El Risco de la Nava - Nº 183
Fecha Miércoles, 10 septiembre a las 00:10:22
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 183 – 9 de septiembre de 2003

SUMARIO

  1. «Daños colaterales», por Jesús Flores Thies
  2. Democracia y patriotismo, por Aquilino Duque
  3. Apuntaciones sobre los homosexuales, por Antonio Castro Villacañas
  4. Las palabras y las ideas delinquen, por J. M. González Páramo
  5. La representación y el pueblo, por Dalmacio Negro
  6. Peste en el Corro, por Alfonso Ussía
  7. Ojo con Bono, por Iñigo Barruelo


«DAÑOS COLATERALES»
Por Jesús Flores Thies

La muerte de Mario Onaindía ha mostrado una vez más la parte más siniestra y manipulada de la opinión pública, bajo la batuta de los «medios», agarrados de la mano de políticos procedentes de cualquier zona de los vientos. Toda la prensa, incluida aquella que nos marea con el más pesado perfume conservador, se ha volcado en elogios y ditirambos para el veterano asesino que perteneció a ETA, apoyándose en la más descarada desinformación.

Mario Onaindía perteneció a la ETA que asesinó al Almirante Carrero, al guardia civil de Tráfico Pardines o al inspector Manzanas, por citar tres ejemplos, y también a la ETA la que puso las bombas en el bar de la calle Correo o en la cafetería California, es decir, una feroz cuadrilla asesina con historial siniestro. Onaindía participó en la reunión, protegida por cierta clerecía vasca, que decidió asesinar a alguien importante y que, en última instancia, prefirió hacerlo en la persona del inspector Manzanas sobre el que previamente, según tácticas predeterminadas en sus «reglamentos», había que verter toda clase de burdas calumnias para hacer «tragable» el crimen. Esta víctima, elegida en el último momento, lo fue por ser una víctima fácil ya que se sabía que nunca llevaba escolta, como era lo habitual en aquellos años. Onaindía, junto con otros criminales etarras, participó en aquella reunión y como colaborador directo en un asesinato fue juzgado en el proceso de Burgos y, después de un show en el juicio protagonizado por él, condenado a muerte en unión de otros conmilitones. Dura lex..., pero menos. Después llegó el indulto y, con los años, pocos años, ya con Franco en el Valle de los Caídos, vino la inicua amnistía, su puesta en libertad, el viaje pagado a Bélgica y el posterior regreso a España

Y es entonces cuando Onaindía considera que el papel de ETA ya se ha cumplido y preconiza su disolución y la lucha, esta vez pacífica, por la autonomía vasca o lo que sea. Pero su biografía como criminal etarra, gracias a la felonía institucionalizada, quedará como un episodio glorioso de un combatiente por la libertad. Con este personaje siniestro viene a pasar algo parecido que con el genocida de Paracuellos, que lo mejor de su vida es aquella parte en la que decidió que se podía vivir mejor sin necesidad de asesinar. Y la sociedad encantada murmura para su coleto: «¿Lo veis? No era tan malo, ya no nos mata».

La triste y sucia escena de los lamentos de la prensa conservadora y de los políticos del PP, centrales o taifas, es un capítulo más en la maniobra de desmedular a la sociedad española que tiene, para completar el feo panorama, síntomas alarmantes de alzeimer.

No lo olvidemos, Onaidía nunca se ha arrepentido de los crímenes de su ETA anterior a la amnistía (ni ha pedido perdón por ellos), banda asesina que hubiera podido enviar al otro mundo a cualquiera de sus entusiastas hagiógrafos, a sus mujeres (hoy compañeras sentimentales), madres, hijos y demás familia, que al haber tenido la mala suerte de cruzarse en el camino de Onaindía y sus bellacos de banda, hoy no serían víctima del terrorismo sino «daños colaterales» de la «lucha antifranquista».
 

