El Risco de la Nava - Nº 235
Fecha Viernes, 10 septiembre a las 04:20:09
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 235 – 7 de septiembre de 2004

SUMARIO

  1. Maniobras inútiles, por Antonio de Oarso
  2. Quienes de verdad mandan son aquellos que nunca elegimos, por Alberto Buela
  3. Amenábar: Convertir al villano en héroe. Una nueva película de Mr. Bean, por Eulogio López


MANIOBRAS INÚTILES
Por Antonio de Oarso

Unas declaraciones del cardenal Rouco y un artículo en revista significada inducen a pensar que la Iglesia, mejor dicho, el clero de la Iglesia, ha tomado de nuevo la decisión de acomodarse a las circunstancias vigentes y llevarse bien con el partido gobernante. Ya había previos indicios de esto, y, en teoría, es algo comprensible y justificable, pues la Iglesia, por su naturaleza, no puede apostar por ningún partido determinado y debe procurar llevarse bien con todos.

Es posible que a algunos socialistas les haya satisfecho que el cardenal comentara los roces constantes que la Iglesia tuvo con el Partido Popular durante el tiempo que éste gobernó. Fue enumerando estos roces en el transcurso de un acto en el que recibió la medalla de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Seis de los siete últimos temas de conflicto Iglesia-Estado surgieron con el PP en el Gobierno, vino a decir. El único problema que ha habido con el Partido Socialista en el Gobierno es la decisión de devaluar la clase de Religión a través de la derogación de la Ley de Calidad (LOCE).

Se supone que habrá que dar tiempo al tiempo, ya que no se pueden comparar tres meses con ocho años. También es conveniente valorar la entidad o magnitud de los problemas suscitados. Y también, las previstas decisiones del gobierno socialista sobre matrimonios de homosexuales, aborto, etc., a no ser que se considere que no constituyen realmente problemas; lo que no parece así, si consideramos la última nota de la Conferencia Episcopal sobre el matrimonio de homosexuales. Habrá que reconocerse que estas decisiones nunca estuvieron en el horizonte mental del Gobierno del Partido Popular.

Otra manifestación que se presta a la crítica es la de que el número de abortos creció sustancialmente durante el mandato del Partido Popular. Efectivamente así fue, pero, al hacerse el comentario sin más añadido, pudiera creerse que dicho partido alienta o favorece esta práctica, lo cual no es cierto. También algún ingenuo podría creer que con el partido socialista en el Poder no hubiera habido tantos abortos. No hay más que esperar a que se pongan en vigor las leyes previstas por los socialistas, para comprobar cómo el número de abortos crece hasta alcanzar los propios de un país moderno, según lo que estos señores entienden por tal. También puede uno preguntarse qué hizo la Iglesia para evitar estos abortos atribuídos al gobierno popular, pues no ha habido la menor beligerancia sobre este tema en su predicación habitual. Ni siquiera alguna mención.

En el artículo arriba mencionado se asegura que con la situación creada con la llegada de los socialistas al poder, se presenta a los católicos una ocasión única (?) para su recuperación, cosa que no ocurría con el gobierno popular. La teoría consiste, esquemáticamente expuesta, en que con el Partido Popular los católicos vivían engañados y permanecían pasivos, pero que ante las medidas que está tomando el Partido Socialista se unirán y reaccionarán. Pero, según el autor, Sr. Colina, no deben hacerlo al estilo tradicional, es decir, al estilo partidista, buscando derribar el gobierno socialista para sustituirlo por otro. Sería repetir la historia de siempre. Deben actuar con amor, con comprensión, y así las cosas pueden cambiar sustancialmente. No explica qué tipo de organización debería crearse, si es que se necesitaba alguna. Se expresan aspiraciones vagas, buenas intenciones nada más. Pero todo va en la dirección de oponerse a las medidas del Partido socialista sin crisparlo, procurando aplacarlo, asegurándole que no se trata de sustituirlo en el Poder. En los términos difusos del trabajo, se puede atisbar el deseo de llegar a un acuerdo con los socialistas, propiciando el camino con un comportamiento amigable aunque firme en la defensa de las convicciones.

Quizás influya en esta disposición la tendencia izquierdista que persiste en parte del clero desde la época de la ostpolitik y la Teología de la Liberación. A estos clérigos siempre les resultará más agradable, pese a tener que soportar sus desafueros, una izquierda con programa "social", que una derecha neoliberal que defienda la iniciativa privada.

Pero, sin duda, el cardenal Rouco no sustenta esas ideas, por lo que sus declaraciones, más que obedecer a simpatía hacia los afines, ha de deberse a simple y legítimo (en teoría) deseo de llevarse bien con el Poder.

