Altar Mayor - Nº 96 (06)
Fecha Sábado, 06 noviembre a las 22:51:00
Tema Altar Mayor


REVISTA DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 96 – Noviembre-Diciembre de 2004

PANCHO COSSÍO, PINTOR FALANGISTA (1)
Por José Mª García de Tuñón Aza [1]

Primeros pasos

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882), dado a conocer en París por Rubén Darío, llamado el «pintor de la Hispanidad» porque nadie como él dedicó tanto su paleta a las figuras de la gesta americana, escribió un día que si alguna vez le pidieran el nombre de un pintor español vivo de su preferencia daría el de Pancho Cossío. Estas fueron sus palabras: «¿Podría hablar de Picasso, cuyo nombre centra tantos y tan grandes apasionamientos? No, Picasso, más que español es del mundo. Más que un pintor es un mito, aunque sea un extraordinario pintor. Habría que nombrar a un artista que viviera en España, que tuviera una proyección más española. Ni Picasso, ni Miró, ni Dalí están dentro de estas premisas, aunque sean españoles. Por su gusto, su personalidad, su transparencia, su finura expresiva, quizá daría el nombre de Pancho Cossío, mi admirado y querido amigo»[2]

Francisco Gutiérrez Cossío nació el 20 de octubre de 1894, en San Diego de los Baños, aldea de Pinar del Río, Cuba, cuando allí estaba a punto de apagarse el viejo sol hispano, la tierra que produce el mejor tabaco del mundo, esa hoja inimitable en torno a cuyo comercio se centraba, por aquel entonces, la actividad del padre del pintor, el cántabro Genaro Gutiérrez y Gutiérrez, que procedía de familia campesina, que junto con su esposa Casimira Cossío Mier, cántabra también y de familia hidalga, habían emigrado a Cuba, donde Genaro ya había estado, acompañados de todos sus hijos, cinco en total, haciendo Pancho el número seis. Dicen las crónicas de aquella época que Genaro Gutiérrez llegó a ser alcalde de Pinar del Río y que adelantándose a la legislación española abolió la esclavitud entre sus trabajadores.

Nace, pues, Cossío a las puertas, y en el epicentro mismo, del desastre colonial que habría de marcar a fuego a toda una generación de intelectuales españoles: Miguel de Unamuno, Pío Baroja, los hermanos Machado, Ramiro de Maeztu, Valle-Inclán, Azorín. Toda la tierra de España ha sido poéticamente transfigurada en el ensueño de la generación del 98, dice Laín Entralgo, quien además añade: «La tierra de España es una y diversa, uno y diverso es también su trasunto literario. Le dan unidad y centro los llanos y las sierras de Castilla, a la que todos cantan: la Castilla áspera y delicada que han elevado a mito español los hombres del 98. Le regalan contorno y diversidad las regiones que en torno a ella tejen una corona verde, dorada y gris: verdes lomas de la Vasconia de Unamuno y Baroja: verdes prados de la Galicia de Valle-Inclán; oro lejano de la Andalucía de Machado; verdes intensos, delicados amarillos, grises múltiples del Levante de Azorín. Sobre este mosaico maravilloso descansa el ensueño de una vida de España»[3]

En 1896 al estallar la guerra por la Independencia, la región donde toda la familia Gutiérrez-Cossío vivía, es tomada por el guerrillero Quintín Banderas, que era conocido por su crueldad hacia los españoles; Pancho Cossío, sin embargo, dice de él que «era un caballero. En mi casa siempre se le ha recordado con admiración y cariño. La cosa fue por esto: Mi padre se adelantó haciendo una alcaldada a dar la libertad a los negros. A mí me mecieron negras libertas que se quedaron en casa a sueldo, como las sirvientas de hoy»[4]. Efectivamente, estas medidas abolicionistas que en su día había tomado el padre del pintor hacen que el guerrillero tenga la deferencia de facilitar la salida de toda la familia de la isla de Cuba. Primero viajan los dos hijos mayores y más tarde el matrimonio con sus otros cuatro hijos. Su destino sería España, y dentro de España el pueblo Renedo de Cabuérniga, en Cantabria, donde vivirían hasta 1909 en que se trasladan a Santander después de haber perdido el matrimonio a sus hijos Genaro y Juan fallecidos unos años atrás. En esta última ciudad, Cossío empieza los estudios de Comercio que muy pronto abandonaría para comenzar con sus primeras clases de dibujo con el pintor santanderino Francisco Rivero, produciendo este cambio un gran disgusto en su padre quien llegó a decir: «Si el chico quiere ser un desgraciado, ¿qué le vamos a hacer?»[5]. Pero el propio pintor justificaba su cambio de estudios al periodista Tico Medina con estas palabras: «Soy pintor porque soy cojo..., porque ya de pequeño me pusieron para que me entretuviera los pinceles en la mano..., porque mi primer regalo de niño inútil fue una caja de lápices de colores...»[6]. Efectivamente, Cossío empezó a pintar desde muy joven porque el aburrimiento le impulsó a ello. Todos sus hermanos eran mayores y no le hacían demasiado caso a la hora de los juegos infantiles porque su invalidez le obligaba a quedarse quieto en cualquier sitio de la casa. «Si mi pierna hubiera estado sana no habría sido pintor... Seguro que habría tenido otra ocupación menos sedentaria»[7]. La causa de su invalidez fue un accidente que el pintor sufrió en 1898 fracturándose el tobillo que le dejaría cojo de por vida debido a un error médico. «La cosa no pudo ser más sencilla: un derrame sinovial. Pero en aquella época no se sabía nada de esto, al menos los médicos rurales de entonces. Sobrevino un tumor blanco. Después fui operado, después quedé inútil. Yo padezco las consecuencias de un error de época. No guardo rencor a ningún cirujano»[8]