DEMOCRACIA Y PATRIOTISMO
Por Aquilino Duque

En un inteligente artículo, don Ignacio Sánchez Cámara, actual director de la Revista de Occidente, refuta la tesis orteguiana de España invertebrada, al decir que España, la nación española, precede a la Reconquista. A Ortega se le ocurre, para explicarse los separatismos de dos regiones, decir que España nace de la integración paulatina de los reinos cristianos, proceso que, una vez culminado, entra en desintegración, que remonta nada menos que a la segunda parte del largo reinado de Felipe II. Creo recordar que fue Octavio Paz, uno de los mejores lectores de Ortega que he conocido, quien recordó esa tesis del maestro ante el espectáculo del actual «Estado de las Autonomías». Al enfrentarse con ese triste espectáculo, Sánchez Cámara pone el dedo en la llaga al decir que el separatismo no odia a España por sus «errores y defectos», sino por sus «virtudes y éxitos».

Hay sin embargo que reconocer que para odiar a España de ese modo no es imprescindible ser separatista; basta con ser demócrata. Desde la aparición de las Internacionales, dejó el patriotismo de ser patrimonio de las izquierdas, desde las más extremistas a las más moderadas, de acuerdo todas en avergonzarse de la obra de los Reyes Católicos y en enorgullecerse del Cantón de Cartagena.
 

APUNTACIONES SOBRE LOS HOMOSEXUALES
Por Antonio Castro Villacañas

Lo que más me sorprende en la reacción de los homosexuales y afines sobre el documento que dio a conocer el Vaticano el pasado día 1 de agosto -escrito por el cardenal Joseph Ratzinger y aprobado por el Papa- es que todos ellos se escandalicen porque la Iglesia Católica reafirme en él su tradicional doctrina sobre la homosexualidad. En primer lugar, reafirmo que a mí se me da un higo -salvo a efectos culturales- lo que opinen los Espirituales del Cielo Redondo -si es que existen- o cualquier otra asociación religiosa sobre cualquier tema cultural o social, porque como no pertenezco a ella sus mandatos, preceptos o recomendaciones no me alcanzan. Los ateos, los agnósticos y los disidentes de la Iglesia Católica, por el contrario, se sienten afectados cada vez que ésta opina sobre cualquier cosa, cuando en realidad a ellos, si son sinceros consigo mismo y juegan limpio con los demás, ni les va ni les viene que el Vaticano opine o deje de opinar en temas de moral, etc. Únicamente los católicos que se sientan miembros de su Iglesia tienen derecho a quejarse de ella o a loar sus decisiones. Que el Barcelona imponga a sus jugadores la obligación de hablar en catalán con los periodistas, o que el Partido Comunista -si todavía existe- tenga preferencia por los zurdos, pongamos como ejemplo, me deja frío. Comprendo, pues, que los homosexuales católicos -sean muchos o pocos- sí se sientan afectados porque el Vaticano reitere que el amor físico entre personas del mismo sexo es «un comportamiento desviado», pues «ofusca valores fundamentales». Entiendo también que por procedimientos legales traten de convencer a la jerarquía católica de que está equivocada. Yo no opino lo mismo. Estoy convencido de que la homosexualidad es algo -enfermedad, vicio, etc.- antinatural y antisocial. Pero eso es otro tema, que ya discutiremos. Hoy por hoy sólo conviene reiterar que los no católicos nada tienen que decir sobre lo que la Iglesia Católica ordena a sus fieles
 

LAS PALABRAS Y LAS IDEAS DELINQUEN
Por J. M. González Páramo

Las palabras y las ideas delinquen. Se dice todo lo contrario como «ritornello» liberal. O coartada diestra o zurda. La democracia será ocasión para un caos hasta que la verdad, la ley, la fama sean respetadas o se deje de criticar todo sin aceptar nada jamás. La libertad no es hacer y decir lo que se nos ocurra con tal de «trincar» al adversario. La expresión es un derecho humano. Es cosa de hombres. Ha de ser expresión y ha de ser de seres humanos. No grito, rebuzno o graznido. No es un carnaval grotesco y puerto de arrebata capas Ni una estampida de búfalos, ni payasadas, ni engaños, ni memeces. Carecen de legitimidad. No es sólo grosería de aquellos a quienes José de Bonaparte llamaba «canaille».

