El Risco de la Nava - Nº 361
Fecha Lunes, 12 febrero a las 13:12:22
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 361 – 6 de febrero de 2007

SUMARIO

  1. Más apuntaciones sobre lo bien que va España, Antonio Castro Villacañas
  2. Terrorismo, diálogo y comprensión. Errata histórica, Miguel ángel Loma
  3. Sin tregua; a la calle, Minuto Digital
  4. El proceso, Gustavo de Arístegui
  5. Carta a Antonio Gala, Rosa Mª Alcaraz Martos


MÁS APUNTACIONES SOBRE LO BIEN QUE VA ESPAÑA
Antonio Castro Villacañas

¿Cómo está España tras el derrumbe y la progresiva reconstrucción del mal llamado «proceso de paz»? Digo mal llamado porque su contenido no corresponde a su denominación, ya que ni antes de haberse iniciado, en mayo del 2004 tras aceptar el presidente Rodríguez la oferta de Eta, había guerra en España y sus provincias vascongadas, ni tampoco después de acceder a dialogar con la banda criminal etarra.

Rodríguez ha protagonizado, y quiere seguir haciéndolo, una negociación política, aunque ello suponga el concederle a la organización terrorista una categoría de respetabilidad que por esencia no tiene ni puede tener, pues la banda de asesinos juega con un arsenal político –el de sus disparatadas e imposibles reivindicaciones tradicionales– y con otro coactivo –el uso de la fuerza– como demostró ahora hace un mes con el atentado del aeropuerto de Barajas.

Sigamos adelante. Son muchos los españoles que claman contra la actitud de Ibarreche. No saben o no recuerdan que el lindacara viene ofreciendo un claro perfil político desde mucho antes de ser elegido para el puesto que ahora desempeña, pues desde su juventud se mostró muy cercano a los movimientos radicales. Al presentarse como candidato a las elecciones de 1998, su lema fue el de patrocinar y protagonizar un sincero «diálogo sin exclusiones»... Batasuna le apoyó en su investidura, y lograda ésta Ibarreche pactó con aquélla que irían de la mano a lo largo de todo su mandato. Desde entonces para acá vienen actuando juntos tanto los que pretenden «la destrucción de Euskal Herría» como quienes quieren construirla desde su radical separación de España...

El pacto de Estella significaba precisamente esto: el ponerse de acuerdo todos los «nacionalistas» (esto es, todos los separatistas) para conseguir una nueva ordenación legal del País Vasco en la que no tuvieran sitio los partidos «españolistas».

Este es el esquema mental de Ibarreche y el PNV. Esta es su estrategia política. Sus aspiraciones son la autodeterminación, la independencia. Están, siempre han estado, siempre estarán, de acuerdo con los «e-rratas». Si pueden –es decir, si lo consienten los poderes del Estado Español–, a las claras; o por las oscuras si quienes gobiernan «el Estado opresor» tienen un mínimo de dignidad, sentido de su deber y responsabilidad, y el valor y la voluntad de poner las cosas en su sitio. Es decir, de actuar como no lo hacen el Rodríguez y sus muchachos bajo la atenta mirada del rey Juan Carlos.
 

TERRORISMO, DIÁLOGO Y COMPRENSIÓN
Miguel Ángel Loma

Es admirable el espíritu conciliador y de perenne diálogo que, pese a todo, siguen manteniendo ciertos grupos con la banda terrorista etarra. Por su persistente y comprensiva posición destacan tres colectivos muy influyentes: los nacionalistas separatistas vascos (incluida su militante clerigalla), los comunistas (sea cual fuere la etiqueta con que ahora se presentan en sociedad), y los voceros de la farándula progresista (muy cercanos ideológicamente al grupo anterior). Curiosamente, estos colectivos coinciden con los mismos que han sido más respetados en sus carnes por los asesinos etarras; lo que demuestra que cuanto más ajenas nos resulten las víctimas, más fácil nos resulta predicar la generosidad hacia sus verdugos. 

La anterior conclusión explica también la sorprendente mutación de espíritu que se opera en esos mismos grupos cuando se trata de «sus» víctimas. Entonces comprobamos que ni un amplísimo transcurso del tiempo mueve sus corazones a la reconciliación y al perdón que tanto aconsejan a los demás; y cómo sus actitudes, sumamente comprensivas, se tornan en rabiosa y perpetua reivindicación de una justicia imprescriptible cuando se trata de víctimas que consideran integrantes de su patrimonio. Aún más, si de ellos dependiese viviríamos en un continuo y permanente recuerdo de esas víctimas.