Con Francisco Rivero sigue sus clases hasta que en 1914 se traslada a Madrid para continuar sus estudios de pintura en el taller de Cecilio Plá, que será determinante tanto para su formación artística como humana. «A él le debo –decía Cossío– lo más esencial de mi formación: el amor al trabajo bien hecho, la conciencia profesional, el valor de la tradición pictórica española. Él fue, por otra parte, quien nos daba noticia de la pintura que se hacía por fuera de nuestras fronteras»[9]

Una vez instalado en Madrid en la calle Barquillo en una pensión conocida por la «Casa de los Solteros», pinta un año más tarde el retrato de Ester Ruiz, una joven santanderina de quien se dice estaba enamorado. Pero los primeros trabajos de interés efectivo habría que situarlos hacia 1920, cuando sus tres pequeñas obras como un tríptico -Marineros, Cantabria gentes de tierra y Cantabria gentes de mar-, parece que ya quiere anunciarnos un verdadero pintor. Y sería en el año 1921 cuando tiene lugar su primera exposición en el Ateneo de Santander que le serviría para empezar a abandonar prácticamente el Gutiérrez de la firma y dejar solamente el apellido de su madre.

Dos años antes, en 1919, participó en Santander en una muestra colectiva patrocinada por el Ateneo y el Ayuntamiento de aquella capital y organizada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con la obra Retrato de mi madre. En la exposición individual de 1921, sólo la atenta mirada de algunos ultraístas como Gerardo Diego supieron detenerse en esos cuadros que guardan en muchas ocasiones un gran parecido con los que por los mismos años pintaba Vázquez Díaz. Gerardo Diego le dedicaría un poema en 1919 titulado Puerto Chico porque el artista empezó su verdadera pintura como pintor de Puerto Chico. Fueron las olas del mar, las lanchas y las gaviotas, las que le enseñarían el camino de la pintura. El mismo pintor lo declararía muchos años más tarde: «El paisaje de montaña no me gusta, pero sí el mar»[10]

La nave que dio a luz el horizonte
pliega sus alas como quien
cierra un libro.
Al ver a la fragata todas las chimeneas
se quitan la chistera.
He visto en unas redes
los peces del Zodiaco.
Por la noche
cantan los gallos catalépticos
entre los hidroplanos albergados.
Y la hija del patrón
desflora las cuatro hojas
del trébol lanceolado de los vientos.
De pie sobre aguas: los marineros
que han jurado los remos
los levantan al cielo.
Allá arriba
todas las banderas
cantan sus sinfonías marineras
[11]

Pasados algunos años, tanto Pancho Cossío como Gerardo Diego, se harían falangistas y precisamente a causa de esta condición «muchos artistas e intelectuales, compañeros de francachelas y controversias que militaron en el bando republicano le deben la vida o el haberse librado de una larga condena»[12]. Un ejemplo es el del pintor almeriense Ginés Parra a quien conoció Cossío en París y que gracias a esa amistad que les unió «logra Parra salir de España tras ser encarcelado por luchar en el Bando republicano durante la guerra civil. Vuelve entonces a París»[13], donde fallecería en 1960.

Cossío de nuevo expone en Santander, dentro del llamado período santanderino que va de 1920 a 1923, cuatro años en cuyo transcurso comienza a dar a conocer su obra, no sin verse antes envuelto en críticas diversas. Para algunos su obra es desconcertante y polémica; sin embargo, un crítico de arte de un periódico montañés decía que los cuadros de Cossío estaban pintados con la sinceridad del que va llegando a pintor por su cuenta: «El pueblo ¿no le entiende? Acaso le entenderá pronto»[14]. Efectivamente, Cossío como pintor es una promesa que muy pronto llegará a ser una realidad, aunque no sin antes tener que pasar por críticas negativas en las que llega a ponerse en duda su buen gusto. Incluso El Noticiero Montañés, publica un chiste de muy poca gracia contra el mismo pintor: Dos personajes que se encuentran se dicen en un diálogo:

«–¿Crees tú que haría mucho negocio Cossío con sus cuadros?

»–¡Que sé yo, chico! ¡Tiene tan mala pata!» [15]

En 1923 Cossío va a Madrid y concurre con sus cuadros a la exposición organizada por el Ateneo de la capital de España. En esta ocasión la crítica le trata mejor que en su tierra. Muchos de los cuadros expuestos habían figurado en exposiciones anteriores. Su maestro Cecilio Plá en una entrevista que concede a un periódico de Valencia le auguraba un gran porvenir y le definía como «estupendo colorista»[16]. Cossío cree entonces que ha llegado el momento de hacer caso a aquellos que le estaban animando ir a París a completar su formación. Uno de los que más le estimulaba era el poeta Gerardo Diego quien no cesaría en su empeño hasta que lo ve partir a la ciudad del Sena en noviembre de 1923. A París viaja en compañía del escultor Daniel Alegre «que sin su intervención, Cossío hubiera anclado para siempre en Santander, malográndose, es posible, este extraordinario pintor»[17]. En ese tiempo, «París estaba ya en su apogeo el cubismo en su última modalidad; después de la guerra del 14 andaban ya cansados de esto y había que renovar las corrientes de Arte», declaraba el pintor[18]. Efectivamente, tuvo la enorme suerte de que el cubismo moría y hacía falta renovar el panorama artístico de París.
 