La palabra contiene el poder germinal de la idea y la idea, si consigue adhesiones y organiza, puede ser útil o perjudicial. Para ejercer la libertad de expresión lo primero es poseer la «capacidad de expresarse». Libertad de expresión de opiniones, ideas, conceptos, percepciones y léxico apropiado que se use para poner algo de manifiesto. Sin capacidad de manifestar algo con corrección, no hay libertad de expresión. Sin ideas, conjunto de voces que perciben un hecho, describen la realidad, anuncian un propósito, no existe lo expresable. Las frases completas, elípticas, denotadoras son recibidas como verdades, medias verdades, rumores falsos, mentiras redondas y procaces. Y suscitan adhesiones en cualquiera de sus incorrectos y malignos sentidos. Con palabras se seduce, se fascina, en cualquiera de esos innumerables sentidos. Todo fue idea antes de ser obra o hechos benignos, malignos, mixtos -con frecuencia- o inducidos que engendran actitudes y talantes. La ONU fue una idea de Taparelli puesta en práctica por Wilson, el Presidente de USA tras la 1ª gran guerra en la Sociedad de Naciones. De las ideas surgidas de su experiencia, surgieron las Naciones Unidas (UN u ONU) con reparto del mundo y del poder entre los victoriosos en la 2ª Guerra Mundial ¿Surgirá algo mejor de los conflictos próximos?, ¿mejorarán las Naciones Unidas equilibrando poderes? De mi idea o añoranza de la belleza de los bosques, mis playas, surgen mis excursiones y llego a las gozosas caminatas, en las cuales me cruzo y saludo a la gente y siento la maravilla de la vida.

Si las ¾ partes de la memoria (Goosens) son el contenido de la inteligencia comprensiva, creativa y relacional; así, se distingue o se confunde, mi comprensión, mi distancia a la madurez, a la captación útil o perjudicial de lo complejo o el ejercicio del talento que consigue encontrar las normas de la situación o la incidencia brutal de mi identificación falsa. Esa creencia falsa consiste en votar lo «conveniente», aquello por lo cual emito el sufragio. En tres elecciones inglesas que recuerda R. Dahl, un porcentaje obrero altísimo votó el programa conservador; cierta derecha vota laborismo. Lenski recuerda la incidencia de la religión en las compras, las ventas, la política y todo lo demás. Kennedy-Nixon fue una elección dirimida con la menor diferencia, unos 5.000 votos más o menos. Los demócratas protestantes votaron al republicano Nixon; los conservadores católicos, a Kennedy (se rompieron las fronteras de partido). Las decisiones dependen de las palabras persuasivas, de las actitudes y las creencias. Y de la colocación alta o baja en la escala de cultura.

Los mítines del Secretario General socialista español, «descerebran» como Göering y Gramsci. Convertir lo falaz en «verdad». Y digo esto para hacerle el honor. Los temas y modos de la izquierda son la más cínica de las movilizaciones nazis: repetir es convencer del hecho o idea repetidos. Deriva en «verdad» para los ignorantes que, por desgracia, son los más; Lenin, musa de Gramsci, escribió en 1901: «mentir es necesario para conseguir el "generalizado Edén". El ejército intelectual que todos constituimos incluso el miserable, el lumpen, el vagabundo, el campesino tienen valores y contravalores halagables que les llevan a lo no conveniente para ellos. No le falta, al señor seducido por el «sex-apeal» del poder, un grano interaccionista y simbólico: lo falso que se tiene por verdadero opera como verdadero... Los medios progres repiten incansables y, a veces, eficaces, la falsedad denigrante. ¿Por qué el PP no repite sus aportaciones y se torna defensivo de sí mismo?
 

