El Risco de la Nava - Nº 242
Fecha Sábado, 06 noviembre a las 22:11:01
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 242 – 2 de noviembre de 2004

SUMARIO

  1. Alternativa Española, por Antonio Cabrera
  2. Al Consejo General del Poder Judicial, (por la transcripción: Miguel Ángel Loma Pérez)
  3. Las andadas, por Aquilino Duque
  4. Apuntaciones en torno al centro político, por Antonio Castro Villacañas
  5. Disparatado, por Antonio de Oarso
  6. A propósito de un homenaje: Companys, por Pío Moa


ALTERNATIVA ESPAÑOLA
Por
Antonio Cabrera

Desconocía la existencia de Alternativa Española (AES), el nuevo partido político de ámbito nacional, de derechas, democrático y católico que el pasado 23 de octubre hizo su presentación oficial en el Palacio de Municipal de Congresos del Campo de las Naciones de Madrid. Para mi sorpresa -la convocatoria había tenido escaso eco mediático, al menos en Madrid- el auditorio del Palacio de Congresos aparecía abarrotado de un público entusiasta, de todas las edades, sobre todo jóvenes. El ambiente y el auditorio me recordaban la frescura de los primeros mítines del PP de la etapa de Aznar.

El acto, breve y bien organizado, lo presentó Luis Fernando Rute, vicesecretario nacional de organización de AES. Como telonero de lujo intervino Ewald Stadler, Defensor del Pueblo de Austria y presidente de la Academia de la Libertad del FPÖ austriaco, quien defendió el cristianismo como fundamento espiritual de Europa y criticó la ausencia en el Preámbulo de la futura Constitución Europea de cualquier referencia a Dios y al cristianismo, mostrando, asimismo, el apoyo de su partido y el de sus homólogos europeos a Alternativa Española. Cerró el acto el secretario general de AES, Rafael López-Diéguez, quien desgranó con brillantez las bases programáticas y los objetivos del nuevo partido, de inspiración católica.

La irrupción en el panorama político de un partido de implantación nacional, después de 25 años de reinstauración democrática, no es fruto del azar. Y no me refiero solamente a la creación de la maquinaria en cuyos engranajes se enredan los recursos humanos y materiales necesarios -pero no suficientes-, para la viabilidad de un proyecto político. La condición sine qua non para el éxito de AES residirá en que su programa político sea capaz de cubrir una demanda social  -la del voto católico- no satisfecha hasta el momento. Oportunidad y demanda.

Parece que en este caso se conjugan ambas premisas. Las estadísticas confirman la religiosidad abrumadoramente mayoritaria del pueblo español. Un 85 por ciento se declara católico. Más del 80 por ciento de los padres quieren para sus hijos clase de Religión. El 80 por ciento de los matrimonios son religiosos. El 97 por ciento de los fallecidos se entierran en sagrado. Cada domingo asisten a misa 12 millones de fieles. El Papa visita España y moviliza a millones de católicos. Los ritos y las tradiciones cristianas impregnan las fiestas y celebraciones populares que se extienden por toda la geografía española. Historia, arte, arquitectura, filosofía, literatura... hunden sus raíces en esencias cristianas, desde la conversión de Recaredo en el año 589  hasta hoy, casi 1.500 años después. Sin embargo el voto católico, aquí y ahora, no está representado en el Congreso de los Diputados.

Desde luego no lo está por el PSOE, que vista su incapacidad para articular una política económica y social que procure el bienestar de los ciudadanos, ha centrado su acción de Gobierno en su adoctrinamiento en el credo socialista, con la totalitaria intención de legislar sobre las conciencias. De ahí su obsesión guerra civilista por reabrir heridas cicatrizadas hace ya mucho tiempo y su fanático empeño por ensayar una imposible reescritura de la Historia. Su ofensiva contra la familia y la moral -en sentido estricto- y contra la Iglesia Católica en particular, se ha traducido en un cúmulo de proyectos o disposiciones legales -aborto libre, píldora abortiva gratuita, divorcio express, matrimonio y adopción de niños por homosexuales, arrinconamiento de la Religión en la escuela, discriminación de la enseñanza privada confesional o la equiparación de la Iglesia Católica con el Islam...- que han levantado grandes ampollas en una mayoría silenciosa, cada vez más decidida a dejar de serlo.

