El Risco de la Nava - Nº 212
Fecha Sábado, 03 abril a las 12:08:54
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 212 – 30 de marzo de 2004

SUMARIO

  1. Portada: Tiempos oscuros, por Antonio de Oarso
  2. Mi madre me ha matado, por José Luis Navas
  3. Reivindicaciones progresistas, por Miguel Ángel Loma
  4. Carta a Rodríguez Zapatero, por Jesús Flores
  5. El espejo de feria irlandés, por Antonio Rivero Taravin


Portada
TIEMPOS OSCUROS
Por Antonio de Oarso

La victoria inesperada del PSOE en las elecciones del 14 de Marzo justifica la aprensión ante el porvenir. No sólo por el historial de este partido, de problemática convicción democrática, poca eficacia en economía y tendencia invencible a la corrupción, sino también por la personalidad de su líder y próximo presidente de Gobierno.

Durante toda la campaña ha exhibido volubilidad de ideas con la consiguiente incoherencia de su discurso, que obligan a pensar que para él las ideas no tienen mayor valor que su simple utilidad funcional para la captación de voluntades en cada momento y lugar de su labor de promoción política. No es extraño que cualquier observador imparcial se sienta movido a pensar que las directrices de su futura gobernación no van a ser firmes y constantes, puesto que tampoco parece tener convicciones fuertes y duraderas. Posee buena presencia física y facultades dialécticas, pero detrás no hay un carácter sólido. El hecho, anecdótico si se quiere, de que desde el inicio de su carrera política se esforzase en imitar en gestos y voz a su ídolo Felipe González dice algo al respecto.

Recibe un país en inmejorable situación económica. ¿Sabrá mantener una gestión adecuada que dé confianza a los inversores de forma que la expansión económica continúe al ritmo actual? Existen indicios de que esto va a ser difícil.

También la situación de la lucha contra el terrorismo es mejor que lo haya sido hasta la fecha. Y esto es así, a pesar del monstruoso atentado del 11 de Marzo. ¿Mantendrá Zapatero la misma línea de firmeza política y eficacia policial que tanto éxito le han procurado al gobierno de Aznar? No es seguro. Su carácter es el apropiado para ceder ante las sugestiones de una posible paz mediante el diálogo. Ya está recibiendo mensajes indirectos en ese sentido. Es natural, puesto que en una guerra, cualquier indicio de debilidad en una parte es ávidamente aprovechado por la otra.

Respecto de los separatismos, lo mismo se puede decir. Es en este tema donde pronto se va a comprobar su temple. No olvidemos que prometió que aceptaría cualquier estatuto que fuese aprobado por el Parlamento catalán. Lo que quiere decir que ha de estar dispuesto a negociar el Plan Ibarreche. Y ya se está proclamando que este Gobierno próximo va a ser el del diálogo. Todas las fuerzas centrífugas reprimidas por el rigor de Aznar, se manifiestan ahora alborozadas. Y es natural que así sea, pues es propio de un progresista como Zapatero ser relativista e igualitarista, y dar el mismo valor a cualquier idea, a cualquier colectivo, a cualquier persona. Un progresista ha de tender a encontrar la misma legitimidad a la idea de la unidad de España que a la idea de la autodeterminación de las autonomías.

El triunfo de los socialistas se ha debido a la conjunción de una campaña extremadamente torpe y sosa por parte de los populares, un diabólico y monstruoso atentado, y el aprovechamiento del mismo por los socialistas con tremenda saña y sin el menor rastro de escrúpulos y respeto a la verdad. Esto último es la marca de fábrica de este partido, y podemos pensar (yo así lo pienso) que los modales caballerescos de Zapatero no son sino una cobertura diseñada por los asesores de imagen. Recordemos su inescrupuloso proceder con el asunto del «Prestige», con la huelga general, con la guerra de Irak, poniéndose al frente de toda manifestación, al tiempo que cientos de sedes del Partido Popular eran asaltadas salvajemente, como ahora también ha ocurrido; y su viaje a Marruecos sin avisar al Gobierno, tratando de mediar por su cuenta y para su provecho con motivo de la crisis con este país.