Su estancia en París

El paso por París parecía entonces obligado para cualquier artista que deseara mejorar su pintura. Era como la reválida que se exige a todos los pintores que quieren abrirse camino en este difícil mundo, aunque algún crítico ha puesto en cuestión la existencia de la Escuela de París, «ni siquiera en la pura acepción que quieren vendernos los franceses de una manera arteramente interesada»[19]. En la capital francesa vivió en muchos sitios, Montmartre, Gobelins, Montparnasse, y en Montrouge. «El París que conoció Cossío, a su llegada en 1923, era el París en el que las mujeres acababan de desembarazarse del corsé de acero y hueso de ballena, el París tomado por el jazz, en el que se podía encontrar en un cabaret de Montmartre a Cocteau acompañando con los tambores a una banda de negros ante la mirada entusiasta de aristócratas rusos, desinhibidas norteamericanas como Gertrude Stein, algún uruguayo como Torres García, algún inglés como el Príncipe de Gales y su corte de jovencitas hablando de sus coches, de sus teléfonos, de sus aviones, del golf y del cocktail, y al lado de Picasso, acompañado no se sabe bien si todavía por Olga Koklova o ya por la jovencísima Marie Thérèse Walter, elegantísimos chicos de la mejor sociedad, afamados marchands y artistas bohemios que charlaban con las garçonnes, con esas chicas sin curvas, de pelo corto, con la cabeza como una pelota sobre el cuello alto y delgado, como exigía por aquellos años la revista Vogue: "preferimos las frentes altas, las narices rectas, el pecho plano y un cuerpo de colegial a los senos y caderas que parecen sandías maduras”»[20]. «París nos da a un Cossío “europeizado” –nos dice el escritor falangista Eduardo Llosent– y se enfrenta en hacerlo suyo, en repetir su nombre, en buscar para su pintura todas las luces, todas las repercusiones favorables. Pero Cossío se “europeiza” con la fórmula de Unamuno: imponiéndose, “españolizando”, rescatando su espíritu cabuérnigo de la seducción francesa... “Les gris perle uniques”que Waldemar George descubre en su pintura son los grises de Velázquez, de Goya, los grises de Guadarrama y de su mar Cantábrico»[21]

Pero también había otro París: el de la melancolía y mirada hacia atrás; entre el final del cubismo y un fecundo surrealismo. Con Cossío también estuvieron por aquellos años en la capital francesa, Francisco Bores, uno de los mejores pintores españoles del siglo XX, al menos de su primera mitad; Hernando Viñes, un artista de escasa producción por su carácter retraído, pero un paisajista muy entrañable; Joaquín Peinado, un genuino postcubista que dibujó como ningún otro cubista lo había hecho hasta entonces; Ismael González de la Serna, nacido en Granada y muy amigo de García Lorca a quien le ilustra un libro de poemas, y el ya citado Pablo Ruiz Picasso, considerado como el monstruo de la pintura y escultura europea del siglo XX. Al poco tiempo de su llegada a la capital francesa se pone a trabajar. El primer triunfo es un triunfo relativo: envía un Desnudo al Salón de los Independientes y la verdad es que nadie se fija en él, pero Pancho tiene la fortuna de venderlo por trescientos francos. El mismo pintor reconoce su fortuna a la hora de vender el cuadro: «En la Exposición pasó desapercibido, pero un amateur francés me escribió y me ofreció 300 francos. Me quise dar el gustazo de entrar en París vendiendo»[22]. Al año siguiente, 1924, insiste en el mismo salón y también con otro Desnudo. Esta vez sí que rompe el hielo de la crítica, y el redactor de arte de Candide asegura que esta obra «es la revelación de la exposición colectiva»[23]. El pintor se encontró a gusto en París, fue una ciudad dulce para él donde además comenzó a recibir también críticas laudatorias en Cahiers d’Art, una de las mejores revistas de arte moderno de la época y que dedicó varios de sus números a los pintores españoles. «El crítico de arte Eteriades descubrió nuestro grupo, formado por De la Serna, Viñes y yo. La revista nos lanzó a bombo y platillo. Lo que siguió fue como coser y cantar»[24]. Entonces es cuando Cossío sale del anonimato y sus cuadros empiezan a cotizarse. Viaja en los veranos y se acerca a Santander a visitar a su familia, sobre todo a partir de 1925, fecha en que falleció su padre. También 1925 es el año en el que Cossío visita el estudio de Juan Gris. Lo cuenta el poeta Juan Larrea en carta a Gerardo Diego:

«Hace pocos días apareció tu asimétrico amigo Cossío. No sé qué impresión le produciríamos al pobre, porque la verdad es que Vicente [Huidobro] porque tenía mucho que hacer y yo porque me caía de sueño estuvimos en exceso displicentes. Al día siguiente le acompañé a visitar a Juan Gris. Este en cambio, muy diferente, le demostró que ignoraba en absoluto todas las posibilidades de la pintura moderna. Si tuvo oídos, pudo aprender»[25]

En París los encuentros entre pintores españoles siguen siendo frecuentes, cada uno sabía la escala que ocupaba y por eso sentían respeto mutuo. «Eran aquellos artistas del grupo, ángeles que andaban por tierra», diría el pintor más tarde[26]. Pero volviendo al postcubismo hay autores que reconocen que Cossío fue a él «mas no como una oveja boba que donde va una van todas; el fue a recibir, pero al tiempo a dar. El movimiento no pudo nunca con su originalidad exhibida en tantas cuantas ocasiones cogió el pincel. Su pintura puede gustar o no gustar. Lo que no puede hacerse es negar que es suya, ¡lo que no es poco mérito!»[27]