Tampoco el PP como principal partido de la oposición cubre las expectativas del voto católico. El PP de Rajoy persiste en su errática política de indefiniciones, falta de solidez en los principios y guiños al electorado «progresista» en detrimento, como siempre, de la derecha sociológica, su electorado más fiel, y sin embargo peor tratado. Un voto que el PP supone cautivo, católico en su mayoría -puteado y perplejo- que no entiende su connivencia con el matrimonio homosexual y su adopción de niños, como ya ha ocurrido en el Gobierno balear; ni su pasividad, cuando no complicidad, con el divorcio express, la píldora abortiva (Gallardón y sus muchachos), la investigación con células madre embrionarias o el aborto. Ni mucho menos con la apertura del melón constitucional, como proféticamente adelantó Aznar, ni con el sí al referéndum de la Constitución europea después de olvidar el Tratado de Niza, ni su buen rollito con los independentistas, según quedó de manifiesto en la última «cumbre» de presidentes autonómicos.

En la medida que AES sea capaz de dar respuesta a estas demandas y el PP persista en ignorar la opinión y los intereses de su electorado, el panorama político español puede brindarnos grandes sorpresas. En cualquier caso, bueno es que en democracia los ciudadanos dispongan de alternativas. Los resultados del referéndum sobre la Constitución europea pueden ser el primer aldabonazo colectivo que marque el comienzo de una nueva etapa en la política española.
 

AL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL
(Por la transcripción: Miguel Ángel Loma Pérez)

Andrés Pañolito Medio, mayor de edad, en pleno uso de mis facultades, algo mermadas tras el padecimiento de largas horas desufrido televidente, pretendiendo echar una mano a la justicia en lo que pueda, y se deje, ante ese alto Consejo me compadezco y

DIGO:

Que viendo lo que uno ve y oyendo lo que uno oye, tal y cómo está de revuelto el patio mediático con el imparable y crecido protagonismo de famosos, famosillos y famosetes, que saltan y asaltan de cadena en cadena con el beneplácito, hospitalidad y millonaria generosidad retributiva de productores y directores de programas televisivos y prensa del corazón que, pobrecitos ellos, sólo se limitan a darnos la bazofia que les demandamos, según nos demuestran fehacientemente con las mediciones de audiencia y videncia que ahora se denominan «share», considero de urgente prioridad la creación de un nuevo orden jurisdiccional cuyo objeto exclusivo sea el conocimiento de los trascendentales asuntos relacionados con las demandas, denuncias, querellas, interdictos, secuestros de vídeos, prohibición de apariciones, intervenciones, réplicas y contrarréplicas, etc., generados por problemas de bragueta y casquería sentimental, que requieran para su pacífica (es un decir) resolución, la intervención de jueces y demás profesionales del Derecho. Dicho orden jurisdiccional tendría como finalidad descargar a la jurisdicción ordinaria (con perdón) de un tipo de asuntos que, si atendemos a la veracidad de todo lo que se dice y cuenta en la tele, constituye sin ningún género de dudas la actual causa del colapso judicial existente en nuestro país.

Esta petición la fundamento en las siguientes

Alegaciones (y consejos al Consejo)

Primera: Que pese a que en las encuestas del CIS el personal siempre responde que lo único que ve en la tele son los Documentales de La 2 sobre la triste vida de las tortugas de Pernambuco y sus graves problemas para el apareamiento con los cada vez más inapetentes tortugos, la cruda realidad nos demuestra que lo que realmente preocupa a la gran mayoría de nuestra gente son los amores, desamores, noviazgos, matrimonios, separaciones, nulidades, divorcios, arrejuntamientos, «ahítequedas», embarazos, prepartos, pospartos, cuernos, recuernos, rabos, oreja y vuelta al ruedo mediático, generados por los inefables protagonistas de los programas basurilla y demás zurrapa pseudoinformativa, que tienen en vilo al personal ante la llamada caja tonta, que de tonta no tiene un pelo porque bien sabe lo que busca con este tipo de programación.