Y, también, puesto que es hombre muy inteligente, no ha de desdeñarse la posible intención de que estas palabras sirvan de advertencia a los populares, demasiado acostumbrados como están a contar con el voto católico y con la nota obispal previa a las elecciones en la que se sugiere al votante católico a qué partido hay que votar como "mal menor" o "bien posible". Esta situación puede variar, podría deducirse de los comentarios de Rouco.

Estos cálculos son, en principio, hábiles y acertados, pero si se tiene en cuenta el peso de determinadas circunstancias, lo más probable es que resulten inútiles. En primer lugar, los socialistas están demasiado embarcados en la aventura progresista para que presten oídos a las recomendaciones del clero por mucho amor que ponga en ellas. De las izquierdas no espere el clero otra cosa que no sean desaires. Es inútil querer congraciarse con el enemigo. La muestra más paladina la tenemos en la noticia de la expulsión de la escuela católica del Consejo Escolar del Estado, muy escasos días después de las declaraciones amistosas del cardenal.

Y en el Partido Popular, sabiendo esto, no dudan de que cuentan con el voto católico. Saben que la Iglesia no podrá nunca recomendar que se vote al Partido Socialista. Cuando el Gobierno presente al Parlamento su proyecto sobre matrimonio de homosexuales, se cuenta con que el Partido Popular votará "no" en bloque, a diferencia del resto de partidos. ¿A qué partido, pues, va a destinar el voto el católico español?

Si el clero desea que el Partido Popular se muestre más combativo en cuestiones morales, no estaría de más que se aprestase a dar ejemplo no eludiendo estas materias de su predicación habitual.

No parece que estos sean ya tiempos de estrategias contemporizantes. Estamos viviendo las consecuencias del acomplejamiento y los pertinaces deseos de conciliación que fundamentan esas estrategias. El resultado es que los únicos que hablan claro y fuerte, y actúan de forma coherente, son los apóstoles de la disolución moral y política.
 

QUIENES DE VERDAD MANDAN SON AQUELLOS QUE NUNCA ELEGIMOS
Por Alberto Buela

Si un mérito político tiene Condorcet (1745-1794) al confluir en él, el pensamiento de la Ilustración francesa –D´Alambert, Voltaire, Diderot- con la ideología racionalista de Rousseau, es su definición de hombre como homo suffragans.

Definir al hombre como «aquel que vota» es mutilar los aspectos sustantivos de su naturaleza e historia para limitarlo a la ecuación liberal «un hombre, un voto». Nadie discute hoy que un hombre es más que un voto o que un voto no agota la naturaleza del hombre. Y que es un error gravísimo definir al hombre como «el que sufraga».

Muchos han sido los filósofos que han criticado esta postura, y de entre ellos nosotros elegimos a Guiseppe Rensi, el irregular, por su brevedad, concisión y contundencia.

«Si no hay unanimidad en la votación se convierte en ley aquello que la minoría no quería, tal ley al no ser aceptada racionalmente por la minoría se impone como fuerza ciega. No hay ninguna diferencia cualitativa entre tal ley y la impuesta por un tirano [...] entonces Rousseau dice que el consentimiento de aquellos que no la votaron se da por el hecho de que continúen viviendo en el país: Habitar el territorio quiere decir someterse a su soberanía. El ciudadano que no se expatria se entiende que adhiere a la ley».

Todo el racionalismo político de la Ilustración termina en el hecho brutal de la fuerza ciega: Si no te gusta, te vas. Se termina de instalar el «totalitarismo democrático».

Denunciar este sutil totalitarismo tiene hoy, por supuesto, otras variantes más sutiles y diplomáticas como, en primer lugar la inversión de la prueba: aquel que se anima a denunciar la democracia procedimental como totalitaria, es un totalitario, viene luego una seguidilla de medidas: el exilio interior, la condena del silencio de los mass media, el desprestigio por la infamia, el no acceso a las cátedras y publicaciones, en definitiva, la falta de reconocimiento. ¡No existís! diría un adolescente hoy.

Este totalitarismo democrático tiene sus propios y selectos ejecutores: en primer lugar las oligarquías partidarias donde los nombres se repiten y se intercambian por años en todos los cargos del escalafón del Estado. Ora senador, ora diputado, ministro, embajador, gobernador, presidente, juez, interventor. Son los hombres confiables, predecibles, obedientes a, por decirlo de alguna manera, los poderes indirectos.