Cuenta el escultor montañés Villalobos que, en París, Cossío «era algo comunista, menos que anarquista, que era lo que en realidad fue siempre Pancho Cossío»[28]. Sin embargo, aunque existen testimonios de que alguna vez enviara donativos para el Socorro Rojo no hay constancia de que perteneciera al Partido Comunista: «Pancho en París no participa activamente en política, aunque muestra grandes afinidades con las ideas avanzadas y progresistas propias de la juventud»[29]. Maximiano García Venero escribe al respecto: «Pancho Cossío, a la par de otros jonsistas y falangistas, más numerosos de lo que convencionalmente se ha dicho y escrito, estuvo cerca del anarquismo y del marxismo: militando mentalmente en ellos»[30]. En 1929 expone en la Galería Bernheim Jeune de París. Su «marchante» era en aquel tiempo Madame Vauré, directora-propietaria de la Galería de Francia. En este mismo año su obra aparece representada junto a la de Juan Gris, Dalí, Bores, Miró, Picasso y otros, en la exposición de pinturas y esculturas de españoles residentes en la capital de Francia, instalada en el salón del Jardín Botánico de Madrid. Por esas mismas fechas Christian Zervos, director de la revista anteriormente citada Cahiers d’Art, le dedica un artículo en que analiza los óleos y gouaches del pintor cuya obra se caracteriza por una idiosincrasia en la realización que le llamó la atención al crítico galo quien añade que «la obra de Cossío introduce en la confusión actual un bello ejemplo de robustecimiento propio, de juicio cada vez más severo sobre sí mismo. Ello permite contener y equilibrar este rico fondo de deseo y de valor que cuenta mucho más que el éxito»[31]. A punto de finalizar el año, firma un contrato con la Galería de Francia por tres años con una escala de precios en su pintura de acuerdo con su creación artística.

En 1930 su nombre se anuncia en la Galería de Francia junto con otros pintores de renombre: «Eran aquellos artistas del grupo, ángeles que andaban por la tierra. Gente magnífica. Con la excepción ya dicha de Matisse y de Picasso»[32]. Ese mismo año expone en la sala de Arte Contemporáneo del Casino de San Sebastián. Y al siguiente, de nuevo en París en la Galería Georges Bernheim. Es entonces cuando seis críticos de prestigio analizan su pintura a la que califican de postcubista y de muy trabajada. En este tiempo la economía mundial no anda bien y la crisis alcanza a algunas galerías de arte. Todo ello coincide con una gran inquietud en el campo de la política. En España las cosas están complicadas: dimite el general Primo de Rivera, se devalúa la peseta y cae la monarquía exiliándose Alfonso XIII y proclamándose la República el 14 de abril de 1931. La Galería de Francia quiebra y roto el contrato que le unía a ella y que le otorgaba una gran seguridad económica Pancho Cossío decide regresar a España en el año 1932; al parecer tenía el propósito de trasladarse a Nueva York, intención frustrada ante su pronta dedicación a la política. Efectivamente, a su regreso se encuentra con las dos Españas que no tardarían en enfrentarse: «Me encuentro a la vuelta –dice Cossío– con un pueblo enloquecido por la política y sufrí el contagio yo también. Actué en política, pero no al estilo viejo, sino con un aire juvenil y revolucionario dentro de lo que iba a ser una nueva y creciente fe nacional»[33]
 

Cossío en política

Cuando Cossío llega a Santander ésta era una ciudad con cierto aire burgués con sus tertulias de café y sus animados veranos donde la lluvia aparecía algunos días como algo natural en todo el norte de España. El pintor hace algunos viajes a Madrid y asiste a tertulias generalmente compuestas por intelectuales que lo consideran y admiten. Conoce al mecenas Alfonso Olivares, propietario de una importante colección de cuadros y entre ellos uno del propio Pancho Cossío de su época parisina. En el taller de Olivares se encuentra con Federico García Lorca a quien muy posiblemente ya conocía si nos atenemos a la carta que en 1926 el poeta escribe al músico Manuel de Falla: «...han ido también los jóvenes pintores Bores y Cossío...»[34]. Es pues, un falangista más que se relaciona con el poeta como también se relacionó en aquel mismo tiempo, entre otros, el pintor miembro de Falange, Alfonso Ponce de León, que colaboraría en el Teatro Universitario La Barraca, dirigido por Lorca, «realizando decorados»[35]. En Madrid conoce a Ramiro Ledesma Ramos, y muy probablemente en la tertulia del «Café del Norte» donde el fundador de las J.O.N.S. solía reunirse con sus correligionarios Emiliano Aguado, Santiago Montero, Juan Aparicio, Jesús Ercilla, Javier Martínez de Bedoya, Francisco Bravo, Lorenzo Puértolas..., hombres de toda clase y condición atraídos por la llamada revolucionaria. También acudiría a la tertulia de «La Ballena Alegre», donde entabla amistad con José Antonio Primo de Rivera que le llevaría al falangismo y a quien pasado los años le haría tres magníficos retratos, pintados al óleo, dos en 1943, hoy en el Museo de Bellas Artes de Santander, y otro en 1946 por encargo del Ayuntamiento de Torrelavega quien al mismo tiempo encargó otro de Francisco Franco, «personaje no precisamente grato a Cossío»[36], y al que el pintor en una carta que escribe a sus hermanas el 14 de abril de 1956 llamaba «Paco el calvo»[37]. Los primeros cuadros del fundador de Falange han sido considerados por un crítico como «la más honda y emocionante interpretación plástica de la figura de José Antonio»[38]. Pintaría también a Ramiro Ledesma Ramos en 1945 «que parece traer a la cabeza imágenes de Francis Bacon»[39], retrato depositado «en los almacenes del Museo Nacional Reina Sofía»[40]; y a Onésimo Redondo sin que ninguno de sus biógrafos nos diga dónde puede estar este retrato que hace años estuvo colgado en el Colegio Menor Onésimo Redondo de Valladolid. En «La Ballena Alegre» conoce también al poeta y escritor falangista José Mª Alfaro que lo recuerda años después, cuando fue presentado por Eugenio Montes, descendiendo aquellos escalones de ratonera, que resonaban cual una película de terror, al doble golpetear de su bastón y de su bota de cojo: «Cossío era un hombre de fidelidades. Lo fue al recuerdo de aquel París de cafés y pintores –ya para entonces presididos por el ojo inquietante y avizor de Picasso–, como lo había de ser a las olas y a las tormentas cantábricas, a las pausas socarronas de su ancestral valle de Cabuérniga, al Santander provincial y aventurero de sus años mozos y a la figura y los nobles anhelos de José Antonio Primo de Rivera»[41]

