El Risco de la Nava - Nº 243
Fecha Martes, 09 noviembre a las 20:41:22
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 243 – 9 de noviembre de 2004

SUMARIO

  1. Nuevas circunstancias nuevas personas, por Luis Buceta Facorro
  2. Los nuevos fariseos, por Aquilino Duque
  3. Debilidad y duplicidad, por Antonio de Oarso
  4. ¿Curas a remolque?, de LaNoticiaDigital.com
  5. El Gobierno del talante, Pío Moa y el Casino de Murcia, por Guijjermo de Ujúe
  6. Futuro imperfecto, por Jesús Flores Thies
  7. Queridos progres (La victoria de Bush), por Antonio Cabrera


NUEVAS CIRCUNSTANCIAS NUEVAS PERSONAS
Por Luis Buceta Facorro

El reciente triunfo electoral de Bush, pone en situación difícil al Gobierno de Rodríguez Zapatero, no tanto por las diferentes acciones y declaraciones, tácita o expresamente antiamericanos, sino por un acto realizado por el actual Presidente del Gobierno de España, cuando aún no lo era, cual fue el no levantarse cuando pasó la bandera de los EE.UU. en el desfile de las fuerzas armadas. Este gesto no será olvidado por Bush y su administración, como no hubiera sido olvidado por Kerry y la suya. Se equivoca el gobierno español y sus asesores si creen que se trata sólo de la guerra de Irak. Esta era la prueba de una posible cordura y fidelidad del nuevo gobierno español, pero las acciones y declaraciones posteriores ratificaron la animadversión de Zapatero a Norteamérica. El partido Socialista ganador de las elecciones, tiene la obligación de gobernar para el bien de los españoles y la política exige realismo pragmático, con prudencia y fortaleza.

El actual presidente y su gobierno no están en condiciones de afrontar este nuevo periodo, en el que las relaciones con los EE.UU. y el fortalecimiento del mundo Atlántico es imprescindible. La persona de Rodríguez Zapatero está descalificada ante los EE.UU. y su permanencia traerá consecuencias negativas para los españoles, que somos, al fin y al cabo, los que pagamos los desplantes o errores de los políticos. En consecuencia y para el bien de España, el Presidente Rodríguez Zapatero debe dimitir y el Partido Socialista buscar un sustituto adecuado a las actuales circunstancias, que formara un gobierno más fuerte, serio, con prestigio exterior capaz de superar los actuales desatinos.
 

LOS NUEVOS FARISEOS
Por Aquilino Duque

Un intelectual orgánico del orden político-cultural establecido, o estabulado, al cumplir con el rito de denostar el llamado «páramo cultural», dice que hablar de «intelectuales franquistas» es un oxímoron. Tiene toda la razón. Nada menos adecuado que llamar «intelectuales» a d’Ors, Laín, Tovar, Rosales, Maraval, Ridruejo, et alia. Los más jóvenes en particular conocían demasiado bien la obra de Ortega y la baja opinión en que éste llegaría a tener de la intelectualidad de su época. Era pues más por orteguianos que por franquistas por lo que recelaban de esa etiqueta. Con el tiempo –todo hay que decirlo– fueron perdiendo ese recelo, y quien de todos ellos lo percibió con más nitidez fue Aranguren, que llegaría a afirmar que un intelectual sólo puede ser de izquierdas. Si «intelectual franquista» es un oxímoron, «intelectual de izquierdas» es un pleonasmo.

Para ser «intelectual» no es preciso estudiar latín ni aprobar la Reválida; basta con leer cierta prensa, ver cierta televisión, oír cierta radio y comprarse los libros, ver el teatro y el cine, escuchar la música que esos medios a uno le recomiendan. Ser «intelectual» está pues al alcance de cualquier abajofirmante. Por tales hay pues que tener a los mil sujetos que firman manifiestos como uno que creo ahora circula contra el régimen cubano. Más de dos y de tres debe de haber entre ellos que nunca me perdonaron una novela, La linterna mágica, en la que con treinta años de antelación me permitía poner en solfa todo aquello ante lo que hoy, de modo tan farisaico, se rasgan ellos las vestiduras.
 

