El Risco de la Nava - Nº 363
Fecha Miércoles, 07 marzo a las 12:08:11
Tema El Risco de la Nava


GACETA SEMANAL DE LA HERMANDAD DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
Nº 363 –  6 de marzo de 2007

SUMARIO

  1. ¡Hasta pronto!
  2. ¡Increíble!, El Confidencial
  3. Antecedentes de Iñaki Juana Chaos, Mc
  4. Instrucciones de José Antonio, José Mª García de Tuñón
  5. Por la memoria de García, Minuto Digital
  6. Los curas y el laicismo de estado, Miguel Ángel Loma
  7. La muerte de un soldado, Luis Fernando de la Sota


¡HASTA PRONTO!

No es momento este para anunciar que «El Risco de la Nava» se toma un tiempo sabático. No es momento, lo sabemos.

España pasa por una profunda enfermedad. Una parte de la política que se ejerce está encanallada; una parte de los políticos mienten mendazmente al pueblo español y se comportan de forma miserable; tergiversan situaciones, hechos, palabras; se enfangan en los lodazales del terrorismo; traicionan las esencias de la Nación española; están empeñados en volver la historia a un tiempo en que, lamentablemente, discurrió por tortuosos caminos que condujeron al enfrentamiento de los españoles entre sí; muestran como bueno lo que fue y es despreciable y ruin; están empeñados en llevar adelante acciones perversas para corromper y enviciar a los hombres y la sociedad española;…

No es momento de tomar un tiempo sabático. Pero nos vemos obligados a hacerlo. No por imposiciones sino por propia decisión.

No obstante, estaremos puntualmente en todas las convocatorias en las que se invoque el nombre de España, la libertad a la que tienen derecho todos los hombres, la justicia irrenunciable, el amor a los semejantes en sus más diversas y variadas acepciones. Allí nos encontraremos, pues no renunciamos a ninguno de nuestros principios, a ninguno de nuestros postulados.
 

¡INCREIBLE!
El Confidencial

Monseñor Uriarte, obispo de San Sebastián, intercedió ante el Gobierno para que concediera al etarra De Juana la prisión atenuada

Lunes, 05 de marzo de 2007

Las sotanas vuelven a recuperar protagonismo en la trastienda de la compleja situación política vasca. Juan María Uriarte, actual Obispo de San Sebastián, intercedió en las últimas semanas ante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para que atenuara el régimen de vida penitenciario del etarra Iñaki de Juana Chaos, según ha podido confirmar El Confidencial en fuentes conocedoras de dichas gestiones. Al parecer, el religioso insistió a sus interlocutores del Ejecutivo con el argumento de que un hipotético fallecimiento del preso terminaría de sepultar las esperanzas de recuperar el proceso de paz de las ruinas del aparcamiento de la T-4.

Siempre según las fuentes consultadas, las gestiones del Obispo de San Sebastián se iniciaron tras conocerse la sentencia del Tribunal Supremo que reducía a tres años la condena por amenazas que la Audiencia Nacional había impuesto al terrorista. Según estas fuentes, Uriarte no sólo se puso en contacto con el Ejecutivo socialista, sino que también lo hizo con dirigentes de la izquierda abertzale con los que mantiene buenas relaciones. La abogada Jone Goirizelaia es, de hecho, su sobrina.

Mientras las gestiones con el Gobierno iban encaminadas a conseguir la flexibilización del régimen de vida penitenciario de De Juana, sus conversaciones con miembros de la ilegalizada Batasuna tenían como objetivo lograr que éstos vencieran la resistencia del preso a abandonar su huelga de hambre si no era puesto en libertad definitiva. Según diversas fuentes políticas, la visita que Arnaldo Otegi y el líder del sindicato LAB, Rafa Díez Usabiaga, hicieron al recluso poco después de que ingresara en el hospital de San Sebastián fue fruto de dichas conversaciones. Noventa minutos después de la misma, el preso anunció que abandonaba su ayuno.

No es la primera vez que monseñor Uriarte realiza gestiones en el caso De Juana. En el anterior ayuno del etarra, que concluyó en octubre tras 63 días de huelga de hambre, el obispo de San Sebastián intercedió telefónicamente en varias ocasiones tanto con la familia del preso como con el propio Gobierno, en concreto, con el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. En dichas conversaciones, Uriarte ya insistió a sus interlocutores en que la deteriorada salud del miembro de ETA podía ser un obstáculo insalvable para el entonces aún en marcha proceso de paz.