En segundo lugar tenemos los lobbies, que mediante el totalitarismo democrático, busca por todos los medios eliminar la idea de soberanía nacional. En los pocos casos históricos en que han funcionado Estados soberanos, el totalitarismo democrático pierde terreno. No tiene capacidad de gestión, no incide en las decisiones últimas e importantes.

Los lobbies, estos grupos cerrados de presión que se crean en defensa de los intereses específicos de sus miembros en detrimento del bien común general, se multiplican y son eficaces cuando se ha disuelto la idea de soberanía nacional.

Así la administración de los Estados no tiene objeto de preferencia y es fácil presa de las presiones lobbísticas. Los gobiernos son gobiernos de lobbies y los parlamentos sólo tienen por tarea convalidar los paquetes de medidas propuestos por estos poderes indirectos.

En estos días tenemos un ejemplo mundial de cómo funciona este sistema de embaucar a los pueblos. El vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney, principal impulsor de la terrible y devastadora guerra contra Iraq, se opone al presidente Bush en nombre de la libertad, porque este tiene planes de prohibir el matrimonio de homosexuales.

Dick Cheney es un caso emblemático. Está denunciado como lobbista petrolero y por eso instigador de la guerra contra Iraq para apoderarse de los pozos petroleros.

Y ahora actúa como lobbista de los poderosos grupos gays de los Estados Unidos a favor del matrimonio homosexual y la sexualidad polimorfa.

¿Y la defensa del bien común general motivo y causa de su elección por parte del pueblo norteamericano, para cuando la deja?

Otro caso. Se queja hoy la decana revista política francesa Lectures Francaises N° 568, p.29 diciendo: «Quién sostiene a Nicolas Sarkozy? (Primer ministro de Francia y candidato a la presidencia). No es difícil comprenderlo: Cuando viajó a Estados Unidos en el mes de abril por 24h Sarkozy buscó los medios para presidir un desayuno organizado por The Americam Jewish Commitee uno de los principales grupos de presión (lobbies) de los Estados Unidos. ¿Es necesario para hacerse elegir presidente de Francia ir a buscar un mandato de una minoría (los judíos son el 2% de la población americana) que viven a 6.000 km de nosotros? El asunto es grave y más aún si nadie da razón de la enormidad de tal comportamiento».

Tomamos dos ejemplos al voleo y que nos llegaron entre las noticias del día, sobre dos de los países más poderosos de la tierra Francia y Estados Unidos. Dicho sea de paso, ellos también comparten el honor de haber sido los dos países occidentales que más tiempo han mantenido en vigencia la institución de la esclavitud y los primeros en proclamar la democracia liberal.

Es decir, si las democracias más antiguas y sólidas del mundo son penetradas e instrumentadas por los poderes indirectos casi en forma descarada, ¿qué podemos esperar nosotros de las democracias periféricas y absolutamente formales? Democracias sin tradición ni convicciones. Simulacros democráticos para justificar moralmente la expoliación de nuestros pueblos.

Ante esta tristísima realidad sólo podemos constatar aquello que afirmamos al comienzo: Quienes de verdad mandan son aquellos que nunca elegimos. De lo que se deduce que nuestros representantes no sólo no nos representan sino que además nos representan mal, porque convalidan con sus decisiones, las de otros que, además, nos son perjudiciales.

El desguace de los activos fijos del Estado Nacional (argentino) realizado por el gobierno de Menem (1989-1999) a través del siniestro mecanismo de las privatizaciones de las empresas públicas (petróleo, gas, agua, energía, teléfonos, espacio aéreo, etc.) es el ejemplo más claro y más directo que tenemos para poder sostener la tesis que: Quienes de verdad mandan son aquellos que nunca elegimos. Y esto se da tanto en los espacios nacionales como en el orden mundial.

Filósofo italiano nacido en Verona (1871-1941) y refugiado en Suiza entre 1898 y 1908. Estuvo separado del fascismo triunfante, crítico terrible del racionalismo y del idealismo, distante de Crocce y Gentile, los dos filósofos italianos más importantes de su tiempo, marginado del neopositivismo y del marxismo, sistemas generosos en promesas y salvación, se refugió en un escepticismo crítico a todo el sistema de valores de su tiempo. Fue conocido bajo el nombre de el irregular, por su concepción sobre la misión del filósofo: colui che rivolta il pensiero come un guanto.

Puede decirse que el núcleo de su pensamiento invierte la fórmula hegeliana «todo lo real es racional y todo lo racional es real» por aquella otra: «lo real es irracional y lo racional es la irrealidad».

Sus obras más conocidas son Los antiguos regímenes y la democracia directa (1902), Estudios y notas sobre historia, literatura, economía y política (1903), La antinomia del espíritu (1910), Lineamientos de filosofía escéptica (1919-21), Filosofía del absurdo (1924-37).