Tengamos también presente que ha decidido anular la reforma en Educación establecida por el Partido Popular, reforma totalmente necesaria dados los pobrísimos resultados del Plan tantos años vigente, pero contestada por la mayoría de los estudiantes, a los cuales no duda en halagar. También ha prometido el aborto libre y gratuito, el matrimonio con todos los derechos para los homosexuales, la creación de embriones para extraer células madre, etc. Es decir, sus planes son devastadores para una sociedad que pretenda regirse por unos mínimos de lo que tradicionalmente se ha considerado como moralidad.

¿Existe alguna duda de que las perspectivas son sombrías?

Tanto es así que Gabriel Albiac, en el diario El Mundo, con motivo de los resultados de estas elecciones, declara que «España ha decidido suicidarse». Es una forma de expresarlo.

Pero es mejor no espantarse antes de tiempo y esperar acontecimientos.
 

MI MADRE ME HA MATADO
Por
José Luis Navas

Tomado de Vistazoalaprensa

El PSOE permitirá el aborto libre hasta los tres meses. Esta es la noticia que leíamos el viernes en los periódicos. Era el titular. Los sumarios decían: Anuncia una inminente ley de plazos «porque los supuestos actuales no amparan muchos de los casos en que se hallan los jóvenes». El proyecto es similar al que los socialistas diseñaron en su anterior etapa de gobierno y no llegaron a aprobar.

El pasado 11 de Marzo nos vistió de luto a todos porque unos forajidos pusieron unas cuantas bombas en los vagones de unos trenes que acabaron con la vida de casi doscientas personas e hirieron a más de 1.500. Entre los muertos, dos mujeres embarazadas que se llevaron con ellas a sus hijos.

El año pasado, en 2003, hubo en España más de 70.000 muertos por el terrorismo refinado y legalizado, por el bombazo intrauterino. Se dice pronto: sólo aquí, a nuestro alrededor, murieron más de 70.000 niños en el seno materno. ¡Y no pasa nada!

Hay que acabar con el terrorismo, con toda clase de terrorismo.

La fotografía que acompaña a este texto [que acompañaba al texto en el original que reproducirmos] fue tomada en 1999, durante una operación que realizó el cirujano norteamericano Paul Harris a un niño, aún en el vientre de su madre. Tenía tres meses de vida y, hoy anda por ahí muy sano y agradecido a las manos que le libraron de una malformación congénita, corregida antes de nacer. Se llama Alexander.

Una niña, que ahora tendría su misma edad, no tiene nombre. No la dejaron nacer.

5 de octubre:

Hoy comienza mi vida. Mis padres todavía lo ignoran. Soy tan pequeña como una semilla de manzana pero ya tengo vida. Y voy a ser una niña. Tendré los cabellos rubios los ojos azules. Todo está dispuesto por anticipado. Incluso que me gustarán las flores.

19 de octubre:

He crecido un poco, pero soy aún demasiado pequeña para poder hacer nada por mí misma. Mi madre lo hace todo por mí. Y (lo que es curioso) ella no sabe todavía que me lleva junto a su corazón y que me ayuda sin cesar. Es muy buena. Algunos dicen que yo no soy aún verdadera persona humana; que solamente existe mi madre. Pero, sin embargo, soy en realidad una persona, lo mismo que una miguita de pan es pan. Mi madre vive realmente y yo también.

23 de octubre:

Mi boca está a punto de abrirse. Pensadlo: dentro de un año, poco más o menos, yo sabré reír y, un poco más tarde, hablar. Sé que mi primera palabra será: ¡mamá!

28 de octubre:

Mi corazón ha empezado a latir hoy por sí mismo. A partir de ahora continuará latiendo hasta el fin de mi vida, sin jamás pararse a descansar. Y pasados muchos años, se fatigará, se parará y, entonces, moriré.

2 de noviembre:

Crezco un poco cada día. Mis brazos y piernas comienzan a formarse pero tendré que esperar bastante hasta que mis piernecitas puedan llevarme a los brazos de mi madre, y antes de que estos brazos, tan pequeños, sean capaces de presentarle unas flores o de abrazar a mi padre.

