómplices y sus padrinos ibarrechistas están echando un pulso a todos los poderes del Estado -uno por uno y todos juntos- en petulante desafío de gestos decimonónicos, chulanganerías arzullarras, frases huecas y gitanísimo racismo de diferenciación absoluta con el payo, con el maketo. Y un diálogo unidireccional con soporte dialéctico de trinitrotolueno, cloratita y parabellum.

¿Quién explica al pueblo vasco su indefensión, su vida aterrada, chantajeada, mientras los burgueses nacionalistas se pasean sin escolta? ¿Quién explica la prisión del general Galindo mientras la autoridad competente no detiene y entrega a la justicia a políticos rebeldes que, además de sus enfrentamientos con los más altos tribunales, perciben pagas y finanzan grupos terroristas exparlamentarios? Y ¿qué sanción, multa o prisión se ordenan para los fantasmones que hacen discursos paranoicosubversivos en los aberriaquelarres aldeanos?

No los hubo. No los hay.

Ni para indultar a Galindo ni para dar el trato adecuado a los sabinianos esquizofrénicos y alborotapueblos.

Como clamaba la distinguida señorita Nuria Bermúdez acosada por los abertzales borrokosociales de Crónicas Marcianas: «¡Papa, llama!».

¿A quién, hija, a quién? ¿Al Gobierno? ¿A la oposición? ¿A Aznar que se enfrenta -macho el tío- con Saddam y no se atreve con el viejo bocazas que recoge las nueces del árbol vasco sacudido por ETA?
 

LA GRAN CONTRADICCIÓN DEL PENSAMIENTO PROGRESISTA
Por Alberto Buela

Nuestra sociedad, la Argentina actual, este cotidiano padecimiento de no saber a dónde vamos ni de dónde venimos, de ignorar si regresaremos con vida a casa, si no seremos violados, robados o vejados de las mil y una manera como, nuestra sociedad de hoy, nos recibe todos los días del año, es pensada por las cabezas progresistas -por ejemplo El ministro de seguridad J. P. Cafiero, de la provincia de Buenos Aires, el futuro juez de la Corte suprema de Justicia, E. Zaffaroni, nuestro canciller R.,Bielsa, etc.- como un conjunto de seres humanos, libres y racionales, a los que básicamente, para arreglar sus problemas, hay que aplicarles un remedio discursivo.

La propuesta del discurso como solución en las sociedades nuestras de hoy día nace, la inmensa mayoría lo desconoce, en la Escuela neomarxista de Frankfurt y sus cuatro autores principales Adorno, Apel, Cohen y Habermas. Es este último, con su teoría del consenso, y sus discípulos aventajados, James Bohman y Leo Avritzer, con su teoría de la democracia deliberativa, los que nos impusieron este nuevo modelo de gobierno social, sobre todo en las sociedades periféricas. Al menos ni Estados Unidos ni Israel lo han adoptado, sobretodo teniendo en cuenta la extensa nómina de autores judíos que componen esta Escuela y que no son tenidos en cuenta por sus respectivos países. ¿A no ser que todo esto sea una gran maniobra de distracción político-cultural para aplicar en las sociedades periféricas para su mejor manejo? Otro ejemplo: ni Estados Unidos ni Israel se adhieren a la Corte Penal Internacional, se reservan así el derecho exclusivo de juzgar a sus ciudadanos.

En realidad, este modelo discursivo, que en criollo debería denominarse modelo conversado, muestra la gran contradicción del pensamiento progresista de estos primeros años del siglo XXI, que consiste en creer se puede reformar la sociedad recurriendo a los mismos instrumentos que la han llevado a su situación actual.

Sin un cambio en los grandes campos de actividad del hombre en sociedad todo no es otra cosa que gatopardismo, cambiar algo para que nada cambie.

Así en el ámbito político se debe modificar el régimen de representatividad de la democracia liberal, se debe dejar de lado de una vez la falsa ecuación «un hombre un voto», pues el hombre es más que un voto y tiene, por respeto a su propia dignidad, que ser representado en la totalidad de lo que es.

