Altar Mayor - Nº 96 (11)
Fecha Sábado, 06 noviembre a las 22:42:59
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 96 – Noviembre-Diciembre de 2004

EL ÁNGEL NECESARIO (algunas breves reflexiones estivales)
Por J. Javier Manzanera [1]

 
«Del espacio superior he caído en los abismos del Infierno,
 entre gentes que no son creyentes; soy prisionero en el país de Occidente,
 pero sigo experimentando una dulzura que soy incapaz de describir».
Sohravardî; Relato del exilio occidental

  I

No poco sabe el pensamiento occidental moderno sobre demonios... Mas ignora por completo al Ángel. Hablemos, al menos por esta vez, muy claro: Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo; con tal esclarecedor latinajo encabezó quien fuera el padre del psicoanálisis (hoy, como le ocurriera al progenitor de Edipo, aniquilado por sus propios hijos intelectuales, celosos quizá esta vez de su efímera gloria) a su principal obra sobre La interpretación de los sueños. Antigua y noble ciencia esta de la oniromancia, cuya inmerecida suerte fue venir a caer -tras el empirismo decimonónico y las previas e ingenuas ilusiones racionalistas de la Ilustración- en los fangos de una antropología que redescubrió los abismos inferiores que encadenan al alma, ignorando por completo sus posibilidades de remontar el vuelo hacia espacios superiores de Luz... Porque -y pese a su aparente espiritualismo- no es C. G. Jung (uno de aquellos rebeldes hijos de Freud, en nuestros días aún tan prestigiado) quien devuelve al hombre prometeico sus perdidas alas espirituales: en efecto, también sus arquetipos psíquicos –procedentes de algún infierno atávico y colectivo- son feroces vampiros intangibles que esclavizan y empobrecen a las ensimismadas almas humanas, sometiéndolas a ancestrales máscaras grotescas, a innatos complejos ya anudados en nuestro psiquismo cuando berreamos por vez primera en este bajo mundo...; quizá, precisamente, por haber caído en tan gordianos lazos, trazadores astrales e implacables de un a menudo cruel Destino que –si hacemos caso al menos de la alta tradición platónica- son las propias almas, en un crítico momento intemporal, quienes -conforme a su más íntima predilección- lo eligen. Mas poco tienen que ver esos arquetipos jungianos –obscuros, inconscientes, posesivos, tiránicos- con aquellos otros y luminosos Arquetipos platónicos; aquellas determinaciones primordiales del Espíritu (Titus Burckhardt [2] dixit) cuyo nítido reflejo en el espejo de la pura consciencia intelectual (nous) dota al ser humano de una posibilidad divina: esto es, libre, luminosa, armónica, dichosa... Solo acaso un Ángel –un vértice sapiencial, puramente contemplativo, en el atribulado corazón humano- pueda exorcizar eficazmente (Sapiens dominabitus astris) a tan afamados astrolabios de los abismos psíquicos y a toda su poblada fauna de libidinosos fantasmas oníricos y rupestres arquetipos tribales. Utilicemos, pues, a las pocas alas intelectuales que la más profunda psicología occidental nos deja para escapar cuanto antes –si aún podemos rasgar la secular urdimbre de nudos gordianos que tejen a la mentalidad moderna- hacia el luminoso Oriente del alma, sede simbólica del Ángel. Redescubramos al Ángel, pues –más allá de todo espurio angelismo moralista- le necesitamos para seguir siendo humanamente libres.
 

II

El Ángel necesario; tal fue el título que Massimo Cacciari [3] –tomándolo legítimamente prestado de un poema de Wallace Stevens- dio a su breve pero denso y aún delicioso estudio dedicado a una personalísima búsqueda intelectual –compleja, casi desesperada- del Ángel; nutrido repaso de la angelología tradicional más olvidada y de sus permanencias poéticas y filosóficas modernas –apenas fieles al clásico acervo intelectual- en Rilke, en Klee, en Walter Benjamin, en Paul Valéry: «Una especie de Ángel estaba sentado sobre el borde de una fuente; se miraba y se veía hombre, y con lágrimas [...] fue preso de una tristeza infinita». Diríase que la cultura prometeica –como certeramente definiera Walter Schubart a la moderna occidental- siente nostalgia de la dimensión angélica perdida: necesita al Ángel. Quizá también en relación a esta esencial carencia cultural presentida deba interpretarse –en el contexto del neoespiritualismo contemporáneo- a toda esa tendencia estética y aun consumista tan actual, y tan ridícula, que rinde laico culto estéril a la iconografía angélica. Resulta ahora que los angelitos y también los angelotes se ponen de moda, y toda una angelomanía renace en el prosaico imaginario del titánico Occidente. Mas -como indica desde un principio el profesor Cacciari en su mencionado libro- «utópica es la dimensión del Ángel...»: en vano se le imagina, ubica, representa y demanda, pues, al menos al verdadero Ángel que vitalmente necesitamos -al Ángel Necesario-, fuera del microcosmos del corazón humano. Por eso acertó el anónimo autor de la gótica batalla conocida como el San Miguel de Zafra [4] al pintar su propio y humilde reflejo en el brillante escudo del Arcángel y ante las fauces mismas del mítico Dragón: aún sabía –pues pertenecía a un universo cultural premoderno- que toda aquella vertical imaginería de seráficos coros contemplativos de los Arquetipos supremos, de querubines aun portaespadas, de ángeles ya caídos –desarmados por sus tendencias caóticas- hacia una cada vez mayor monstruosidad de zoología psíquica magistralmente representada bajo la mirada axial del Arcángel..., sabía en suma aquel anónimo pintor de audaces autorretratos que toda aquella medieval jerarquía cósmica que salía policromada de sus pinceles se proyectaba exactamente –en reflexión recíproca- en la íntima rodela de su mero y demasiado humano corazón; y que ahí combatía el Ángel que le importaba.
 