12 de noviembre:

Las florecillas de los dedos empiezan a brotar de mis manos. Es maravilloso ver lo pequeñitos que son. Seré capaz de agarrar los cabellos de mi madre con ellos. Y llevaré sus cabellos a mi boca, y ella seguramente me dirá: «¡Oh, picarilla!».

20 de noviembre:

Hasta hoy el médico no le había dicho a mi madre que yo vivía junto a su corazón. ¡Qué contenta debe de estar! ¿Estás contenta, mamá?

25 de noviembre:

Mi padre y mi madre seguramente están pensando qué nombre me van a poner. Pero no saben siquiera que soy niña.

10 de diciembre:

Mis cabellos crecen. Son suaves, claros y relucientes. Yo me pregunto cómo serán los de mamá.

24 de diciembre:

Me preguntó si mamá escucha el ruido de mi corazón al latir. Mi corazón es fuerte y sano. Late con regularidad. ¡Tendrás una hija muy fuerte mamá!

28 de diciembre:

Hoy, mi madre me ha matado:

El Cardenal Wyszinski, escribió este texto cuando era primado de Polonia, en 1970. Tuve la fortuna de leerlo entonces. Lo recorté del periódico donde se reprodujo, aquí, en España y lo llevo en la cartera. Cuando me hablan del aborto, lo sacó, desdoblo el papel, ya amarillento, y lo doy a leer.
 

REIVINDICACIONES PROGRESISTAS
Por Miguel Ángel Loma

Sevilla 8 de marzo, nueve de la noche: por la Puerta de Jerez, y en dirección a la Avenida, una pequeña pero jovial manifestación va coreando: «No te calles, ni en la plaza ni en la calle». Conmovido ante la complejidad de la rima y conociendo el significado de la fecha, se me plantea la duda de si se tratará de una manifestación en favor de la mujer trabajadora o de un movimiento contestatario urbano-poético. De repente, un nuevo verso de combate, tímidamente coreado por algunos hombres que minoritariamente componían la manifestación, tronó en los aires sevillanos: «Somos lesbianas, porque nos da la gana». Sublime: ¿acaso podía decirse más con menos palabras y de una forma tan sutilmente rimada? ¿Qué pérfido reaccionario acusó a nuestro tiempo de zafio y de prosaico? Ya era hora de que el legado de Bécquer y Cernuda fecundara creativamente nuestras reivindicaciones callejeras. Tras el impacto emocional por el genio de nuestra tierra (sumamente desinhibido cuando se trata de defender reivindicaciones progresistas), ansioso espero la convocatoria de alguna nueva manifestación en defensa de no sé..., el valor nutricional de la chirimoya, o el fomento de los viajes a Logroño. Pese a lo insólito que pudieran parecernos tales reivindicaciones, seguro estoy de que el progresismo manifestante nos sorprendería con unas atrevidas proclamas de rima ingeniosísima.
 

CARTA A RODRÍGUEZ ZAPATERO
Por Jesús Flores

Señor Rodríguez Zapatero:

Aunque son mínimas las esperanzas de que esta carta llegue a su poder y sea leída como Dios manda, ya que el cinturón protector que el partido va a poner a su alrededor estará bien blindado, voy a escribirla por si acaso. Al menos habrá una persona que se enterará de su contenido.

Debido a sus promesas pre-electorales, el partido se ha lanzado a tumba abierta (nunca mejor dicho) a la legalización total del aborto, que ustedes denominan suavemente como «interrupción del embarazo». La responsabilidad que usted asume ante lo que se presume como un cuarto de millón de vidas al año (el feto no es una almendra seca, el feto tiene vida y el mismo «programa» que si pudiera nacer) es enorme y resulta difícil creer que su conciencia no le gritará por las noches antes de dormir por haber liderado esa carnicería. Cuando pasen algunos años, un chaval podrá decir: «pues yo estoy aquí porque cuando llevaba doce semanas de vida dentro de la tripita de mi mama, Zapatero todavía no había ganado las elecciones de marzo del 2004». Y un millón de voces de non-natos le dirán al cabo de sus cuatro años de mandato: «nosotros fuimos exterminados porque el señor Zapatero necesitaba votos».