Segunda: Que de todos es conocida la feraz hemorragia de solicitudes, reclamaciones y demandas que nacen de las generosas relaciones de estas nuevas estrellas mediáticas, hemorragia agravada además por la circunstancia, nada desdeñable, de que no son personas, personajes o personajillos que tengan un abogado, como suele suceder con todo hijo de vecino que no sea un magnate de las finanzas, sino que disponen de una pléyade de profesionales del Derecho a su servicio, como demuestran las expresiones tan habituales que salen por sus siliconados labios, en frases como «Eso ya está en manos de mis abogados», o aquello otro mucho más contundente, de «Mis abogados tevanameté una demanda porlopená que te vasacagá porlas patasabajo», y otras advertencias jurídico cautelares de similar naturaleza.

Tercera: La denominación de este nuevo orden jurisdiccional podría ser muy bien la de Jurisdicción del corazón, Jurisdicción de la entrepierna, del bolsillo, o de donde finalmente se compruebe que corresponda, ya que no se sabe bien en dónde radica exactamente el origen de los inconfesables intereses de este tipo de justiciables. (Pero por favor, que ni en broma se denomine nada relacionado con la extinta Jurisdicción del Trabajo, que con solo con oír esta palabreja podrían ser presa de un ataque de vómitos, regüeldos y flatulencias variadas, que echarían a perder todo el glamour con que se envuelven estos personajes).

Cuarta: Las salas y habitáculos donde tuviesen lugar las celebraciones de las vistas relacionadas con este tipo de asuntos, deberían estar habilitadas para acoger delegaciones y representantes de la denominada Prensa del corazón, y de esta manera no tener que padecer los numeritos de carreras, desmarques dentro del área y quiebros de cintura, de estos personajes por los pasillos de los Juzgados, perseguidos por los chicos y chicas de la prensa que, alcachofa en mano y cámara en ristre, tanto turban y perturban el pacífico desenvolvimiento de los asuntos ordinarios de las demás jurisdicciones. Asimismo sería conveniente que tales salas dispusieran (al igual que sucede en los centros deportivos) de cabinas con equipamiento técnico necesario para proceder a la emisión en directo del desarrollo de los juicios. Y ya puestos, tampoco vendría nada mal la creación de un nuevo cuerpo de funcionarios judiciales especializados en maquillaje y retoques faciales, e incluso implantaciones sobre la marcha de inyecciones de toxina botulímica, que no hay derecho a que te cojan con la carita lavada y recién salido de tu casa, en unos primeros planos que quitan todo el glamour. Ni que decir tiene, que las togas que utilizasen los profesionales de la justicia en este tipo de asuntos, podrían ser de vivos y atrevidos colores, superando el ceniciento y triste color negro con el que tanto gusta adornarse la justicia, como si eso de pisar los tribunales como querellante y querellado, acusador y acusado, demanadante y demandado, no fuera una actividad gozosa, divertida y lucrativa.

Quinta: Igualmente, y como elemento de auxilio judicial para evitar el estrés o incluso el escuatro, que implicaría un exacto conocimiento de los antecedentes que este tipo de asuntos producirían en los jueces, sería muy conveniente la dotación en cada Juzgado de un grupo de asesores compuesto por tertulianos especialistas en la materia procedentes del mundillo rosa. Esta sería la única fórmula eficaz para evitar las agotadoras sesiones previas que exigirían a cada juez llegar a un conocimiento medianamente acertado sobre las relaciones existentes entre las partes (del proceso), y descifrar que, por ejemplo, uno de los grandes personajes que puede suscitar el máximo interés popular puede ser la ex amiga del ex novio de la amante del chofer de una joven que mantuvo una relación con un tipo que pasó una semana en la casa del Gran Hermano, y con el que tuvo una hija que aparece con un tomate en la cara cuando a la inocente criatura la sacan por la tele. 

En fin..., que por lo expuesto,

SOLICITO: Que atendiendo al buen orden y concierto de los juzgados y tribunales, y para su mejor desarrollo y funcionamiento, sea atendida mi petición en todos sus puntos.

Por ser todo ello de justicia (aunque no estoy muy seguro) que pido (¡será por pedir!) en Sevilla, a principios de un siglo XXI que, de continuar tal como va, no sabemos muy bien en donde acabará.
 