LA REPRESENTACIÓN Y EL PUEBLO
Por Dalmacio Negro

La Razón, 19.08.03

La doctrina habla de soberanía popular y representación popular, del pueblo. ¿Pero qué es el pueblo y dónde está? ¿La sociedad es el pueblo? ¿Qué realidad tiene lo social? ¿Cómo representar al pueblo como una totalidad? La vigente teoría de la representación entraña muchas aporías y descansa en algunas falacias.

Constituye uno de los méritos de Hannah Arendt, una de las mayores filósofas políticas del siglo XX, el haber llamado la atención sobre el hecho de que la historia moderna consiste en buena medida en la oposición de la sociedad a la familia, es decir, al pueblo natural. Debido a los hábitos mentales imperantes durante siglos, el tema resulta algo complejo. Ahora bien, el pueblo, al que se supone que se refiere la doctrina de la soberanía popular, es o era el conjunto de las familias; para Bodino (s. XVI), el teórico de la soberanía, el contrapunto del Estado era la familia, igual que lo era la propiedad de la soberanía. En cambio, la palabra sociedad, elaborada como concepto histórico-político a partir del llamado estado de naturaleza, evoca directamente conjuntos de individuos. Sociedad designa, igual que Estado, su contrapunto desde el siglo XVII, un concepto artificial: la Sociedad y el Estado son dos artificios imaginados y creados por el moderno constructivismo mecanicista, como se ve perfectamente en las doctrinas contractualistas, que sólo conciben individuos, no familias.

El Leviatán de Hobbes, el primer gran libro de teoría del Estado, lo expone muy bien. Pero todavía Hegel vio claramente el carácter artificioso de la Sociedad con gran indignación de Carlos Marx. Para Hegel, los conjuntos humanos o universales concretos, naturales, espontáneos si se quiere decir así, son la Familia -el conjunto de las familias- y el Estado, mientras la palabra Sociedad designa los conjuntos de individuos miembros de las familias pertenecientes a un Estado concreto. Por eso en la famosa triada de la eticidad la Sociedad es la antítesis de la Familia, siendo el Estado la síntesis de la Familia y la Sociedad.

El punto de inflexión de la época moderna fue la revolución francesa. Desde entonces, se impuso decididamente la Sociedad, el conjunto de los individuos, en su forma de sociedad burguesa o sociedad civil en detrimento del pueblo. Por una parte, este último, sustituido por aquélla, prácticamente desapareció a efectos públicos, siendo la Nación, la Sociedad -en un primer momento como sociedad burguesa en Francia- en tanto ente político la que lo sustituyó a efectos representativos; por otra, la desaparición de hecho de la consideración política del pueblo dio lugar a la llamada «cuestión social», a los conflictos entre individuos agrupados en clases u otros colectivos. Puede parecer un juego de palabras; sin embargo, se estaba preparando así la idea de un Estado comunista en el que, mezclados los dos grandes artificios modernos, el Estado y la Sociedad, desaparece por completo el pueblo; sólo quedan los individuos de la Sociedad y el Estado, que son los mismos: es la famosa reconciliación del Estado y la Sociedad tan buscada desde la revolución de 1848.

Ahora bien, la doctrina de la representación se articuló sobre el supuesto de la realidad de la Sociedad, dando lugar a los partidos, conjuntos parciales artificiales de individuos de la Sociedad, que se distinguen entre sí por la ideología. Por medio de ellos la Sociedad penetra en el Estado, según la descripción de Lorenz von Stein. Son los encargados de articular la representación de los individuos que componen la Sociedad para formar el gobierno representativo. Corresponden a la visión mecanicista de la realidad social y a la concepción cuantitativa de la cultura propia de la modernidad, que reduce el problema de la representación a una cuestión numérica, igual que la verdad política es cuestión de mayorías. El conflicto del estado de naturaleza hobbesiano se transforma así en el conflicto entre los partidos que se disputan la posesión del Estado, es decir, el gobierno a través de la representación. Como nada es perfecto y todo es perecedero, el sistema funcionó aceptablemente durante algún tiempo, ahora no.
 