El problema terrible de la mujer que queda embarazada sin desearlo es enorme, pero también lo es el de esa otra mujer que con un sueldo bajo y con hijos que mantener, se ha de enfrentar con el cuidado de un padre anciano, babeante e inútil, y posiblemente antipático. No por eso podrá matarlo, es decir, «interrumpir su triste decadencia». Y la vida de un no nacido es una vida que empieza, la del viejo «impedido, babeante y antipático» es una vida que se acaba.

La tremenda falta de moral en la juventud, la ausencia casi absoluta de principios éticos, ese slogan de «más deporte y menos religión», el adorar como principio la bragueta, el hedonismo y el «vale si me sirve» (recuerde, «vale quien sirve» era un frase de la Organización Juvenil Española...) han producido estos lodos. Como de aquellos polvos del «yo también he fumado porros de Felipe y Alfonso», o el «al Loro» del pobre Tierno vino lo que vino. La juventud se mueve por dos impulsos bien distintos: el hedonismo más zafio o por un ideal duro y difícil. En otras épocas se movían por ideales, hoy parece que ya es imposible. Pues incúlquese a la juventud el sentido de su propia responsabilidad y, por supuesto, la responsabilidad por sus propios actos, ayúdese a la joven que va a ser madre para salvar una vida que es carne de su carne, y si es necesario, acójase a los nacidos no deseados, ya que hay miles de matrimonios españoles que los acogerían sin necesidad de tener que ir a Bechuanalandia o a la isla Mauricio por un bebé y, en definitiva, impida la carnicería que se avecina.

No nos engañe, señor Zapatero, si mañana se descubriera un método para poder abortar a las 20 ó 25 semanas, la ley se ampliaría. Y no olvide que de haber existido una ley carnicera, como la que va a proponer, cuando su madre quedó embarazada, a lo mejor usted no tendría hoy la potestad de autonombrarse «Matarife Mayor del Reino».

Un niño que puede nacer no es una papeleta de voto, es algo mucho más valioso. Si tuviera el valor de no proponer esta ley (aunque con las que ya hay, la matanza está servida), cuando pasen los años y vea un chaval correteando por la calle, podrá pensar: «bueno, este chico pudo nacer porque yo lo preferí a la simple papeleta de voto». Casi nada.

Desearía alguna respuesta, algo que me diga que usted, conforme o disconforme, ha leído esta carta.

Le saluda
 

EL ESPEJO DE FERIA IRLANDÉS
Por
Antonio Rivero Taravill
Especialista en asuntos irlandeses. Diario de Sevilla

Hace ya varios meses que el jefe del Gobierno autónomo vasco, señor Ibarretxe, abogó por un estatus de Estado Libre, asociado a España, para su región. Y no se puede decir que haya sido un dislate pasajero, sino que sigue erre que R (h negativo, por supuesto). Con ello, el mandatario de Vitoria no sólo se sitúa fuera del actual marco jurídico, algo que ya no escandaliza a nadie, sino que emprende un camino que a cualquiera que recuerde el modelo irlandés, tan mencionado y querido por el abstruso nacionalismo vasco, ha de producir necesariamente escalofríos.

Es como una película de terror: el psicópata obsesionado con su ídolo empieza a vestirse como él, a hablar como él, a imitar sus rasgos, hasta llegar incluso a tratar de suplantar su personalidad. El final dista mucho de ser un happy ending y suele incorporar abundantes dosis de sangre, que si en el cine puede ser tolerable, en la cena, ante el telediario, se hace absolutamente insufrible, y cuánto más sobre la acera, y aún más sobre la conciencia que se rebela contra tanta injusticia.