Un obispo muy activo

El papel del religioso en los últimos años a favor del «proceso de paz» ha sido muy activo, aunque en ningún momento ha llegado a alcanzar el protagonismo que asumió en la tregua de 1998, cuando él fue el intermediario en la reunión que celebraron los enviados del Ejecutivo de José María Aznar y miembros de ETA en Vevey (Suiza) en mayo de 1999. Desde entonces, sin embargo, su sombra ha seguido presente en todos los intentos que ha habido, entre ellos los contactos «oficiosos» entre el PSE y Batasuna que desembocaron en el «alto el fuego permanente». Según recalcan varias fuentes a este diario, entonces el obispo de San Sebastián mantuvo diversos encuentros con representantes de ambas formaciones políticas en los que se ofreció con insistencia como potencial mediador en las reuniones.

El obispo de San Sebastián también intentó estar al tanto del estado de las negociaciones a través del sacerdote redentorista irlandés Alec Reid, a quien algunas fuentes calificaron en aquellos meses como la pieza clave de la tregua etarra, mientras otros redujeron su papel al de simple «animador» de los contactos. Para ello, monseñor Uriarte contó con la colaboración de quien fuera su mano derecha cuando fue Obispo auxiliar de Bilbao, el también sacerdote Joseba Segura.

Tras el anuncio de ETA del 22 de marzo, el obispo de San Sebastián llamó directamente a la puerta del Palacio de La Moncloa para solicitar una entrevista con José Luis Rodríguez Zapatero, como adelantó en exclusiva El Confidencial el pasado 27 de abril. Según las fuentes consultadas por este diario, Uriarte –que horas después de que ETA anunciase la tregua ya se había apresurado a hacer pública la disposición de la Iglesia a hacer una «especial contribución» al proceso de paz– pretendía definir con el presidente del Gobierno cuál sería el papel de la Iglesia y, más en concreto, el de la vasca en las negociaciones con la organización terrorista.

Moncloa no dio entonces una respuesta al Obispo de San Sebastián, entre otros motivos, porque el Ejecutivo siempre ha mantenido que éste no es el interlocutor de la Iglesia en este tema, sino que ese papel lo debe ejercer el presidente de la Conferencia Episcopal y Obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, según han reiterado recientemente a este diario fuentes conocedoras de los detalles del proceso de paz. A pesar de aquella negativa, monseñor Uriarte no ha cejado en su intento por jugar un papel activo en el proceso. Lo consiguió parcialmente en octubre, cuando trascendió que había telefoneado a Rubalcaba para pedirle que hiciera algún gesto con el preso De Juan Chaos.

Su última intervención, antes de sus recientes gestiones para que el Gobierno concediera la prisión atenuada al recluso etarra, se produjo el pasado 11 de febrero. Entonces, en una entrevista concedida a la emisora Herri Irratia, Uriarte aclaró que la iglesia guipuzcoana se había marcado «seis objetivos» para ayudar a la paz, entre los que destacó la realización de «gestos pacíficos y pacificadores». Su papel en el caso De Juana puede haber sido uno de ellos.
 

ANTECEDENTES DE IÑAKI JUANA CHAOS
…@...

Todas las tardes, dos mujeres mayores se sientan frente a frente en el salón de un piso del barrio de Amara de San Sebastián. Son vecinas y consuegras. Una de ellas le va dando con una cucharilla y mucha paciencia un yogur de café a la otra, enferma de Alzheimer. La primera es viuda de un comandante asesinado por ETA en 1977. La segunda es la madre del terrorista Iñaki de Juana Chaos.

La escena se repite cada día durante el último año y medio hasta que, el 27 de enero, Esperanza Chaos Lloret muere. Tenía 83 años y había nacido en Tetuán, donde su padre, un militar del Ejército español, estaba destinado entonces. Luego se casaría con un médico, Daniel de Juana Rubio, oriundo de Miranda de Ebro (Burgos), que también hizo la guerra como teniente asimilado en las tropas de Franco, por lo que fue condecorado con una medalla de campaña, dos cruces rojas y una cruz de guerra. De todo ello da fe un carné de Falange Española y de las Jons expedido el 16 de octubre de 1943 donde aparece sonriente a sus 35 años. Daniel de Juana y Esperanza Chaos tuvieron dos hijos, Altamira y José Ignacio, que nacieron y se criaron en una casona de Legazpia donde el doctor pasaba consulta a los trabajadores de Patricio Echeverría, una de las principales acerías de Guipúzcoa. La vivienda estaba al lado de la casa cuartel de la Guardia Civil y por las tardes José Ignacio jugaba al fútbol con los hijos de los guardias.