DEBILIDAD Y DUPLICIDAD
Por
Antonio de Oarso

Dos notas características de la revolución de los sesenta son el nihilismo y el pacifismo. Un deseo compulsivo de acabar con toda norma coercitiva, tanto interior, proveniente de la conciencia, como exterior, derivada de la sociedad; y un ansia de acabar con todos los conflictos que pudieran entorpecer el ejercicio de una paz relajada, lo que resumían con el famoso lema: Haz el amor y no la guerra.

Las normas morales religiosas fueron, pues, aventadas; y lo mismo se hizo con el culto a la patria, a la Historia propia, a los grandes hombres y hechos del pasado. Nihilismo moral e ideológico y paz en la molicie.

Si se acepta que Rodríguez Zapatero ha asumido dócilmente los presupuestos de esa revolución progresista de los sesenta, se comprenden determinadas decisiones y declaraciones que resultarían insólitas en un gobernante serio.

Llamó mucho la atención un comentario que hizo sobre la Cumbre de Bruselas. Dijo que «se había divertido mucho» viendo luchar a los socios de la UE por sus posiciones nacionales. Llamó la atención; y, sin embargo, si no se cree en las patrias, sobre todo en la patria llamada España, resulta menos rara esta actitud, así como el hecho de aceptar buenamente lo que Francia y Alemania tuvieron a bien conceder.

Tomando como base de actuación esa filosofía, la retirada precipitada de las tropas de Irak no es sorprendente; tampoco, el cambio de política respecto de los saharauis, aprestándose a abandonarlos a su suerte para contentar a Marruecos y «no tener otro 11-M», como dicen que dijo Moratinos. El pacifismo y el nihilismo consisten en eso. Y si tenemos un problema nacional con determinadas autonomías, el mejor remedio es que se reúnan todas, que dialoguen y que lleguen a un acuerdo, presentando luego sus conclusiones. No hay por qué imponer nada desde lo alto.

El pacifismo exige la superación de los conflictos por medio del diálogo. Por tanto, Rodríguez obró con coherencia cuando ante la Asamblea de la ONU, refiriéndose a la guerra declarada por el islamismo radical a la civilización occidental, propugnó una «alianza de civilizaciones». ¿Qué mejor método para acabar con los conflictos que aliarse con los enemigos? Que estos planteamientos parecieran a los analistas políticos más propios de un adolescente influído por la obra de Vivekananda, Ramakrishna o Krishnamurti, no empece para el reconocimiento de su lógica interna.

Pero las cosas resultan menos claras si uno repara en que esta filosofía es la cobertura perfecta para lo que comúnmente se llama «escurrir el bulto». Efectivamente, si uno es débil de carácter, lo que le resultará más fácil es ceder ante las exigencias ajenas. Así, se conformará con el puesto que le adjudiquen en la Unión Europea, sin luchar por retener lo que se consiguió en el Tratado de Niza. Si no puede dominar el conflicto autonómico, delegará en las autonomías el problema instándolas a que se reúnan y hablen. Si el terrorismo islámico actúa, decidirá la retirada de las tropas de Irak y abandonará al Frente Polisario como ofrendas propiciatorias que evitarán nuevos atentados; así como aconsejará a los demás países que salgan de Irak y propugnará solemnemente la «alianza de civilizaciones». Se declarará demócrata antes que líder, tomando como verdad lo que el pueblo mayoritariamente señale; lo cual es una forma de trasladar al pueblo la responsabilidad de su actuación política.

Por el contrario, el presidente Rodríguez ha mostrado una beligerancia inusual en los ataques a la moral y costumbres tradicionales. Aquí ha obrado el viejo rencor de la izquierda española hacia la Iglesia y el catolicismo; rencor excitado por el hecho de no encontrar una oposición muy beligerante.

Sin embargo, los excesos de provocación y la audacia de los proyectos legislativos hacen levantar sospechas que aluden no al nihilismo moral ni a los viejos rencores que, quizás por sí mismos, no habrían sido suficiente estímulo para tomar estas decisiones. Se podría especular sobre cierto maquiavelismo.

Desde hace algún tiempo, han venido levantándose rumores sobre la posibilidad de una hipotética escisión del Partido Popular que sería promovida por el sector más católico, disconforme con la pasividad ante determinadas iniciativas socialistas, y su posterior aceptación.

Si esta posibilidad es cierta, no resultaría raro que el Partido Socialista procurara enconar las cosas para ahondar esta división de sus adversarios, y los provocativos proyectos legislativos irían en esa dirección. También tendría su papel en estos planes el sorprendente discurso de Ruiz Gallardón en el Congreso del Partido Popular, preconizando, entre otras cosas, la adopción de niños por los homosexuales.