PESTE EN EL CORRO
Por Alfonso Ussía

Tomado de ABC

No se habla de otra cosa en Comillas, la preciosa villa cántabra de los Arzobispos. En el centro de la localidad, el Corro de Campíos, lugar de reunión y encuentro de los comillanos y los visitantes. Arnaldo Otegui ha comprado un apartamento junto al Corro. Al terrorista le gusta la españolísima Montaña. Sabe que los montañeses son gente de paz. Aquí no se depura, ni se coarta, ni se secuestra, ni se presiona, ni se hiere, ni se asesina. En un rincón del Corro, junto a la casa de doña Amanda Correa, se ubica el bar «Samovy», regentado por una familia admirable y queridísima. Quien no ha tomado una copa o un café en la terraza del «Samovy» no puede presumir de haber estado en Comillas. Los sobrinos de José Luis Caso llevan el negocio. José Luis Caso era comillano y creyó un día que su prosperidad la encontraría en la vecina Vasconia. En Rentería se instaló y trabajó honradamente. Se integró con plenitud en su nueva tierra. Se presentó con el Partido Popular a las elecciones municipales y fue elegido concejal. Su amor por la tierra vasca fue correspondido por los amigos de Otegui con un disparo en la nuca.

A nadie hizo mal en la vida y fue asesinado por creer en la libertad, la paz y la convivencia. A sólo treinta metros del solar de José Luis Caso, Arnaldo Otegui ha comprado un apartamento.

El problema no es que un indeseable, un criminal, un repugnante terrorista, un traidor a esa España que es tan suya como nuestra, haya tenido la jeta de comprarse un apartamento en Comillas. El problema es que en Comillas exista un propietario, o un promotor inmobiliario, o una sociedad constructora que le haya vendido un piso a semejante rata.

Que se acepte sin más que el dinero del representante oficial de los asesinos sea el mismo que el dinero de una familia honrada y pacífica. Cuando se abre el camino a la peste, todo un pueblo puede enfermar. Si se consultara a los vecinos de Comillas, el noventa y nueve por ciento de ellos se opondría a tener en la villa, como un ciudadano más, a Arnaldo Otegui.

Pero el dinero es el dinero, el ladrillo es el ladrillo y las ganancias, las ganancias. El que ha vendido a Otegui una parte del suelo de Comillas es el único culpable de la tropelía.

Ya estuvo el fantoche por aquí hace años. Se alojó en una urbanización espantosa construida con el beneplácito del anterior alcalde, muy aficionado a conceder licencias. Almorzó en San Vicente de la Barquera y cenó en Quijas. En San Vicente oyó comentarios en alta voz referidos a su madre y abandonó con sus cuatro guardaespaldas la villa marinera, precipitadamente.

Es un valiente el hijoputa. No soporta ni un insulto. Ellos matan, pero no aguantan la mirada firme ni las palabras de un ciudadano honrado. Se escudan en la garantía que ofrece una sociedad pacífica.

Es de esperar que una reacción ciudadana, una protesta vecinal, pueda desbaratar la indigna operación inmobiliaria. El Corro de Campíos, cuando la tarde vence, es el paraíso de los niños. Un asesino no puede pasear tranquilamente entre los hijos de la buena gente. La propiedad ha sido registrada a nombre de un testaferro. El apartamento es de Otegui.

No ha invertido en Hernani, ni en Rentería, ni en Oyarzun, ni en Mondragón, ni en Guecho, el municipio que administra su amigo el nacionalista Zarraoa. No, se ha venido hasta Cantabria, esa tierra que él llama despectivamente «España», para disfrutar. Un canalla le ha vendido unos metros cuadrados que ya están apestados. Ahí, a pocos metros de la casa de José Luis Caso.
 