LAS ANDADAS
Por Aquilino Duque

Yo no he ido a ver la película Tiovivo por fundadas sospechas que me confirma un comentario de Alonso de los Ríos cuando dice que «es un canto al pueblo vencido», pero que «no ofrece unos elementos mínimos que hubieran permitido hacer una valoración crítica (una crítica, en definitiva) de la causa por la que luchó la izquierda y por la que fue derrotada». Quiere esto decir que la película de Garci es, cómo no, una crítica más al franquismo, no por más sutil menos insidiosa que la que prodigan otros insignes colegas suyos. La «corrección política» está asegurada, pero es, por desgracia para el cineasta, la «corrección política» que suele hacer suya la derecha vergonzante.

Yo tengo hacia el cine español actual todas las reservas del mundo, ya que, desde el «cumplimiento de las previsiones sucesorias», se adelantaría a la televisión en la meritoria labor de adoctrinar a las masas contándole la mitad de la historia o, lo que viene a ser lo mismo, la historia al revés. La máquina de propaganda de la democracia funciona con un lubricante: la baba antifranquista, y no hay cineasta en los últimos tiempos que no haya pasado lo que yo llamo «la prueba de la baba». Garci se sometió muy pronto a esa prueba con una película que creo se llamaba Volver a empezar, título muy atinado en el umbral de un sistema que consistía en «volver a las andadas». En ellas estamos.
 

APUNTACIONES EN TORNO AL CENTRO POLÍTICO
Por Antonio Castro Villacañas

Dicen los que se consideran expertos en sociología electoral (esto es, quienes conocen los tejemanejes de cuantos organizan las elecciones y controlan a los candidatos) que los comicios de carácter general o nacional se deciden entre nosotros por el millón y medio o los dos millones de españoles que -según tales conocedores- se encuentran situados en un espacio político sabiamente bautizado como «centro». Los pobladores de este espacio han merecido -nadie sabe por qué- la calificación de «no dogmáticos», sensibles y templados, con lo que de paso se moteja al resto de los españoles mayores de 18 años como calientes o fríos, carentes de sensibilidad e intransigentes.

Yo traduzco la jerga sociológica electoral y la escribo en la lengua que utilizo para hablar con mi familia, mis amigos, vecinos y lectores: las elecciones a las Cortes y el Senado se deciden entre nosotros por quienes no son «ni chicha ni limoná», ni carne ni pescado, ni esto ni aquello... En definitiva, los que sólo son lo que les conviene ser, los sensibles veletas que se mueven siempre al menor soplo del viento, los sensibles frioleros que siempre están al sol que más calienta... Esta minoría de churreros es la que, inclinándose en favor de uno u otro partido, hace que su elegido se convierta o no en mayoritario. En definitiva, su opinión vale prácticamente más que la de cuantos llenos de buena fe confían, casi siempre a lo largo de su vida, en una concreta opción política.

En torno a ocho millones de españoles votan desde hace años al PP y otros tantos respaldan al PSOE en cada convocatoria electoral. En su mayor parte lo hacen por sólidas razones ideológicas o por mil motivos vitales, y por ello a mi juicio merecen un alto nivel de respeto. Creo difícil determinar la cuantía de los que eligen a esos dos partidos en virtud de la extraña teoría que afirma debe votarse, aún tapándose la nariz y los ojos, al «menos malo» o al que se sienta «más cercano» a nuestros ideales, pero tengo para mí que un número considerable de esa clase de españoles se encuentra entre quienes muestran su confianza en el PP, lo que me hace pensar en que este partido es menos sólido y estable que el PSOE. Lo mismo piensan, aunque no lo digan, quienes consideran que para alcanzar y mantener las apetecibles solidez y estabilidad los populares deben esforzarse en conseguir el apoyo de «los sectores más centrados de la sociedad española», es decir, de cuantos entienden la política como un medio de mejorar sus propias condiciones de vida y sólo le piden a sus gobernantes, seanmunicipales, regionales o estatales, el orden y la tranquilidad necesaria para desarrollar su personal economía e incrementar su situación social.

No hace falta decir que yo no creo en la existencia del centro político. Pienso que el territorio donde se producen la búsqueda, el logro y el ejercicio del poder está muy lejos de ser una esfera perfecta, con un único punto central y múltiple variedad de radios de iguales dimensiones e intensidades. Tampoco lo veo como una cinta métrica o cualquier otro artilugio manufacturado. Yo lo considero una realidad social, de múltiple forma y constante perfeccionamiento, en la que trabajan de diferentes maneras muy diversas personas, difícilmente sometidas a la regla de un común denominador.