Pero es políticamente con Ramiro Ledesma Ramos con quien primero conecta el pintor; José Antonio aún no había fundado Falange Española, y es precisamente este último quien, pasados los años, le encomendaría –semanas antes del 18 de julio– «la misión de atraerse a Ledesma Ramos»[42]. El 14 de marzo de 1931, un mes justo antes de proclamarse la Segunda República, apareció el Manifiesto político publicado en La Conquista del Estado. Lo firmaban Ramiro Ledesma Ramos, Ernesto Giménez Caballero, Ricardo de Jaspe Santomá, Manuel Souto Vilas, Antonio Bermúdez Cañete, Francisco Mateos González, Alejandro M. Raimúndez, Ramón Iglesias Parga, Antonio Riaño Lanzarote, Roberto Escribano Ortega y Juan Aparicio López como secretario. «Ledesma había agrupado en su memoria aquellos escritores y amigos que podían formar el comité organizador»[43]; pero de este grupo tan sólo una reducida minoría permanecería después en sus posiciones; todos los demás se fueron dispersando. En el mes de mayo de 1933 apareció la revista JONS, órgano teórico de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista y medio histórico de expresión del partido que había sido fundado el 30 de noviembre de 1931 un mes después de la desaparición de La Conquista del Estado cuya vida se hizo imposible pues la Policía no esperaba a que los ejemplares fuesen al gobierno civil para sellarlos, sino que ella misma intervenía la edición en la imprenta.

La revista mensual JONS  cumplía su misión orientadora de forma magnífica. Se publicaron 11 números y duró año y medio, después de que fuera suspendida gubernativamente en dos o tres ocasiones. Hoy es la única referencia donde aparecen explicadas las consignas del jonsismo: «Puede decirse que el movimiento jonsista salió íntegro de la revista. En ella surgieron tanto el vocabulario como las ideas, los gritos y la bandera que han sobrevivido a todas las peripecias internas del Partido»[44]. Cossío, que ya estaba en contacto con las JONS, se identifica de inmediato con los postulados de la revista. Sin embargo alguno de sus biógrafos pasa por alto la parte política del pintor, sin una sola cita de su afiliación a las JONS y posteriormente a Falange Española. Nos referimos a Antonio Martínez Cerezo que con su silencio desvirtúa su biografía. Es el no querer que sea, es el ignorar una parte importante de la vida del pintor posiblemente porque quería ocultar que Pancho Cossío había sido falangista hasta su muerte. El resumen que hace Martínez Cerezo de los años en que el pintor actúa más activamente en política es este: «Desde su regreso en 1932 hasta bien avanzado 1940 entra en su etapa más anodina. Los años turbulentos previos a la contienda y los de la guerra...»[45]

Pero es el propio pintor cántabro el que deja muy clara su afiliación política, aunque algunos, como hemos visto, traten de ocultarlo. «Fui yo –dice Cossío– el que llevó a Santander el ruego de Ramiro Ledesma Ramos de fundar una JONS, una sola. La idea de Ledesma era que constituyera un grupo en el que la mayoría fuesen deportistas»[46], y posiblemente lo dicho por Ledesma se debía a que era consciente de la afición que por los deportes sentía Cossío ya que fue uno de los fundadores del Rácing de Santander, aunque alguno de sus estudiosos llega a decir, equivocadamente, todo lo contrario, o sea, que fue el deporte el que le llevará a identificarse con los ideales del nacional-sindicalismo[47]. Cuando Pancho Cossío forma el primer núcleo de las JONS el número de afiliados era de 32, la gran mayoría de la Escuela de Industrias. Este primer grupo «estaba a la intemperie, mala compañera y peor consejera», decía Cossío[48]. Se reunían en los cafés o en cualquier otro lugar donde no fueran molestados pero un día la Agrupación Regional Independiente, herederos de la Unión Patriótica, en un gesto hospitalario para atraerse a las JONS les ofrece sus locales que aceptan inmediatamente. Una vez instalados reciben la visita de Onésimo Redondo que deja constituido legalmente el primer triunvirato de las JONS santanderina compuesto por Pancho Cossío, Manuel Yllera y Gilberto de la Llama. La secretaría quedó a cargo del joven Arturo Arredondo que contaba solamente con diecisiete años de edad.