Son simples sospechas, aunque encuentran algún alimento en la noticia de que Felipe Gonzáles visita asiduamente la Moncloa. González fue discípulo de Miterrand, aquel que llevó exitosamente a la política de su país el divide y vencerás, consiguiendo la partición de la derecha francesa.

En fin, que las cosas demasiado bellas no son creíbles. Más acertado que ilusionarnos con una presunta «ansia infinita de paz» y un espíritu de fraternidad universal, ha de resultar encarar desapasionadamente la realidad de lo que un analista ha calificado de «taimada doblez».
 

¿CURAS A REMOLQUE?
LaNoticiaDigital.com

El gobierno social-separatista busca aceleradamente convertir el Estado aconfesional de la Constitución de 1978 en un Estado laico mordaz con los católicos. En un sistema democrático es absolutamente entendible esa forma de gobernar a lo «Zerolo», máxime cuando el discurso agresivo contra la Iglesia Católica tiene su rédito electoral.

No menos entendible es la respuesta católica. De la actitud acomodaticia hacia el Poder, los católicos están pasando a una actuación abiertamente contestataria. Desencantados de la tibieza del Partido Popular y del fracaso electoral de iniciativas políticas del tipo Familia y Vida, los católicos españoles andan metidos en una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que busca un triple objetivo: modificar el Código Civil para declarar el matrimonio como la unión de dos personas de sexo diferente, cerrar el camino hacia el aborto libre e impedir la brutalidad que significa otorgar el derecho de adopción a las parejas homosexuales.

La ILP (www.noesigual.org) es un desafío que los católicos españoles se hacen a sí mismos. Un doble desafío; institucional y cuantitativo.

Desafío institucional porque se desarrolla sin tutela alguna de la Jerarquía Católica, a menudo tan tibia como el Partido Popular. Los curas parecen ir a remolque de sus fieles.

Desafío cuantitativo porque necesita de dos millones de firmas debidamente auditadas. En principio, en un país de cuarenta y dos millones de personas donde más de doce asisten a misa dominical, el número de firmas se debe alcanzar holgadamente. Sin embargo, el católico español medio está acostumbrado a vivir con las instituciones públicas a su favor y en el seno de una Institución -la Iglesia Católica- de sólidos cimientos. Para el católico de a pié, la lucha por conquistar un espacio público para ejercer su fe, resulta del todo ajena.

Si los católicos continúan ocultando su rostro ante la agresión de los «zerolos»; pues que vuelvan a las catacumbas por cobardes. Hoy, como siempre, la libertad no se regala; se conquista.
 

EL GOBIERNO DEL TALANTE, PÍO MOA Y EL CASINO DE MURCIA
Por Guillermo de Ujúe - Universidad de Murcia

Tal vez la mentira, según escribió hace unos años Jean François Revel, sea una de la fuerzas máximas que mueven el mundo. Sin embargo, no hay que despreciar el papel que desempeñan los hombres que, en cualquier tiempo, se afanan en dar lustre a la verdad, incluso cuando esta no gusta, pues es rebeldía declarar que el rey está en pelota. A esta clase de personas pertenecen todos aquellos que, en la medida de sus facultades e ingenio, se niegan a dar por buenas las verdades establecidas. Ciertamente, hay individuos que logran significarse de manera particular en esa empresa, bien por su veracidad, fundada en el respeto a la realidad, bien por un valor cívico inquebrantable. En el caso de los intelectuales y gentes académicas, a lo anterior ha de sumarse la honestidad y el rigor científicos. Cuando estas virtudes, después de una etapa de proscripción insoportable, convergen en una gavilla de historiadores, juristas, economistas o sociólogos coetáneos, se inaugura una etapa revisionista. El Revisionismo, particularmente el de naturaleza histórica política, es la actitud intelectual que desprecia las bastillas de intereses, pues estas no sirven a la nación, pongamos por caso, sino a quienes se aprovechan de las verdades a medias y las mentiras completas.