En el campo económico modificar el régimen de propiedad de la economía liberal que entiende a aquella como valor absoluto en sí misma. Debemos pasar del sentido de propiedad, hoy reducido a, cada vez, menos propietarios para ir a la difusión de la propiedad al mayor número posible de ciudadanos.

En el ámbito de la cultura, dejar de lado la versión liberal de la misma que nos viene desde la época de la Enciclopedia francesa con su idea del valor universal de la cultura racional-occidental e ir al rescate del principio de identidad no sólo como afirmación de nosotros mismos sino también como defensa de la diversidad cultural, que se expresa en el reconocimiento del otro, del diferente a nosotros. Rechazar la nefasta teoría del multiculturalismo y proponer el pluralismo intercultural. Esto es, un pluralismo sin relativismo que hace que el mundo sea en realidad un pluriverso y no un universo como pretende el pensamiento libero-progresista desde la época de su nacimiento.

(El desarrollo pormenorizado de las razones que justifican las medidas propuestas en estos tres campos puede encontrarse en nuestros libros: Hispanoamérica contra Occidente, Madrid, Barbarroja, 1996; Ensayos de Disenso, Barcelona, Nueva República, 1999 y en Metapolítica y Filosofía, Buenos Aires, Theoría, 2002).
 

RULETA RUSA
Por Aquilino Duque

Decía Maeztu, no me canso de repetirlo, que según el Fuero Juzgo la ley se hacía para que las personas honradas pudieran vivir entre los delincuentes y, según la democracia, para que los delincuentes puedan vivir entre las personas honradas. Por eso, el delito más perseguido en toda democracia que se respete es la represión eficaz del terrorismo, y hay casos en que a esa represión se le llega a denominar «guerra contra el pueblo», identificando así como «pueblo» a los que abrazan la arriesgada profesión de lo que también se ha llegado a llamar «guerrilla urbana». Ya en el siglo XVII, cuando se producía un tumulto, se decía que la población se alzaba «en forma de pueblo», y fue la decisión de «armar al pueblo» una de las que remataron el proceso de deslegitimación de la Segunda República, iniciado con el asesinato de un diputado de la Oposición reaccionaria por los guardaespaldas de un Ministro socialista.

Los avestruces gubernamentales se empeñan en aislar al terrorismo de sus motivaciones, de ahí la resignación con que la borreguil «iudadanía» acepta este régimen de ruleta rusa. El terrorismo no es más que una táctica al servicio de una estrategia: la de la balcanización separatista. ¡Con lo bien que le vendría a más de un político pasarse unas semanitas en el zulo de Ortega Lara, haciendo cura de reposo!
 

VILEZA SECTARIA
Por Antonio de Oarso

Existe en el pensamiento dual, maniqueo, un afán de cómoda simplificación que conduce indefectiblemente al cerrilismo en ideas y conductas. Habiendo adoptado el partido de lo presuntamente bueno, se cierra uno en banda para lo presuntamente malo, sin parar mientes en matices, casos particulares, diferencias. Para el cerrilismo antiamericano de izquierdas, por ejemplo, todo lo que viene de Estados Unidos es malo. Por tanto, se puede entrar a saco con cualquier cosa que provenga de este país.

En una tertulia televisiva, el comentarista Enric Sopena tuvo la magnanimidad de considerar que los últimos fusilamientos ordenados por Fidel Castro en Cuba habían sido un abuso. Pero, inmediatamente, añadió que igualmente malas habían sido las ejecuciones en Texas durante el mandato de Bush como gobernador.

En otra tertulia, ésta radiofónica, el también comentarista Gabriel Albiac declaró indignado que el manifestarse así era pura y simplemente una «canallada». No se refirió a nadie en concreto, sino que habló genéricamente, puesto que habían sido varias las declaraciones en tal sentido.

Efectivamente, el cerrilismo sectario puede llevar a posiciones canallas. Cualquier observador medianamente imparcial, tiene que constatar que las ejecuciones en Cuba nada tienen que ver con las ejecuciones en Texas. En el primer caso se trata de asesinato puro y simple, y en el segundo, cumplimiento legal de una pena legalmente impuesta.