Pero su afiliación al partido que lideraba Ramiro Ledesma Ramos dura poco porque muy pronto las JONS se une a Falange Española que había fundado José Antonio Primo de Rivera. Fue el 4 de marzo de 1934 cuando en la ciudad castellana de Valladolid, en el Teatro Calderón, tiene lugar lo que se ha llamado el acto de fusión entre los dos partidos. Previamente había tenido lugar la firma de un acuerdo establecido por ambos líderes que «lleva fecha 13 de febrero de 1934 y está hecho a máquina sobre una hoja de papel timbrado del Triunvirato Ejecutivo Central de las J.O.N.S.»[49]. A partir de este momento el nuevo partido pasaría a llamarse Falange Española de las J.O.N.S., y no de manera definitiva porque después vendría Francisco Franco manu militari a añadirle un nombre más, pero ya sería otra cosa muy distinta. A Valladolid acude Pancho Cossío acompañado de varios camaradas santanderinos. En el teatro escuchan a Ramiro Ledesma, Onésimo Redondo y José Antonio Primo de Rivera. A la salida del coliseo, los falangistas se encuentran con provocadores que les están esperando originándose una pelea que adquiere graves dimensiones hasta tal punto que los guardias de Asalto y la Guardia Civil tienen que actuar contundentemente. Al final siete jóvenes son atendidos en la Casa de Socorro sin que las informaciones de los periódicos especifiquen si son falangistas o no, aunque a uno de ellos, que sí lo era le tienen que realizar la trepanación por culpa de los golpes que recibió en la cabeza[50], falleciendo tras la intervención. Se llamaba Ángel Abella, era natural de Oviedo, y fue «enterrado en el cementerio de Pravia»[51], localidad cercana a la capital de Asturias.

Pancho Cossío, tras los discursos del Teatro Calderón en Valladolid, ya no podía continuar sustentando recelos sobre el espíritu revolucionario del nuevo Partido nacido de la fusión como habían hecho saber algunos jonsistas santanderinos días antes del acto en la capital castellana. Por tanto, la unión en el ámbito nacional tenía que producirse en las distintas regiones y Santander no iba a ser una excepción, y, por esta razón, al poco tiempo se nombraría el primer triunvirato compuesto por Emilio Pino, Carlos Esteve y Manuel Yllera[52]. Los dos primeros nombres no parece fueran del agrado de Pancho Cossío ya que le parecían poco «revolucionarios», algo que iría confirmándose a medida que iba pasando el tiempo. Es entonces cuando el pintor decide escribir a José Antonio Primo de Rivera «en nombre de los militantes de Santander»[53], descontentos de cómo venían actuando los triunviros Pino y Esteve quienes al parecer escribían cartas a las empresas de la región recomendando a los afiliados a la Central Obrera Nacional Sindicalista (C.O.N.S.), alegando que aquellos «eran muy buenas personas, nada amigas de conflictos y que, en último caso, podrían pagarles menos»[54]. Por otro lado, José Antonio recibía en Madrid a otros falangistas de Santander, Luis Ortiz de las Hazas y Pedro Gómez Cantolla, quienes le informan en igual sentido y a los que no le queda más remedio que contestarles:

«–Si es verdad lo que me decís, hay en Santander una hermosa bahía para tirar al agua a esos mandos»[55]

La posición de Cossío, al dirigirse a José Antonio, era la de acatar la resolución que éste adoptase, tras conocer la acusación y la defensa. Nada había omitido el pintor en el escrito. José Antonio anuncia su visita a Santander y llega a primeros de marzo de 1935. Pino y Esteve son cesados y José Antonio ofrece como jefe provincial a Manuel Yllera que no aceptó por razones familiares. Sin embargo, hay quienes piensan que lo más lógico es que José Antonio nombrara jefe provincial a Pancho Cossío «“revolucionario” y no burgués»[56]. Al final sería elegido jefe provincial Manuel Hedilla quien pasando el tiempo sería nombrado jefe nacional el 18 abril de 1937, nombramiento que solamente le duraría un día pues al siguiente se produciría el famoso decreto de Unificación firmado por Franco. Sería pues, el principio del fin de Falange Española de las JONS.

Antes de la unificación, Pancho Cossío ocuparía el cargo de secretario local de FE-JONS de Santander, nombrado por el propio Hedilla. Con motivo de las elecciones de febrero de 1936, Cossío participa como orador en algún mitin falangista. Estas pequeñas intervenciones políticas le valieron al pintor para que fuera detenido el día 10 de marzo de 1936, igual que ocurriría en el resto de España donde la detención de falangistas se hizo el pasatiempo preferido de los políticos de izquierda. El día 14 del mismo mes sería detenido en Madrid José Antonio Primo de Rivera y encarcelado un día más tarde. Nunca más saldría vivo de la cárcel. Más suerte tuvo Pancho Cossío que se vio libre antes del 18 de julio. El pintor tuvo la fortuna de eludir una nueva, y probablemente decisiva detención que lo llevaría a una muerte casi segura y que como tantos y tantos santanderinos arrojado al vacío en Cabo Mayor por la chimenea marina llamada El Agujero; pero Francisco Cossío pudo ocultarse sucesivamente en un ático del Paseo Pereda, en el Sanatorio Madrazo y en el propio domicilio familiar hasta que Santander capital fue liberada el 25 de agosto de 1937, como también lo sería prácticamente la totalidad de la provincia a lo largo de ese mismo mes.