Pío Moa, como algunos otros intelectuales españoles en sus disciplinas particulares, es un escritor que, a sus propias expensas, ha abierto en España una de las polémicas históricas de más enjundia y alcance. Es notorio que su trilogía sobre la II República y la Guerra Civil ha sido muy mal recibida por la secta izquierdista del establishment –no obstante, también la actitud de la derecha sería digna de estudio-. Ello, en todo caso, es fácil de entender, pues recordarle a los españoles que la Guerra civil comenzó en el año 1934 como parte de un programa de agitación revolucionaria encabezado por el Partido Socialista Obrero Español, o que la sublevación del 18 de julio tuvo un carácter meramente defensivo, deja al mencionado partido y a sus socios del gobierno actual en una comprometida posición.

Las supuestas razones alegadas por los mandarines de la historiografía española para desautorizar a Moa -siempre juicios ad personam, pues los hechos están ahí, donde siempre estuvieron, y son inatacables-, se reducen al insulto y al ostracismo universitario. En realidad, la consigna propalada por algunos historiadores profesionales (universitarios) sólo certifica la enfermedad de la más alta institución de cultura, la cual, ocupada por la izquierda, prefiere inhibirse en toda discusión científica y constructiva, sobre todo si ello puede poner en peligro su financiación con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

Pero el sol no se puede ocultar con la mano. La España contemporánea, incluida la Transición y el actual régimen de libertades públicas en manos de un Gobierno sin talento, trae su causa de los durísimos años transcurridos entre 1934 y 1939, periodo en el que se dirime una guerra atroz, se liquida la vieja política española y se inaugura, en medio de enormes dificultades y sufrimientos, una España que el consenso, al parecer, ha condenado.

De todas estas cosas viene hablando Moa en sus libros y en las numerosas conferencias a la que se le suele invitar con frecuencia. La última de ellas fue profesada en el Casino de Murcia el pasado día 27 de octubre. Las circunstancias que la rodearon anuncian que la táctica para intimidar al disidente y a quienes le amparan o le ofrecen sus tribunas pueden haber empezado a cambiar desde que el gobierno del talante tomó el poder. En la oposición, la táctica del ninguneo parecía incluso discreta, casi como un trabajo artesanal: Tusell tocaba el pito en Madrid y sus secuaces de la Corte y las provincias respondían como un solo hombre: «Aquí no habla Moa». Ahora las cosas han cambiado, pues el poder no se ejerce en vano y muy pronto se descubren sus primas extraordinarias.

Ya no nos extraña el clamoroso silencio de la prensa y los medios audiovisuales de comunicación, que no anunciaron la conferencia murciana sobre «Las causas de la Guerra civil». Tampoco es raro que, en Murcia como en otros lugares, la presencia de Moa se haya saldado con salas abarrotadas de público y una polémica periodística que, generalmente, salta las barreras de una u otra región. Mas lo insólito de la presencia de Moa en Murcia, que apenas llegó a las veinte horas, fue el seguimiento policial de su subversiva actividad de conferenciante. Es preocupante que los peones de Tusell, los reventadores de conferencias o los silenciadores periodísticos dejen ahora actuar a los servidores del orden público.

¿Por qué se ha enviado a un policía al hotel en el que estuvo alojado en Murcia el señor Moa, con el encargo de informarse de las razones de su presencia en esta ciudad? ¿A quién aprovechan sus preguntas intimidatorias sobre las personas o entidades que han invitado a un historiador a dictar una conferencia en el Casino de Murcia? ¿A qué responde que el mismo agente se persone poco después en el Casino de Murcia para preguntar lo que es público y notorio, pues ha sido convenientemente divulgado en dípticos publicitarios? ¿Es tan extraño que el autor de libros como Los mitos de la guerra civil viaje a Murcia a encontrarse con sus lectores, a cenar con sus anfitriones y a desayunar con sus amigos? Por lo que se ha visto, el superior jerárquico o político del agente de policía ha debido entender que es atípica y comprometida conducta es indiciaria de peligrosidad política. Sólo eso justifica que se emplee a un agente en ese menester en una ciudad como Murcia, que no anda sobrada de efectivos policiales precisamente.

Aunque el asunto parezca chusco, pues el agente se declaró lector de su investigado, en realidad tiene una gran importancia simbólica. Y hay que denunciarlo.

El Delegado del Gobierno en Murcia debe explicar si los derechos y libertades públicas a los que se debe el gobierno que le ha nombrado también amparan a los historiadores desafectos y a los discrepantes de una historia falsaria.
 