Fusilar a unas personas cuyo único delito ha sido robar una barcaza para escapar de un régimen de terror, sin darles la oportunidad de un juicio justo, de una defensa ¿qué semejanza puede tener con dar el visto bueno a unas sentencias legales dictadas por jueces profesionales con todas las garantías de defensa para los reos?

Existe, además, la exorbitante diferencia en la naturaleza de los delitos. Los ejecutados en Cuba únicamente habían robado una barcaza. No asesinaron a nadie. Eran, simplemente, personas desesperadas que robaron un barco. Los ejecutados en Texas eran asesinos. Hace falta ser redomadamente sectario, a más de tonto, para no reparar en la no sólo desemejanza, sino oposición, entre el caso de unos inocentes y el de unos culpables. Pero es que el sectarismo suele conducir a un cierto grado de embrutecimiento.

Aunque innecesarios, se podrían añadir algunos detalles. En Texas parece ser que el gobernador no tiene la potestad de indultar a un condenado a muerte. Únicamente, de posponer la ejecución. Las peticiones al respecto pasan por una comisión que, después de estudiarlas, entrega su dictamen al gobernador. Se da el caso de que Bush nunca durante su mandato recibió una petición de moratoria.

Pensar en un George W. Bush indagando, escudriñando cada caso para detectar si hubiera alguna falla, es decir, interpretando el papel de Henry Fonda en «Doce hombres sin piedad», es sencillamente grotesco. Bush es un americano corriente, no un héroe, y como tal se comporta.

El sectario de izquierdas pensará que estas palabras son una defensa de Bush. Su pensamiento dual, blanco y negro, no puede admitir la existencia de distintos colores o de franjas grises. Su simplismo se siente herido por esta posibilidad. Se rendirá ante la evidencia de los asesinatos de Cuba, pero hallará una compensación descalificando a Bush por victimario en Texas. Y si se le hace ver la diferencia, pensará que se está defendiendo a Bush. No da para más.

Desde luego, podría uno caer en parcialidad si únicamente se refiriese al sectarismo de izquierdas como si el de derechas no existiese. Existe también, aunque en menor grado de expresión. No en vano los medios de comunicación están en manos izquierdistas, progredecadentes. Pero sería igualmente sectario no mencionar el sectarismo de derechas.

Como sectarismo de derechas podríamos citar el de aquellos que no quieren reconocer que durante la dictadura militar argentina de 1976-1983 se cometieron asesinatos en masa por parte de las autoridades. Este cruento episodio de la historia argentina está de actualidad nuevamente debido a las decisiones judiciales del juez Garzón y las legislativas promovidas por el presidente Kirchner. Si uno condena estos crímenes efectuados desde el Poder, ya puede pensar que el sectario de derechas lo clasificará como partidario de Garzón, Kirchner y los Montoneros. No admitirá que la verdad y la justicia trascienden este pensamiento maniqueo.

La circunstancia de que existiera una lucha subversiva no justifica nada. La subversión se reprime con severidad, firmeza… y justicia. No con asesinatos innobles, realizados a escondidas.

Estas acciones nefandas a la larga refuerzan las posiciones contrarias. De tal forma que, aparte de ser acciones criminales, no se puede decir que sean inteligentes ni prácticas.

La filias y fobias alteran el juicio, el cual debiera predominar siempre. La antipatía que hipotéticamente podamos sentir hacia Bush no tiene por qué obligarnos a equiparar su gestión como gobernador de Texas con las acciones asesinas de un tirano como Castro. Igualmente, los Montoneros y demás organizaciones terroristas, así como sus simpatizantes, provocarán naturalmente nuestro aborrecimiento. No obstante, nos deslizaríamos por una senda muy peligrosa para nuestro sentido ético y equilibrio moral si admitiésemos como buena la eliminación física de toda esta gente y, además, sin juicio previo. El asesinato es el asesinato, lo perpetre un izquierdista o un derechista.