III

Fue sin duda y sobre todo Henry Corbin [5] quien –abrevando nociones esenciales en la tradición espiritual irania, fundamentalmente en el legado intelectual de Sohravardî- ofreció al desangelado hombre occidental una coherente e inspirada recomprensión del Ángel: una angelología del Ser. El erudito islamólogo, que fuera contertulio de C. G. Jung en los encuentros veraniegos del grupo Eranos, y cuya obra especializada hoy es hito monumental, sintetizó su más alada psicosofía confesándola en tres conferencias pronunciadas en respectivas sesiones (separadas entre sí por un dilatado periplo de casi veinticinco años, lo que pone en evidencia la madurez de sus convencimientos) de aquel elitista círculo intelectual suizo; publicadas póstumamente de forma conjunta vinieron a constituir un libro verdaderamente excepcional y, en nuestros días, revelador: El hombre y su Ángel; Iniciación y caballería espiritual. Arrojando luz sobre concepciones antropológicas ya perdidas en Occidente, pero tan enraizadas en nuestra mejor herencia cultural (como aquella de la enigmática Dama -la Beatriz dantesca- entre los medievales Fieles de Amor), Corbin nos presenta al Ángel como la realidad ontológica –que no meramente psicológica- complementaria y eterna de cada ser humano, con la que es preciso reintegrarse, en metapsíquicas nupcias herméticas, para volver a ser plenamente lo que en esencia siempre somos: espejos, más o menos nítidos, de los Arquetipos divinos.
 

IV

Si ya el poeta neoyorkino C. A. Coulombe, en un ensayo de título bien significativo -El Señor de los Anillos: una visión católica-, pudo afirmar sin tibiezas que la subcreación literaria de J. R R. Tolkien [6] constituía «la gran obra épica católica de nuestro tiempo, al mismo nivel que las leyendas del Grial», por nuestra parte (que siempre vimos, con la alta caballería cristiana, en la labor de vates medievales como Wolfram von Eschenbach una inspiración más que humana), no podemos si no reconocer, en la  sublime cosmovisión de la Tierra Media, buena cosecha nueva de la perennidad y de la creatividad inagotable del Ángel Necesario. De entre las tenebrosas ruinas espirituales de la antigua Cristiandad -hoy verdadera tierra desolada y sin Rey- surge inesperadamente, y renovada por un manantial secreto, la belleza primordial del Mito: adecuada expresión misteriosa de los Arquetipos inefables… Nunca como ahora necesitamos tanto el escrutar atentos su siempre críptico mensaje: es el del Ángel prisionero; el Ángel triste y secuestrado de Occidente que entona una última visión trágica de sacrificio, de heroísmo verdadero, de fidelidad extrema, y de Esperanza... «Tras la fantasía -advertía Tolkien en 1939 cuando su  inmortal trilogía apenas empezaba a tomar forma literaria- existen voluntades y poderes reales que no dependen de las mentes e intenciones de los hombres»… Pero fue en su correspondencia privada donde el inspirado autor -magistral ensamblador de mitos intemporales- confesó su manantial secreto: «…antes del Santo Sacramento… percibí o evoqué la Luz de Dios… Y el rayo era el Ángel Guardián:… la atención misma de Dios personalizada… una verdadera (finita) persona». Contemplación intelectual profunda de la jerarquía ontológica, propia de la más luminosa mística, manifestada a su vez con la sinceridad y la sencillez  con la que un padre escribe a su hijo que enfrenta los graves peligros de la guerra: «Acuérdate de tu Ángel Guardián. ¡No una señora rolliza con alas de cisne!… El punto brillante de poder donde esa línea vital, esa cuerda umbilical toca, allí está nuestro Ángel, enfrentado doblemente con Dios…, y con nosotros». No otra cosa necesitamos tanto hoy en este miserable Occidente, cáncer maligno de la civilización cristiana, como reaprender a demandar -de cualquier forma efectiva- a esa  suprema, viva y personalizada Atención. Y poco más debiera importarnos.
 


[1] J. Javier Manzanera es escritor.

[2] Burckhardt, Titus: Psicología moderna y sabiduría tradicional. Taurus; col. Biblioteca de Estudios Tradicionales nº 10, Madrid 1982.

[3] CacciarI, M.: El Angel necesario. Visor; col. La Balsa de la Medusa nº 28, Madrid 1989.

[4] El «San Miguel de Zafra» puede contemplarse en la sala de pintura gótica del Museo del Prado, Madrid.

[5] Corbin, H.: El hombre y su Ángel. Iniciación y caballería espiritual. Destino; col. Ensayos nº 24, Barcelona 1995.

[6] Pearce, Joseph: Tolkien, Hombre y Mito. Minotauro; Barcelona 2000.









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