Este mismo fenómeno de transformación de actitudes explica el doble talante de nuestro inefable presidente de Gobierno: capaz de predicar por medio mundo la alianza entre culturas, religiones y civilizaciones más dispares y distantes, a la vez que ejerce una política sectaria y discriminatoria con la gran masa de compatriotas que se resisten a doblar la cerviz ante su discurso. Capaz de perdonar y olvidar los asesinatos más recientes transformándolos en trágicos accidentes, al mismo tiempo que remueve las fosas del pasado para lanzar los cadáveres de media España contra la otra media.

A veces unas sencillas palabras arrojan más luz que mil estudios de eruditos politólogos: «A mi me gustaría preguntarle al presidente del Gobierno... si la asesinada en vez de mi hija hubiesen sido sus dos hijas..., si estaría dispuesto a sentarse con sus asesinos. Seguramente, no». (Toñi Santiago,  madre de Silvia, la niña asesinada en Santa Pola, Alicante, el 4 de agosto de 2004 por la banda terrorista ETA).
 

ERRATA HISTÓRICA

En el ABC del domingo 21 de enero, se incluía una información, seguramente errónea, que debiera ser rectificada cuanto antes para evitar injustos conceptos históricos sobre la Segunda República española. Bajo el titular: «La última expulsión de los jesuitas», se añadía que el 23 de enero se cumplía el 75 aniversario de la promulgación del decreto de disolución de la Compañía de Jesús en España y de la incautación de sus bienes; y que esto ocurrió en 1932, siendo presidente de la República, Manuel Azaña, y ministro de Justicia, Fernando de los Ríos. No me cabe duda de que algún malévolo y reaccionario virus de ordenador ha debido originar tan errónea noticia, porque no es posible que un ataque tan directo y contundente a la libertad religiosa y a la Iglesia, pudiera suceder en un momento histórico de exquisito respeto a los derechos de personas e instituciones como fue la Segunda República española; ese modelo de convivencia y tolerancia que sirve como faro y guía a nuestro presidente de Gobierno. Una prueba irrefutable de que obviamente se trata de un error, es que una efeméride tan significativa no ha tenido eco alguno en los medios de comunicación, ni en las tertulias de tele y radio, o en programas como «Informe Semanal».
 

SIN TREGUA; A LA CALLE.
Minuto Digital

Justificar un ejército en tiempos de paz no siempre fue tarea fácil. Más aún, mantener un estado de tensión y entrenamiento permanente, ante una agresión potencial es todavía más difícil.

«Mutatis mutandi», no caer en la trampa de «la solución dialogada» cuando los criminales están de receso, también es difícil. La firmeza es una actitud incómoda incluso cuando se mantiene en aras de la propia libertad.

Lo que no resultaba hasta el momento difícil era encontrarse en el mismo lado, aunque sólo fuera de cara a la galería, una vez que los criminales volvían a dejar su tarjeta de visita sanguinaria. Esta es la gran novedad; el inesperado legado de la última tregua trampa.

Efectivamente, una parte de España se da la espalda contra la otra media. Leen distinto, oyen diferente, ven con ojos contrarios y, sobre todo, sienten de manera muy dispar. Para unos la rendición no es mal camino si el fruto es una pretendida paz. La posición de quienes así piensan es entendible. Están dispuestos a entregar lo que no sienten como propio: España, y son proclives a creer que la paz vendrá sin violentar sus más elementales derechos.

Para facilitar este estado de rendición preventiva, hay plumas dispuestas a escribirles sus ideas y voces que se prestan a forrar sus corazones de cuchillos. El resto es sólo blindaje; basta pensar que los demás «ciudadanos» son muy malos porque no quieren la Paz.

Contra su espalda está la otra España. La España que no se resiste a sentirse tal y a sentir como tal en libertad sin matices. Es esta España que encara firme su futuro, la que no se presta a la indignidad de acuchillar a sus muertos. La misma que aún confía en las instituciones que se ha dado y en las que depositó la tarea de defender sus más elementales derechos y libertades con fiereza, si fuese preciso, pero con rotundidad, en cualquier caso.

A este lado de la espalda de una España rota nos situamos. Al lado de quienes vuelven a salir a las calles, convocados con limpieza por el Foro de Ermua y las instituciones que se han sumado, a recordar que a nadie reconocemos el derecho de rendirse en nuestro nombre.