OJO CON BONO
Por Íñigo Barruelo

www.falange-autentica.org

¡Bono for president! Este va a ser el grito más escuchado de aquí a la próxima primavera, ya verán, excepto en dos medios de comunicación concretos, seguro. Bono se ha convertido en el candidato oficioso «socialista» de la noche a la mañana. Parece ser el único sociata que tiene clara una idea de España, es el único con mesura, es el único capaz de enmendarle la plana a los nacionalistas, es el único dialogante, es el único candidato capaz (ya veremos) de acabar con el circo en el que se ha convertido el PSOE, es, es... ¡Bono! Pero ¿dónde diablos ha estado metido este hombre todo este tiempo atrás sin que nadie supiera de él, excepto castellanos y manchegos? Pues estaba, y sigue todavía después de 20 años, presidiendo una comunidad autónoma llamada Castilla–La Mancha, para los amigos «cajtillalamancha». ¡¡20 años!! ¿Apego al sillón? Noooo, que va. No es eso. Es que después de tanto tiempo se ha creado una especie de simbiosis y una de dos, o «cajtillalamancha» sucumbiría sin Bono, que seguramente ocurra, o Bono sucumbiría sin «cajtillalamancha», que también puede ocurrir.

No olvidemos que este señor de moda que muchos postulan para presidente de la Nación por el PSOE (o lo que quede de él) ha sido incapaz, después de 20 años, de sacar a Castilla–La Mancha del furgón de cola en el que se encontraba y se encuentra. Ni siquiera ha podido hacer de su comunidad una del montón, dentro de la media. De acuerdo en que es un tipo con una idea clara de España, que se siente español sin complejos (cosa poco o nada habitual por desgracia), que llama al pan, pan, y al vino, vino, y que no traga con imposiciones de los nacionalistas, al igual que Paco Vázquez o Nicolás Redondo (h). Pero repito que los datos cantan, y esos datos no dejan muy bien parados que digamos a los señores, Bono el primero, que llevan o han llevado las riendas de la administración autonómica desde su creación allá por 1983. No obstante el pueblo siempre tan sabio, ha mutado el nombre de Junta de Comunidades por el de Junta de Calamidades, por algo será, y sin embargo Bono sale victorioso elección tras elección. Y es que no será por despliegue propagandístico institucional para «vendernos la moto» de lo bien que va Castilla-La Mancha con Bono. Desde revistas a base de papel cuché del caro a radio y televisión autonómicas pasando por prensa escrita más o menos manejable. Y si hay que crear de la noche a la mañana un periódico unos meses antes de unas elecciones autonómicas para que vuelva a desaparecer un tiempo prudencial después de las mismas, pues se crea y no pasa nada. Así cualquiera gana 4 elecciones seguidas. Pero esa propaganda institucional nada dice de los pueblos de la díscola provincia de Guadalajara, gobernados por Bono, a los que no llega el teléfono, de las carreteras tercermundistas que todavía hay en muchos de ellos (la carretera de Molina a La Yunta, la de Sigüenza a Imón, o la de Ujados a Miedes por poner tres ejemplos), de los constantes cortes de luz, de los eternos problemas de abastecimiento de agua, etc, etc, etc.

De momento es solo una apuesta casi exclusivamente mediática, pero si este señor de verdad está seguro de querer (y poder) regir los destinos de la Patria, si las urnas así lo deciden, ya puede pensárselo más de tres veces, atarse los machos y rodearse de un buen equipo. Que gobernar España no tiene nada que ver, ni por el forro, con gobernar una taifa sin apenas importancia, como es Castilla–La Mancha, a base de palabrería, gestos de cara a la galería y poco más. ¡Ojo con Bono!







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