Altar Mayor - Nº 88 (14)
Fecha Domingo, 19 octubre a las 11:52:41
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 88 – septiembre-octubre de 2003

¿MUERTOS HOMENAJEABLES Y MUERTOS A OLVIDAR?
Por Ramiro Solana

La prensa del 26 de junio nos ofreció un suelto, recibido desde Moscú, bajo la firma de Diego Merry de Val que decía:

«Don Felipe inaugura el monumento a los caídos españoles en la II Guerra Mundial.

»El Príncipe de Asturias vivió ayer su cuarta jornada de visita oficial a Rusia, en la que destacó la inauguración del monumento a los caídos españoles durante la II Guerra Mundial, en el Parque de la Victoria de la capital rusa. Un viejo proyecto por el que el Centro Español de Moscú, que agrupa a los Niños de la Guerra, lleva luchando desde 1977.

»El acto fue sin duda el de mayor emotividad de todos los celebrados durante esta segunda visita oficial de Don Felipe a Rusia. En la Plaza de la Victoria estaban presentes tres generaciones de Niños de la Guerra, ya que muchos de ellos son abuelos, y sus nietos acogieron al Príncipe con banderas españolas y rusas y emocionadas muestras de cariño. Como señaló el Príncipe en su intervención, el monumento está dedicado a "todos los españoles que sufrieron en este país las terribles consecuencias de la segunda guerra mundial"».

La lejanía de la noticia y de su reseña periodística no quita actualidad al tema.

La corona es y debe ser símbolo de unión de los españoles; su constante proclamación es la de ser y querer ser la «Monarquía de todos los españoles» y, consecuentemente, nadie debe intentar instrumentalizarla sectariamente. Desde tal premisa de obligado cumplimiento y respeto, el Estado, y muy particularmente el Gobierno, tienen la ineludible obligación de evitar que cualquier sector de españoles hagan protagonizar a la Corona actos que pudieran ser interpretados por otros españoles como lesivos para sus convicciones o intereses. Y lesivo para las convicciones, dolor y recuerdo de otros españoles no presentes ni promotores en ese acto en Moscú fue –por ser símbolo de parcialidad ideológica- la inauguración por S.A.R. Don Felipe de Borbón del monumento en cuestión.

En la II Guerra Mundial hubo esos muertos españoles, pero también hubo otros de signo ideológico y político bien diferentes, y estos fueron muchos más y murieron por unas causas más nobles: entre otras, precisamente la de que Rusia volviese a ser Rusia y no la URSS, aunque figurasen colectivamente encuadrados en el Ejército de una Nación regida por una ideología tan totalitaria como la que gobernaba la URSS.

Poco importa que estos otros muertos luchasen en el Ejército de una Nación que por la ideología que la dominaba fuese radicalmente diferente a la que los inspiraba al ir a luchar contra la URSS (recuérdese la estrofa de su himno: «...vuelvan por mí el martillo al taller, la hoz al trigal...»); lo importante es que murieron por liberar a la URSS de la tiranía soviética, de la aberración comunista y stalinista que entonces y después sojuzgó a Rusia y amenazaba a Europa y al Mundo.

Lamentable fue la experiencia del envío de aquellos niños españoles a la URSS pero no hemos de olvidar la motivación principal de su expatriación bajo la cobertura de lo asistencial y benéfico: adoctrinarlos en el marxismo stalinista. Que pese a esto no pocos de ellos guardasen su emoción española y que hoy exalten su españolismo es algo emotivo y admirable pero que, no obstante, no debe hacernos olvidar la realidad de las cosas discerniendo entre lo emotivo siempre respetable, pero necesariamente lo real de aquella experiencia en la URSS, mucho menos respetable.

Y lo real es que algunos de aquellos niños –supongo que muy pocos por razón de sus edades de por entonces- y otros muchos más españoles adultos que murieron en el Ejército soviético frente al Ejército alemán, no cayeron por defender las libertades ni la democracia al enfrentarse al nazismo; murieron defendiendo a la URSS y no a Rusia, murieron –tal vez muchos de ellos de modo heroico por ser españoles- defendiendo la tiranía stalinista. Y a esto responde de modo subliminal -camuflado de forma ad hoc para hacerlo digerible hoy cuando ya no existe la URSS aunque perduren rescoldos soviéticos- el monumento que se ha hecho inaugurar al Heredero de la Corona Española; el monumento que la estupidez de nuestra política exterior ha sido incapaz de descifrar en su significación profunda no viendo –o no queriendo ver en él- más que un gesto de españolismo residual de los lejanamente niños españoles expatriados a la URSS; no viendo o no queriendo ver el símbolo de alineación de un núcleo de españoles –los de entonces y acaso algunos pocos de sus supervivientes- con el stalinismo soviético. Y esto es lo que se ha hecho inaugurar a D. Felipe de Borbón y Grecia. (En esta ocasión el Sr. Llamazares habrá aplaudido a Doña Ana Palacio y al Gobierno del que forma parte). Una imaginación a la que se le obligó al Príncipe de Asturias que objetivamente –no subjetivamente- constituyó un agravio comparativo expresamente proclamado por los promotores del homenaje cuando en el acto de inaugurar el «Monumento a los Caídos españoles en la II Guerra Mundial» aclararon a voz en grito que entre los homenajeados no se incluían a los caídos de la División Azul. Urge mayor fineza y más exquisita imaginación en esos Servicios del Ministerio de Exteriores.