FUTURO IMPERFECTO
Por Jesús Flores Thies

Con el PP, en el gobierno o en la oposición, nuestro futuro es, dicho de forma muy suave, imperfecto.

Si recordamos el paso del tiempo, desde el principio de la denominada democracia parlamentaria, sobre las actuaciones de los partidos políticos (que vamos a seguir llamando de derecha e izquierda para simplificar), observamos el avance imparable de las premisas, objetivos y planes de la izquierda a la vez que se observa el retroceso imparable de una derecha que cede, traga y se desenvuelve llena de complejos, de miserias, de dudas y de rendiciones.

Mientras que el PSOE, que ha ido eliminando algunas de sus rémoras, especialmente el marxismo, no ha cambiado sus siglas, si bien las ha adaptado a ciertas nacionalidades, la derecha ha pasado de UCD a AP para legar hasta el actual PP. Cada cambio de sigla ha significado un retroceso en sus ideales iniciales y un acercamiento al imperio de la izquierda que les ha impuesto parte de su programa como un trágala irresistible. De ahí el rechazo del PP (la derecha «democrática») del alzamiento del 18 de julio, del régimen del generalísimo Franco, su apoyo a los supervivientes del bandolerismo maquis, su apoyo a las Brigadas Internacionales, la aceptación del aborto que, con el PP en el poder había alcanzado la máxima lenidad legal, su dejar hacer en las brutales inmersiones lingüísticas, la aceptación del divorcio, su sumisión al lobby marica... Y no olvidemos que el PP, en aquellas regiones con un nacionalismo y hasta separatismo más exacerbado, asume parte de las aspiraciones nacionalistas de esa tropa.

Durante el gobierno del PSOE la corrupción alcanza niveles casi institucionales, en la Seguridad Social aparecen síntomas enfermedad incurable y el abismo por el que puede caer esto que llamamos España se empieza a vislumbrar en el horizonte. Con el tiempo, el PP consigue el poder, no lo olvidemos, gracias a una enorme sociología «franquista», todo lo residual que se quiera, pero numerosa y decisoria, mientras que el PSOE, pese a sus desastres, consigue en la oposición ese número ya establecido y casi fósil de adeptos que le votan pase lo que pase. Es entonces cuando unos preclaros políticos del PP, en carteras ministeriales importantes, consiguen reconducir la nave del Estado, arreglar las tremendas grietas de la Seguridad Social, disminuir el paro, limitar la corrupción a niveles soportables, reducir impuestos…, es decir, todo aquello que desea el ciudadano del voto útil, que no tiene lógicamente más objetivo que su vientre. Pero la ya emblemática cobardía de la derecha permite que, durante su gobierno, muchos de los desastres institucionales y autonómicos, muchas de aquellas leyes antinaturales, gran parte del rechazo a lo cristiano, el monstruoso desinterés o falta de rumbo en todo lo relacionado con el Ejército, las brutales tarascadas contra todo aquello que recuerde el régimen de Franco…, sigan en primera línea y, en algunos casos, «mejoradas».

Vuelve otra vez el PSOE al poder y se reanuda su marcha imparable hacia la descristianización de una España que ellos desespañolizan a calzón quitado. De seguir así, pese a los cíclicos gobiernos de la derecha, que sólo retrasan parte del programa disolvente de la izquierda, la marcha triunfal del PSOE es un hecho irrebatible, porque la cobarde y acomplejada derecha que el PP representa se muestra incapaz de detenerlos.

Pues si el PP, que es la última esperanza de la derecha, se muestra incapaz y no sirve, lo mejor que puede ocurrirle a España, no es que desaparezca el PSOE, sino que desaparezca el PP.

Nos imaginamos el terror y el rechazo que este comentario puede provocar en el lector, especialmente aquel que entrega su valioso voto útil a un partido que, muy posiblemente lo desprecia, pero creemos que el PP debe desaparecer, destruirse, atomizarse, convertirse en polvo cósmico, basura, ruina y escombros y que sobre todo eso, una vez más, a ser posible definitiva, surja una derecha (insistimos en ese término para ahorrarnos matices) valiente, sin complejos, con objetivos claros y bien definidos, en la que quepan todos, «franquistas» y de los otros, donde se mantengan aquellos políticos eficaces y dignos del PP que así se mostraron a lo largo de su gestión, un partido con fondo cristiano, nacional, respetuoso con la tradición, con visión de futuro, digno, austero y que sea capaz de volver a considerar al Ejército la columna vertebral de la Patria. Un partido con una política internacional clara, valiente y lógica, bien definida, sin trampantojos ni dudas, y una política interna con visión de futuro y con un sano respeto a las tradiciones. Casi nada…

No hay que asustarse, el hueco que deje un PP gastado, cobarde y sin identidad clara, sólo lo puede llenarla otra derecha, especie de ave fénix, sin ideologías ambiguas y dispuesto a plantarle cara a un PSOE, hasta ahora, triunfante.