En castellano se publicó en 1957 en Buenos Aires por la editorial Deucalion y distribuido por la librería Hachette, su libro Filosofía de la autoridad con la traducción de Carlos Vallejo.
 

AMENÁBAR: CONVERTIR AL VILLANO EN HÉROE. UNA NUEVA PELÍCULA DE MR. BEAN
Por Eulogio López

Hispanidad

Los críticos cinematográficos se quedaron muy sorprendidos cuando recibieron un comunicado de la distribuidora del film (naturalmente Sogepac, del grupo Sogecable, es decir, don Jesús Polanco), en el que se les decía lo siguiente:

Por motivos de seguridad, Presidencia del Gobierno solicita los números del Documento Nacional de Identidad de los periodistas acreditados al preestreno de «Mar Adentro». Rogamos que nos enviéis a la máxima brevedad vuestros datos a cualquiera de estas direcciones o números de teléfono…

Los críticos ya llevaban mal eso de que las distribuidoras registraran los bolsos del personal para buscar cámaras de grabación ocultas, pero que Presidencia del Gobierno exija la identificación de los asistentes a un pre estreno cinematográfico parece excesivo.

La excusa era que Rodríguez Zapatero, el mismísimo Mr. Bean, iba a honrar con su presencia la presentación de «Mar Adentro», la película de Alejandro Amenábar que narra la historia de un tetrapléjico suicida, Ramón Sampedro, convertido en icono de los partidarios de la eutanasia. Por ejemplo, Mr. Bean.

Se trataba, también, de otorgar un áurea de misterio. Ya saben: la «caverna» podría intentar reventar el acto (¡Qué pena, la caverna no debe ver la tele: no se enteró!) y toda medida de seguridad es poca. No bastaba el entusiasta apoyo de los medios informativos (cuando se quiere promocionar una película en televisión no se utilizan los programas especializados, sino los telediarios, para convertir la presentación en un hecho artístico y noticioso).

Para que no faltara ninguna viga progre, el evento se conjugó con la presentación de Amenábar como gay oficial, en las revistas destinada al efecto: Zero y Shangai Express (observen la grafía, originalísima, chica). Al parecer, era el único que quedaba por salir del armario. En una entrevista concedida al «Boletín Oficial de la Progresía», es decir, a El País, Amenábar confiesa que le aterra sentirse observado, que quiere mantener su vida privada en privado y que no comprende cómo se ha armado tanto revuelo. Por eso, sale en Zero, una revista que no se lee: simplemente sirve para computar el número de salidas del redicho armatoste.

Y todo este montaje político-mediático, con la seriedad propia de un hecho objetivo. Por ejemplo, el paradigma del periodismo objetivista, el diario El País, titula con el asepticismo propio del caso: «Amenábar emociona y entusiasma en el estreno de "Mar Adentro"». Los progres, ya saben, son muy cursis. En cuanto algo huele a muerte se emocionan de tal forma que lloran lágrimas de piedra.

Allí estaba Mr. Bean, para comentar, entusiasmado, que la película constituía «un canto a la vida desde la muerte». Yo, qué quieren que les diga. La frase es una de esas tontunas marmóreas que recuerdan el genial discurso de Mr. Bean ante el cuadro de «La Madre de Whistler», que dio lugar a su primer largometraje. El genial mimo Rowan Atkinson interpreta a un bedel que se tiene que hacer pasar por un experto en arte, describiendo el cuadro impresionista. Al final, lo único que se saca en limpio es que el mérito del gran James Whistler consistía, según el profundo análisis de Mr. Bean, en haberse tomado la molestia de hacerle un retrato a su mamá, una «bruja» de mucho cuidado.

Hemos pasado del lenguaje cantinflesco del primer Felipe González, al lenguaje «atkinsoniano» de ZP: ¿Un canto a la vida desde la muerte? ¿No será al revés? La historia de Ramón Sampedro es un canto a la muerte, desde una vida desesperada y desaprovechada. Por eso, los tetrapléjicos son los que más cabreados están con Ramón Sampedro y Amenábar, porque el 99% de ellos considera que el capricho de Sampedro les va a traer desprecio social, menor financiación y más depresión en su dolor.