Cuando Santander cayó en poder de los nacionales, el pintor se encuentra con el cambio político que se había producido después del Decreto de Unificación firmado y pensado por el propio Franco y que él ignoraba. Manuel Hedilla, su amigo y camarada, se encontraba en la cárcel y había salvado la vida de milagro después de haber sido condenado con dos penas de muerte. Como es lógico, esta nueva situación no le gustaría al pintor y por eso fue incapaz de sacar provecho de su privilegiada posición política al no querer acomodarse a los nuevos tiempos como hicieron otros muchos. «El bando nacionalista no estaba precisamente sobrado de grandes personalidades culturales, y donde más escaseaban era, además, en el terreno de las artes plásticas de vanguardia. Por otra parte, entre los intelectuales y artistas de Falange, quien más, quien menos, casi todo el mundo ocupó puestos políticos relevantes o, al menos, disfrutó de ciertas ventajas en los años de la inmediata posguerra. Pues bien, Pancho Cossío se las arregló para no obtener beneficio ni de lo uno ni de lo otro, lo que ya era difícil.

»Por de pronto, Pancho Cossío no fue, ni mucho menos, "pintor del Régimen", independientemente si apeteciera o no semejante prebenda, que, al parecer, de alguna manera apeteció. Gaya Nuño, que, además de ser quien más y mejor ha estudiado su obra, también fue el amigo que se aproximó a su intimidad, insinúa que Cossío abrigó ciertas esperanzas a este respecto, pronto trocadas en amargas desilusiones. El motivo de este fracaso puede achacarse a diversas razones, entre las que hay que contar, sin duda, las derivadas del propio temperamento del artista, ingenuo y torpe en una medida excesiva para quien aspira a beneficiarse de una situación al fin y al cabo política. Su alineamiento en la fracción hedillista, tras las luchas internas de Falange, vendría a demostrar, por ejemplo, su nulo instinto para la maniobra»[57]. Estas últimas palabras parecen, más bien, un reproche por parte de quien las ha escrito, cuando tenían que haber sido de admiración hacia el pintor por haberse mantenido en sus creencias falangistas como se mantuvieron otros muchos que nada pidieron y nada reclamaron una vez finalizada la contienda civil. «¡Terrible amargura estar entre las dos Españas sin mas armas que los pinceles y el talento! ¡Triste peregrinar entre sombras, cuando “los tuyos” te desprecian porque ni saben, ni quieren, ni pueden y los de enfrente te odian!»[58]; le desterraron a Salamanca, donde el antiguo jonsista «Juan Aparicio le habilitó la nave de una iglesia abandonada para que pintara, pero no hizo nada»[59]

Después de este mal trago que pasó el pintor, el único ofrecimiento que tuvo Pancho Cossío vino de la mano de Dionisio Ridruejo, nada más terminar la guerra civil, para que se encargara de la imagen gráfica de la revista Escorial, donde trabajaba la flor y nata de la intelectualidad falangista, pero sin que nunca se haya sabido el motivo, el pintor fracasó en este proyecto. Dionisio Ridruejo era el director y Laín Entralgo el subdirector. Ambos, en sus respectivas memorias, no citan al pintor ni una sola vez; y aunque como decimos el pintor nunca explicó con claridad el motivo de que abandonara el proyecto que lo llevó a Madrid, sí llegó a confesar a sus amigos que por esa causa perdió la amistad de algunos entrañables camaradas de su juventud. Y en una ocasión llegaría a manifestar a un periodista: «Allí, en la revista Escorial –pero esto no lo digas–, hice amistad con un grupo de hombres que después fueron lo más funesto de mi vida»[60]

Durante los años en que Pancho Cossío estuvo vistiendo la camisa azul la ausencia casi total de su obra artística fue un hecho fácil de demostrar, aunque el propio pintor declararía en una ocasión: «No he estado nunca ausente del momento artístico. ¿Cómo voy a estar ausente de mi propia vida?»[61]. En otro momento dice: «...por elevar a España he hecho todo lo que he podido, y aun lo que estaba fuera de mis posibilidades. Con esto aludo a otras actividades nada comunes con el arte»[62]. De estos años que dedicó a la política cabe destacar la obra titulada Barco, fechada en 1934 y hoy perteneciente a la colección del Senado y el Retrato del padre Rávago, pintado en 1935 por encargo de la Diputación Provincial de Santander.
 


[1]  José Mª García de Tuñón es Licenciado en Empresariales y articulista.

[2] Recogido por DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito: Pancho Cossío. El artista y su obra. Ayuntamiento de Santander y otros. Madrid, 1990.

[3] LAÍN ENTRALGO, Pedro: La generación del 98. Editorial Espasa Calpe, Madrid, 1997, pág. 412.

[4] Diario Alerta, de Santander, 08.12.59.

[5] HUICI, Fernando: PanchoCossío. Caja de Ahorros de Navarra. Pamplona, 1999, pág. 8.

[6] Citado por DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito en op. cit., pág. 23.  

[7] Diario La Nueva España, de Oviedo, 05.12.63.

[8] Diario Alerta, 08.12.59.

[9] HUCI, Fernando, op. cit., pág. 9.

[10] Diario Abc, de Madrid, 02.12.61.

[11] ONRUBIA REBUELTA, Javier: Pancho Cossío. Publicado por Tercera Posición, Valencia, 1987, pág. 39.

[12] NUÑO DE LA ROSA, Pedro Luis: Pintores españoles del siglo XX en París. Fundación de Cultura Ayuntamiento de Oviedo, Oviedo, 1998, pág. 83.

[13] FERNÁNDEZ, Carmen y TORRENTE, Virginia: Museo Patio Herreriano. Directora Mª Jesús Abad. Valladolid, junio 2002, pág. 371.

[14] CORONA, Luis: El arte en el Ateneo. Un pintor montañés, El Cantábrico, de Santander,  26.04.1921. 