No tenemos otra salida que cargarnos de razón. Y esto únicamente lo conseguiremos si somos extremadamente rigurosos con nosotros mismos y con aquellos que dicen defender ideas similares a las nuestras.
 

ESPAÑA
Por Antonio Castro Villacañas

Nación, nacionalismo, nacionalidades... Ambigüedades, encubrimientos falsos o cobardes de los separatismos. Seamos claros: la Patria está en peligro. España se deshace víctima de la perfidia bubónica. Todos hemos de hacer cuanto esté a nuestro alcance para evitar tan definitivo desastre. Contra la demencia y la ingenuidad debemos levantar inteligentemente el conocimiento de la Historia. Desde el cabo de Creus hasta el de Finisterre, bajo el amparo del Pirineo, los pobladores de una Hispania nunca olvidada se lanzaron desde el año 711 a una tarea de reconquista territorial que no habría de terminar hasta el año 1492.

Vamos a señalar algunos fastos. Hacia el año 976, ya la Reconquista llevaba más de dos siglos y medio implantándose por toda la Península Ibérica, el monje Albeida incluyó en su Códice, resumen del saber de su tiempo, un Cronicón anterior. En él se dice expresamente que España tiene una personalidad distinta de la Galia. Aunque los dos países -paisajes- hubieran estado al mismo tiempo bajo la administración o el mando de los mismos reyes godos, la Galia no fue nunca una provincia española. Componían España -¡era cosa archisabida en el siglo X!- seis provincias: la Cartageniense, la Bética, la Lusitana, la Gallega, la Tarraconense y la Tingitania. No existían entonces los nombres de Cataluña o Vasconia.

Los reyes godos y sus cortejos de nobles y eclesiásticos no crearon el concepto de Hispania. Lo heredaron de los romanos, quienes a su vez lo recibieron de los pobladores de la Península, los iberos, los celtas, los celtíberos y demás pueblos o tribus que formaban un conjunto humano plural y unido mediante la convivencia forjada por el comercio, las guerras, las costumbres y los usos. Los visigodos mantuvieron y acrecentaron esta idea o sentimiento de unidad, a diferencia de lo que hicieron por encima de los Pirineos sus parientes godos. Estos sustituyeron la Britania romana por la tierra de los anglos, la Galia por la Francia. Los visigodos crearon un reino único, unificaron la occidental y plural tierra de los romanos, la Hispania, en una nueva idea política; la convirtieron en una sola expresión. Hispania sería desde ellos tierra de todos: de los romanos puros, los residuales iberos o celtas, los godos más estilizados... Y también de todos los mestizajes antiguos y modernos. San Isidoro reflejaría este concepto y esta realidad de España como madre común, la más hermosa de todas las tierras conocidas desde el oriente al ocaso: pulcherrima es, o sacra semper que felix, principum gentiumque mater Spania...

Los hombres liberados -por su propio y heroico esfuerzo- del dominio árabe, los que bajaron de los montes hacia los llanos, los foramontanos, hombres libres empeñados en crear y crearse una patria libre, la Hispania nueva, renacida vieja Hispania, hombres del Ampurdán, del Pallars, jacetanos, vascones, cántabros, crearon las dos tierras de los castillos, la Catalonia del mar y la Castilla de tierra adentro. El Poema de Fernán González cuenta y canta en dos estrofas el ayer y el hoy, lo pasado y lo presente, y ambos son una misma cosa: España. Veámoslo:

España la gentil fue luego destruida;
eran señores della gente descreída;
los cristianos mezquinos habían muy mala vida;
nunca fue en cristianos tan gran cuita venida...

Por eso hubo que construir, creer, crear, liberar, hacer justicia. Siete siglos pensando en la España nueva y una. Hasta el fin:

Era la corte toda en una ayuntada,
Aragón y Navarra, buena tierra probada,
León y Portugal, Castilla la preciada,
no sería en el mundo tal provincia fallada.
Gracias all Dios del cielo, que lo quiso facer,
en aquesto Le habemos mucho que agradecer,
porque es toda España en el nuestro poder...

Nuestro poder, nuestro deber, nuestra herencia, nuestra obligación, nuestro talismán...







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