–Soy Chacho, hola mamá.

Durante las dos últimas décadas, unas veces los lunes y otras los miércoles, el terrorista Iñaki de Juana Chaos, encarcelado en las prisiones más alejadas de Euskadi por asesinar a 25 personas –entre ellas 17 guardias civiles–, empleaba esa fórmula, casi siempre la misma, para iniciar la conversación con su madre. Los cinco minutos reglamentarios de charla versaban sobre cuestiones banales, el tiempo o un jersey verde que el terrorista quería que su madre le hiciera llegar, pero jamás hablaban de política y mucho menos de ETA. Sencillamente porque Esperanza Chaos, a la que en familia llamaban Nina, nunca justificó los crímenes de su hijo ni formó parte del colectivo de apoyo a los presos de ETA. Tampoco llegó a saber jamás qué o quiénes influyeron en él para que, a principios de los 80, abandonara su trabajo en la Ertzaintza y se fugara a Francia.

Cuentan personas que la quisieron mucho que Esperanza se cayó redonda al suelo el 16 de enero de 1987 cuando le contaron que a su hijo lo acababan de detener en Madrid. La fotografía que al día siguiente vio publicada en los periódicos no se parecía en nada a las que de él guardaba en el álbum familiar. En ellas aparece de corbata en el bautizo de su sobrina o jurando marcial la bandera española tras el periodo de instrucción en Alcalá de Henares. Nada en la trayectoria del hijo hacía presagiar un futuro cercano a ETA. Más bien al contrario. Cuando De Juana regresó del servicio militar llevaba consigo un diploma, expedido por el Ayuntamiento de Madrid el 27 de mayo de 1977, en reconocimiento por su valiente lucha contra un incendio que sufrió la capital entre el 15 y el 20 de abril de aquel año. Más tarde, ingresó en la segunda promoción de la policía autonómica vasca. «Aún faltaban unos años», recuerda un familiar, «para que De Juana, muy propenso siempre a los amoríos, se ennoviara con una enigmática mujer llamada Helena y residente en Bayona».

El caso es que Esperanza Chaos jamás volvió a ver a su hijo en libertad. Ya por entonces viuda, inició una difícil carrera por mantener viva su relación con su hijo al tiempo que rechazaba una y otra vez las invitaciones para integrarse en el colectivo de apoyo a los presos de ETA. La madre del terrorista más famoso recorrió más de 300.000 kilómetros en coche –le aterrorizaba el avión– para ver a su hijo preso. Su llegada a las distintas cárceles, según recuerdan funcionarios de prisiones, nunca pasó desapercibida. «Venía como a una boda, con anillos y collares, elegante y alegre, siempre educada y cordial con nosotros, nada que ver con el carácter frío ni la mirada agresiva del hijo ni mucho menos con la actitud desafiante de la mayoría de los familiares de presos de ETA». En una ocasión, un guardia civil, aun sabiendo a quién iba a visitar, se atrevió a pegar la hebra con ella.

–De Tetuán, ¿eh? O usted es hija de funcionario o de militar.

–De militar, agente.

–Pues permítame que la acompañe.

La última vez que vio a su hijo fue el 7 de julio de 2005, en la cárcel madrileña de Aranjuez. Esperanza ya apenas podía caminar. Había seguido manteniendo la costumbre de mandarle 150 euros mensuales, que rebañaba con trabajo de su pensión, e incluso llegó a hablar con un taxista de San Sebastián para que fuera a recogerlo en cuanto obtuviera la libertad. Pero entre las nieblas del Alzheimer y una mano oportuna que apagaba la televisión en el momento justo, Esperanza se fue alejando de la realidad de su hijo en huelga de hambre.

Las dos ancianas están sentadas frente a frente. Una se quedó viuda el 2 de enero de 1977, a las ocho y media de la mañana. Tres pistoleros de ETA se apostaron frente a su marido, el comandante del Ejército José María Herrera, y lo acribillaron con disparos de metralleta en la misma puerta de su casa. Pasado el tiempo, el hijo del militar se casó con una muchacha llamada Altamira de Juana. La anciana enferma es precisamente la madre de Altamira y de Iñaki de Juana Chaos.

Lo que une a estas dos mujeres, más allá de la familia o incluso de la fatalidad de una vida marcada por ETA, es el interés común, tácito, de que el odio no prolongue el trabajo de las pistolas. El País Vasco también está lleno de historias así. Madres de hijos que matan y mujeres de hombres que mueren tejiendo una red invisible de afecto imposible de fotografiar, indetectable para el radar de los telediarios.