[15] Citado por DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito en op, cit., pág. 38.

[16] Diario Las Provincias, 28.02.1923.

[17] CABARGA, José Simón: Daniel Alegre. Santander, 1950. Citado por CARRETERO REBES, Salvador: Pancho Cossío (1894-1970). Museo de Bellas Artes. Ayuntamiento de Santander, 1995, pág. 11.

[18] Revista Vértice, de Madrid, nº 73, 1944, pág. 18.

[19] NUÑO DE LA ROSA, Pedro Luis, op. cit., pág. 9.

[20] JIMÉNEZ, Pablo: («Pancho Cossío: Vindicación de un centenario»). Pancho Cossío 1894-1970. Fundación Cultural Mapfre Vida.  Madrid, 1994, pág., 15

[21] Catálogo del Museo Nacional de Arte Moderno, 14 de enero-10 de febrero, 1950.

[22] Diario La Nueva España, 05.12.63.

[23] GAYA NUÑO, Juan Antonio: Vida y obra de Pancho Cossío. Ibérico Europea de Ediciones, S.A. Madrid, 1973, pág. 51.

[24] Diario La Nueva España, 05.12.63.

[25] Citado por JIMÉNEZ BURILLO, Pablo: en Creadores del Arte Nuevo. Fundación Cultural Mapfre Vida. Madrid, 2002, pág. 227.

[26] MONTERO ALONSO, José: diario Abc, 02.12.61.

[27] MARTÍNEZ CEREZO, A.: La pintura montañesa. Ibérico Europea de Ediciones, S. A. Madrid, 1975, pág. 100.

[28] Citado por CAMPOY, A.M.: en La Estafeta Literaria, de Madrid,  01.02.70.

[29] DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito, op. cit., pág. 50.

[30] GARCÍA VENERO, Maximiano: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Ruedo Ibérico. París, 1967, pág. 35.

[31] Citado por RODRÍGUEZ ALCALDE, Leopoldo: en Cossío. Dirección General de Bellas Artes. Madrid, 1973, pág. 19.

[32] Diario Abc, 02.12.61.

[33] Declaraciones a El Español y citado por  DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito: op. cit., pág. 55. 

[34] Citado por JIMÉNEZ, Pablo:  op. cit., pág. 195.

[35] INGLADA, Rafael: Alfonso Ponce de León (1906-1936). Museo Nacional Centro de Arte Sofía. Madrid, 2001, pág. 86.

[36] HUICI, Fernando: («La fortuna de un desvelado»). Pancho Cossío 1894-1970. Fundación Cultural Mapfre Vida. Madrid, 1994, pág. 35.

[37] Carta reproducida en el libro DE LA HOZ, Ángel y...: op. cit., en páginas de documentos.

[38] DE OVALLE, Tomás: en el diario Alerta, 25.11.1943.

[39] JIMÉNEZ BURILLO, Pablo: op. cit., pág.237.

[40] Diario El País, de Madrid, 20.10.94, pág. 41.

[41] Diario Abc, 28.03.73.

[42] HEDILLA, Manuel: Testimonio. Ediciones Acervo, Barcelona, 1972, pág. 54.

[43] SÁNCHEZ DIANA, José Mª: Ramiro Ledesma Ramos. Editora Nacional. Madrid, 1975, pág. 95.

[44] LEDESMA RAMOS, Ramiro: ¿Fascismo en España? Trinidad Ledesma Ramos. Madrid, 1988, pág. 86.

[45] MARTÍNEZ CEREZO, A.: op. cit.,  pág. 101.

[46] GARCÍA VENERO, Maximiano: op. cit., pág. 35.

[47] Diario El País, 20.10.94, pág. 41.

[48] Ibid., pág. 36.

[49] XIMÉNEZ DE SANDOVAL, Felipe: José Antonio (biografía apasionada). Fuerza Nueva Editorial, S.A.  Madrid, 1974, pág. 156.

[50] Diario La Voz de Asturias, de Oviedo, 06.03.34.

[51] Diario El Carbayón, de Oviedo, 09.03.34. JATO, David en su libro La rebelión de los estudiantes, dice que Ángel Abella no estaba afiliado al SEU, pero «moría dentro de la comunidad ideológica de la Falange», pág. 93.

[52] DE LA MORA VILLAR, Manuel Felipe: Las sangrientas cinco rosas. Recuerdos para la Historia de la Falange de Santander. Aldus Velarde, S.A. Santander, 1971, pág. 51.

[53] Ibid., pág. 175.

[54] Ibid., pág. 175.

[55] GARCÍA VENERO, Maximiano: op. cit., pág. 60.

[56] DE LA MORA VILLAR, Manuel Felipe: op. cit., pág. 178. 

[57] CALVO SERRALLER, Francisco: Pintores españoles entre dos fines de siglo (1880-1990). Alianza Editorial, S.A. Madrid, 1990, pág. 207.

[58] GARCÍA MORCILLO, Juan C: en el prólogo del libro de ONRUBIA REBUELTA, Javier: op. cit., pág. 11.

[59] DE LA HOZ, Ángel / MADARIAGA, Benito: op. cit., pág. 67.

[60] Publicado en una serie de 6 entrevistas divulgadas consecutivamente en el diario Alerta desde el 18 de febrero de 1958. Citado por DE LA FUENTE, Joaquín: en Pancho Cossío a vuela pluma. Galería Biosca. Exposición Cossío del 5 al 31 de marzo de 1973.

[61] Diario Alerta, 04.08.1944.

[62] Ibid., 04.08.1944.









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