El error puede ser si no enmendado sí compensado: que en una próxima ocasión, el mismo Príncipe de Asturias inaugure o visite de modo solemne el Cementerio cercano a Novgorod al que se están trasladando los miles de Caídos de la División Azul dispersos por los frentes donde estos españoles murieron por todas estas causas concatenadas: por defender la concepción cristiana de la vida y del hombre, por erradicar el comunismo, por hacer que Rusia volviese a ser Rusia dejando de ser la URSS, y por vengar a los miles de asesinados por la filial soviética en España durante los años 1936 a 1939; aunque muriesen formalmente encuadrados, repito, en un Ejército que combatía a la URSS por razones diferentes a las de ellos. Si se homenajea a quienes murieron defendiendo la URSS –que no a las libertades ni a la democracia- ¿por qué no homenajear a quienes cayeron por las nobilísimas motivaciones antes esbozadas aunque combatieron dentro del Ejército alemán?

También estos muertos fueron «caídos españoles en la II Guerra Mundial», ¿ o no?

Sugiero esta visita a Novgorod salvo, claro está, que se haya abandonado el programa puesto en marcha hace años por el Ejército Español de descubrir, exhumar y reunir los miles de caídos en aquellas latitudes inhumándolos con respeto en el citado cementerio. El silencio que desde hace pocos años se palpa al respecto me hace temer que aquel bello y noble aunque casi íntimo proyecto y programa haya quedado en agua de borrajas. Bien es verdad, en el supuesto caso de abandonar el programa de enterramientos de españoles que quede compensado por lo del monumento en Moscú, pues éste entona más con el sistema que lo del Cementerio en Novgorod, ¿verdad?

Hay un ejemplo humillante para España: Italia, aliada del III Reich –España no lo fue- envió a la lucha contra la URSS varios Cuerpos de Ejército sufriendo decenas de miles de caídos. Pues bien, la actual forma de Gobierno de Italia, la República, organizó hace años el traslado de sus restos a la propia Italia –no a un lejano y semiabandonado cementerio en la estepa rusa- y fueron recibidos con altísimos honores militares pues no rindió honores un batallón o un regimiento, rindió honores nada menos que una División del actual y democrático Ejército Italiano. Y hubo una diferencia notable entre una y otra fuerza combatiente contra la URSS: Italia, como Estado, declaró la guerra a Moscú; España se limitó a enviar una unidad de voluntarios; Italia no renuncia a aquella gloria castrense pero el Estado español parece como si se avergonzase de aquellos «combatientes-cruzados»; ¡complejos de hacerse perdonar aquella gesta...!

P.s.: Pocos días después de escribir cuanto precede, en TIERRA («Boletín Informativo del Ejército Español», nº 93, de fecha 30-07-03), se publicaba el siguiente suelto:

«La DIAPER ayuda a la repatriación de los caídos de la División Azul.

»El Ministerio de Defensa trabaja desde 1986 con la asociación Volksbund Deutsche Kriegsgraberfursorge para la recuperación, identificación y posterior inhumación en Pankovka (Novgorod, Rusia) de los caídos de la División Azul durante la II Guerra Mundial. Durante el año 2002, la asociación Volksbund ha trabajado en los levantamientos de los restos ubicados en Pavlosk y Nikolskoye, dándose en esta fecha por finalizados los mismos. Con este motivo se comunica a los ciudadanos que deseen la repatriación de los restos de sus deudos que serán informados de los trámites legales a seguir para su repatriación, tanto personal como telefónicamente, en la Dirección de Asistencia al Personal del Ejército de Tierra, ubicada en el Paseo de Moret nº 3, 28008 Madrid».

Este comunicado aclara las dudas que líneas atrás manifestaba; también se presta a unas interrogantes que voy a expresar, a las que seguirán una reflexión y una sugerencia final.

Interrogantes: Con el levantamiento de los restos en Pavjosk y Nikolskoye, ¿se culmina esta tarea sólo en tales lugares concretos o en la totalidad de las áreas en las que hubo enterramientos de caídos de la División Azul?

En el segundo de los supuestos, esa cancelación de los trabajos (localización, exhumación y enterramiento en el Cementerio de Paukovka) ¿significa que se «abandonan» tales trabajos en otras áreas por decisión «política» de quien o quienes fueren (léase Gobierno), o es que realmente ya no existe posibilidad efectiva alguna de seguir con tan noble, patriótica y humanitaria tarea en otras áreas?

En el supuesto de que sea la segunda de las opciones señaladas en ambos interrogantes, me permito la siguiente reflexión y sugerencia final:

Es obvio que cada una y todas las familias con caídos de la División Azul tienen pleno derecho a reclamar y gestionar el traslado individual de los respectivos restos familiares. Por tanto, mi sugerencia que sigue no les afecta salvo que la quisieran compartir expresamente.

Los demás restos inhumados o inhumables en aquel lejano cementerio de Novgorod –que más pronto o más tarde quedará desatendido por nuestro Estado, como durante mucho tiempo sucedió con los situados en Marruecos- ¿por qué no se trasladan global y totalmente e España –con honores parecidos a los otorgados por Italia, a los suyos, antes reseñados- e inhumados en España, con un digno monumento específico y adecuado? O más sencilla y lógicamente: ¿por qué no en el Valle de los Caídos, dado que este gran monumento nacional de la reconciliación acoge a decenas de miles de caídos en nuestra Guerra Civil, de uno y otro bando? Porque en esencia, en la realidad objetiva más allá de coyunturalismos históricos, lo de la División Azul fue la continuación en Rusia de aquella Guerra Civil, y no otra cosa.









Este artículo proviene de Hermandad del Valle de los Caidos
http://hermandaddelvalle.org

La dirección de esta publicación es:
http://hermandaddelvalle.org/article.php?sid=4439