La experiencia histórica española, sin entrar en demasiadas profundidades, nos enseña que los hombres «centrados» y las políticas «de centro» han sido por lo general los causantes de las etapas más nefastas de nuestra convivencia nacional. En mi corta memoria, el recuerdo de UCD y Adolfo Suárez se une al de Azaña y Alcalá Zamora y sus respectivos partidos. Sin dudar de su buena intención, la historia demuestra que los tres se equivocaron y que el pueblo español los rechazó mediante votos o actos de fuerza tan pronto como se dio cuenta de que tras ellos no se iba a ninguna parte y de que por haberlos seguido en algún momento España caminaba hacia el desastre. Por eso no entiendo -o entiendo demasiado bien- que los listillos y habilidosos de siempre anden pregonando ahora que debemos «centrarnos».
 

DISPARATANDO
Por Antonio de Oarso

Algunas comparaciones, además de odiosas, son absurdas, y expresan el extravío de unas mentes dominadas por el sectarismo. Hace muy poco, el periodista Javier Nart exponía tajantemente en la televisión que los secuestros realizados por los terroristas iraquíes eran algo repugnante, odioso, etc…, pero que igualmente rechazable era la prisión inconsiderada de afganos en Guantánamo por parte de los norteamericanos. Y quedó satisfecho, como persona que ha mostrado su ecuanimidad y no su antiamericanismo derrotista.

Pero cualquier persona ecuánime se da cuenta de que es imposible la comparación. Los prisioneros de Guantánamo son sospechosos talibanes, miembros de aquella secta que impuso un régimen extremista en Afganistán, con el que Estados Unidos entró en guerra debido al atentado terrorista más gigantesco de la Historia. Su situación puede ser legalmente discutible, pero no tiene nada que ver con el secuestro de personas perfectamente inocentes como rehenes para hacer chantaje. Y mucho menos todavía con el degüello de esas personas, con su decapitación mostrada luego en vídeos transmitidos por internet. Solamente aquellos que están sumidos en el antiamericanismo más abyecto pueden equiparar ambas situaciones. A destacar que esta exposición denigratoria se hace contra un aliado nuestro, con el que contamos para nuestra defensa, ya que nuestra miserable condición de pacifistas a ultranza nos impide asegurarnos nuestra propia defensa reforzando nuestro escuálido ejército.

Esta comparación absurda se parece a la que otro espíritu ecuánime hizo no hace mucho entre los asesinatos ordenados por Fidel Castro, de unos desgraciados que habían intentado escapar de Cuba en una barcaza robada, con las justas ejecuciones de asesinos dictadas por jueces legales en Texas y firmadas por el gobernador Bush. Grotesca comparación que no resiste el más mínimo análisis.

En hablando de ejecuciones: se empeñan estos espíritus ecuánimes en condenar una y otra vez la vigencia de la pena de muerte en Estados Unidos, en exhibición humanitarista que sólo convence a quienes tienen muy amplias tragaderas; pues oponen un sistemático silencio sepulcral a las numerosísimas ejecuciones diarias que se efectúan en China, país comunista que, sin duda por el hecho de serlo, goza de un gran respeto entre esta clase de gente ecuánime y humanitaria. Nunca mencionan, a pesar de haber sido difundido por los medios de comunicación, que en 2003 se efectuaron 5.990 ejecuciones en el mundo, de las cuales 5.000 corresponden a China. ¿Y cuántas corresponden a Estados Unidos? Ni más ni menos que 64, derivadas de juicios donde los reos gozaron de las más amplias garantías de una defensa justa. Lo contrario de China. Allí, hasta se ha detectado un negocio de tráfico de órganos de ejecutados. Por no decir nada de las leyes que obligan al aborto bajo penas severas, al objeto de evitar el aumento de la población.

Esto nos remite a la guerra de Irak. Sí, puesto que se ha repetido una y otra vez con ridícula indignación que Estados Unidos obró al margen o en contra de la legalidad internacional, representada por la ONU. Pero ¿qué legalidad es esta que depende de un Consejo de Seguridad en donde tiene poder de veto un país como China? Esta legalidad internacional es una farsa. Se podrá discutir sobre la justicia o injusticia de la intervención en Irak, pero nunca de legalidad internacional, la cual, hoy por hoy, no es sino un engendro caricaturesco.