Pero Mr. Bean es un insensato, así que se dispone a aprovechar el film de Amenábar para legalizar la eutanasia en España. Que se preparen los viejecitos con hijos no especialmente cariñosos. Esto promete. En el montaje de la noche del jueves 2, se repetía que el Gobierno va a realizar una encuesta entre los españoles (ya saben, el resultado depende de cómo se formulen las preguntas). Pues bien, esa encuesta representará otra de las contradicciones flagrantes de los progres. Si la eutanasia fuera un derecho, y no un homicidio, debería legalizarse, aunque todos los españoles estuvieran de acuerdo en prohibirla. Pero supongo que la naturaleza de los derechos humanos resulta demasiado compleja para Mr. Bean. El problema es que eutanasia no es un derecho, es un brutal homicidio de un ser que ya no es útil para la sociedad. Que ese homicidio haya sido buscado por la víctima es lo de menos. Además, en la eutanasia siempre hay dos víctimas: el eutanasiado y el eutanasiador. Ambos son víctimas y homicidas, a ambos les gusta la muerte.

Lo del jueves constituyó el desembarco del Gabinete socialista en una sala de proyección: nada menos que seis ministros. Sólo faltaban las Brigadas Internacionales. Es el comienzo de la gran campaña para legalizar la eutanasia en España. Por eso, como toda campaña en contra de la vida humana, sembrar la confusión es fundamental. Por ejemplo, El Mundo, progresía de derechas, y por tanto valedor de Sampedro, de Amenábar y de Mr. Bean. En este caso, se juega con los conceptos de eutanasia pasiva y eutanasia activa, de la misma forma que en la barbaridad del aborto se ha jugado con el aborto a plazos, o contra la tontuna de distinguir entre despenalización y legalización, o de la misma forma que en materia de células se jugaba con la real y definitiva distinción entre células madre adultas y células madre embrionarias, reduciendo la denominación a «células madre», sin más aclaraciones.

Pues bien, dice El Mundo que la eutanasia pasiva consiste en «dejar que el enfermo muera sin encarnizamiento terapéutico», mientras que la eutanasia activa es «aplicar fármacos u otras medidas para acelerar la muerte y evitar el sufrimiento». Pues, supuesto y no admitido que la eutanasia pasiva fuera eso, la Iglesia y la ética no sólo la admiten sino que la aplauden. Un medicamento que palíe el dolor aunque acelere la muerte (la clásica morfina es el arquetipo de esta hipótesis) se puede y se debe proporcionar al enfermo. Es más, es la orden hospitalaria de San Juan de Dios la que se ha especializado en los llamados cuidados paliativos, que no son otra cosa que la práctica de la medicina con enfermos terminales.

Pero la eutanasia activa no consiste en aliviar el sufrimiento en los últimos momentos de vida, sino en matar a un tetrapléjico, o similar, que podría vivir muchos años y hacer muchísimas cosas hermosas. Y encima, liando a un tercero, y encima, con el manto moral que otorga la legislación, y encima, en no pocas ocasiones, a espaldas del protagonista, y encima, con el peligro inminente de ampliar este crimen organizado a otros miembros más débiles de la sociedad. Así, como comentábamos el jueves 2, Holanda, país pionero en la eutanasia, ya está pensando en matar niños para evitarles sufrimientos. Y luego irán los disminuidos psíquicos y los paralíticos cerebrales, luego los dementes, y luego los cojos, los ciegos, los sordos. Una repugnante sociedad eugenésica. Queremos el hombre perfecto, el superhombre de Nietzsche, para quien el crucificado era una provocación. Los débiles molestan, mejor darles una muerte, eso sí, muy digna.

Hay que reconocer que la eutanasia no es mal camino para estabilizar los sistemas de prevención social y para reducir el gasto público en pensiones. Pero, no sé, quizás resulte una solución demasiado drástica.

Luego está el canto a la cobardía. Amenábar ha utilizado su indudable talento para convertir a un villano en héroe. Sampedro no es un héroe. La eutanasia no es más que un suicidio por miedo a la vida, por desesperación. Y el suicidio es (Chesterton, «dixit»), el peor de los homicidios. Y todos los males, todos los pecados, todas las salvajadas del hombre conducen o acercan al único mal: el homicidio. La eutanasia no sólo es un suicidio, es un suicidio tan cobarde, que introduce un segundo culpable, el médico o asistente. El eutanasiado no se tira por el balcón, pongamos por caso. El eutanásico transfiere a otro la responsabilidad porque ni tan siquiera es capaz de superar el instinto de supervivencia, lo único que le une a la vida, por tanto, lo único que le une a la razón, a la libertad y a la condición de persona. Y no sólo eso, sino que, además, exige el aplauso social por su cobardía y compromete a las conciencias de todo el cuerpo legislativo. O sea, el antihéroe… como Mr. Bean.

Bueno, salvo lo de aplauso social, de eso se encarga Polanco.







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