Al día siguiente del fallecimiento de la madre del terrorista, las asociaciones vinculadas a los presos de ETA publicaron en Gara hasta 10 esquelas en su memoria. Una de ellas aparecía firmada por «Helena», la enigmática mujer de Bayona. En todas se refieren a Esperanza Chaos como «la madre de un preso político vasco». Tal vez ignorando, o tal vez no, que la única familia política de Esperanza Chaos era, lo que son las cosas, la viuda de un militar asesinado por ETA.

un saludo, Mc
 

INSTRUCCIONES DE JOSÉ ANTONIO
José Mª García de Tuñón

La reciente lectura de un libro titulado La República de Azaña, de Juan Carlos Girauta, me ha hecho recordar unas Instrucciones que José Antonio Primo de Rivera da a todas las Jefaturas de las J.O.N.S., el 21 de febrero de 1936, y que no están recogidas, como otros muchos textos, en sus Obras completas. Las mismas fueron publicadas por Francisco Bravo en 1940 en su libro José Antonio, el hombre, el jefe el camarada, y son omitidas por la casi totalidad de los historiadores que prefieren seguir viendo en el fundador de Falange nada más que al hombre que creó en España un partido que ellos llaman fascista. De esta copla nadie los saca, por eso cuando tropezamos con un texto como éste y que muchos descerebrados historiadores silencian deliberadamente porque de lo contrario sus planes estudiados de antemano para desprestigiar a José Antonio se les vendrían abajo, a uno no le queda más remedio que sentir una enorme satisfacción. 

El escrito que muchos recordarán o posiblemente tengan medio olvidado, habla del respeto que José Antonio pide al resultado de la contienda electoral de febrero de 1936 donde como se sabe ganó el Frente Popular: «Planteada prácticamente la lucha entre derechas e izquierdas –dice, entre otras muchas cosas, José Antonio–, su resultado nos era extraño. Dos años de Gobierno y Parlamento derechista habían demostrado la absoluta esterilidad de tal sector. Las derechas, como tales, no pueden llevar a cabo ninguna obra nacional porque se obstinan en oponerse a toda reforma económica y con singular empeño a la reforma agraria. No habrá nación mientras la mayor parte del pueblo viva encharcado en la miseria y en la ignorancia, y las derechas, por propio interés, favorecen la continuación de este estado de cosas. En cambio, las izquierdas, hoy reinstaladas en el Poder, cuentan con mucho mayor desembarazo para acometer reformas audaces. Sólo falta saber si sabrán afirmar enérgicamente su carácter nacional y se zafarán a tiempo de las mediatizaciones marxistas y separatistas. Como esto se logre, como al brío revolucionario en lo social se una el mantenimiento de una alta temperatura espiritual española, acaso el periodo de Gobierno de izquierdas se señale como venturoso para nuestra Patria. Son muchas las dificultades y, por consecuencia, los riesgos de fracaso; pero mientras las fuerzas gobernantes no defrauden el margen de confianza que puede depositarse en ellas, no hay razón alguna para que la Falange se deje ganar por el descontento».

Por desgracia para José Antonio, nadie de la izquierda tuvo interés alguno de leer estas palabras porque de lo contrario, pienso yo, esa misma izquierda, en la que él había puesto muchas esperanzas, no lo habría detenido cuando ni tan siquiera se había cumplido el mes desde que las escribiera. Después, todos lo sabemos, sería encarcelado y el 20 de noviembre asesinado.

El texto íntegro de estas Instrucciones que, como ya he dicho, fueron publicadas por Francisco Bravo en 1940 y omitidas en las Obras completas, volveremos a tener la oportunidad de leerlas en las nuevas Obras que ha preparado Rafael Ibáñez y que serán editas próximamente por Plataforma 2003.  
 

POR LA MEMORIA DE GARCÍA
Minuto Digital

Juan García es su nombre, el mío y el de mi vecino, pero a diferencia de todos los que se llaman como él; Juan García ya no habla; tampoco siente.

¿Qué le pasa a este hombre que se llama como tú? No besa a sus hijos ni el pecho de su mujer pierde su forma vencido por los brazos fuertes de este soldado. Desde hace un tiempo parece como si hubiese perdido toda referencia familiar. Sus padres no saben apenas de él aunque su rostro, imborrable recuerdo de las entrañas paridas anda grabado a mazo y escoplo en el corazón de madera de su madre. Caramba, Juan, llama o al menos di algo.