Por España; por la libertad. Sin tregua y a la calle. Ante los criminales, verdugo quien ceda.
 

EL PROCESO
Gustavo de Arístegui

Periodista Digital

El Presidente del Gobierno se ha quedado sin legislatura, su programa era más corto que la noche de S. Juan, estaba diseñado para quitar la mayoría absoluta al Partido Popular, pero no para gobernar España. Ser presidente, unos dicen que por accidente, otros que por sorpresa, hubo de improvisar equipo, improvisar un programa, no así proyecto. El proyecto empieza a ser cada vez más claro, meridiana y preocupantemente claro.

Por una parte cuestionar la transición democrática española, elogiada, admirada y hasta envidiada por medio mundo, tratando de instalar en una parte de la opinión pública que la transición no era otra cosa que un claudicante punto medio entre la dictadura y la democracia, craso error. La transición transformó a la España de la dictadura, a la España dividida, a la España hijastra, más que hija, de la Guerra Civil, en una democracia moderna, pujante, con una de las constituciones más garantistas y avanzadas de nuestro continente.

El proyecto del presidente del gobierno no sólo es revisionista, no sólo reinventa la Historia, sino que es profundamente revanchista. De este revanchismo surge un irrefrenable deseo de hacerle pagar, no se sabe muy bien qué deuda, a la derecha democrática de España. El Partido Popular representa a más de diez millones de españoles, gobernó España con eficacia, honestidad, afán y espíritu modernizador. Con no pocos éxitos y resultados que han producido unas rentas de las que aún hoy sigue viviendo el gobierno socialista. Marginar, arrinconar, despreciar, fustigar al partido mayoritario de la oposición, está creando un clima de profunda e intensa tensión social y, lo que es peor, en el ánimo de algunos ciudadanos, incluso algunos analistas, empieza a instalarse la sensación de que el Partido Popular es en realidad la única organización criminal que existe en España. A las pruebas me remito, pancartas en la reciente manifestación en las que se equiparaba a la organización terrorista Batasuna con un partido democrático como lo es el Partido Popular.

El proyecto lleva aparejada la honda convicción del presidente Rodríguez Zapatero de que, además de la suerte y la intuición que él está convencido tiene a raudales, consiste en arreglar los endémicos males de España, que ninguno de sus predecesores supo y/o pudo resolver. Ante el problema territorial, cesiones sin límites; plegarse a los problemas y ceder ante las exigencias nunca ha sido solventar un problema sino ahondarlo, amen de crear otros nuevos hasta más graves.

El segundo mal que asola a la democracia española es el terrorismo y frente a negociaciones que hoy sabemos nunca tuvieron carácter político, nos encontramos entre la terrible y desafortunada frase del presidente del gobierno que sirvió de clave de bóveda de todo el proceso, es decir «paz primero, política después». Dice el presidente del gobierno, dice el PSOE, que no se han hecho cesiones ante el terrorismo, en fin enumeradas están y entre ellas cabría destacar el intento de permitir la celebración del congreso de Batasuna en Bilbao, la destitución fulminante del fiscal Fungairiño, la presencia del Partido Comunista de las Tierras Vascas en el Parlamento Vasco (a pesar de los más de treinta indicios de vinculación a ETA que descubrieron las fueras de seguridad y que no existían cuando fue inscrito), la desactivación de la Fiscalía General del Estado, y tantas otras que quizá no conozcamos. Se dijo que no habría precio político por la paz, un artículo de opinión no es lugar para juzgar la intención, es hasta posible que no quisiera pagar precio político, pero su frase daba claras esperanzas a los terroristas de que el precio político vendría después de la paz, «paz primero política después».

La discrepancia estaba en el momento del cobro, para el Gobierno ex post, o así lo interpretaron los terroristas, y para estos últimos ex ante, parece evidente que ellos pensaban que la discrepancia era puramente temporal y no de fondo.