En el caso vasco, más que de película de terror, se trata de una triste realidad de terrorismo: iletrados, el PNV, EA, EH y HB y sus herederos y, claro está, la ETA han preferido a los melancólicos y literarios caballitos del tiovivo barojiano, algunos una caseta de tiro pero con blancos de carne y hueso, y todos sin excepción los deformadores espejos de una barraca de feria en la que un extraño visaje verde les confunde y les hace creer que son, reflejados, irlandeses de siempre, y tan ultrajados y sojuzgados como el más miserable de los pobres de Erin bajo la tiranía de John Bull. Como si la colonización de Irlanda, el salvajismo de Cromwell, las leyes penales que proscribían a los católicos y el genocidio (también llamado hambruna) de mediados del siglo XIX tuvieran algún equivalente en la historia vasca, tan diferente en lo sustancial por más que la propaganda y las tesis abertzales busquen similitudes bastardas.

En todo caso, los parecidos son recientes y en su mayor parte cultivados por ese mimetismo del que hablaba arriba. Un éxito del nacionalismo vasco es que tengan eco en la prensa irlandesa, especialmente en periódicos del Norte como Lá y otros de expresión gaélica, sensibilizados por la cuestión de la lengua. Y que se mire con simpatía a un nacionalismo que tremola una bandera un tanto esquizofrénica, pues se quiere mirar en la isla de San Patricio y lo que le sale es un remedo de la bandera británica, con su cruz y sus aspas. Pero en Irlanda sí que había un conflicto, por eso Arzallus y Otegi no paran de hablar entre aspavientos, y como loros, de ese espectro surgido de un espejo de feria que es el «conflicto vasco», una pura distorsión.

Cuando tanto hablan uno y otro del proceso de paz irlandés y del cacareado conflicto, siempre buscando paralelismos hibérnicos, la sola mención de las palabras «Estado Libre» causa espanto. A muchos ese concepto ha hecho evocar Puerto Rico y las plácidas palmeras del Caribe, y bajo ellas una bonancible prosperidad económica. Más exacto es pensar en bombas y disparos bajo la lluvia. Porque Ibarretxe recordará, aunque no le convenga, que en Irlanda el Estado Libre, el Saorstát nacido en 1922, no fue sino la antesala, fría e inhóspita, de la guerra civil: un velatorio anticipado. Pues cuando los británicos no tuvieron más remedio que ceder a los independentistas irlandeses y firmaron con Michael Collins y Arthur Griffith el Tratado Angloirlandés no sólo accedieron a las legítimas aspiraciones de la mayoría del pueblo irlandés: también sentaron las sólidas bases, duras como cartuchos de dinamita, de muchas luchas intestinas que no finalizaron ni siquiera con el establecimiento de la República, en 1949.

Es notorio que más de medio siglo después el asunto no se ha solucionado y su gangrena sigue afectando a seis de los nueve condados del Ulster. Por otra parte, el Estado Libre no acabó en modo alguno con el IRA, y hubo sucesivas escisiones, con su indefectible acompañamiento de violencia, en el movimiento republicano. Una de ellas colocó la bomba de Omagh, que hizo correr también sangre española.

Volviendo a las Vascongadas, ¿qué puede hacernos pensar que un Estado Libre para Álava, Vizcaya y Guipúzcoa impedirá la violencia en Navarra o en el sur de Francia? ¿Y qué sucedería con zonas como el Condado de Treviño y otros enclaves aislados? Y aún más, ¿adónde llevaría la división entre municipios con mayoría nacionalista y municipios con mayoría no nacionalista? Me temo que a los callejones sin salida y a esos muros también de la vergüenza de tantos barrios de Belfast, a enclaves donde se recela de los vecinos, los otros, cuando no se les rocía de bombas incendiarias.

Con ese Estado Libre del señor Ibarretxe, que sin duda sería asediado al punto por los abertzales de izquierdas más recalcitrantes y sanguinarios, sí que tendríamos servido conflicto vasco, muertes y mutilaciones, al menos hasta el año 2055, si hemos de seguir la necrológica cronología irlandesa en el espejo deformante y clónico -clównico, payaso, si no hiciera llorar- de esa barraca de feria a la que el lehendakari y otros como él han llevado y empujan a Vasconia.





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