Si tu cuna no hubiera sido tan humilde ni tus amigos llegaran exhaustos a fin de mes; seguro que ya hubieran montado una Fundación con tu nombre y organizado saraos para recordarte, por lo menos en fotos; esas fotos tuyas bordeadas de amarillo y levantadas de tanto y tan mojado manoseo.

¿Y si te hubieras metido en política, Juan García?… El diputado Juan García da nombre al premio de la concordia Juan García que recibe este año, Juan García, de la mano de otro Juan García. Todos somos Juan García; y tú sin darte cuenta, ni besar a tus hijos ni presentarte en su primera comunión. Maldito Juan García que dejas vacías las mañanas del día de Reyes; encendidas las velas del cumpleaños y la luz de quien aún no se acostumbró a digerir la noche sin ver la sombra de tu uniforme colgado presto para el servicio del día siguiente.

¿Dónde te has metido, Juan García?

El 12 de junio de 1985, el comando Madrid de ETA atacó con metralletas el coche oficial en el que viajaban el coronel del Ejército Vicente Romero y a su chófer, Juan García Jiménez, soldado del Ejército. Ambos resultaron asesinados. Los terroristas dejaron una bomba-trampa en el vehículo con el que huyeron del escenario del crimen. En la explosión del vehículo resultó muerto el agente de la Policía Nacional y artificiero Esteban del Amo. Entre sus asesinos estaba Juan Ignacio de Juana Chaos.
 

LOS CURAS Y EL LAICISMO DE ESTADO
Miguel Ángel Loma

El portavoz del grupo municipal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Albolote (Granada), ha tachado de «ilógico» la presencia de un sacerdote rezando un Padrenuestro en el acto de inauguración de una Plaza de esa localidad, porque «en este momento más que en ningún otro, se destaca la laicidad del Estado y de la Administración». Curiosamente, ese mismo día, otro sacerdote, José Chamizo, era investido por unanimidad de todos los grupos parlamentarios (incluido, por supuesto, el de Izquierda Unida) como Defensor del Pueblo Andaluz para un tercer mandato consecutivo. La diferencia de trato a uno y otro sacerdote es fácilmente explicable: mientras al de Albolote se le cuestiona por rezar y ejercer de lo que es, a Chamizo se le bendice y reelige porque su sacerdocio no interfiere sobre su actividad política, y porque algunas de sus manifestaciones son las que menos cabría esperar de un cura. Y como botón de muestra ahí están sus declaraciones en favor de la retirada de símbolos religiosos (entiéndase: de crucifijos) en la escuela pública.

Pero por más que nos hayamos acostumbrado, lo que verdaderamente resulta ilógico es encontrarnos a un sacerdote como Defensor del Pueblo en una comunidad gobernada por un partido progresivamente beligerante en la cuestión religiosa. El asunto recuerda un viejo chiste de Paco Gandía sobre aquél que le toca hacer la mili como «lejonario», lo mandan «parsájara» y se escaquea ante la primera ensalada de tiros. Cuando el sargento se dirige a él para recriminarle su cobardía, el tío coge una bala, se golpea con ella el pecho y dice: «¿Miedo yo a las balas, mi sargento? ¡Miedo a la velocidad que traen!». Al poder político, por muy laicista que sea, no le molestan los curas; salvo que éstos antepongan la velocidad de su compromiso con Dios, al paso de la oca que les marquen desde el poder. 
 

LA MUERTE DE UN SOLDADO
Luís Fernando de la Sota

Otra vez un soldado español, en este caso mujer, muere en las misiones que en el extranjero tiene encomendadas nuestro Ejército. Y no lo hace por enfermedad ni por  accidente, sino en acción de guerra, pues los soldados talibanes de Afganistán están en guerra declarada contra las fuerzas extranjeras que tienen invadido su territorio.

Se podrá teorizar sobre las razones políticas, estratégicas y humanitarias que han llevado a ese territorio a nuestros soldados, junto a los de otros varios países. Se podrá también argumentar que los soldados españoles tienen como misión especial la reconstrucción del país, la construcción de carreteras y hospitales, el reparto de víveres y la ayuda a los civiles necesitados, pero lo cierto es que nuestros soldados, al igual que en Kosovo o en el Líbano, aunque su misión sea fundamentalmente humanitaria y no combatiente, están en un escenario de guerra. Exactamente igual que lo estuvieron en el Irak.