Sin embargo, estas realidades no penetran en las mentes adoctrinadas en el progresismo derrotista. Le planteé recientemente a un socialista la cuestión de las ejecuciones en China y de la ausencia de crítica en los medios de comunicación, y, después de pensarlo un poco, me contestó: «¡Ah, pero es que China es una dictadura!». Para él esta condición del régimen chino no diré que justificaba las ejecuciones, pero sí que les confería un rango de normalidad. No parecía caer en la cuenta de que, al ser cierta su afirmación, la condena del régimen debía hacerse por partida doble: por ser una dictadura y por efectuar ejecuciones masivas.

El progresismo es siempre derrotista porque no encuentra más que motivos de crítica en lo propio, es decir, la civilización occidental cristiana, y siempre comprensión para lo ajeno y adversario, unas veces las dictaduras marxistas y, otras, las dictaduras islámicas. Es natural, pues, que odie a Estados Unidos, como nación líder de Occidente, sobre todo si quien allí gobierna se confiesa cristiano practicante, y también a cualquier líder europeo que le preste ayuda. Pero este odio distorsiona el juicio de los progresistas y les lleva a emitir estimaciones grandemente disparatadas. 
 

A propósito de un homenaje: COMPANYS
Por Pío Moa

Aun con sus errores y responsabilidades en la guerra civil,  Azaña era, con diferencia, el más inteligente de los políticos republicanos de los años 30. Sus decepcionadas observaciones sobre sus correligionarios podrían sintetizarse en frases como éstas: «gente impresionable, ligera, sentimental y de poca chaveta»; o, más amargamente, «Muchas torpezas y mezquindad,  y ningunos hombres con grandeza y capacidad suficientes… ¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?». En tales quejas incluía, desde luego, a Companys, a quien dedica expresiones no muy laudatorias: «un iluminado, seguro de su fuerza, del porvenir, engreído», con la cabeza llena de tópicos insustanciales, de un «exaltado nacionalismo» de ocasión,  etc.

En estas frases Azaña aludía al Companys de 1934, el que preparaba la guerra civil. Había surgido un conflicto entre los nacionalistas catalanes de la Esquerra y los de derecha, en torno a una ley de contratos de cultivo. Los catalanistas de derecha habían presionado para que la ley fuera sometida al Tribunal de Garantías Constitucionales. El débil gobierno de Madrid, de muy mala gana y sin oposición de la Esquerra, lo hizo, y el tribunal falló en contra de dicha ley. El gobierno indicó a la Generalidad que bastarían unas nimias correcciones de pura forma para que la ley se aprobara sin dar tiempo a nuevos recursos.

Pero Companys  no quiso ni oír hablar de alterar una coma y se rebeló contra la decisión del tribunal, equivalente al Constitucional de ahora. Ante el Parlament declaró: «La política de conciliación nos está dando malos resultados… Me han llenado de estupor unas declaraciones del señor Samper lanzando la sugerencia de que tal vez, si se modificaran algunos aspectos (de la ley) podría haber un plano de avenencia, palabra que en este problema nos cubre por sí sola de vergüenza». Aseguró que en otras ocasiones los catalanes habían sido injuriados y no habían replicado con la necesaria violencia, pero ahora sería diferente, pues de otro modo, «¡Oh amigos!, si eso sucediese y yo tuviera  la desgracia de quedar con vida, me envolvería en mi desprecio y  me retiraría a mi casa  para ocultar mi vergüenza como hombre y el dolor de haber perdido la fe en los destinos de la Patria». Y esto no fue más que el comienzo de una agitación belicosa e in crescendo contra las instituciones democráticas durante todo aquel verano.

Cuando todo acabó de forma no muy gloriosa el 6 de octubre, Companys pretendió ante el sorprendido fiscal que sus arengas del verano habían sido «muy moderadas». El fiscal comentó: «Primero, ¿qué concepto tendrá el señor Companys de la falta de moderación? Segundo, si el fascismo, según nos dijo ayer, se caracteriza por discursos heroicos, por amenazas de violencia, ¿quién no diría que el Sr. Companys, cuando pronunciaba este discurso, era fascista? Tercero, con razón se dice que los hombres estamos más dispuestos a matar o a hacer matar que a morir por nuestros ideales».