En este minuto no sabemos aún si el presidente del gobierno ha renunciado para siempre a negociar con quien no quiere la paz y sólo quiere imponer su opresiva ideología, brutales fines y dictadura totalitaria a todos los vascos y, por extensión, al resto de España. Conviene subrayar que el PP jamás ha dicho cosa distinta a lo largo de esta falsa tregua de rearme, que lo que defendía hace tres años, codo con codo con el Partido Socialista. Cabrá, en consecuencia, exigir responsabilidades a quienes cambiaron de posición, tan abrupta como subterfugiamente, atendiendo más, como apuntan todos los indicios, a consolidarse en el poder, sellar alianzas estables con ciertos aliados, aislar a la oposición y, si fuera posible, destruir su reputación, manchar su buen nombre para presentarse a las elecciones, en las que difícilmente podrán exhibir ante la ciudadanía balance alguno, pidiendo el voto con la excusa de la inexistencia de alternativa. Todo esto es tan grave, tan preocupante, tan dramático que, puesto sobre el papel, no sólo me aterroriza, si no que me entristece profundamente. ¿Cómo nos han podido traer hasta aquí? ¿Cómo es posible que esa magna obra colectiva de todos los españoles que es la democracia, la libertad y la reconciliación, haya sido puesta en solfa por quien debería ser el presidente de todos, no sólo de aquellos que le votaron y quizá, sobre todo, de aquellos menos moderados que le votaron?
 

CARTA A ANTONIO GALA 

Este Gala es un resentido. ¿Contra quién? ¿Por qué? ¡Sabe Dios! Quizá hayan sido los desengaños amorosos, quizá que se hace viejo como todo el mundo, quizá que ya inspiración ya no le funciona como en aquellos tiempos gloriosos del franquismo, cuando tanto estrenaba y tan loado era. Ante la gran duda, casi habría que decir que su resentimiento, y aun rencor, lo dispensa contra todo y contra todos. Él sabrá porqué. Lo malo es la baba que suelta de continuo a través de su tronera en El Mundo. No es cosa de perdonárselo, pues los miserables, si son conscientes, no son acreedores de perdón; pero sí hay que tenerle un poco lástima…
 

Mi hermano José nació en 1968. Estudió en Zaragoza, ciudad que alimenta en su recuerdo los buenos años de sus tiempos de estudiante, pero también el trágico atentado en el que Henri Parot, con 250 kilos de explosivo, asesinó, entre otros, a mis dos hijas, Miriam y Esther, de 3 años, y a nuestro hermano Ángel de 17. Cuento todo esto porque Antonio Gala, desde su poltrona-tronera en el mundo, asegura que mi hermano José (Alcaraz, así lo denomina en su columna), desde que preside la AVT, resulta ser un señor «de extraño rostro y aún más extraño comportamiento» y que es doblemente víctima, no explica muy bien por qué.

El señor Gala ha decidido azotar, con sus bastones, la memoria de nuestra familia, la memoria de tres niños vilmente asesinados cuando dormían, y por ende la de la mayoría de las víctimas, que se encuentran representadas en la AVT. Este señor cuestiona que nos quede algo de corazón y le quiero contestar, que sí que lo tenemos, que nuestro corazón, herido de muerte desde que asesinaron a nuestra familia sólo busca justicia. Esa es «la única forma de hacer fértil la sangre» de mis hijas y hermano. La paz a la que hace alusión, ellos por desgracia la tienen desde hace 19 años. La Paz del cementerio en donde se encuentran enterrados, sin poder hablar, ésa es la paz que me parece que hace alusión Gala. Ya que le recuerdo que ninguna víctima se ha tomado la justicia por su mano.

Hace ya mucho tiempo que soporto los ataques que han dirigido a mi hermano desde diferentes lugares. Son muchos los que tratan de enterrar con el estiércol del insulto la labor sacrificada de mi hermano y de tantos otros, que entregan una parte importantísima de su vida a una causa noble y desinteresada. La de defender la memoria, la dignidad y la justicia de las víctimas del terrorismo. Pero nunca, ni siquiera en los diarios que han defendido la labor demoníaca de los terroristas, había leído algo tan abyecto y ruin.

Dice el señor Gala sobre mi hermano: «No sé que pinta, ni en nombre de qué pinta lo que pinta». Se lo diré yo. Desde siempre, su lista empieza por Ángel, Miriam y Esther, que son nuestros familiares. Y desde que asumió la presidencia de la AVT, ha ampliado sus esfuerzos, de manera pública, a todos aquellos que han sido asesinados, mutilados, y extorsionados. Con esta labor, mi hermano y todos los que estamos entregando nuestra vida a esta causa, jamás hemos reclamado venganza. Muy al contrario, trabajamos por lograr transformar la sangre derramada por las víctimas en un digno y justo cuadro que salvaguarde la memoria de las víctimas.

Rosa María Alcaraz Martos
Madre de dos niñas de 3 años asesinadas en la Casa Cuartel de Zaragoza







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