Ya puede el gobierno socialista llenarse la boca de que están realizando misiones de paz, de que nuestros soldados no van a combatir. Son soldados y llevan armas. Si fueran sólo a esas misiones genéricas de ayuda humanitaria, sobrarían uniformes y armamento. ¿A quien se quiere engañar?

Si no van como soldados, que vayan como voluntarios y de paisano a cualquier Ong y entonces sería el momento de preguntarse si merece la pena el sacrificio de vidas españolas en un conflicto fundamentalmente político. Porque ayuda humanitaria, exclusivamente humanitaria, se precisa en muchos otros países del mundo que no están en guerra.

Pero si España es una nación que se siente solidaria con otras de su misma órbita, y quiere cumplir con las obligaciones contraídas con las organizaciones internacionales a las que pertenece, y éstas unánimemente han decidido que es preciso estar en Afganistán, para frenar a los talibanes, grupo fanático y terrorista que pone en peligro la estabilidad de esa parte de Europa, su obligación es cumplir sus compromisos y asumir que, cuando a un ejército se le destina a una zona de guerra, aunque no vaya específicamente a combatir, el riesgo de tener bajas, muertos o heridos, es normal, como es normal que los soldados, especialmente si son profesionales, es decir voluntarios, también las asuman, con la misma naturalidad con que asume ese riesgo un minero, un albañil, un policía o la tripulación de una aeronave.

La muerte de un soldado es una tragedia para sus allegados, cubre de luto a la gran familia militar, y debe significar un dolor compartido por todos los españoles bien nacidos.

Pero es preciso que ese hecho tenga el reconocimiento necesario.

A un soldado muerto o herido, no se le puede regatear por parte de la Institución a la que pertenece, ni mucho menos por el Gobierno responsable de ello, lo que su sacrificio merece. Los caídos o heridos en acto de servicio y en acción de guerra tienen una consideración y unas compensaciones perfectamente establecidas en el código castrense, diferente a otras distintas profesiones.

Y deben ser premiados con los honores que exaltan las virtudes castrenses del honor, de la entrega a la Patria, del sacrificio en aras de otros más altos valores y no pueden ser silenciados cobardemente como está ocurriendo en los últimos tiempos, disfrazándolos con palabras vacías y sinuosas.

Muchos españoles nos avergonzamos de esos tristes actos, en que se convierten la llegada de los ataúdes a España. Los horarios deliberadamente impropios, la escasa representación, los silencios y las prisas por quitarse el problema de encima lo antes posible, nos recuerdan aquellas épocas en las que las victimas del terrorismo de ETA salían de los funerales por la puerta de atrás y se les enterraba rápidamente, porque eran víctimas molestas. Como en el caso de los emigrantes muertos en el atentado de Barajas o como los últimos muertos militares de ahora, que  pueden estropear, con su inoportuna muerte, calificadas en ocasiones de accidentes, los turbios planes de los políticos de turno que disfrazan las real situación de nuestras tropas en el extranjero para evitar comparaciones odiosas y peligrosas.

De nada van a servir las campañas de afiliación a las Fuerzas Armadas, si la vocación militar, ya de por sí escasa, falseada y dulcificada con publicidad engañosa que parece invitar a nuestros jóvenes a pasárselo muy bien en viajes y ejercicios deportivos, sin riesgos ni peligros, si no se  compensa el escaso sueldo con un reconocimiento expreso de la dura realidad de sus misiones, y sus  mandos, los políticos, el Gobierno y la sociedad entera no agradece como debe a aquellos que les sirven y defienden, ni proclaman públicamente la grandeza y trascendencia de los valores que encarnan. Si no se hace así, y no se premia y se agradece debidamente los esfuerzos, el afán de servicio y sacrificio, de nuestros soldados, éstos recibirán un agravio intolerable y provocará en ellos una profunda desilusión.

La idea de Patria, y el patriotismo, que no tiene nada que ver con ideologías recientes  o futuras, y que no es otra cosa que la defensa de la nación, de la sociedad civil y de los valores que se han ido atesorando a lo largo de los siglos, no está reñido con la defensa de otras instituciones como la Constitución, ni con otros loables deseos como pude ser el de la paz, o la solidaridad humanitaria con otros países, pero debe primarse y explicitarse en ese reconocimiento como se hace en todos los países que, sean cuales sean sus sistemas de gobierno o las ideologías de sus gobernantes, no dudan en proclamar el amor a su Patria, y honrar como se merecen a sus soldados muertos.







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