Pensar que el PP va a dar marcha atrás en los «avances» de las autonomías, al aborto, a la dictadura marica o a la revancha antifranquista, es una utopía en la que nadie cree. Y si no se para ese alud de lodo, España acabará muerta, fosilizada, bajo un manto endurecido de barro. irreconocible, acabada…

No sólo hablamos con el corazón sino también con la cabeza por eso preguntamos a los asustados antes este panorama: ¿hay otra solución?, ¿se va a detener de alguna forma la al parecer imparable quiebra de España y de lo español?, ¿se va a acabar con la calumnia, el rencor y la mentira antes de que haya desaparecido todo vestigio de una época que sacó a España de la miseria física y moral? ¿Va a poder cambiar el PP su rumbo vacilante?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿tanto valor tiene el vientre? Pues si hay otra solución, por favor, que nos la digan.
 

QUERIDOS PROGRES (La victoria de Bush)
Por Antonio Cabrera

¡¡Huy cómo lo siento queridos progres!! Con lo que habéis trabajado para demostrar al mundo entero lo malísimo que era Bush. Tanto esfuerzo para que ahora os venga el pueblo norteamericano con sus millones de votos respaldando la gestión del Imperio y os haga esta faena. Y es que la democracia, queridos, tiene estas cosas.

Lo que vale para decir que en España los españoles mostraron en las urnas su rechazo mayoritario a la guerra de Iraq y el 14-M le pasaron factura a Aznar debería valer, mutatis mutandi, cuando es el pueblo norteamericano quien aprueba mayoritariamente la labor de su presidente, y en consecuencia, muestra su apoyo mayoritario a la guerra de Iraq. Pero en este caso, la progresía de cuota -impasible el ademán-, determina que esos millones de norteamericanos son memos; que por eso aceptan con alegría la «gran mentira» de su presidente, e incluso que la premian con su voto. Y más aún, que les importa tres pitos el horror de una guerra a miles de millas de su territorio, en la que ellos -el pueblo norteamericano- ponen los dólares y los muertos.

Es difícil encontrar una ofensa mayor al honor de todo un pueblo. La progresía oficial hubiera preferido que ganara el candidato demócrata. No porque la política exterior de Kerry fuera distinta a la de Bush, sino que por su talante -dicen- se podrían haber superado las malas relaciones con Europa. Curiosa forma de evaluar los intereses políticos en las relaciones internacionales. Lo que pasa -os quejáis-, es que estos yankees no son demócratas, ni solidarios, ni tolerantes, ni nada y así no se puede, hombre. Votan a tontas y a locas. ¡Qué diferencia con nuestro voto el 14-M, tan meditado y responsable, perfectamente informados por Rubalcaba y la Cadena SER, tras unas fantásticas jornadas de agit-prot! ¡Mira que dar la victoria a Bush! ¡Qué disgusto! Con la de veces que se lo habréis dicho a estos niños grandes: haced como nosotros, que hemos rechazado enérgicamente la política agresiva e imperialista de Bush y la de su lacayo Aznar.

No le votéis, que es un canalla y un criminal; un fascista redomado. Pero ya se sabe lo torpes que son estos norteamericanos. No os han hecho ni puñetero caso. ¿Cuántas veces les habréis repetido eso, que tanto os gusta, de la guerra ilegal e injusta? ¿Y lo del trío de las Azores? ¿Y lo de las guerras necesarias y justas cuando las patrocina la ONU? ¿Y lo de las armas de destrucción masiva? Hasta os habéis atrevido a decir que la guerra de Iraq la había provocado George W. Bush para enriquecerse él y su familia. Pues ni por esas, queridos. Ha sido el presidente con más voto popular en la Historia de los EE.UU. ¡Qué rabia! ¿no?







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