Companys no se había limitado a las palabras. Había utilizado dolosamente los instrumentos que la legalidad ponía en sus manos para organizar la insurrección, preparar y armar milicias, depurar las fuerzas de orden público (que por el estatuto dependían de él), infiltrar el ejército e impedir al gobierno la búsqueda de depósitos de armas socialistas en Cataluña (pues el PSOE también preparaba, activa y textualmente, la guerra civil).

¿Cuál era la causa de estas reacciones en apariencia alucinadas a una sentencia de los tribunales? Lo explica honradamente Amadeu Hurtado, jurista cercano a la Esquerra y enlace entre la Generalidad y el gobierno: «Supe que a la sombra de aquella situación confusa, la Ley de Contratos de Cultivo era un simple pretexto para alzar un movimiento insurreccional contra la República, porque desde las elecciones de noviembre anterior no la gobernaban las izquierdas».

Y ahí estaba, en efecto, el secreto de una agitación realmente salvaje. En noviembre de 1933 el centro derecha había ganado las elecciones por amplia mayoría, ante lo cual la Esquerra se declaró «en pie de guerra» contra el gobierno democrático, mientras el PSOE preparaba la insurrección armada para implantar un régimen de tipo soviético. Hoy estos hechos pueden considerarse firme y documentalmente probados, y decir que Companys fue uno de los principales responsables de la guerra civil corresponde estrictamente a la realidad histórica, no es hacer una frase demagógica o arbitraria.

También por entonces  había explicado Companys a Azaña  la teoría de la «democracia expeditiva», que, señala el segundo, sólo podía traducirse al lenguaje normal como «despotismo demagógico». Resalta aquí el fino olfato de Azaña tanto como su escaso sentido autocrítico, pues también él había reaccionado al triunfo de la derecha en 1933 con dos intentos de golpe de estado, y había estado más cerca de la rebelión de Companys de lo que admitirá a posteriori.

El testimonio de Azaña sobre Companys se vuelve aún más duro al referirse a la reanudación de la guerra en 1936, y la connivencia de la Esquerra con los anarquistas en el saqueo del estado: «Su deber (de Companys) más estricto, moral y legal, de lealtad política e incluso personal, era haber conservado para el Estado, desde julio acá, los servicios, instalaciones y bienes que le pertenecían en Cataluña. Se ha hecho lo contrario. Desde usurparme (y al Gobierno de la República, con quien lo comparto) el derecho de indulto, para abajo, no se han privado de ninguna invasión de funciones. Asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuich, los cuarteles, el parque, la telefónica, la CAMPSA, el puerto, las minas de potasa… ¡Para qué enumerar! Crearon la Consejería de Defensa, se pusieron a dirigir la guerra, que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares para construir la Gran Cataluña…».

Companys, en compañía y rivalidad simultánea con la CNT-FAI, presidió la época de mayores crímenes,  expolios y desorden que haya conocido Cataluña en época contemporánea. Fue nula su lealtad al Frente Popular, como en 1934 a la república, y los diarios de Azaña, entre otros muchos documentos, dan de él un retrato que en nada coincide con el que quieren ahora presentarnos sus nostálgicos explotando la sentimentalidad por su trágico fin.

Su ejecución, que él afrontó con dignidad, como otros muchos en la derecha y la izquierda,  fue un acto  brutal, como todos los fusilamientos, máxime teniendo en cuenta que el franquismo debía agradecerle las deslealtades y divisiones introducidas por su partido en el Frente Popular. Pero debemos tener en cuenta las circunstancias: ¿Qué hubieran hecho con Franco sus enemigos de haberle capturado? ¿Qué hizo Companys por salvar a Goded? ¿O a tantas víctimas del terror en aquellos años? Las guerras desatan las pasiones, y no cabe dudar, insisto de la responsabilidad del líder de la Esquerra en su desencadenamiento.

Naturalmente, cada cual puede admirar a quien le dé la gana, pero no en nombre de lo que le dé la gana. Homenajear oficialmente a Companys en nombre de la democracia significa degradar profundamente la idea misma de ella, y quienes lo hacen, se retratan. Asistimos al intento de la llamada «Segunda Transición». La primera nos trajo la democracia. La segunda, si triunfa, traerá otra cosa: quizá la «democracia expeditiva» tan del gusto del homenajeado.







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